Los Tratados de Paz por la Guerra de las Malvinas

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    Lanzan una campaña para denuncias casos de torturas en Malvinas
    Foto: Télam

Los Tratados de Paz por la Guerra de las Malvinas

02 Abril 2026

Fragmento de Catedra Nacional: Homenaje a Julio González, secretario Técnico durante el gobierno de Juan Perón

¿Qué objetivos se persiguieron con todas las atrocidades consumadas con feroz ensañamiento durante esos años del Proceso? Dos textos británicos nos traen al respecto datos muy precisos y altamente esclarecedores:

El primero lo encontramos en la obra del profesor Harry S. Ferns de la Universidad de Brimingham (Inglaterra) titulada Argentina (Sudamericana, 1973) Allí leemos que el autor con toda la frialdad calcula y determina los métodos que deben emplearse para arrasar con la Argentina levantada por Perón y que es la antítesis de la “Argentina británica” que plasmó el Tratado Anglo-Argentino del 2 de febrero de 1825. Ferns señala que el método es éste:

Como no sea mediante una guerra civil devastadora, resulta difícil imaginar cómo puede deshacerse la revolución efectuada por Perón”.

El segundo lo hallamos en el Informe de Lord Franks que se publicó durante la Guerra de Malvinas y es una sinopsis de la Inteligencia británica sobre nuestro país que arranca del año 1965. En ese informe leemos lo siguiente:

Enero 22, 1976: los comandantes del Ejército y la Armada son contrarios a aprobar cualquier medida militar susceptible de facilitar el mantenimiento en el poder de régimen de la Señora de Perón. SI bien es posible que se establezca una corta tregua, es previsible la toma de nuevas medidas (por parte del gobierno peronista) contra los intereses británicos bajo forma de un aumento de presión hostil, tanto política como económica”.

Con estos dos textos las finalidades del 24 de marzo del ’76 aparecen con meridiana claridad. A través de una muy buena aplicación de la “inducción británica” los conductores de la Fuerzas Armadas Argentinas, singularizados nada más que por el espectro subversivo, cumplieron objetivos que únicamente beneficiaron al mundo anglosajón:

  1. Derrocaron al gobierno constitucional que terminaba de instalar un gabinete económico que, integrado por figuras consulares de las Fuerzas Armadas, se aprestaba a realizar planes económicos opuestos a los que Gran Bretaña y los intereses domiciliados en ese país habían trazado para aplicar en la República Argentina.

  2. Destruyeron el Estado de Derecho, cuyo gobierno constitucional había enfrentado al terrorismo ejecutando contra él una “defensa limpia” a través de la normatividad jurídica. En lugar de esto se instauró un “régimen de terror” de bestial arbitrariedad al que se denominó “guerra sucia”. Con este proceder, Fuerzas Armas y Terrorismo se ubicaron en el mismo plano. Los resultados fueron iguales a los de la “guerra civil devastadora” programada por la Inteligencia Británica y referida en el libro de Harry S. Ferns que hemos analizado antes.

  3. Diezmaron a las Fuerzas Armadas y a la juventud. Las vocaciones militares declinaron aceleradamente. Lo propio ocurrió con la actividad política que cesó por completo. Un trauma psíquico de decepción moral se generalizó por todas partes. Esto caló muy hondo en las nuevas generaciones que debían iniciarse en la vida pública.

De esta cuestión decisiva, nunca difundida y siempre silenciada, el autor, en su carácter de Secretario Técnico de la Presidencia de la Nación – periodo constitucional 1973/76- fue protagonista y testigo. Afirmo que el 24 de marzo de 1976 el secuestro y destrucción del gobierno peronista en todo el país fue instigado e impulsado por los intereses británicos y sus adláteres de la oligarquía exportadora y financiera. Se repitió lo de 1955…

Al consumar la desaparición del Estado de Derecho y de su gobierno constitucional, las Juntas Militares se adjudicaron la suma de los poderes públicos. Con esto el “Proceso” impuso un silencio mordaza. Esto permitió que actos como la Guerra de las Malvinas fueran consumados sin consultar en ningún momento a prestigiosos catedráticos y estudiosos, civiles y militares, especializados y experimentados en la política exterior que Gran Bretaña había llevado a cabo en la República Argentina desde hacía más de dos siglos. De la misma manera la Deuda Externa concertada fraudulentamente contra la Nación Argentina, le fue adjudicada al país con la metodología del silencio y con la persuasión de la “desaparición” para quienes intentasen escarbar en estas cuestiones.

La Guerra de Malvinas fue una guerra internacional intensamente cruenta a la cual los comunicados de la Junta Militar de la Argentina paradójicamente se empeñaban en denominar “conflicto”. Esta guerra se prolongó desde el 2 de abril hasta el 14 de junio de 1982. En esta fecha las fuerzas inglesas derrotaron completamente a las fuerzas argentinas de soldados bisoños que se batieron con heroísmo, con dignidad, con honor y sin material adecuado frente a un enemigo que en ningún momento ocultó su ferocidad y salvajismo. Ferocidad y salvajismo que se concretaron en fusilar y torturar a indefensos prisioneros de guerra argentinos. La Republica Argentina vencida por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte quedó desde entonces sometida a la Ley del Vencedor.

Vencer a la República Argentina en la Guerra de Malvinas era el hecho internacional que Gran Bretaña necesitaba para imponernos los Tratados de Madrid del 15 de febrero de 1990, de Londres del 11 de diciembre de 1990 (ratificado por Ley 24184) y para que se firmara el Tratado de Washington con los Estados Unidos del 14 de noviembre de 1991 (ratificado por Ley 24124). Sin guerra previa no había causa para los tratados de paz, que tienen términos tan leoninos como los que impuso a Alemania el Tratado de Versailles de 1918 al término de la Primera Guerra Mundial.

La Deuda Externa que desde el 25 de mayo de 1973 hasta el 24 de marzo de 1976, en lo que respecta al sector público, se mantuvo invariable en la suma de 5189 millones de dólares, al finalizar el gobierno del “Proceso” ascendía aproximadamente a 44438 millones de dólares. Es importantísimo destacar que de esa suma solamente ingresaron a las arcas del Tesoro Nacional aproximadamente 5200 millones de dólares; es decir, apenas la décima parte. La cantidad restante contabilizada como Deuda de la Nación Argentina tiene, entre otras, estas causas: capitalización de intereses móviles que se pactaron, nunca se pagaron y volvieron a refinanciarse, leoninos intereses punitorios que se pactaron y luego se novaron capitalizándose. La estatización de los pasivos de bancos, financieras y empresas fallidas que principió con la gestación del Dr. Domingo Cavallo –exministro de Economía- cuando era presidente del Banco Central durante el gobierno del “Proceso”. La Republica Argentina quedó desde entonces sometida a la Ley del Acreedor.

De esta manera, el gobierno británico vencedor en la Guerra de Malvinas y los intereses de los acreedores de la Deuda Externa, que en su mayor parte son bancos domiciliados en Inglaterra y en los Estados Unidos, constituyen desde entonces el verdadero poder que gobierna a la República Argentina.