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Cultura //// 14.06.2020
Somos luces abismales: el libro para subrayar

Somos luces abismales es la novedad editorial de Blatt & Ríos. En este compilado de ensayos personalísimos, Carolina Sanín desglosa vivencias, pensamientos y reflexiones con una agudeza brillante. Por Milagros Carnevale.

Por Milagros Carnevale

 

 

Por una poética de la geografía

 

Hoy en día hay muchos libros que abordan la situación de escritura. ¿Qué pensamos y sentimos al escribir? ¿Cómo escribimos? ¿Por qué escribimos? El ensayo que abre Somos luces abismales plantea una novedad en este sentido, porque amplía radicalmente el campo perceptivo usual sobre la escritura. Dice:

“En el papel escribo de izquierda a derecha. De occidente a oriente. Cada oración que escribo es un intento por ir a mi lugar; al lugar donde comienza el día. Cada tarea con la ocupo el espacio es una manera de decir que estoy aquí y que ya no estoy aquí: que estoy yendo incansablemente hacia allá, de donde vengo. Es una manera de interpretar la expulsión, el tiempo.

Cuando el renglón se acaba, no le doy vuelta al papel -o al computador- para seguir por el otro lado. Como si el otro lado del mundo no existiera -como si no hubiéramos descubierto y probado que navegando sin parar se vuelve al punto de partida-”.

Este fragmento condensa lo que el lector se va a encontrar recorriendo las páginas de este libro. La reflexión sobre el espacio y el tiempo. Lo que se escapa y lo que no. Lo que termina pero recomienza. Lo que aparece y desaparece. En ese vaivén se mueve la escritura.

Hay una conversación constante con la autobiografía. Carolina Sanín es colombiana, y en Somos luces abismales dialoga con la ciudad de París. En el segundo ensayo, titulado “Un potro”, se explaya sobre el campo de Colombia, ese campo familiar de la niñez que aúna una potencia narrativa inquietante y enternecedora. En ese segundo ensayo se trabaja poéticamente con lo que es el centro conceptual de este libro: el desdoblamiento. El animal desdoblado, el espacio desdoblado, la madre desdoblada, el pasado desdoblado. La geografía delimita y propulsa la escritura, creando un juego ilusionista muy atrapante.

Este libro habla de una manera novedosa y brillante sobre Latinoamérica. Dice, acerca de nuestro idioma:

“Escribimos en una lengua que se formó sin ver nada de lo que había en este lado. Hablamos este latín en la selva; en el ámbito del jaguar, de la guerrilla, del indio quebrantado, de la secuestrada y la araña gigantesca. Escribir en español americano es estar pedido y pedir redobladamente un lugar donde se pueda hablar. Nuestra lengua (...) es un testimonio de exclusión, la huella de la no correspondencia (...)”. 

Somos luces abismales está lleno de citas como estas, de momentos de poder evocativo y fuerza poética que declaran lo indeclarable, lo indescifrable, aquello que se siente y cuesta decir en palabras. Somos luces abismales rebosa ternura y esperanza. No hay página que le quede sin marcar al lector que lo tenga en sus manos.