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Cultura //// 02.04.2020
Soberanía poética: un monumento a Malvinas hecho de haikus

El platense Martín Raninqueo inscribe sus Haikus de Guerra en la senda de autopercepción que realizaron algunos veteranos de Malvinas. Su poemario se convirtió en una referencia literaria sobre el tema. Por Diego E. Suárez.

Grabado: Julieta Warman

Por Diego E. Suárez

 

En ¿Qué es la filosofía?, Gilles Deleuze y Félix Guattari afirman que un monumento no conmemora, no honra algo que ocurrió, sino que susurra al oído del porvenir el sufrimiento eternamente renovado de la humanidad, su protesta recreada, su lucha siempre retomada. Este enfoque tal vez nos permita reflexionar acerca del 2 de abril desde un lugar no habitual.

Los avatares de la incorporación de una fecha alusiva a las Islas Malvinas al calendario argentino resultan significativos. El 10 de junio de 1829, Luis Vernet, empresario de origen alemán, fue nombrado Primer Comandante Político Militar de las Islas Malvinas por el entonces gobernador interino de Buenos Aires, Martín Rodríguez. 144 años después, esa fecha fue declarada “Día de la afirmación de los derechos argentinos sobre las Malvinas e islas del Atlántico Sur” por medio de la Ley Nacional 20.561, sancionada en 1973 a instancias de la diputada fueguina Esther Fadul. La norma instrumentaba la concientización social por medio de clases especiales y conferencias en las que se señalarían los antecedentes históricos, la legitimidad de los títulos argentinos y la forma en que ella se ejercitaba en el sector austral.

Una década más tarde, más exactamente el 28 de marzo de 1983, el presidente de facto Reynaldo Bignone declaró por Ley 22.769, el feriado nacional del 2 de abril, “Día de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur”, en las vísperas del primer aniversario del desembarco de las tropas argentinas en las ínsulas patagónicas. Al año siguiente, el presidente Raúl Alfonsín, por medio del Decreto Nacional 901/84, trasladó el feriado del 2 al 10 de junio, reinstaurando diplomáticamente el “Día de la afirmación de los derechos argentinos sobre las Malvinas e islas del Atlántico Sur”. En 1992, bajo la presidencia de Carlos Menem, se promulga la Ley Nacional 24.160 que declara con desganada imprecisión el 2 de abril “Día del Veterano de Guerra”. Recién en el 2000, durante el mandato de Fernando de la Rúa, se derogan la Ley 22.769/83 y el decreto 901/84, instituyendo por Ley 25.370 el 2 de abril como “Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra en Malvinas” con carácter de feriado nacional, que por medio de la modificación hecha por la Ley Nacional 26.110 durante el gobierno de Néstor Kirchner se establece como feriado nacional inamovible.

En este tedioso entretejido de fechas, presidencias y cifras legales subyace un relato. Como dijera el filósofo irlandés George Berkeley, “ser es ser percibido”; pero sobre todo, "nombrado". En este sentido, no se trató sólo de la instauración de un feriado, sino del reconocimiento colectivo de la existencia de un "otro" que forma parte de un "nosotros" inscripto en el pasado reciente y protagonista de una lucha –como afirmaron Deleuze y Guattari–, siempre retomada.

Haikus de guerraEste largo camino hacia la visibilidad tiene su correlato en la ardua senda de autopercepción de los Veteranos de la Guerra; una búsqueda que incluyó el salto por encima del documento histórico o el testimonio autobiográfico, para conquistar el terreno de la experiencia poética. Tal es el caso de los Haikus de Guerra del ex combatiente, cantautor y poeta Martín Raninqueo (La Plata, 1962).

Según nos cuenta el propio Raninqueo, veinticinco años después del conflicto bélico empezaron a surgir en él poemas relacionados con la guerra. En esa misma época, su amigo Gustavo Caso Rosendi –ex combatiente y poeta platense, como él– encaraba la composición del emblemático poemario Soldados. Intercambian poemas y Raninqueo interpreta que su propuesta debería ir en otra dirección. Influenciado por sus lecturas de poesía japonesa y estudios críticos como el de Alberto Silva, opta por la vía del haiku. Una vez hecha la selección, convoca a la artista visual Julieta Warman para realizar una primera edición artesanal, en el año 2011, con grabados originales y prólogo de Leopoldo Brizuela. El libro fue declarado de interés provincial en el año 2013, lo cual propició una reedición de tirada más alta. Luego, en 2016, se publicarían como Haikus of War en los Estados Unidos, traducidos por John Oliver Simon.

Las composiciones de Raninqueo satisfacen todas las exigencias canónicas del haiku, a la vez que las enriquecen. Están presentes el viaje –que en este caso incluye el desplazamiento hacia el pasado–, la naturaleza –manifiesta en un paisaje paradójico–, la sensación de atemporalidad –que, reforzada por los grabados, da al conjunto un aura goyesca–, todo forjado por una sensibilidad situada entre el pensamiento y la sensación, el sentimiento y la idea, lo cual implica una ardua labor de contención poética, sí, pero sobre todo interior.

 

Percute la lluvia

el techo del pozo

(hago que leo)

 

Según Octavio Paz, en la parte "no dicha" del haiku está realmente la poesía. Sin embargo, aquí el vacío a llenar resulta desgarrador: el enunciador del poema tiene apenas 20 años; ese pozo podría ser su último refugio.

 

Sol en el monte

Cantamos el Himno

(fingimos coraje)   

 

Sin efectismo, sin emisión de juicio, sólo plena conciencia de la fragilidad y precariedad de la existencia.

De los haikus que integran este poemario, hay dos en particular que nos permitirán concluir nuestras reflexiones iniciales:

Tras la bruma               

los niños que fuimos

nos están gritando: adiós

 

¡Brama, fusil!

Festeja con nosotros

el fin de la guerra

 

En un fasto tan sensible como el del 2 de abril, estos Haikus de Guerra se yerguen como un monumento que susurra al oído del porvenir el sufrimiento de aquellos 649 argentinos que murieron durante la guerra, los más de 500 que se suicidaron tras retornar al país con secuelas y traumas de posguerra, y los 1.300 heridos. Pero más que nada, nos susurra que lo único que vale la pena conmemorar no es el inicio de una guerra, sino su término; reverso complementario del deseo de que no se produzcan nunca más.