"Río Murrell, Islas Malvinas", por Pedro Patzer

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    Batalla Rio Murrell en Malvinas

"Río Murrell, Islas Malvinas", por Pedro Patzer

13 Septiembre 2026

¿Hay gente que verdaderamente cree que las guerras alguna vez acaban, que un soldado, o los hijos e hijas de ellos no las llevan consigo hasta el último día de sus vidas? El río Murrell de las Islas Malvinas jamás declaró ninguna guerra, sin embargo en 1982 sus aguas se vieron contaminadas por la sangre, las lágrimas y los lodos del combate: esquirlas de bombas, pedazos de aviones, cuerpos de soldados, borceguíes de leguas perdidas, cascos como trágicas ofrendas, minas entre las hierbas que hasta entonces sólo habían jugado con el viento, cruces y guitarras, espantosos barcos cargados de tinieblas y muerte, y su viejo amigo, el puente de madera, destruido.

El Murrell es un río que podría cantar y contar la historia de las Islas Malvinas, él que comparte la isla Soledad con el Cementerio de Darwin y que fuera amigo del Gaucho Rivero, peón argentino que lideró el alzamiento en las islas en 1833 contra los ingleses que meses antes las habían usurpado. Rivero solía mostrarle al Murrel cómo la luna se reflejaba en el facón, contarle de los misterios de los confines de las pampas y cruzar sus aguas a caballo. Luego de una larga resistencia el gaucho fue apresado y llevado a Inglaterra donde permaneció encerrado por meses en una prisión sobre el río Támesis. Desde allí Rivero recordaba sus charlas con el Murrell, el Támesis jamás pudo comprenderlo, porque los ríos gringos jamás podrán entender a un gaucho. Después fue trasladado a Montevideo y liberado. Rivero nunca pudo encontrar un río tan amigo como el Murrell que casi un siglo y medio después también contuvo a varios soldados argentinos que por setenta y cuatro días vivieron en un pozo, en sus orillas. Pero, ¿Quién cantará la balada del río Murrell? ¿Acaso Javier, el soldado de Chaco que en su vera escribió cartas desesperadas a su madre y que fue el primero en confundir yerba mate con sus aguas? ¿Será Carlos de La Plata y sus promesas a la luna, luego de ser herido? ¿Se habrá enterado el río Murrell que Carlos sobrevivió? A este río que siempre le llamó la atención que en medio de la guerra alguien tocara la guitarra, muchas veces el Murrel se ha preguntado: ¿para qué sirven las guitarras?

Rivero nunca pudo encontrar un río tan amigo como el Murrell que casi un siglo y medio después también contuvo a varios soldados argentinos que por setenta y cuatro días vivieron en un pozo, en sus orillas.

Luego entendió que preguntarse eso sería como decir para qué sirven los pájaros, las flores o todo lo que nos ayuda a sobrevivir. Este río malvinense que vio rosarios entre fusiles, estampitas de Virgen de Luján entre radios que mezclaban rezos con gritos de gol, cartas de truco entre envoltorios de un chocolate que alimentaban a diez, nieve confundida con lágrimas, constelaciones entre las aterradores luces del bombardeo.

Río Murrell que fuera testigo del valor de los muchachos que entre frío y hambre resistieron en la batalla del Monte Longdon, que emboscaron a los emboscadores del ejército imperial ¿Sabrá que gracias a él, los sobrevivientes aprendieron el significado de estar del otro lado del río? Y que los que murieron en su orilla y se volvieron su hierba, y se quedaron de su lado, como Pedro Horacio Vojkovic ,Carlos Alberto Hornos,Manuel Zelarrayan y Pedro Vargas, décadas después llevaron hasta su lecho a María Sol Jerger, la estudiante de La Plata quien cruzó sus aguas a nado para rendirles tributo

Qué disgusto le dará a este río al enterarse de que un episodio bélico lleva su nombre "El combate del puente Murrell", o que después de tanta tragedia hoy se lo conozca, casi irónicamente, como “un excelente lugar para pescar truchas”. Él que custodia de las voces de pibes de veinte años que entraron a ser parte de los vientos del sur, este río que sabe que todos pierden en la guerra. 

¿Quién cantará la balada del río Murrell? ¿Alguien sabrá cuántos años le bastarán para dejar atrás tanto dolor, o qué le sucede a un río cuando mezcla agua con sangre, o el canto de los pájaros con el zumbido de los aviones de guerra? ¿En qué momentos las antiguas trincheras se transforman en santuarios? Tal vez cuando los viejos alaridos se vuelven canciones, quizás cuando los olvidados ríos regresan como agua de la historia, como el río Murrell que pese a tanta herida, tanta muerte y tanta guerra jamás renunció a su destino argentino.

Este texto forma parte del libro "Tierra de Ríos. Las venas de la identidad argentina", de Pedro Patzer, publicado por Sudestada.