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Cultura //// 02.05.2021
Primer libro de cuentos sobre el Quilmes Atlético Club

Quilmes A Contar, 22 historias cerveceras fue publicado recientemente por Ediciones Ciccus. AGENCIA PACO URONDO comparte el Prólogo del escritor Demian Konfino, compilador de la obra.

Quilmes A Contar es un libro que, con precisión y belleza, dibuja los pliegues de la identidad cervecera. Son veintidós cuentos cortos de veintidós autores diferentes. Como dos equipos de fútbol. Como un entrenamiento en Guido y Sarmiento que enfrenta a los once de camiseta blanca contra los once de camiseta azul.

Recuerdos arrancados a la desmemoria. Leyendas que resisten al olvido. Hitos que lucharon por ser escritos. Silencios que prefirieron dejar de serlo. Mitos que empiezan a contornearse. Cultura popular, quilmeña y cervecera, que escribe –en azul sobre una página blanca– alguito de lo que fuimos, perfilando lo mejor de lo que podemos ser. Sentimientos que son arte y que auguran larga vida al club Quilmes.

Los cuentos que han sido seleccionados para esta publicación de Ediciones Ciccus han participado del concurso de cuentos cortos organizado por el Quilmes Atlético Club en el año 2016. El cuento ganador -que forma parte de este libro- "El Ascenso" de Federico Cannizzaro fue narrado por Alejandro Apo. Los autores de los veintidós cuentos son: el mencionado Cannizaro, Octavio Echaverría, Facundo Gatti, Leonel Pasquini, Gastón M. Cassagne, Jessica Rodríguez, María Julia López, Pablo Brunetto, Adrian Rotstein, Lisandro Benetti, Raúl Firpo, Federico Doval, Daniel Novoa, Iván Bernstein, Belén Longo, Federico Ortega, Agustín Cassano, Marcelo Monzi, Martin A. Ortiz, Jorge Navarro, Jorge Márquez y Misael Gobello.    

El libro se puede comprar en la tienda 1887, en la sede del club (Guido y Paz, Quilmes).

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AGENCIA PACO URONDO comparte el Prólogo del escritor Demian Konfino, compilador de la obra:

La tragedia argentina pintada en azul y blanco. Un grupo de amigos que se juntan en el codito de Guido y Sarmiento, el que da a la sede social, hasta que uno desaparece. Y Quilmes asciende y Beto encapuchado, arrojado al baúl de un auto. Y sus amigos que lo siguen buscando en cada esquina y en cada gol. O la desigualdad que germina violencia en las barriadas cerveceras y provoca muertes por machismo o por pobreza. O un pibe que vuelve de Malvinas y en Madryn le cuentan que Quilmes va a jugar la final del campeonato con Ferro.

La historia de un club, plagada de hitos. Historias de enfrentamientos con la policía, bancando a la montada en la cancha de Defensores de Belgrano, en los años ‘60. Guido y Sarmiento como una recurrencia, como una evocación o como nostalgia de un tiempo pasado que no siempre fue mejor. Sus olores, los papelitos y el tablón. El loco Williams siguiendo al laiman, sintiéndose necesario en la vieja cancha. Las torres de departamentos, allí erigidas como símbolo de una modernidad que mezquina la memoria, que desconoce de identidades y añoranzas que no redundan en un progreso para todos. La vieja camiseta, la Adidas del bolsillito. Todo eso contado. Todo eso leído en una larga mesa.

Un tiro libre, el ascenso del ‘91 y el último abrazo con el viejo. Hasta el llanto se adivina en ese cuento. El recuerdo de los gladiadores de Alfaro para el ascenso del 2003. O un avión a Puerto Madryn con un comandante muy particular en el ascenso del 2012.

El ‘78 contado desde mil ángulos. A Rosario en el Falcon del libro de oro, en Peugeot 404 o en el último tren. La camiseta 16, la de Merlo, atesorada como una reliquia. El piojo Yudica, subido a un banquito de madera en Arroyito, antes de la última arenga. El único hincha de Quilmes en Venado Tuerto que bocineó toda una ruta provincial indiferente. O la vuelta a la ciudad gloriosa en caravana.

Socios, continuadores de los que vieron alguna vez al genial Negro Villegas. O los que cuentan al indio Gómez y la emoción. O al Flaco Milozzi y la entereza. O a Quiñones, el héroe fugaz. O narran un máquina Giampietri comprando naranjas. O un campeonato con Braña, Caneo, la felicidad femenina y la efervescencia.

Los 118 goles del equipo del ‘49. El gol de Rando en la Bombonera y la hazaña. El gol de Gáspari, siempre el gol de Gáspari. Como si hubiese hecho un solo gol en su vida. El tiro libre de la tortuga Gómez contra Almirante para el tan ansiado ascenso del ‘91. Un gol de Lalo Colombo, sobre la hora, en Sarandí. El gol de Chapu Braña, de tres dedos, frente a Platense. El gol de Quiñones a Los Andes, tal vez el más gritado en muchos años. Una bolea de Bustos Montoya, para un empate agónico ante Argentinos Juniors. Una vaselina de Pérez Godoy para cerrar la puerta del descenso.

Con miedos y pasiones fue contada la historia de ese abuelo trajeado para ver al Cervecero. O un secreto del nieto que cada partido deja una butaca vacía en la techada para su abuelo que ya no está. O el que esparció sus cenizas y un ritual en el Centenario.

La radio, ligada íntimamente a nuestro club, hace rememorar con rabia la traición de Splendid en el ‘78, cuando el Flaco Gómez se fue a relatar a Boca. O retratan el ascenso del 2003 con la voz del gordo Di Blasi y la santa madre de Baldassi. O se emocionan con un “Soy de Quilmes” que sale de una portátil y eriza la piel.

Dilemas existenciales se plantean y uno se queda duro, dudando. Un gol de Quilmes a Chacarita en el ‘83 o ganar el Prode. La diferencia entre ser de Quilmes o ser de un club grande. Volver a un Guido y Sarmiento, sin cancha y con edificios, por un amor muy otro. El recorrido sinuoso por diversas etapas de la pasión. Quilmes y la vida, preguntas, respuestas e ideas que permanecen.

Ganar y llenar el álbum con la figurita del gallego Rodríguez. O ir a la cancha por primera vez, en el Centenario, frente al San Pablo, nunca menos.

Y en menos de una semana, empezaron a llegar las historias al club. Alguno, chimentan, aprovechó para volver a ser socio. En cuentagotas fueron llegando los sobres. Como ocurre a menudo en el mundo Quilmes, sobre el final empezaron a llegar con más asiduidad. Llegando al cierre, varios socios reclamaron la extensión del plazo. Ocurrido lo cual, contabilizamos 50 cuentos.

50 textos llenos de identidad y costumbres cerveceras. El sueño de ser gigantes y la sangre vengada del Indio Kilme. Un sueño de Copa Libertadores con Kempes y Fillol usando la blanquita. O imaginar el año 2018 y una historia que se repite: Argentina y Quilmes campeones nuevamente. Evita y Quilmes, un solo corazón. Las cábalas. Un bar cervecero y las discusiones futboleras de los lunes. Goles a Lanús que se añoran o se sueñan. Los conocidos anónimos de la tribuna. El olorcito a malta y río. A ver a Quilmes en el Roca o en 22. Un casamiento y las fotos en el Centenario. Una lluvia de papelitos, peleando contra un cielo gris. Un beso de película en la Indio Gómez.

50 películas. 50 personas, vecinos de casa o de tablón que se motivaron, cranearon algunos días y se sentaron algunas horas a escribir. 50 sobres con emociones hechas tinta.

De esas 50 historias, elegimos 22 para publicar en este libro. Como dos equipos de fútbol. Como un entrenamiento en Guido y Sarmiento que enfrenta a los 11 de camiseta blanca con los 11 de camiseta azul.

Y ahí está todo. Recuerdos arrancados a la desmemoria. Leyendas que resisten al olvido. Hitos que lucharon por ser escritos. Silencios que prefirieron dejar de serlo. Mitos que empiezan a contornearse. Cultura popular; quilmeña y cervecera, que escribe –en azul sobre una página blanca– alguito de lo que fuimos, perfilando lo mejor de lo que podemos ser. Sentimientos hechos arte que auguran larga vida al club Quilmes.