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Cultura //// 24.05.2020
Pablo Torello: aparecer al interior de la memoria

Agencia Paco Urondo conversó con el director y productor Pablo Torello en el marco del reestreno de la miniserie documental El interior de la memoria. El realizador se refirió también a su película Historias de aparecidos. Por Milagros Carnevale.

Ilustración: Silvia Lucero

Por Milagros Carnevale

 

 

Pablo Torello es el creador y productor de la miniserie documental El interior de la memoria y de las películas Playas del silencio e Historias de aparecidos. Agencia Paco Urondo conversó con el realizador en el marco del reestreno de la miniserie en el canal de la Universidad Nacional de La Plata.

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Agencia Paco Urondo: ¿Cómo nació El interior de la memoria?

Pablo Torello: Es una serie documental de dos temporadas que investiga sobre la violencia política y el terrorismo de Estado en el interior del país. Fue un proyecto de la UNLP a través de la Facultad de Periodismo. Se produjo en conjunto con el plan de fomento del INCAA. Fue ganadora dos años consecutivos de ese incentivo. La produjimos entre 2011 y 2013, se estrenó en 2013 la primera temporada y en 2015 la segunda, en Canal Encuentro.

 

APU: La transmisión de la serie fue interrumpida en  2015. ¿Por qué?

P.T: La serie entró durante el macrismo y corrió la suerte de tantos otros materiales. Todo quedó vedado al acceso, no se lo podía encontrar. El INCAA no era estrictamente responsable del material, pertenecía a la Televisión Digital Abierta (TDA) que fue desmantelada por el gobierno de Cambiemos. También vaciaron el Banco Audiovisual de Contenidos Universales Argentino (BACUA). Entrabas a la web y decía “página en construcción”, así estuvo los cuatro años de macrismo. Canal Encuentro también tiene un acervo, pero solamente habían dejado colgado el tráiler de la miniserie, probablemente  por su temática.

 

APU: Hoy tampoco se pueden encontrar los capítulos en el canal de Youtube de Encuentro.

P.T: Tanto Canal Encuentro como cont.ar están rearmando las grillas, recuperando todo este acervo de material. Pero la decisión es liberarlos. Ahora en cuarentena pasamos capítulos de la miniserie por el streaming del canal de la Universidad. Decidimos reponer y poner en valor todos los materiales que hicimos en el Centro de Producción Audiovisual que dirijo, que se encarga de realizaciones de este tipo en las que participa un equipo interdisciplinario. Ese es el espíritu del proyecto “Memoria en cuarentena”.

 

APU: En una serie documental, ¿cómo se combina el guion con el testimonio?

P.T: Hay una corriente que guiona y cuando rueda lo respeta a rajatabla, y hay otra (a la que pertenezco) que piensa que el guion se termina de construir en el montaje. Yo hago un guion basado en la historia, una línea cronológica de los sucesos de los que me voy a ocupar y con las personas que me los van a contar. Cuando voy a los lugares, me encuentro con un objeto de estudio que es parecido al que pensé pero que tiene distintas variables. Entre ellas, puede pasar que el testigo me cuente lo que la investigación me indicó lo que me iba a contar, pero mal dramática o narrativamente. Es ahí donde uno vuelve a construir un guion y termina de afinar esas cuestiones para que realmente sea una película y no una construcción de conceptos. También pasa que se encuentran testimonios no pensados en el campo de rodaje, testimonios costumbristas. A veces estos entran en la película como un torbellino, porque tienen una potencia dramática especial.

 

APU: En el capítulo del caso Ragone cobra especial importancia esta categoría de testigos.

P.T: Bueno, a la señora que vio el zapato, por ejemplo, le tuve que preguntar diez veces lo mismo para llegar a eso que aparece en la serie. Queremos llegar a lo que sabemos que se declaró en la Justicia. Como mientras se rodaba la serie las causas no estaban cerradas, muchas veces encontraba a estos testigos que le dan mucha vivacidad al capítulo.

 

APU: ¿Cómo nace el episodio del caso Ragone que abrió el ciclo “Memoria en cuarentena”?

P.T: La miniserie nace de una película anterior que se llama El crimen de Ragone. Todo lo que pasa en el capítulo lo saqué de esa película, que tuvo mucho impacto. Charlando con la gente, descubrí que esto se debía a que incluso en sectores educativos y militantes no se conocía el caso. Así construyo la hipótesis de que hay un centralismo en la forma de contar lo que la dictadura nos hizo, es decir, que hay en el interior muchas historias como las de Ragone que no han sido contadas.

 

APU: ¿Cómo los recibió la comunidad wichi de La Embarcación? Especialmente Eisejuaz.

P.T: Cuando llegamos a Salta capital para hacer la película, nos pusimos a investigar, leímos archivo, entrevistamos gente, conocimos a la familia, al municipio. Vimos un montón de fotos, y nos pareció peculiar ver a un gobernador en función quedándose a dormir en casas de los pueblos originarios. Yo necesitaba a alguien que lo hubiera conocido a Ragone en estas circunstancias. Todos los que aparecían en las fotos junto a él eran compañeros de militancia, alguno tenía que estar vivo. Encontramos a un compañero de la Juventud Peronista que nos contó que Ragone estuvo en la comunidad indígena de La Embarcación. En esa localidad el intendente nos dice que Ragone construyó una bomba de agua en la comunidad wichi, entonces fuimos, guiados por la camioneta del municipio. Cuando llegamos, no me hablaban. Se dirigían a otras personas. Hubo una barrera al principio, entre la gente de la comunidad y yo. Todas las personas de mi edad decían que Eisejuaz tenía 104 años, en el documento no nos podíamos fijar porque estaba todo borroneado. La entrevista tiene inconvenientes de idioma, hablan muy cerrado. Le dije al periodista que le preguntara a Eisejuaz cómo recordaba a Ragone, qué había ido a hacer, cómo lo había impactado su muerte y si alguna vez había ido otro gobernador. Cuando yo estaba haciendo la miniserie el gobernador era Urtubey. Entonces el periodista le preguntaba: “ Eisejuaz, ¿se acuerda algo de Ragone?” Y Eisejuaz no contestaba. El hombre de la municipalidad que nos había llevado le volvía a preguntar, gritando. Después alguien de la comunidad le repetía al oído la pregunta, y ahí contestaba.

 

APU: La película Historias de aparecidos fue vital para descubrir las tumbas clandestinas de General Lavalle. ¿Cómo llegaron a encontrarlas?

P.T: Es una investigación periodística que se transforma en película. Nosotros nos encontramos con las tumbas NN y con las causas judiciales que por error la policía fabricó cada vez que aparecían los nuevos cuerpos en las playas. La dictadura dejó huellas. Los policías de la costa pensaban que eran naufragios, entonces iniciaban las causas como si fueran cualquier NN. De los primeros diez, once cuerpos, armaron causas judiciales. Nosotros investigando los relatos costeros de personas que habían visto aparecer cuerpos (esa era la película inicial) descubrimos que estas causas existían y se podían seguir. Al no lograr descubrir quiénes eran, el juez mandaba a enterrarlos como en el cementerio de General Lavalle de forma oficial. Vamos con el equipo al cementerio. La oficina de la administración estaba vacía. En el libro de actas se veía que en el año 76 no había ningún NN, o casi ninguno. En diciembre del 76 y ya entrando en el 77 (las fechas que nos habían dado los relatos de los pobladores costeros) empezaban a aparecer un montón de NN juntos. Ahí pensé que alguna de las personas que habían sido víctimas de los vuelos de la muerte estaba enterrada bajo mis pies. Eso me pasó en 2002.

 

APU: ¿Qué sucede luego de este hallazgo con la película?

P.T: Ahí me retraigo un poco, hubo problemas con la policía del municipio del partido de la Costa. Me pongo a investigar. Tuve un año entero las huellas digitales de un desaparecido sin saber quién era. En 2003 decido estrenar la película de forma inconclusa. Hablo con Estela de Carlotto y con Nora Cortiñas. En plena dictadura cuando había desaparecido su hijo, Nora tenía una casita en la costa. Los vecinos le avisan, le dicen que están apareciendo cuerpos en la playa. Nora viaja, se presenta en los juzgados, hace todo. En 2002 encuentro las notas que Nora había presentado en el 77. Se las llevo, se las muestro, ella no se acordaba. Eventualmente se dio cuenta, no lo podíamos creer. Consulto con el Equipo Argentino de Antropología Forense y les pregunto si se puede averiguar la identidad de cuerpos enterrados hace treinta años. Me dijeron que sí. Estrené la película inconclusa en 2003, incluyendo el testimonio de un antropólogo que afirmaba que se podía averiguar la identidad de los cuerpos enterrados.

También tenía un testimonio tremendo, uno de los más importantes que conseguí en mi vida, el del sepulturero Montenegro que me contó que él había visto cómo enterraban los cuerpos. Cuando llegó en el 77 la gente de la municipalidad con los NN, gente de la dictadura, les dijeron a los del cementerio que se fueran, que ellos mismos se iban a encargar del entierro. El sepulturero se quedó escondido y vió todo. La película se estrenó sin final, diciendo que la investigación indicaba que en tal lote de tal parcela del cementerio de General Lavalle había víctimas de los vuelos de la muerte. Incluí una imagen del expediente donde estaban las huellas digitales que tenía de uno de los cuerpos de la playa, poniendo que se buscaba su identidad. Tenía muchísimos testimonios, incluso de gente que vivía cerca de mi casa que en el 77 se había ido de vacaciones a la playa y mientras nadaba con la familia había visto que aparecían cuerpos. La película se estrenó el 30 de octubre y el primero de noviembre sale una orden judicial para que el Equipo Argentino de Antropología Forense hiciera la exhumación y chequeara el ADN.

 

APU: ¿Cómo es el proceso para descubrir la identidad de un cuerpo enterrado hace 30 años?

P.T: Antes de hacer el ADN tienen el cruce con miles y miles de personas que están en la base de datos, según fecha de desaparición. Ellos tenían altísimas probabilidades de darse cuenta de que por las fechas esos cuerpos pertenecían a determinado grupo. No contrastaron esos ADN con los de los treinta mil desaparecidos. Delimitaron un grupo de posibilidad que era el de la gente de la Iglesia de la Santa Cruz del barrio de San Cristóbal. En diciembre del 77 Alfredo Astiz, infiltrado en el grupo como hermano de desaparecido, marca a todas las personas que él creía que coordinaban el grupo, entre ellas Azucena Villaflor. Entre el 7 y el 10 de diciembre la ESMA las secuestra. Entre el 15 y el 20 de diciembre del 77 son arrojadas al mar en un vuelo de la muerte. En el 2001 me encuentro que había cuerpos que habían aparecido en la playa el 22 de diciembre del 77. Y bueno, uno era el de ella.