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Cultura //// 11.04.2021
Museos en línea: accesibles y públicos

El frío número que arroja un 77% menos de público desató la alarma mundial en el mundo de los museos. Sin embargo, la situación de Argentina es única y privilegiada en algunos puntos respecto a la situación mundial.

Por Gabriela Canteros |​ Ilustración: Gabriela Canteros
La alerta mundial por la caída de visitantes físicos en los museos detona una alarma si sólo nos quedamos con el título y el zócalo de la noticia. Una de las grandes noticias que se conoció esta semana viene a contraponerse al posible pánico. El museo del Louvre pone en línea su colección completa, o sea, la totalidad de las piezas del museo, incluyendo obras que no están expuestas físicamente y que posiblemente nunca lo estén debido a la poca capacidad de exposición que en general tienen los museos respecto a sus obras en reserva. Esto es un evento sin precedentes. Nunca hubo un nivel de accesibilidad mayor a la colecciones de los museos hasta este tiempo. Los que cuentan la taquilla son claramente museos que dependen de esos ingresos. En el caso de Argentina en particular, donde las colecciones más importantes del país pertenecientes al Museo Nacional de Bellas Artes, Museo Ricardo Rojas, Museo de Arte Decorativo, Museo Histórico Nacional, Complejo Histórico Cultural Manzana de las Luces, Museo del Traje, Museo Evita, Museo Sarmiento, Museo Terry de Tilcara, Museo Casa Histórica de la Independencia, Museo Mitre Museo Nacional del Cabildo y la Revolución de Mayo, entre otros, están en manos del Estado. El panorama es otro.

Las actividades desarrolladas por los trabajadores y trabajadoras de museos se han mudado a la web, a las redes sociales, creando micrositios didácticos, planificaciones de cartillas para la docencia y la infancia, conservación y restauración de piezas que siempre quedaban para otro momento debido a la dinámica implantada desde las noches maratónicas de los museos.
Nunca antes el arte y la cultura argentina estuvieron más cerca y fueron más accesibles que en la actualidad. Y a medida que avanza el trabajo realizado, va creciendo en contenido abierto y compartido. Lo que sigue siendo un paradigma sin resolver (aún) es el acceso a la canasta básica de la mayoría de los trabajadores en Argentina y en el sector cultural, en especial en los museos, donde los profesionales más altamente capacitados trabajan por un salario mínimo.
Durante la mayor parte de la pandemia los museos nacionales argentinos han permanecido cerrados al público y actualmente, en un contexto de aumento de casos, las aperturas restringidas entre jueves a domingo están siendo fuertemente cuestionadas por sus trabajadores y repensadas desde las autoridades.
Para entender la afluencia de público deben contabilizarse las visitas virtuales a los sitios web, páginas, fanpage y todas las redes sociales. Las mismas han crecido entre un 70% a 100%, con actividades incluso saturadas o reprogramadas en distintas versiones para poder abastecer el alcance demandado.
La perspectiva de un trabajador de museos es distinta al de aquellos que cuentan el acceso a la cultura como ticket de ingreso. En Argentina, donde la mayoría de los grandes museos son sostenidos por el Estado, el cierre temporario de algunas colecciones fue un alivio para que las obras descansen de las masivas noches de los museos. Algunos olvidan que los museos no son sólo lugares para la taquilla y el público; sino también para la conservación del patrimonio, el cual es muchas veces vulnerable a la afluencia que traen las visitas maratónicas que poco deja de vivencia significativa. Hoy es primordial aprovechar los recursos digitales para luego, cuando se pueda asistir con mayor asiduidad, la experiencia museística adquiera otro significado.
Cuando me plantean la disyuntiva si “museos cerrados o abiertos” durante la pandemia, les recuerdo que Pompeya y Herculano estuvieron sepultados por siglos sin acceso al público y aún así, cuando salieron a la luz, conservaron su nivel de creatividad, identidad y riqueza cultural. Nuestro caso es similar y no oculto bajo cenizas; sino en instituciones que bregan por la conservación, cerramos el tiempo que corresponda y conservamos la salud de todos y todas; luego volvemos a sacar a la vidriera nuestro invalorable patrimonio de cientos de miles de piezas históricas y artísticas.
Gracias a la digitalización de las obras, el patrimonio llega a todo el país y no sólo al público habitual y permanente de los museos o el que aporta el turismo.
Un ejemplo de ello son: Museo Nacional de Bellas Artes, Museo Histórico Nacional, Museo Nacional de Arte Decorativo, Museo Histórico Sarmiento, Museo de Malvinas, y muchos más. Debemos adaptar los hábitos de consumos culturales a la web, de otra manera atentamos contra la salud pública.
Tenemos que seguir cuidándonos, las instituciones prevalecerán, la vida humana tiene prioridad siempre.