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Cultura //// 22.03.2020
¿Mariachis argenmex y güeros?

A 44 años del golpe de Estado cívico, militar y eclesiástico, acercamos la mirada de cuatro argenmex que tuvieron que reconstruir sus historias en el exilio. Por Nadia Mayorquin.

Por Nadia Mayorquin

 

A 44 años del golpe de Estado cívico, militar y eclesiástico, acercamos la mirada de cuatro argenmex que tuvieron que reconstruir sus historias en el exilio. La identidad vista como una construcción donde los ladrillos están hechos con el mismo material de la memoria, recuerdos y sueños. En las distintas historias de exiliados y exiliadas se destaca el lugar protagónico que construyen los afectos en la conformación de estas identidades móviles y desterritorializadas: la salida de la Argentina, en la mayoría de los casos, implicó “irse con lo puesto”, dejando la familia, el terruño, la militancia, el trabajo, las amistades. Desterradxs, muchos vivieron en varios países hasta que encontraron donde quedarse; siempre añorando volver.

La Argentina en muchos casos se reducía a un par de postales, anécdotas, olores y sabores. Quienes se exiliaron, nacieron afuera o se fueron de muy pequeños, conocieron al resto de la familia sólo por fotos, casettes, cartas o visitas ocasionales. Quienes se fueron más grandes vivieron junto a sus padres el duelo de extrañar a todos los seres queridos y la propia cultura. Lo que a continuación se comparte es una serie de historias narradas desde quienes vivieron en carne propia el exilio.

Nos acercamos a Alberto Sladogna (exiliado argenmex). Fue secuestrado a los doce años en la Brigada San Martín, lugar donde quizás tenían en ese momento secuestrado a Felipe Vallese, después fue preso por el apoyo del gobierno de Illia a las tropas de invasión y su envío de carne a Vietnam del Sur. Posteriormente en 1976 se exilia en México por 33 años. 

Mercedes Ferreyra (Hija exiliada). Su padres son Alejandro Enrique Ferreyra y Delia Gracia María Beltrán quien fue directora del Manuel Belgrano. Su hermano desaparecido es Diego Alejandro Ferreyra y su cuñada Silvia Peralta, ambos desaparecieron el 24 de mayo de 1976 en Córdoba y se los llevaron en el puente de la Sagrada Familia en el cruce cuando todo esa zona eran baldío. Existen testimonios de que los vieron entrar en el Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio (CCDTyE) La Perla, su hermano entró en el Juicio de la Megacausa. Mercedes es fotógrafa, cubrió los Juicios de lesa humanidad,y tiene una obra que es grandísima, es un archivo sobre el Juicio de la Megacausa.

Camila Ossorio Domecq (Hija que nació en el exilio). Su padre Alfredo Ossorio, sociólogo de profesión le dijo un día a su mamá, viviendo en medio del terror que implicaba la triple A: “Vení conmigo a México, mi Patria está en donde vos estés”. La salida de la Argentina fue así, tumultuosa. “Mi mamá en aquellos tiempos era diseñadora de interiores. Fueron a México, papá dio clases en la Universidad de Chapingo; mi madre se graduó como Ingeniera Agrónoma, con especialidad en Economía Agrícola. Nací en México y también Mayté y Arístides, mis hermanos. No tiendo a la añoranza de tiempos mejores, de hecho, agradezco que las experiencias vividas en Argentina me hayan mejorado como persona”, cuenta.

Miguel Martínez Naón (Hijo que nació en el exilio). Sus padres primero se exiliaron en Estados Unidos, donde él nació. Cuando tenía un año, en 1977, se fueron a México. Su padre, Humberto “Coco” Martínez, reconocido director de teatro y militante en la Juventud Peronista, estaba amenazado por la Triple A, antes de la dictadura, en los años 1974 -1975. Y su madre militaba en Montoneros. En su departamento se hacía parte de la revista Evita Montonera. Su padre partió primero, se tomó un avión a Los Ángeles, en noviembre de 1975, y su mamá se fue un mes después.

 

Agencia Paco Urondo: ¿Por qué el destino fue México?

Alberto Sladogna: "Me fueron" en 1976 y decidí regresar en 2008, allí trabajé en el Centro de Salud Mental Comunitaria "San Rafael", Tlalpan, DF. Comencé trabajando como tecnólogo, un estatuto que me permitió recibir pacientes que en particular provenían de la raza- formulación mexicana para hablar del pueblo-,"elige" México forzado luego de secuestrar a quien fue en ese momento mi analista, Hugo Francisco Bellagamba. Al día siguiente fue una patota de la ESMA a mi trabajo, no había llegado ese día pues me fui a rendir un examen en la facultad de Psicología, al retornar a mi trabajo y enterarme de esa "visita" me fui. Intenté por varios días obtener mi pasaporte, pero a mis familiares que iban a recogerlo los enviaban a un piso especial. Fui a la embajada de Italia, quizás fui uno de los primeros de hacer uso del Ius Sanguini. El cónsul estaba inquieto, me decía que era delicado quedarme allí, pues podían entrar, este consul salvó la vida de muchos otros argentinos descendientes directos de italianos. Al cabo de un rato "regaló" un pasaporte italiano y protección consular hasta Brasil. Este consul dos semanas después fue retirado por el gobierno de Italia, pues al otorgar esos pasaportes consideraron que violó las instrucciones del país, que eran no darlos. Elegí México pues consideré que era bueno quedarse en el continente y allí me quede durante 33 años, recién el año 2008 ya con cuatro hijos mexicanos y/o en camino de nacionalizarse como tales, mi hija mayor y además, en ese momento ya habían nacido dos nietos mexicanos.

Mercedes Ferreyra: En realidad mi familia ya traía problemas desde 1972 , nosotros somos nueve hermanos y habían metido preso al más grande, ellos militaban en el PRT. En 1976 mis papás ya sabían que esto se estaba por pudrir y que algo iba a pasar porque la cosa ya se había puesto muy pesada. Habían pensado ya en irse, para esas fechas ya teníamos preso a uno de mis hermanos en Rawson y otros hermanos que no sabíamos dónde estaban clandestinos. Mis viejos había pensando entre México y Venezuela, la condición era que fuera un país de habla hispana para no tener problemas en el colegio, y también se habían enterado de que teníamos algunos conocidos y amigos que se iban para México y les pareció lógico.

El 24 de mayo de 1976 mis papás van a buscar a mi hermano, se cruzan con la Triple A y empiezan a disparar, venía mi hermano con su mujer y la bebé en el auto. Él tenía 24 años. La historia es un poco más larga, la cuestión es que se llevan a mi hermano y mi cuñada a quien ya se habían llevado y vuelto aparecer, en ese momento amenazan a mi papá y nos dan 24 horas para salir del país. Fuimos una semana al campo a escondernos mientras teníamos los pasaportes y de ahí nos fuimos.

Camila Ossorio Domecq: Porque fue la Embajada de México la que recibió a mi padre cuando se enteró de que agentes de la Triple A quería asesinarlo. Mi madre fue muy valiente, estos hechos ocurrieron en 1975 y ella iba a visitarlo ahí, en su pequeño Volkswagen. Llevaban tres meses de novios.  

Miguel Martínez Naón: Mis padres primero se exiliaron en Estados Unidos, donde yo nací. Y cuando yo tenía un año, en 1977 nos fuimos a México. Ellos necesitaban estar más conectados con el resto de los argentinos, evidentemente Estados Unidos era un país donde estaban muy aislados.

 

APU: ¿Cómo fueron esos años de exilio y convivencia con otras costumbres?

AS: Respecto de las marcas de México en mi vida son muchas, basta en pensar hoy en mis cuatro hijos mexicanos, mi acceso a un sabor de la cultura que no pasa por el "saber de la ilustración". Fui sumergido en la vida cotidiana de México, sus usos y costumbres no fáciles de practicar. En México siempre era objeto de un extraño "equívoco" debido al color de mi piel, de los cabellos que tenía y del color de los ojos, en la calle había gente que se dirigía a mí en inglés ¡Qué ironía simple y trivial!

En México ya con 29 años aprendí a jugar al fútbol, lo hacía en la Clínica San Rafael de Salud Mental. Como era bastante malo, integraba el equipo junto a los pacientes, lo cual para mí fue toda una experiencia vital y de estilo ante quienes viven la locura como su forma de vida. También entré en contacto con la antropología lingüística, allí en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), la tierra de los huipiltecos. Eso me dio una puerta de entrada a las lenguas, en particular el náhuatl e incluso lograr balbucear algo, un poco de maya. Eso fue toda una experiencia pues el maestro de esa lengua era maya hijo de madre maya y de padre alemán, este maestro tenía una enorme capacidad para hablar la fonética de varias lenguas, como se dice en México " pronunciaba no una sino un chingo -muchísimas- de lenguas". Se llama Ramón Arzapalo, queintegra uno de los equipos que están descifrando los códices y los jeroglíficos mayas. El maestro provenía de Yucatán, un estado mexicano: "Yuc-a- tán, mira qué raro hablan", decían los mayas ante la llegada de los españoles.

En la historia de la “Conquista” de México, subrayó un hecho: México fue conquistado, lo cual implicó la destrucción de muchísimas formas de la cultura indígena, no digo que por ser indígenas se trataba de paraísos perdidos, esas culturas no fueron, no son "perita en dulce". Un día vi, o sentí algo: Argentina fue colonizada, México conquistado. Conquistar no es colonizar, menuda diferencia, para colmo en la historia de la conquista en México se despliega una historia de amor tan extraña como suelen ser las experiencias amorosas: la Malinche una princesa doña Malintzin tlaxcalteca entregada a los mayas de Yucatán como pago de un impuesto, ella hablaba el náhuatl de Tlaxcala, luego aprendió el maya, entró en contacto con algunos navegantes españoles que se habían integrado a la comunidad de los mayas, náufragos de expediciones previas a las de Hernán Cortés. Ella fue traductora entre Cortés y las etnias mayas. Fue la única indígena  tomada como esposa legítima por él, incluso le hizo dar títulos, entre otros "doña Malinche". Su nombre dio lugar a una expresión de "traición" malinchismo; hoy varias autoras como Donna Haraway la han reivindicado como parte de las nuevas formas de hacer frente al régimen patriarcal.

Respecto de la lucha de las identidades queer, es interesante observar la historia cotidiana de la revolución mexicana. Si uno se detiene ante las fotos de las soldaderas, descubre sorpresas bajo las ropas del "machismo". Hoy se sabe que algunos jefes de la revolución, en grados diversos dentro del ejército revolucionario, eran mujeres que se presentaban y dirigían a las tropas con ropas de hombre.

MF: Toda la época de la infancia la recuerdo como unos años que nos marcaron muchísimo porque vivíamos teniendo allanamientos y todos los veranos terminábamos yendo toda la familia a Rawson en auto para visitar a mi hermano en la cárcel. Así que cuando llegamos a México fue un respiro, además de alguna manera mis papás pudieron concentrarse más en sus hijos más chicos que éramos todos nosotros, porque ellos estaban siempre tan angustiados y teníamos presente los problemas de mis hermanos más grandes porque no sabíamos dónde estaban. Cuando llegamos a México fue como respirar, nos dio un alivio a todos, de alguna manera nos curó, nos ayudó a estar mejor. Los años en México son los más felices que tuve, marcaron toda mi vida. Soy artista visual y gran parte de mi trabajo, mi casa, forma de ser, está muy marcada por ese país. Cuando vuelvo a México, que lo he hecho muchas veces, vuelvo a ser feliz, me hace muy bien y me es saludable . Y eso no quiere decir que en Argentina no sea igual, tanto es que compré mi casa acá y allá, pero bueno, voy a estar agradecida y toda mi familia lo está inmensamente.

CD: El exilio fue de mis padres, no mío, yo era mexicana. Sí, sabía de Argentina. De hecho escuchábamos a Susana Rinaldi, Alfredo Zitarrosa, José Larralde,  Eladia Blázquez, María Elena Walsh, Quiet Riot (“Come on feel the noise”), José Luis Perales, Parchís, Menudo, Tremendo, “Odisea Burbujas”, en disco LP, Tina Turner, Elvis… ¡y cuántos más! Mis amistades de México hoy siguen de pie. Aunque jamás, por diferentes cuestiones, pude regresar. ¿Qué fue el exilio para mí? El exilio comenzó en Buenos Aires, después en La Rioja, la vida de provincia era apasionante. Tengo firmes amistades allí también. Pero en donde mete la cola la política, ningún efecto colateral es gratuito. Estuvimos 7 años con la idea: “el año que viene vamos a vivir a Buenos Aires”. Y eso mismo me mató. Finalmente en 1994 llegamos a Buenos Aires, la familia voló por los aires, comencé el CBC para Letras en Drago, y con mucho esfuerzo lo terminé en un año. Después estudié Letras, que también me apasionó, y la finalicé como si se tratase de una carrera al orgullo.

MMN: Esto tal vez pueden responderlo mejor mis viejos que yo, pero puedo decir que se adaptaron muy bien. Tanto en Estados Unidos como en México formaron parte de los Comités de Solidaridad con Argentina denunciando el genocidio, las torturas, los centros de exterminio, etc. Con respecto a las costumbres puedo decir que mis padres se adaptaron tan bien que lograron convertirse en mexicanos. Asimilaron como propias todas y cada una de las tradiciones, sus comidas, sus ceremonias, su cotidianeidad. Tal es así que yo mismo me siento mexicano, llevo en mi paladar, en mi olfato y en mi alma todo lo que México me enseñó.

 

APU: ¿Cuánto tiempo estuvieron exiliados? ¿Qué marcas y recuerdos dejaron en sus vidas esos años?

AS: Esos 33 años de vivir en México abrieron para mí no sólo la posibilidad de proteger mi vida, sino también de abrirme a un horizonte muy distinto al estrecho universo del "saber" en la Argentina. Sigo teniendo la sensación de que a pesar de la solidaridad y las facilidades del gobierno y de los ciudadanos mexicanos, en Argentina siguen sin darle un lugar a la cultura de México. Hoy en los medios no se da lugar al actual y singular gobierno de Andrés Manuel López Obrador que, como se dice en México, no es izquierda, no es derecha, sino todo lo contrario.

MF: Estuvimos desde 1976 hasta 1984 cuando Alfonsín ganó y nos permitió volver. Nosotros volvimos porque teníamos a mi hermano preso y teníamos a otro hermano desaparecido y queríamos saber de él, lo habíamos dejado y nunca más supimos de su destino, nos enteramos que él y su mujer habían ido a parar a La Perla. No habíamos dejado casa porque mi papá para sacarnos a todos los hijos vendieron todo lo que tenían, no teníamos nada, tampoco teníamos relación con la familia ni de uno ni de otro, la construimos un poco cuando volvimos pero nunca fue igual, quizá por ser una familia tan grande nos hicimos entre nosotros. Era necesario volver.

Algo que para mí es muy marcado y que he hablado muchísimo con la gente que vivió en México, es que el retorno fue mucho más difícil para los más chicos. Para la ida fue impresionante, digamos por lo menos para nosotros que éramos chicos, porque veíamos el dolor de mis papás y todo lo que fue, demasiados chicos para elaborar tanto pero fue peor el regreso. Argentina había estado como congelada, éramos exiliados, no bien vistos por esa razón y nadie tenía presente el tema de los desaparecidos, hasta que años después se fue trabajando y construyendo. En síntesis el retorno fue más doloroso para los que éramos más chicos, nos desarraigó mucho, más de lo que ya estábamos.  Para mí fue muy necesario y lo vi con los de mi generación,años después volvimos a militar y me enganché con los organismos de Derechos Humanos y mis hermanos también. y eso fue sanador, pero estuvimos muy huérfanos muchísimos años en el retorno.

COD: Mis padres estuvieron 10 años exiliados. México es y será mis primeros pasos, mi primer amor, la primera marcha en torno del patio del colegio honrando a la bandera y su himno. Argentina es la posibilidad infinita de volver a empezar, a cada momento, porque la Patria es el Otro, porque la vida sigue.

MMN: En México estuvimos desde el 77 hasta enero de 1984, vinimos junto a otro montón de argentinos en el mismo avión, aquí nos esperaban mis abuelos y mis tíos, a quienes yo no conocía. Tenía 7 años. De México recuerdo sus calles (las de Cuernavaca) con mis amigas y amigos mexicanos y argentinos, con quienes nos encontrábamos a hacer travesuras. Íbamos a un baldío y levantábamos piedras para encontrar alacranes. Comíamos mangos con chile, los dulces de cacahuate que se llamaban “De la Rosa”, los tamales, el jugo de horchata, de tamarido y Jamaica…tantos gustos, ¡todo lo que amo! Las canciones de Amparo Ochoa y María de Lourdes, las piñatas y las calaveras de azúcar…¡tantos recuerdos! Como dice la canción: “estuve a punto de cambiar tu mundo, por el mundo mío”.

 

APU: ¿Por qué “Argenmex”?

AS: Esas experiencias siguen teniendo un lugar muy singular e importante en mi forma actual de vida, lo cual es bueno, así lo tomo. "Vivir más de 30 años tan lejos de Dios y tan cerca del infierno", como dice la frase popular mexicana. Sigo comiendo con chile, sigo degustando el tequila y el mezcal, comer empanadas con chile es de un gusto que hace revivir mi paladar. Otra cosa interesante es que en México me surgió la costumbre de hacer asado. Ante el exilio forzado cada quien inventa y crea condiciones para hacer frente al desamparo. Y para poner de su lado eso que la cultura mexicana ofrece de forma muy amplia y abierta.

MF: Porque es algo que se siente y lo llevo con orgullo, no tengo dificultad, soy de los dos lugares, esos fueron grandes conflictos que tuve que resolver y manejarlos. Decidí que no puedo pertenecer a uno solo, estoy construída de los dos, es parte de mi historia y tiene que ver con la historia de la desaparición de mi hermano y con todo lo que nos acarreó, es difícil sacarlo de la vida. Cuando estaba en México junto con mis hermanos me uní a un grupo que eran los Argenmex y para los mexicanos éramos eso. Sigo teniendo mis amigos de la infancia, del colegio secundario, me sigo escribiendo con ellos y son de las personas más importantes, con mi familia cocinamos comida mexicana y quedamos muy pegados con las costumbres, todo lo que es mexicano me gusta. (Risas)

COD: Porque tengo la nacionalidad argentina y la mexicana, están fusionadas en mí. Un día un muchacho se rió diciendo que mi peronismo era “el peronismo mexicano”, y tiene razón. Es argentino, pero el General habló de la Patria Grande.

MMN: Hoy por hoy me une a México lo que nos une a todos y a todas les argenmex, que es terminar con el imperialismo y la oligarquía de ambos países, dueños de la desigualdad y sus privilegios. En esa lucha estamos los dos países.  Soy Argenmex porque mis primeros siete años los viví allá, porque me sentí un extraterrestre cuando vine aquí con mi orgullo mexicano, porque amo la humildad, la generosidad y el patriotismo de mis hermanos mexicanos, porque amo su poesía, sus comidas, sus bebidas, sus colores y sus costumbres. Porque no dejo de pensar un solo día en mi tierra mexicana.

 

* La nota contiene lenguaje inclusivo por decisión de la autora.