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Cultura //// 08.08.2021
“Los extraestatales”: un libro en clave borgeana

En la columna semanal Informe de un día una reseña del libro de José Retik, ficción con guiños de realidad, historia, política y psicoanálisis. Editado por Borde perdido.  

Por Inés Busquets

José Retik es un escritor y psicoanalista platense. Escribió ensayos como ¡Araca Lacan!, Verdades mentiras y paradojas, Diccionario de Psicopatología Fantástica y la biografía de Pipo Cipolatti.  

Los extraestatales es un libro distópico, mundos posibles conviven en una atmosfera con dejos de realidad. Una ficción que parte de la alucinación de un neurólogo francés Dr. Maurice Foudré en estado febril que fue convocado a la Argentina para investigar el comportamiento de las multitudes rioplatenses.

Con capítulos cortos y precisos, José Retik escribe en clave borgeana historias con fechas, nombres propios y enciclopedias. Argumentos reveladores, personajes misteriosos y una suerte de simbología kafkiana colmada de guiños a la sociedad actual.

Un pueblo Ibídem obstruido por el virus del fracaso, portador del desánimo y la frustración. Una ciudad de autómatas, con un Parque de Frustraciones,  de empleados públicos insensibles, máquinas productoras para favorecer al capital: “Queridos empleados: es hora de terminar con la hipocresía del afecto.” Anuncia una autoridad.

La intervención de Francia, Estados Unidos y China como países colonizadores e influyentes en materia de cultura, ciencia, servicios de inteligencia y poder económico.

Dos extraterrestres que bajan de un bibliorato volador y llegan a la ciudad de La Plata (cuna de la administración provincial) y una vez que pisan territorio platense se convierten en empleados administrativos: “Tan pronto como caminaron en el territorio provincial se convirtieron –por obra y gracia del realismo alienígena-en empleados públicos con nombre, apellido y número de legajo.”

Saltos temporales que van desde el 1903 al 2026 o al 2223, sin embargo los cambios de época no convierten al libro en ciencia ficción, ni profético,  ni pronosticador del futuro sino en ver la probabilidad de lo que construimos en el presente. Una especie de consecuencia natural de la autodestrucción.

El libro posee varias aristas. Por un lado una historia de ficción que deja de ser descabellada cuando se analiza desde la realidad y la conducta humana en la actualidad.  

 Por otra parte, un efecto de capas donde buscamos lo que subyace, aquello que nos convoca de manera subrepticia. Ese sentido del que habla el Manifiesto anónimo: “Todo acontecimiento literario posee un sentido, aunque sea ajeno a la voluntad del autor.”

La crítica  a lo instituido es otro de los ejes, aun así de aquello que nos jactamos o gozamos de pertenecer como el arte. Podría ser una hipérbole de lo cotidiano. A veces solo cuando le otorgamos una impronta de ironía o exageración a un asunto logramos conocer los límites, los extremos, la profundidad.

También es un cuestionamiento a la política, al estado normalizador, a lo legitimado, a la mirada hegemónica del poder que establece las normas de una sociedad.

Los extraestatales, además posee una gran reminiscencia al psicoanálisis. Términos como fracaso, ánimo, frustración, éxito, aparecen recurrentemente como estados colectivos, todo aquello que generamos como sociedad y determinan el comportamiento de las masas. Inclusive hasta dotarnos de una identidad como pueblo. Sin menciones explícitas, pero con multiplicidad de gestos, también hace alusión a la formación de los partidos políticos como espacios de resistencia. Aunque terminen formando parte de servicios de inteligencia y conspiraciones absurdas.

Los extraestatales no invita a pensar en la idea de sociedad, ¿cómo somos?, ¿qué nos representa?, ¿qué nos identifica?, ¿cuál es el rol de las instituciones?, ¿cómo nos vemos desde afuera?, ¿hacia dónde vamos?, ¿quién define la moral?, ¿quién determina la cordura y la locura? Frente a tanta incertidumbre y entramados complejos: ¿el amor nos salva?, ¿qué lugar ocupa el arte?

José Retik me llevó a Borges y a Kafka, pero también un poco más acá. Pienso una banda sonora de esta historia y me atraviesa Sui Generis y “Pequeñas anécdotas sobre las instituciones”, en el arte como puente en épocas críticas y en esa sabiduría casi visionaria de Charly cuando dice: “Les contaste un cuento/sabiéndolo contar/y creyeron que tu alma estaba mal. /La mediocridad para algunos es normal/la locura es poder ver más allá”.