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Cultura //// 21.02.2021
Literatura sub-20: “Un día tranquilo”, de Ian Eterno

Lo macabro, el horror y lo irreparable confluyen con un sesgo incómodo en el género fantástico. AGENCIA PACO URONDO, comparte nuevamente, en este espacio de difusión de textos escritos por jóvenes, un cuento de un estudiante de la ESN°29 de Martín Coronado publicado en el libro digital “Avalancha Literaria”.

Por Ian Eterno

Era un día tranquilo, sin nubes y plácido, el sonido de las hojas de los árboles movidas por una leve brisa era terapéutico. Cuando en la distancia se oye un grito y seguido de eso el sonido seco de un golpe directo en la cadera y luego otro, y otro, y luego tres más, dejando a la víctima inválida, arrastrándose dolorida, rogando piedad con jadeos desesperantes al victimario que hacía oídos sordos mientras levantaba un martillo en lo alto para terminar con lo que comenzó, pues su error la perseguiría hasta su prematura muerte, su asesino no era nadie más que su propia hija, producto de años acumulados de odio y rencor.

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Era un día tranquilo, sin nubes y plácido, cuando Tara a los 10 años se mudaba a la casa de su tío de parte maternal, su padre había muerto en un choque, y su madre la abandonó, When su segundo hijo había fallecido. Cuando sucedió esto el padre de Tara no pudo con la carga mental de este evento, decidió conducir a su casa solo, dejando a su mujer en el hospital, manejó hasta un puente para luego saltar y abandonar todos sus problemas. Pero antes de cometer el acto pensó en su segunda hija, si el moría dejaba sola a la pequeña, decidió abrir la puerta del auto y sentarse en el asiento del conductor, cuando desde lejos se ve un camión a una velocidad elevada yendo de derecha a izquierda, generando fricción en las ruedas con cada movimiento hasta el punto en que el camión giró completamente exponiendo su lado derecho y las ruedas ahora mostrando su cara lateral, generan un sonido chirriante, hasta que estas abandonan el suelo, y el camión entero empieza a dar vueltas como si de un rollo de papel se tratara, acercándose cada segundo hacia el auto donde estaba el padre de Tara, él trato de levantarse y salir de ahí pero sus cordones estaban trabados en uno de los pedales del auto, trató con todas sus fuerzas pero el pedal no planeaba dejarlo ir. Aceptó su muerte y cerró los ojos, pero aún no era el momento, el camión cayó encima del auto, la estructura del auto resistía, se mantenía con todas sus fuerzas, no dejaba de ser un cuerpo más débil que el camión, su estructura comenzaba a ceder lentamente mientras emitía sonidos chirriantes de dolor mecánico. El muchacho abre los ojos y trata de salir de ahí, nota que ahora, más que el cordón de su zapato, su pierna es la que no quería irse de ahí, su pierna estaba siendo retenida, como si fuera sujetada, agacha su cabeza y nota que un extenso trozo de metal proveniente del camión estaba incrustado en su pierna, desgraciadamente para él, el impedimento estaba en la dirección contraria a donde el pretendía sacar su pierna. Su tiempo era limitado, el sonido del metal chirriando era cada vez más agudo y la presión era gradualmente asfixiante. Sin opciones, decide que para conseguir salir de ahí era necesario el sacrificio de algo, toma su pierna impedida y comienza a empujarla con todo su esfuerzo en dirección contraria al trozo de hierro, cortando toda la carne, músculos y nervios. La sangre brotaba como si de una fuente se tratase, pintando el suelo del auto de un color rojizo. Su dolor era indescriptible, era una mezcla entre miedo, sufrimiento, sentimiento como la sangre abandonaba su cuerpo, su piel palidecía, mientras que su cuerpo perdía fuerza, y su alma perdía will. Luego de estar un rato intentando desesperadamente abandonar su pierna, llegó a la conclusión de que todo era en vano ya que el dolor era insoportable y mientras más intentaba más fuerza perdía, decidió dejar de intentar y tomó una foto que llevaba en un bolsillo interno de su abrigo, era una foto de Tara. Sus ojos empezaron a lagrimear.

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La madre de Tara no pudo resistir la noticia de la muerte de su marido, su mente y alma colapsaron, su mente solo estaba llena de dudas, tristeza y preocupaciones, ya que ella no tenía trabajo, ¿cómo iba a alimentar a su hija ?, tenía que mantenerla, era su deber, pero jamás había trabajado, era algo que ella aborrecía, sólo estaba casada por obligación, fue mantenida por alguien toda su vida y casarse era la única manera de serlo, ahora su plan se había desmoronado, tenía que empezar a buscar otro sostén económico, otro hombre, pero para eso necesitaba liberarse de su hija ya que era una carga. Llevó a Tara a la casa de su hermano con quien apenas tenía contacto para dejarla ahí "temporalmente". Su hermano tenía un aspecto exótico, sus brazos eran largos y flacos, al igual que el resto de su cuerpo, parecía más un esqueleto que una persona y su sonrisa era incomoda a la vista, sus ojos eran demasiado peculiares, no eran de un color normal, eran amarillentos. Tara sencillamente no podía dejar de sentir miedo al verlo, se aferra a la pierna de su madre, y su tío, notando el por qué se esconde, sonríe y le extiende la mano, ella no cedía a tocarlo, con desilusión miró a su hermana para preguntarle por cuánto tiempo se iba a quedar, ella giró, se inclinó y miró a su hija y le explicó que se iba a quedar ahí por un tiempo hasta que consiguiera un trabajo decente con una buena paga, para que ellas dos pudieran vivir, y varias cosas más que no eran más que burdas mentiras, la abrazó una última vez y la madre partió. El tío apoyó la mano en la espalda de Tara y la impulsó hacia adentro de la casa, ella se resistió, pero Thomas como si de un adivino se tratase, previó esa acción y logró tomarla del brazo, antes de que empezase a correr se acercó a su oído y le dijo "es inútil correr, tu madre no va a volver" y la arrastró dentro de su casa para luego cerrarla con llave, la niña no paraba de llorar y decidió callarla con un golpe, para luego en el piso seguir pateándola repetidas veces, advirtiéndole que si no se alimentaba las cosas solo iban a empeorar, ya que la forzaría a comer si fuera necesario, le sonrió una vez más y se retiró hacia otra habitación, se recostó en un sillón y comenzó a mirar la televisión como si no hubiera pasado absolutamente nada. Tara sencillamente no lograba entender cuál fue su error, qué hizo para provocarlo, su cabeza no paraba de hacerse preguntas constantemente, logró mantenerse consciente pese a todo ese dolor y se arrastró hasta una esquina, tomó la comida y comenzó a comerla, aunque sintió un dolor profundo en las costillas, por más mínimo que fuese el movimiento que hiciera le generaba dolor, haciendo que se retorciera y llorara con más fuerza, luego de una hora aguantando queda inconsciente. Cinco años pasaron, fueron largos y tortuosos, pero aun así Tara soportó todas las torturas echas por su tío, todo acto que ella hiciera dentro de esa casa era recompensado con una tortura diferente, dormir significaba sufrir, comer significaba sufrir y vivir significaba sufrir, Thomas ya había probado todo tipo de torturas y Tara todo tipo de sufrimientos físicos, psicológicos y sexuales, podía cortarle un miembro y ella no iba a presentar queja alguna, aun así, en esos años ella esperaba una señal divina, un milagro, lo que fuera para salir de ahí, hasta que un día su paciencia se acabó y decidió encargarse del problema ella misma. Cuando Thomas salió de la habitación para comer algo, ya que carecía de un ojo, le clavó un cubierto. De su rostro brotaba sangre y de su boca brotaban insultos y gritos, pero la pelea terminó en cuanto ella tomó la bandeja de plata y empezó a pegarle con ella en la cabeza. Ella luego de mucho tiempo recuperó algo que consideró perdido, su felicidad, que aumentaba gradualmente mientras Thomas rogaba por piedad mientras lloraba tirado en el piso, ella decidió acceder, pero antes le ató las manos y pies, quería matarlo, pero no en la cocina, la cocina era un lugar relativamente sagrado, le traía recuerdos de su padre cuando desayunaban en familia, eso logró mantenerla cuerda durante ese tortuoso tiempo, y en ese momento recordó algo, alguien que la abandonó en el infierno, su madre. Arrastró a Thomas hasta la habitación de él para ejecutarlo, pero en el camino, vio una puerta al fondo de un pequeño pasillo, giró hacia Thomas y le preguntó que había atrás de esa puerta, ya que, en esos cinco años siempre vio como Thomas entraba y salía de ahí, pero jamás vio el interior de esa habitación, Thomas se rehusaba a decirle, insistía en que lo que había ahí, era algo que era mejor ahorrarse, ella metió su dedo en su ojo machucado, y por el dolor terminó cediendo, le preguntó donde estaban las llaves y ella abrió la puerta, aunque lo que había era completamente degradante en nivel moral y ético. El cuarto tenía un olor completamente fuerte, era una mezcla entre un olor pútrido y la humedad, las paredes, estaban recubiertas de diario para silenciar el sonido proveniente de ahí y para terminar, había niños colgados desde los hombros con ganchos provenientes del techo como si de animales de un matadero se tratase, el piso estaba lleno de sangre, pedazos de órganos, uñas, dientes y piel rasgada. Era un espectáculo completamente macabro, algunos estaban vivos, otros no, gritaban en agonía pidiendo misericordia, lo único que sentían era miedo, pues estaban privados de su vista, sus ojos habían sido extraídos a la fuerza, solo podían escuchar el sonido de la puerta cada vez que Thomas entraba y salía, los gritos de los otros que estaban siendo torturados y el canto de él cuando tarareaba una canción, para acompañar los gritos. Tara no entendía el por qué alguien podía hacer eso, qué lo motivaba a hacer tales atrocidades. Ella luego de estar unos minutos no pudo más con el olor y salió de la habitación, para respirar un poco de aire puro, luego de respirar un poco, nota que Thomas ni se inmutaba por el pútrido olor, "Pareciera que no te afecta el olor a muerte"- le dijo ella, la cara de Thomas presento felicidad y placer, admitiendo que él ya estaba acostumbrado a ese hedor, y le cuenta desde cuando él estaba haciendo eso y el por qué. Resultaba que la madre de Tara tenía el momento grabado de cuando él mato a su abuela torturándola, ella había procedido a extorsionarlo, obligándolo a encargarse de lo que ella consideraba "cargas", que no eran más que sus propios hijos, uno tras otro, le enviaba cartas a Thomas, luego solo tenía que mandar a su hijo al matadero humano, Thomas le dijo que tres de los niños de ahí, eran sus hermanos. Tara no había sido la primera de su familia que estaba ahí, él ya se había encargado de esos tres niños y tres hombres, para fortuna de ella su padre no había caído en manos de ese monstruo, había sido realmente un accidente, aun así, no quitaba lo que había hecho su tío. Decidió entrar una vez más en la nefasta habitación, simplemente por el morbo de saber que más había ahí dentro. Dentro de ella estaban los cadáveres, un pequeño mueble parecido a una mesa de luz, y un horno incrustado en la pared, el paso de los años se notaba fuertemente en él, ya que el óxido había consumido gran parte de la chimenea que comunicaba con el exterior, se notaba en desuso desde hacía un largo tiempo, ella decidió abrir el cajón de la pequeña mesa de luz, pero este no cedía, estaba trabado, trató de tirar aún más, pero seguía sin abrirse, así que decidió tomar uno de los martillos que fueron usados ​​previamente para quebrar huesos humanos y le dio un golpe con fuerza en el costado derecho rompiéndolo y dejar volar los trozos de madera y más importante aún, cartas. Todas las cartas eran de la misma persona, la madre de Tara, Margaret, todas iban con la misma intención, la única diferencia era la manera que tenía de encubrir lo que realmente quería decir, una vez era ella hablando sobe un regalo de navidad, otra carta hablaba sobre regalos de cumpleaños, otra era sencillamente mandándole saludos avisándole que llegaría un paquete muy importante, siempre terminaba con un "espero disfrutes del regalo". Mientras leía las cartas, escucha un sonido fuerte como si se hubiera roto algo, pero provenía de dentro del horno, su atención dejó de estar dentro de las cartas y pasó a estar en el horno. El ruido dentro del horno era cada vez más constante como si algo se moviera dentro de él, extiende su mano, toma coraje y tira para atrás la puerta. En cuanto la abre, la ceniza contenida sale hacia fuera y luego cae como si de nieve se tratase, manchando su ropa y rostro haciendo que cierre los ojos, con sus manos se limpia y logra ver huesos y cenizas de gente previamente incinerada hasta desaparecer, logra notar que había un cráneo moviéndose y emitiendo leves sonidos, pero provenían del interior, levanta el cráneo y ve la razón del sonido, una rata estaba comiendo los restos de un dedo que indicaba ser de un niño. En ese momento logró entender por qué su tío vivía en una zona industrial, el olor a carne humana cocinada se tapaba con el olor a los desechos que soltaban las fábricas, era la cobertura perfecta. Desde el fondo de la habitación se escucha la voz de Thomas, explicando como siempre el odio que le provocaba el sonido de cuando esa puerta se abría, odiaba desperdiciar su obra, consideraba que con cada víctima hacia una obra de arte diferente, quemarlas así era un desperdicio, pero aun en contra de su voluntad tuvo que acceder, con repudio y vergüenza de sus acciones él se libraba de sus obras de artes a medida que las terminaba, era como arrancarle de las manos a un pintor una obra recién terminada, sentía un odio demasiado peculiar hacia su hermana, porque gracias a ella conseguía el lienzo para crear arte, pero a su vez gracias a ella tenía que liberarse de sus obras maestras. Thomas no mostraba arrepentimiento alguno sobre sus actos, él solo veía maravillas artísticas, pero una era demasiado especial, Tara, ella por alguna razón le parecía demasiado parecida a su primera víctima, su abuela, es por eso que se deleitó torturándola, pero nunca la llevó a esa habitación, porque sabía que si entraba ahí, significaba sacrificarla, y eso era algo que él no quería hacer, su placer era demasiado grande con ella como para desecharla como el resto. Al descubrir toda la verdad, pensó en descolgar a los pocos niños que estaban vivos, pero en instantes determinó que eso solo significaría que murieran desangrándose, decidió darles una muerte piadosa, tomó el martillo nuevamente y cuando fue a asestar el primer golpe, el timbre sonó, paralizada escuchó cómo volvía a sonar, era el correo dijo Thomas, algo tenía que hacerse. Thomas siempre recibía las cartas sin excepciones, enfermo o no, nunca dejaba pasar una carta, y si no la aceptaba podía generar una leve sospecha, así que ella decidió aceptarla. Abrió la puerta y estaba el cartero esperando pacientemente, el cartero se sorprendió al ver que no era la persona de siempre la que recibía la carta, pero más aún el look deplorable de la joven que le abrió la puerta, le preguntó por su salud, aun así ella insistía en recibir la carta, el cartero se volvía cada vez más persistente y ella con recibir la carta, cuando en un momento, Thomas empieza a gritar para que el cartero se entere de él, sabía perfectamente que el cartero iba a llegar y a qué hora lo iba a hacer. En cuanto el cartero escuchó gritos, trató de asomarse por el costado de Tara para ver qué es lo que pasaba, pero en cuanto lo vio, ella le dio un golpe directo en la cabeza con el martillo que llevaba en la otra mano, lo agarró de la camisa y lo arrastró hacia adentro de la casa tirándolo en el piso y cerró la puerta, lo tomó de la camisa y comenzó a arrastrarlo dentro de la habitación, y cuando llegó, empuñó el martillo con su mano derecha y comenzó a martillar la cabeza del pobre, mientras lloraba y pedía disculpas. En total fueron unos quince golpes consecutivos hasta que el cuerpo del inocente sólo se movía por estímulos involuntarios, el tío no podía contener la risa, insistía en que estaba completamente feliz con ella, su obra ahora estaba terminada, había logrado lo que necesita para ser feliz consigo mismo. Tara no pudo más con el odio que llevaba contenido y en cuanto fue a terminar con él, frena y mira a los niños, sabía precisamente como generarle dolor a Thomas antes de matarlo, ella besó la frente de uno de los niños y exclamó "te libero de tu sufrimiento ", para luego darle un golpe de gracia y hacer que deje de sufrir, Thomas no pudo soportarlo, estalló en cólera en cuanto vio cómo ella arruinaba una de sus obras maestras, comenzó a gritar y retorcerse tratando de desatarse, ella notaba la desesperación y el dolor en la mirada de él, siguió con otro, y otro hasta que ya no quedaba más gente viva que ella y él. Luego de terminar con el sufrimiento de todos esos niños, asesino al tío destrozándole completamente la cabeza.