Libros: “Un hijo extranjero”, de Eduardo Berti

  • Imagen
    EDUARDO BERTI
INFORME DE UN DÍA

Libros: “Un hijo extranjero”, de Eduardo Berti

16 Julio 2023

Un hijo extranjero es la historia de un hijo que descubre aspectos de la vida de su padre que desconoce y va tras sus huellas. En ese camino epifánico el autor viaja a Galati, Rumania, y recorre casas, bibliotecas, escuela, plazas y lugares que habitaron sus ancestros.  La búsqueda del origen no solamente ayudará a encontrar al autor las huellas de su padre sino también parte de su propia identidad.

Un tiempo después de publicar Un padre extranjero le llega al escritor el correo electrónico de un amigo que le envía la copia del legajo que su padre, nacido en Rumania, presentó en los años 50 para naturalizarse argentino. La sorpresa fue cuando Eduardo Berti advierte datos ocultos o transformados como la fecha de nacimiento, el día de la llegada y hasta la dirección de su casa en Rumania. Esto motivó al viaje del escritor y posterior nacimiento de este libro.

Un hijo extranjero es un diario de viaje. Un viaje exterior hacia la ciudad natal del padre del escritor y un viaje interior hacia la vida privada y los intersticios familiares del autor. A medida que avanza, en el trayecto, se revelan aspectos identitarios, de lengua, tradición, cultura y religión. Rasgos personales, características del contexto, singularidades históricas, políticas, climáticas y sociales del país donde se crió: ¿Cómo era la vida del padre antes de la llegada de su hijo? ¿Cuánto de Galati tuvo el escritor en su crianza? ¿Cuánto dialoga con nosotros/as la infancia de un padre?

Imagen
UN HIJO

Un hijo extranjero es una historia individual pero conforma una problemática compartida con todos/as los inmigrantes de la época: la persecución, la guerra, el hambre, la huida, el desarraigo, la búsqueda de un lugar nuevo. Una vida que se desarma. Una vida que se reinventa. Un pasado que queda lejos en la distancia pero indefectiblemente en la persona, en la memoria, en la experiencia, en los sueños.

La llegada de un migrante implica un movimiento y una transformación. El desplazamiento de un lugar hacia otro con una promesa de felicidad y la construcción de un territorio que pareciera dividirse en dos: el personal, con atributos de la vida que precede y el social, que es el rol que se construye en confluencia con el lugar que se habita. ¿A partir de dónde se empieza? ¿Qué sucede con los recuerdos? ¿Cómo funciona la memoria? ¿Cómo se domina el miedo a volver a ser perseguido? ¿Hasta dónde se comparte o se cuenta? ¿Cómo se adapta el ser humano y vuelve a crear vínculos? ¿Cómo se resignifica la confianza luego de una amenaza?

Quizá como escribe Eduardo Berti separarse de su origen, despojarse de su tierra sea similar a cambiarse de galaxia.

Como un cuento tradicional, Eduardo Berti comienza el libro así: “Hace mucho tiempo, en una galaxia lejana, publiqué una novela llamada Un padre extranjero en la que hablo de unos hechos ocurridos hace mucho, mucho tiempo en otra galaxia lejana.

Resumiendo (porque el lector tiene apuro y no es momento de vueltas y paréntesis), en esa novela conté que mi padre, nacido y criado en Rumania, educado luego en Francia, llegó a la Argentina a los 25 años, mientras estallaba la Segunda Guerra Mundial, y que usó el viaje para reinventarse: para cambiar de apellido, de fecha de nacimiento y, más aun, de religión.

En la galaxia lejana de mi padre había un hombre muy malo y de bigote raro que odiaba a los judíos. Precavido, mi padre escapó de Europa y rompió todos los papeles que pudieran demostrar sus raíces israelitas, como decían entonces en Rumania. A tal punto borró o tachó su pasado que solo después de su muerte comprendí lo mucho que ignoraba de él”.

Vuelvo a leer este fragmento y me detengo en las dos palabras que redondeé con lápiz: galaxia y reinventarse.

¿Cuánto de voluntad y cuánto de necesidad a la hora de tomar esta decisión? Solo se puede dimensionar la tristeza de esa partida con la inmensidad del océano que lo separó de su tierra. Hace un tiempo está de moda la palabra resiliencia, me pregunto si esta es la palabra adecuada. Quizá como escribe Eduardo separarse de su origen, despojarse de su tierra sea similar a cambiarse de galaxia.

En Un hijo extranjero los lectores/as acompañamos el proceso, vivimos cada hallazgo como si se tratara de la propia experiencia. El libro no es sobre un viaje, el libro es un viaje que nos conduce con curiosidad por zonas desconocidas. Asistimos a las reflexiones, a las frustraciones, a los encantamientos del lugar, a las desilusiones, a los vínculos nuevos, a la idiosincrasia del pueblo.

Como si todo se sincronizara con el objetivo en cuestión, en un capítulo el escritor rescata en uno de los libros que llevó (como dice: “una praxis oportuna, necesaria”) que “el término musical fuga se vincula con dos verbos del latín: Fugere/huir y fugare/perseguir. Imposible mantenerse ajeno a la sensación de que en mi viaje huyo y persigo por igual”. “Huir del fardo del silencio y las mentiras de mi padre mientras persigo, en una forma de conjuro, a lo mejor, otro silencio, otras mentiras. Huir a su vez de la novela de mi padre (las novelas de mi padre, así, en plural: la que él se puso a escribir y la que lo tiene como personaje) mientras persigo otra novela quizás. Pero nada es tan concluyente y los dos verbos se funden. Se rehúyen, se persiguen entre sí. Se desafían a duelo”. Y yo agrego: también se reconcilian.

 El libro de Eduardo Berti permanece en estado de pregunta, como la poesía, como la vida en general; creo que nunca llegamos a conocer del todo nuestras raíces y eso otorga la libertad para formar una nueva historia, que seguramente coincide de manera inconsciente con el pasado, pero como dice Eduardo Berti: “Es tanto lo que no sé, lo que no sabré jamás salvo que otro legajo caiga del cielo”.