Libros: “El vestido blanco”, de Nathalie Léger

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    FOTO: J. Foley
INFORME DE UN DÍA

Libros: “El vestido blanco”, de Nathalie Léger

01 Octubre 2023

La obra de Nathalie forma una constelación. Mujeres, madres, vínculos, amor  lindando los bordes entre ficción y realidad. Ensayos que parten de un hecho real, de una situación personal o de una noticia disparadora. La presencia de Barthes como una guía o ancla del texto, las intervenciones del proceso creativo. Hay algo que ocurre mientras ella investiga sobre un tema y esa instancia de incertidumbre también conforma el relato.

Nathalie Léger, trabaja un género híbrido donde la biografía se cuenta en primera persona,  voy a hablar sobre alguien, pero: ¿Por qué elijo a ese alguien y no otro/a? La excusa de ese otro/a da cauce a la interpelación propia. ¿En qué medida la atraviesa ese ser al que le dedica horas de vida para encontrar sus huellas? ¿Hay en esa otra persona algo que le interesa descubrir en lo personal? Bárbara Loden, Wanda, Pippa Baca son mujeres  con mucho para decir, movidas por una inquietud, por un deseo, por una desesperación, por un acto de justicia. Ese ya es un punto de partida, un marco para pensarse.

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Nathalie Léger pareciera seguir un hilo conceptual: historias de mujeres y  tópicos como el amor, la muerte, la justicia, la maternidad, el arte;  que a veces se repiten pero que sin embargo se ven desde distinta óptica, amplifica los sentidos de los temas que la obsesionan, los convierte en obra de arte, los connota de singularidad, como si permaneciera en alerta constante.

El vestido blanco retoma la historia de Pippa Bacca, una artista italiana que hace una performance vestida de novia desde Milán a Estambul. Una gesta artística que tenía el objetivo de manifestarse en contra de la guerra, paradójicamente muere asesinada en las afueras de Estambul, al terminar su recorrido. Un trayecto que se basó en pequeñas acciones cotidianas de paz y empatía.

“En las imágenes que se conserva de este viaje, muchas veces la vemos envuelta en un halo luminoso: es el blanco de ese enorme vestido a contraluz, es toda la intención de su viaje, una nube idealista, el deseo de reparar, el deseo de difundir el bien, no el bien en sí, sino la idea del bien, y no está claro que eso alcance, incluso podríamos decir que está claro que no alcanza, aunque también puede ser al revés, quizá el bien no pueda ser más que una idea , quizá la idea cuente en sí, quizá no siempre sea necesario que los hechos confirmen una idea para que sea correcta, pero quien sabe”. 

 

La madre, el origen, el lenguaje acaparándolo todo, volver a la fuente para cristalizarse, como si este libro también fuera una performance para encontrar la verdad, la infancia, la idea de felicidad.

El vestido blanco es Pippa Bacca pero también es el significado simbólico de entrega y sumisión de muchas de nuestras ancestras, el silencio, la injusticia, la condena, la muerte física y espiritual disfrazada de obediencia en respuesta a un acto de amor.

“A su manera, sigue el linaje de esas mujeres fervorosas que se entregan a la lucha y el sacrifico, tomó el polvo de Juana de Arco y, sobre los invitados al casamiento, espacio las cenizas de su vestido blanco. Y no sabemos, ni llegaremos a saber nunca quizá, si esa vocación es una conquista o una desgracia, ni de que redención o de que fidelidad silenciosa y desesperada es prueba”.

El vestido blanco, además dialoga con el arte, como virtud y valor fundamental para contrarrestar el mal y la violencia del mundo. Durante la investigación Nathalie encuentra otros gestos artísticos similares de mujeres    en distintas partes del mundo exponiendo su propio cuerpo como obra de arte y actitud de protesta ante alguna injusticia.

“El artista debe sumergirse en su propia angustia y, detectando todo lo que tiene de ajeno, de sobreañadido, de personal  en el sentido peyorativo del término, alcanzar la zona auténtica”.

“Incluso cuando los artistas son torpes, cuando sus pensamientos son confusos, cuando sus gestos se quedan a mitad de camino, sus performances se obstinan en transmitir algo verdadero”.  

El libro de Nathalie Léger sigue la tesis de Piglia, por un lado cuenta la investigación de Pippa en consonancia con otras artistas y por otro su historia personal atravesada por este proceso también. Esta vez es ella la que tiene que escribir o “describir” una injusticia para repararla. Una vez más la función del arte como puente y salvación. Palabras para dirimir la angustia, palabras para sanar, palabras para revelar la desigualdad, palabras para redimir, palabras para encontrar respuestas, palabras para desentrañar. “Un monumento de palabras” como suele decir. “Es esta soledad llena de miedo y gritos contenidos, ¡justicia! ¡Justicia!, es esta soledad sufrida, como una piel magullada desoyes de tantos ultrajes, la que me hace escribir”.

“Describir, describir y nada más”.

La madre, el origen, el lenguaje acaparándolo todo, volver a la fuente para cristalizarse, como si este libro también fuera una performance para encontrar la verdad, la infancia, la idea de felicidad.

Y en este jardín de palabras Nathalie hace especial hincapié en dos: “bondad” y “desgarrador”. Quizá sintetizando el sentido del vestido de Pippa, el casamiento de su madre, la lucha, el arte, la escritura.

“La bondad, cierto, es una palabra un poco melosa, una palabra que quisiéramos zamarrear (…)” “¿quién podría decir que esta palabra no tiene sentido, quien se atrevería a decir que es vergonzosa, quizá incluso nociva? ¿Quién no adivina que bajo el énfasis absurdo de su gesto ella quería ocultar con delicadeza, en los pliegues de su vestido, la bondad que silenciosamente modelaba su corazón incierto?

“Entonces aparece una palabra y cae por su propio peso: “desgarrador”. La palabra contiene en sí todas las lágrimas pero sin ahogarse en ellas (…)”

La obra de Nathalie es una experiencia viva, una red intertextual que no termina cuando se cierra el libro, continúa en la indagación, con la búsqueda de esas huellas que encontró en el desierto y que pareciera que empiezan a existir a partir de su hallazgo. “Detrás de mi silencio solo hay avidez de palabras, una avidez a punto de rebalsar”, escribe y yo la quiero seguir escuchando.