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Cultura //// 10.07.2022
Libros: “Efectos personales”, de Marina Mariasch

En la columna semanal Informe de un día la reseña del último libro de la escritora argentina que relata con belleza y dolor el suicidio de su madre. Un ensayo sobre la vida, el lenguaje, los vínculos y las despedidas. Editado por Emecé.

Por Inés Busquets

Efectos personales es el último libro de la escritora argentina, Marina Mariasch, editado por Emecé. 

Una tragedia irrumpe en la vida de la escritora, la conciencia de la muerte llega a la familia de manera inesperada y abrupta. La voluntad como forma, la decisión del final como única alternativa. Nunca estamos preparados/as para la muerte, pero el suicidio impacta y se prolonga en pregunta para siempre. ¿Se podía advertir? ¿Hubo señales anticipatorias? ¿Alguien lo podría haber evitado? Entonces las emociones se confunden y al dolor, la tristeza y la angustia se suma la culpa, una daga peligrosa.

Efectos personales es una novela autobiográfica y un ensayo sobre el lenguaje. Marina cuenta que tuvo una crisis, una pérdida del lenguaje luego del acontecimiento, pero en la novela pareciera empezar a recuperarlo, a encontrar palabras que sean capaces de materializar algo de la experiencia. No explicaciones, no respuestas, no teorías sino una fuerza superadora que permita desenmarañar la trama.

Norma, la mamá de Marina, señala en una agenda día y lugar del hecho: un hotel céntrico, el día del cumpleaños de su ex marido y una ventana sin rejas, ni cerramientos. En fin, un cúmulo de mensajes. La noticia de madrugada rompe los esquemas, instala otra configuración en la vida que queda, igual que la muerte. El hecho quiebra la contención, buena o mala, pero que solo una madre constituye.

“¿Qué la encadenaba?” Se pregunta la escritora y el concepto de suicidio también conforma un acto de libertad.

En Efectos personales las palabras de Marina caen como fruta madura, la misma definición que la autora utiliza para el cuerpo de la madre. Todo cae en Efectos personales, con la potencia del cuerpo, de la lluvia torrencial, de las lágrimas retenidas. Sobre todo cae la certeza. No hay plan que resista a la imprevisibilidad de la muerte.

“La muerte llega como un encuentro inesperado, como el amor. Es un exceso, un dique que desborda e inunda. Vivir es ser un fugitivo de ellos, de la muerte y del amor, hasta entregarse.”

En el libro la celebración y la muerte van de la mano, instancias complementarias tradición religiosa, cumpleaños, tragedia. El ying y el yang en todas las circunstancias del camino. 

La exploración del suicidio a través de distinto/as autores, la participación de la escritora en conferencias sobre la problemática, su paso por el Circulo de Ayuda a Familiares de Suicidas, las terapias alternativas para entenderse adentro de un cotidiano que no transita por la misma desesperación; todo lleva a una conclusión simple que abre más interrogantes: son formas que eligen algunas personas para abstraerse del mundo, para excluirse, hay quienes se encierran en sus casas, hay quienes deciden irse para no volver. “El de la exclusión es un fantasma muy común. Mamá lo tenía siempre con ella, se las ingeniaba para llevarlo con ella a cualquier casa.”

“¿Qué la encadenaba?,” se pregunta Marina. La angustia llega con una a los confines de la tierra, la huida a otras partes solo sirve para pasearla por distintos paisajes, sin embargo ella eligió una ventana de un hotel céntrico; había allí una necesidad solapada de sentirse extranjera, de hacerlo lejos de su normalidad, de sus cosas, de sus pertenencias, de su vida construida. No había elegido el hogar. “El hogar, también es un lugar de orden. Un lugar donde se junta todo, el afuera y el adentro, el odio y la paz, lo limpio y lo sucio, el ruido y el silencio, la soledad y los propios.” “Cuando cambiamos de lugar, por más lejos que nos vayamos, llevamos el padecimiento a cuestas.“

La voz de Marina es íntima, visceral y por momentos desgarradora. Expone el dolor, los tropiezos, las dudas, nos cuenta al oído aquello que no se atrevió a decir nunca. También habla de amor, de los hijos, de la amistad. De todo ese conjunto de movimientos de lo que está hecha la vida. Ese campo de batalla.

En la novela hay fragmentos de textos, de cartas, de contestaciones, de citas y hay un relato muy lindo de la hija de la protagonista donde se pregunta desde lo más genuino: “No sé cómo se habrá instalado el drama en los espectáculos, no sé qué nos hizo creer que es más entretenido. ¿Quién habrá experimentado el drama por primera vez? ¿Quién eligió convertirlo en algo atractivo?”

Madre, cuerpo, palabras, cartas, mientras leía pensaba en la importancia de la madre como matriz del lenguaje, del reconocimiento, de la identificación con el mundo y entiendo esa ruptura que provocó en la escritora. Cuando terminé la novela también tuve una idea de reparación. Busqué un libro que de alguna manera sentía que se conectaba con Efectos personales, abrí El corazón del daño, de María Negroni y vi remarcado: “Mi madre siempre fue la dueña del lenguaje.”