La partida de un imprescindible: Norberto Galasso en la trinchera del Pensamiento Nacional
Escribir sobre la partida física de Norberto Galasso no es un mero ejercicio de necrología académica. Su fallecimiento representa la pérdida de uno de los oficiales más lúcidos en la resistencia contra el iluminismo liberal. Galasso no fue un historiador dócil para el consumo de las élites, sino un militante de la memoria colectiva que comprendió, al igual que nuestro entrañable Fermín Chávez o Arturo Jauretche, que disputar el pasado es la única vía para romper la colonización pedagógica del presente.
Si la historiografía oficial mitrista (aquella que denunciamos cotidianamente desde una epistemología de la periferia) se construyó sobre el fetichismo del documento aislado y la despolitización de las masas, la obra de Galasso operó en la dirección exactamente contraria. Su método no buscó la supuesta "neutralidad científica" que los intelectuales de la superestructura utilizan para adormecer las conciencias. Por el contrario, Galasso agarró la pluma como quien empuña una lanza federal, dándole densidad teórica al Revisionismo Histórico con una impronta profundamente social, nacional y latinoamericana.
Fue él quien se atrevió a desarmar las operaciones culturales que pesaban sobre los "malditos" de nuestra historia. Nos devolvió a un San Martín de carne y hueso, un revolucionario continental recortado de las garras del elitismo porteño, y rescató del silenciamiento sistemático a pensadores de la talla de Manuel Ugarte y Raúl Scalabrini Ortiz. Galasso entendió antes que muchos que la autodenominada "historia seria" no era más que un dispositivo de dominación oligárquica destinado a convencernos de que el pueblo es incapaz de conducir su propio destino.
Fue el ultimo de una generación imprescindible y trágicamente diezmada por la ultima dictadura militar. No obstante, desde sus “tiempos mozos” entendió que el revisionismo no sólo era una herramienta clave para visibilizar a los caudillos, sino también recuperó a verdaderos baluartes de la cultura popular: sacó del ostracismo a Discepolín y recuperó el fuego peronista en la obra de Leonardo Favio, ambas figuradas desmembradas de su esencia real y siendo objetos de obras sesgadas buscando su vanguardismo lejos de donde anidaba su real potencial que interpeló al Pueblo.
Como solía señalar en sus trabajos el maestro Fermín Chávez, la cultura y la política son dos caras de la misma moneda. Galasso encarnó esa máxima a través de lo que podemos denominar un verdadero "nacionalismo de medios": tradujo la complejidad del debate historiográfico a un lenguaje accesible, popular y punzante, llevando los debates del archivo a las barriadas, a las fábricas y a las aulas de los profesorados. No pedía permiso para pensar en nacional. Su labor en la Historia fue tan intachable que hasta el propio Halperin Donghi (el último Taita de nuestra historia “oficial”) lo reconocía como un honorable adversario historiográfico.
Hoy, frente a los intentos recurrentes de reinstaurar el proyecto agroexportador y mitrista que congela las aspiraciones de las mayorías, el legado de Galasso se vuelve un pertrecho indispensable. Nos queda su inmensa producción bibliográfica, pero sobre todo nos queda su ejemplo de coherencia nacional.
Quienes quedamos en la trinchera de la docencia y la investigación no lo despedimos con resignación protocolar. Lo reivindicamos en cada clase, en cada documento cuestionado y en cada batalla contra la zoncera institucionalizada. Norberto Galasso no se ha ido; se ha incorporado definitivamente al patrimonio indestructible del Pensamiento Nacional.
Fue el ultimo de una generación imprescindible y trágicamente diezmada por la ultima dictadura militar. No obstante, desde sus “tiempos mozos” entendió que el revisionismo no sólo era una herramienta clave para visibilizar a los caudillos, sino también recuperó a verdaderos baluartes de la cultura popular: sacó del ostracismo a Discepolín y recuperó el fuego peronista en la obra de Leonardo Favio