Diego Cano: "Me interesa la incertidumbre, eso es para mí la literatura"
La Agencia Paco Urondo conversó con el escritor Diego Cano a propósito de su reciente novela Río de Janeiro, editada por Mansalva.
Diego Cano es escritor y ensayista. Publicó Kafka, una literatura del absurdo y la risa (Bärenhaus, 2020), Roberto Arlt, el monstruo (Bärenhaus, 2021), César Aira, el comité del significante (Borde Perdido, 2023), Wilcock, visitante del infierno (Aurelia Rivera libros 2024), César Aira: cincuenta años de primeras ediciones junto a Germán Coppolechia (Urania, 2025), el estudio preliminar y edición de Parker, mi prójimo de Guillermo Piro (Aurelia libros, 2026); el libro de cuentos El silloncito (Ágnes casa editorial, 2022), y las novelas La verdulería (Trapezoide, 2022), Gulag (Mansalva, 2023) y Moreno (Borde Perdido, 2025). Coeditó Kómodo de César Aira (Kalos, 2021 y 2025), y La tortuga ecuestre de César Moro (Ágnes casa editorial, 2024).
AGENCIA PACO URONDO: Río de Janeiro aparece como un escenario lleno de colores pero también inquietante. ¿Qué te interesaba explorar de esa dualidad dentro del género policial?
Diego Cano: Más que una dualidad, me interesaba trabajar una ciudad donde el placer y el peligro conviven con absoluta naturalidad. Río tiene algo que me fascinó desde la primera vez que estuve allí: la belleza nunca elimina la amenaza, y al revés. Esa convivencia permanente me pareció un terreno ideal para un policial deformado como el de esta novela. No quería un escenario exótico, lejos de eso, sino una ciudad con una lógica propia, donde el carnaval, la playa, la violencia y la música forman parte de la misma cosa.
APU: La violencia parece latente más que explícita.
DC: No me interesa la violencia como espectáculo. Me interesa la sensación de que puede irrumpir en cualquier momento. Creo que esa incertidumbre genera una tensión mayor que su exhibición permanente. La violencia está ahí, atraviesa la ciudad y a los personajes, pero la novela no busca convertirla en un efecto.
APU: Hay una tensión constante entre lo íntimo y lo urbano. ¿Cómo pensaste ese vínculo entre la experiencia del protagonista y el pulso de la ciudad?
DC: Para mí Río no es un escenario sino un personaje. El protagonista no atraviesa la ciudad: la ciudad lo transforma continuamente, de hecho hay una clave ahí que se revela en la última frase. Me interesaba que su experiencia estuviera determinada por ese movimiento, por ese clima, por esa mezcla de exceso, de desorientación y de mucha vitalidad. La novela intenta construir una realidad que sólo podría existir si abandonamos cualquier referente.
APU: El género policial suele apoyarse en la resolución. En tu caso, ¿qué lugar ocupa la incertidumbre o lo irresuelto?
DC: La incertidumbre ocupa un lugar central. Nunca me interesó que el policial fuera solamente un mecanismo para descubrir quién hizo qué. Me interesa mucho más la incertidumbre, la ambigüedad, eso es para mi la literatura. Cuando todo queda explicado demasiado rápido, la literatura pierde toda su fuerza.
APU: En la novela, realidad y pesadilla se mezclan hasta volverse indistinguibles. ¿Cómo trabajaste esa zona ambigua en la escritura?
DC: En realidad, no pensé nunca la novela como una mezcla entre realidad y pesadilla. Rechazo la literatura que quiere representar algo, que necesita un referente externo. Esa separación supone que existen dos planos claramente diferenciados. Mi intención fue otra: construir una realidad con sus reglas. “Lo extraño” es su forma de funcionamiento. Y por sobre todo, me interesa que el lenguaje vaya desplazando lentamente las certezas del lector hasta que aquello que parecía imposible termine resultando absolutamente natural.