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Cultura //// 30.09.2018
La Noche que Estuve a Punto de Morir​​​​​​​, Perfume a Pólvora

Después del lanzamiento de “Perfume de Pólvora” y a dos semanas del show que brindarán en el Auditorio Caras y Caretas, Agencia Paco Urondo conversó con David Bogado y Augusto Mastropablo, parte del equipo de La Noche Que Estuve a Punto de Morir.

Por Fermín Vilela

 

Los árboles y las casas se hunden en la oscuridad mansa de Wilde, en su silencio, comercios y depósitos industriales. Wilde es un barrio residencial. Poblado en su mayoría por trabajadores y trabajadoras de clase media, forma parte del partido de Avellaneda. Sus orígenes como formación rural documentan hacia finales del siglo XVI: la historia dice que la ciudad fue bautizada así por el estimado Eduardo Wilde, diplómata, escritor y ministro de los presidentes Roca y Juárez Celman.

Muy cerca de la terminal del colectivo 24 es donde nació La Noche que Estuve a Punto de Morir. Seis años atrás, un cuarto con ventana dio lugar a las primeras canciones y de ahí en adelante el proyecto fue mutando hasta alcanzar el sonido tan característico que lo define. Hay influencias claras en quienes voy a entrevistar. Me queda en claro que Nick Cave, Nacho Vegas, Jim Morrison y Maximiliano Prietto están bien presentes. Eso es lo que, más o menos, recapitulo mientras estoy en el colectivo. Después de un viaje de casi una hora empiezo a levantar la testa. La referencia de llegada es “El fósforo”, una enorme antena–construcción que le otorga señal telefónica a casi toda la Zona Sur bonaerense.

 

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Me habían hablado de él. Que era un chico flaco, de proporciones enjutas. También algo sobre su amabilidad y, aunque él jamás lo profese, su indiscutible talento. David Bogado me da la bienvenida. Tiene el pelo largo y un porte extraño, tan enderezado como chueco: pequeño Nosferatu. La casa en la que entro está repleta de plantas. Hacia el fondo se deja ver un patio, un limonero y un perro chihuahua, que me torea a más no poder. David, con paciencia, lo ignora. Entonces me invita a subir por una escalera caracol de chapa negra.

La pieza donde se va a realizar la entrevista es un ambiente oscuro y acogedor. Parece una escenografía del loco Lynch. Piano hacia la izquierda, cama hacia la derecha. Suena, a volumen bajo, un disco de Nick Cave and The Bad Seeds. Habíamos acordado que la entrevista se la haría a él y a Augusto Mastropablo, bajista actual de la formación. Tanto el señor Tiago D´Amore (guitarra acústica, trompeta y coros) como Andrés Fernández Osorio (batería) no están esa noche. Pero son quienes integran y completan el equipo de trabajo que sacó a luz Perfume de pólvora, segundo disco de la banda. Estrenado a principios de septiembre de este año, Perfume de pólvora promete ser uno de los lanzamientos más valiosos en lo que refiere a música argentina contemporánea.

 Me siento y prendo el grabador. David me ofrece whisky. Acepto mientras Augusto, persona tranquila, fuma un cigarrillo y canta salud, alzando su vaso.

 

AGENCIA PACO URONDO: "La noche que estuve a punto de morir". Hay una historia detrás del nombre de la banda.

David Bogado: ¿El nombre de la banda? El nombre viene de un poema de Bukowski. Si te digo exactamente en qué libro le pifio, pero creería que está o en Música de cañerías o en Toca el piano borracho como un instrumento de percusión hasta que los dedos te empiecen a sangran un poco. El título nos pareció un buen punto de partida, y cuando decidimos formar la banda con Andrés (baterista) y Cecilia (bajista de la primera formación), allá por el dos mil y algo, estábamos atravesados por el mismo tipo de percepciones. Por mi parte, me interesaba la idea de que el nombre de la banda de tela para cortar, digamos. Que no sea algo secundario, un simple-buen-sonido.

 Augusto Mastropablo: También estaría bueno mencionar que los cuatro integrantes tuvimos una noche en la que estuvimos a punto de morir (risas) y eso le da un poco más de color. No recuerdo qué le pasó a Bogado o a Andrés, pero a Tiago le pegaron un tiro acá (señala su pierna izquierda) y yo tuve un accidente automovilístico que terminó en una fractura doble de mandíbula. Por poco no estiré la pata, porque si el auto que nos impactó lo hubiese hecho metros atrás, yo no estaba acá hablando con vos. Otra nota de color: la primera vez que toqué con La Noche fue en la esquina misma del accidente.

 

APU: Su nuevo trabajo, Perfume de pólvora, ofrece una estética bien particular que remite, de cierta forma, a películas del género Western como Per un pugno di dollari de Sergio Leone o Dead man, de Jim Jarmush. En ese sentido, se me ocurre las canciones Teclas rotas, o mismo Perfume de pólvora. ¿Cómo fueron surgiendo esas relaciones, esas imágenes?

DB: Si bien, ahora que lo escucho, puedo estar de acuerdo con esas casualidades alegres, te diría que no estábamos tan metidos en tales lugares. Justo las canciones que nombraste son de las más nuevas y a mí, personalmente, las que más me gustan. Este disco tiene eso mismo: canciones con muchos años, otras más recientes... Muy recientes. De hecho, cuando entramos al estudio a grabar el tema que le da nombre al disco, Augusto no se la sabía del todo (risas) ¡Literal! Y sin embargo tuvo esa toma de bajo brutal, increíble, lo cual no guarda mucho sentido. Son las cosas que, bueno, te siguen sorprendiendo de la música.

AM: Me acuerdo de que la banda lo tocó una vez y a la segunda ya lo estábamos grabando. Ahí quedó.

DB: Para retomar tu pregunta, digamos que el piano es cosa de este disco, también. La banda tiene nomás un EP grabado, de cuando éramos un trio. Ahora somos cuatro, cinco con el piano (risas). Todo se combina con las guitarras eléctricas y las criollas. No sabemos bien cómo va a ir mutando eso, pero por ahora las dos siguen estando presente. Por otro lado, podría decirte, y no en el sentido peyorativo de la palabra, que hay canciones de este disco de las cuales estoy algo cansado. Otras, como dije antes, son nuevas y consiguen entusiasmar.

 

APU: El entusiasmo parte, muchas veces, de la novedad…

DB: Sí. Por cuestiones lógicas, ¿no? Hay un llamado a las nuevas composiciones, que consiguieron un sonido distinto. Las letras fueron mutando, lo mismo con los instrumentos y su empleo. Con Augusto, Tiago y Augusto compartimos sensaciones respecto a lo nuevo, pero creo que, al mismo tiempo los cuatro también percibimos nuestras canciones de forma particular.

AM: Esta estética de la que hablabas, Fermín, fue tan buscada como accidental. En el grupo nos une, casualmente, la pasión por el cine. Es más… Te diría que el veinte por ciento del ensayo son charlas sobre películas.

DB: Tal cual. Nunca sabés como eso puede terminar influyendo en la música, pero lo hace.

AM: Creo que mi amistad con Bogado nació a partir de La Noche y, sin dudas, a partir de Twin Peaks.
 

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APU: Si hay algo atípico en Perfume de pólvora es no sólo su estética particular, sino la cantidad de canciones que entraña. En un momento en el cual la tendencia musical se vuelca a publicar EP´S o discos con pocos tracks, ¿qué los llevó a tomar esa decisión? ¿Hubo complicaciones en el proceso?

DB: Y… Es algo que terminás pagando, de alguna forma. Te lleva más trabajo y aparecen, inevitablemente, algunas trabas. Será cierto que hoy en día es una decisión arriesgada, pero mirá: creo que no subestimar al oyente es algo importante. Si hubiésemos sacado, como lo hace gran parte de la tendencia, un conjunto de dos o tres temas, estaríamos subestimándolo. Me gusta creer que, al igual que a mí, hay gente que le gustan los discos a la antigua. Eran otros tiempos, es cierto, y esos mismos discos contenían un presupuesto. Hace muchos años, grabar un disco doble no era simplemente una decisión o un capricho del artista, sino una tendencia de mercado. Mi intención primaria, para darte un ejemplo, era grabar Perfume de pólvora con dieciocho canciones. Pero por cuestiones de tiempo y costos decidimos cerrar en un número final, que es trece.

 

APU: Un probar esquivar la rapidez de las cosas, esa inmediatez que se nos planta como consumidores culturales…

AM: Claro. También pensemos que fueron cambiando las nociones de obra. Nosotros pensamos cierta estructura de “disco doble”, porque en parte nos criamos escuchando ese tipo de formato. Uno ve tantas bandas que eligen sacar siete, ocho temas y chau, a otra cosa. Pero La Noche decidió trabajar en una obra algo más extensa, no sólo en un disco. Tomó años, cambios de formación y adaptaciones del grupo.

DB: Sí, pero ojo. Tampoco sé si esta elección de la que hablabas es para ir “en contra”. No creo verlo así del todo… O al menos no como una forma de combate, sino como una preservación. Hoy en día, un disco “largo”, digamos, serán diez, doce temas. Y para mí, diez temas es un disco “corto” … ¡De antes! También es cierto que para ciertas bandas diez temas pueden ser más que suficientes. Hablo por todos si te digo que nos tranquilizaba saber que el camino más fácil no había sido una primera opción.

AM: El número trece fue también una elección. Cuando nos sentamos en el estudio dijimos “Bueno, tenemos catorce temas. Pero si hacemos trece es por la representación que tiene el número. El trece simboliza la mala suerte, viejo, y somos La Noche en la que Estuvimos a Punto de Morir” (risas) ¡En serio!

 

APU: Esto me hace acordar a una frase de Ray Bradbury, que decía que “a mayor cantidad, mayor calidad”.

DB: O más para opinar… (risas) Inevitablemente, ya te digo, si nosotros fuésemos adelante no con doce, trece o catorce temas, sino con dos, quedaría algo así como… Como una opinión poco cerrada. Tampoco es que me muero porque la gente tenga una “opinión cerrada”, pero me parece importante que por lo menos tenga la opción, que se pueda entender hasta qué punto una banda presenta variaciones. Al tener más material, se aprecian tanto los límites como las posibilidades.

 

APU: Una vez escuché decir que "La noche que estuve a punto de morir" podría ser el tipo de banda que cierre un capítulo de Twin Peaks (risas). ¿Hay algo del cine de David Lynch mechado en los conceptos del disco?

DV: Me gustaría decir que sí, pero no podría afirmarlo del todo. Te acepto esto de ciertas imágenes, cierto coqueteo con la estética, pero qué se yo decirte cuánto de Lynch podría transmitirte en una canción. ¿Quién podría hacerlo algo de Lynch? Nadie. Lynch es Lynch.

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APU: Sí, pero no nos olvidemos que grandes artistas nos enseñaron hasta qué punto puede operar el inconsciente a la hora de sentar el culo en la silla…

DB: Bueno, claro, en ese sentido, Perfume de pólvora sí muestra un aspecto inconsciente el cual no podría, desde ya, andar explicando. Pero a esta altura te diría que el piano es irremplazable. En ese sentido, Angelo Badalamenti está muy presente, por lo tanto, te doy la razón a la hora de hablar de esto “no dicho” en nuestras composiciones. Mirá… En mi caso, no soy un gran adorador de la música instrumental. Me vuelco más hacia las criaturas textuales. Y con más razón, cuando esa instrumentalidad me llega y consigue atravesarme, lo hace con mucha más fuerza de la esperada. Si pienso en los tonos que Badalamenti usaba en sus teclados, por ejemplo, empiezo a unir cabos con respecto a esto que decís.

AM: En lo particular, lo que me pasa con Lynch y La Noche son dos cosas. Primero, lo que bien refiere a la estética. Si escucho La cabaña, décimo tema del disco, o Teclas rotas, puedo imaginarme tranquilamente un swing de Muholland Drive o Blue Velvet. Segundo, este “chape a la antigua” que La Noche propone. Se conecta con Lynch: esta remasterización de la estética de los 40´, este juego, casi en tono de burla, con los grupitos de rock que hacían explotar al mercado por aquél entonces, las Sitcoms de la década del noventa… Todo eso mezclado con un tono oscuro absolutamente único, afilado. Entonces pienso en, no sé, nuestras progresiones armónicas o los ritmos que ofrece la batería de Andrés, y termino de entender esta relación. 

 

APU: Para cerrar este encuentro, querría terminar con la siguiente pregunta: ¿Qué le depara, de acá en adelante, a La Noche que Estuve a Punto de Morir?

 DB: Hablando del hoy en día, y teniendo en cuenta que esto se va a editar, muy pronto se viene la salida del disco y una fecha en el Auditorio Caras y Caretas. Nuestra idea es tocar lo más que se pueda, donde se pueda. Por suerte nuestra mánager Aysha, laburante con todas las letras, es quien logra mover los hilos con precisión y soltura. Seguir haciendo discos es otro objetivo primordial. Seguir componiendo, siempre hacia adelante. Laburar y hacer crecer.

 AM: Seguir haciendo películas… (risas)

 DB: Acciones, acciones por sobre todas las cosas.

Enlace del espectáculo en el Auditorio Caras y Caretas, el 12 de octubre:

http://carasycaretas2037.com.ar/event/sesiones-medalla-milagrosa-la-noche-que-estuve-a-punto-de-morir-placard/