Golpes. Relatos y memorias de la dictadura

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Golpes. Relatos y memorias de la dictadura

25 Marzo 2017

Por Analía Ávila

“Yo no sabía lo que estaba pasando. No sé cómo había hecho hasta ese momento para no saber, pero no sabía. En mi casa no se hablaba del tema. En la escuela no se hablaba del tema. En la calle no se hablaba del tema (…) De eso trata esta breve crónica. Del día en que supe”, recuerda Carlos Gamerro en su relato “El murmullo”. La necesidad de saber qué sucedía en esos años y el descubrimiento de la verdad son algunos de los ejes que recorren los relatos del libro Golpes. Relatos y memorias de la dictadura, editado y prologado por Victoria Torres y Miguel Dalmaroni  que reunieron 24 textos en el marco del cuadragésimo aniversario del golpe militar de 1976. Participaron los escritores Juan José Becerra, Gabriela Cabezón Cámara, Sergio Chejfec, Mariana Enríquez, Carlos Gamerro, Fernanda García Lao, Inés Garland, Aníbal Jarkowski, Federico Jeanmaire, Martín Kohan, Alejandra Laurencich, Laura Lenci, Julián López, Esteban López Brusa, Sebastián Martínez Daniell, Sergio Olguín, Mario Ortiz, Patricia Ratto, Carlos Ríos, Ernesto Semán, Patricia Suárez, Paula Tomassoni y Alejandra Zina. 

En el prólogo del libro los editores señalan: “Convocamos a escritoras y escritores argentinos nacidos entre 1957 y 1973 (años más, años menos), porque esas chicas y chicos atravesaron aquellos años extremos en momentos de la vida durante los que – como sabemos- ciertos rincones y tonos de la memoria personal y de las propias biografías ganan intensidades únicas y significados perturbadores, inquietantes y siempre abiertos.” Los autores tuvieron la libertad de elegir cada uno su estilo y género para narrar sus memorias relacionadas con el golpe; se leen autobiografías, ficciones, prosas poéticas y ensayos. La mayor parte de los relatos está en primera persona y se refiere a una vivencia personal. Uno de los pocos textos que se apartan de esta generalidad es el breve y potente relato “La garita” de Gabriela Cabezón Cámara, que abre el libro y da cuenta de una mujer que muchos años después del golpe hace justicia por mano propia contra un ex represor que es vigilante en un country.    
    
Infancia 

Federico Jeanmaire eligió la ficción para su texto “24” con la vivencia de un chico esa mañana del 24 de marzo de 1976: “Parece que había un cartel pegado en la puerta que avisaba que no había clases. Es lo que entendí. Pero muy poco más. Un golpe, repetían. Otra vez. Daba la impresión de que esa mañana alguien se había golpeado y el mundo entero estaba tan dormido que no podían explicarlo”. El juego de las escondidas al final del cuento señala el fin de la inocencia: “Al rato sólo faltaba Gonzalo. Mariano lo buscaba y lo buscaba. Pero nada. Y pasaba el tiempo (…) Y no. Nadie lo había visto. Había desaparecido.”   

“El mundo se transforma sin aviso. Hasta el cielo es otro. Las Tres Marías no están. En su lugar, miles de desconocidas. De un plumazo, sin infancia ni universo. El pasado, desvanecido. Mi inocencia tiene los días contados” relata Fernanda García Lao en “Mis dos hemisferios” al recordar lo vivido cuando tenía diez años durante su exilio en España. 

En “El ahorcado” Mariana Enríquez evoca los miedos de la niñez  y la perturbadora aparición del fantasma de un ahorcado en una casa que había quedado partida por la autopista 25 de Mayo, inaugurada en 1980 por el intendente de facto Osvaldo Cacciatore  “Yo no sabía adónde se iba la gente que se quedaba sin casa ni entendía por qué la autopista debía pasar por ahí y no por otro lado”, recuerda.

Silencio 

“Quise contar en mi novela La sombra del púgil lo que era tener 11,12 ,13 años durante la dictadura y vivirla a través de los silencios, los miedos, las evasivas, las dudas o los cuchicheos de los padres”, relata Eduardo Berti en su texto “Golpes”. Por su parte Carlos Gamerro en “El murmullo” manifiesta: “Supongo que pesaba sobre mí, como sobre todos, ese mandato de silencio que impide las preguntas o las confidencias aun entre los que saben.” Y finaliza: “Ese es el problema con el silencio: no es comunicable. O más bien, no comunica más que silencio.” 

Memoria

La memoria se activa en el presente; con estas nuevas voces y testimonios sobre los años de la dictadura la memoria está en una permanente construcción. “La literatura es experta en ese trance proteico del que hablamos con las palabras que tenemos y reinventamos –memoria, recuerdos, pasado-, como lo son sin dudas los escritores que han explorado su imaginación y sus vivencias para estar en este libro que también, a su manera, prosigue el incesante, el imborrable trabajo de la memoria del horror argentino”, concluyen los editores.