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Cultura //// 13.01.2018
Entre Ríos: nuevos paisajes para una canción

Entrevista a Sebastián Carreras, compositor y alma mater de la banda que desde hace casi 20 años viene poblando de nuevas sonoridades la escena local. "Si quiero encontrarle un valor artístico a esta música que viene de la cultura rock, necesito deconstruirla”.

Por Juan Manuel Ciucci

APU: Se presentan en breve, luego de pasar un largo tiempo sin tocar...

Sebastián Carreras: Volvemos a ofrecer un recital a propósito de un disco que salió a fines del año pasado, Sin, que es la banda sonora de una instalación audiovisual que hicimos. Comenzamos en el 2000, el grupo ya tiene 18 años, y cuando llegamos al 2010 dejamos de tocar y grabar. En lo personal, no le encontraba mucho sentido a seguir trabajando en el ámbito de la música pop, o de música grabada. Empecé a ver que un montón de valores por los cuales empezamos a hacer música, que son valores artísticos, dejaron de tener peso en el rock, en la cultura rock. Cuando empecé a retomar la idea de grabar, pensé buscar una manera o un espacio donde el valor artístico sea considerado. Es decir, todo eso que se pone sobre la obra, y que le da sentido. Mínimamente, que sea única, que sea original, si vas en términos más modernos que sea innovadora, y que tengas tu propio discurso, que digas lo tuyo. Esos son los valores por los cuales yo me metí a hacer música cuando era chico. Vengo de la generación del postpunk, de escuchar eso. Cuando apareció el postpunk en todas sus vertientes era muy claro no mirar hacia atrás y tener tu propia personalidad. En el ámbito en el que yo crecí ése era un valor muy importante. Después, en los ´90, con toda esta cosa posmoderna que empezó a haber en el mundo, eso se perdió. Pero en el 2000 se recuperó, cuando aparece el uso de la herramienta digital. Aparece la posibilidad de que una persona desde su casa haga su propia música o desarrolle imágenes. Pero eso de alguna manera se agotó al llegar al 2010, y a partir de ahí Entre Ríos retoma esto que te contaba, viendo que los programas son más ilimitados del uso que se les da. Entonces, ¿por qué voy a tener la música de Entre Ríos en el mismo concepto que hace 60 años de sonido estéreo y disco, cuando ya ni siquiera existe el formato físico? ¿Por qué una canción va a durar tres minutos, por ejemplo? Son preguntas muy ingenuas, pero que al hacerlas te preguntas qué estoy haciendo, para qué. Siento que si quiero encontrarle un valor artístico a esta música que viene de la cultura rock, necesito sacarla del formato, necesito deconstruirla. Ese es el proceso que está haciendo Entre Ríos en esta segunda década, un proceso de deconstrucción de lo que hicimos en los primeros 10 años. Detrás de todo esto está la necesidad de encontrar una conexión artística con el público. No como la que ahora veo, en lo que quedó o en lo que se entiende como cultura rock, que es una cultura del entretenimiento: el festival con un montón de bandas, el kiosquito, no sé… No veo aquello que se veía en los ´80 o ´90, o en los 2000 con lo que fue el fenómeno de música electrónica o las raves. Una ebullición que ahora se aplanó, se aggiornó y convirtió todo en una sola cosa, que es esto del festival. Donde tenés las reuniones de los grupos, con gente que tiene más de 70 años y son cabeza de cartel, como se dice. O sea, está buenísimo, pero no me interesa eso, ni siquiera como público.

APU: ¿Qué es lo que vienen desarrollando a través de las instalaciones?

SC: Lo que estamos haciendo es buscar una manera de construcción donde podamos desarmar elementos que compusieron la canción y la estética de la música pop, y encontrarle algún otro espacio que no está delimitado todavía. Yo no sé cuál es el espacio, no creo que sea uno solo tampoco. Pero la idea de todo esto es poder seguir conmoviendo y emocionando con la estética musical con la que empezamos hace 18 años.

APU: La lógica de instalación también obliga a salir de los lugares tradicionales donde tocar…

SC: Claro, porque es un concepto donde todo te moviliza hacia otro lugar, que repito no sé cuál es exactamente. Sé que no es el que está, ese sé que no es seguro. Las instalaciones son performances que duran un tiempo delimitado en un espacio delimitado, donde la gente vivencia eso, de alguna forma también es protagonista. Eso en cualquiera a la que puedas ir: la instalación existe en función de lo que le dé el espectador, el participante. Y eso le termina dando el significado. En ese sentido, las instalaciones que hacemos con Entre Ríos son en un espacio físico, en una galería, y utilizamos video mapping y sonido cuadrafónico. Para que la persona que asista, de acuerdo a cómo se mueva en la sala, tenga una percepción diferente. Y a veces intervenimos las instalaciones, que es cuando el grupo toca sobre ese desarrollo audiovisual.

APU: ¿A la par siguen haciendo recitales en el viejo formato?

SC: Este que vamos a hacer a fines de enero es un concierto, porque lo que sigue sosteniendo al grupo son las canciones y la gente a la que le gusta nuestra música. Es una manera de devolver eso, es como un estado de gratitud. Hoy todo se mide por las visitas o las escuchas, pero entrás y ves todas las escuchas que tiene el grupo… Y lo que está ahí y lo que tenés para asimilar al grupo son las canciones, es la música que está ahí grabada. Son muy pocos los shows que damos, donde tocamos las canciones del grupo. Sí utilizamos cierta tecnología que estamos empleando ahora, como es el sonido cuadrafónico, algo raro para un recital. Y algún formato de imágenes, pero no es una instalación, es un concierto, vas y está el grupo tocando.

APU: ¿Esa búsqueda los acerca a otras experiencias o prácticas que los alejan de la lógica de banda?

SC: Primero hacer instalaciones es muy complicado, es casi como hacer una película, el presupuesto que necesitas es mucho mayor. Las muestras de arte no se rigen por los “likes” o el corte de tickets, no te hace mejor que a tu muestra vayan 1000 o 100. Entonces, ¿cómo se manejan los parámetros para poner mucho dinero o no? Vos no podés financiar una instalación con las entradas de los que te van a ver, nunca alcanza, nada se financia de esa manera. El año pasado hicimos una instalación en el MALBA, y estuvimos trabajando todo el año para eso. Para el concepto de un artista plástico son tiempos normales, para un grupo de música quizás no, está como encorsetado en tiempos de producción que para un grupo que se puede sentar y tocar canciones es menos dinámico.

Por eso te pone en otro lugar, vos mismo ves las cosas de otra manera, y sos más cuidadoso. Entre Ríos no toca mucho también porque la circunstancia de tocar en lugares que no están buenos, a las 3 de la mañana, eso ya lo hicimos. Si tuviese menos años, o hace menos que empecé, lo haría. Pero ya hice eso, me parece que mi lugar es hacer otra cosa, no sacarle lugar a otros que empiezan y que por ahí sí está bueno que toquen a las 3 de la mañana en un boliche. Tiene que ver con una cuestión de ubicuidad: yo ya tengo 44 años, cuando empecé no tenía ni 30. Uno tiene que ir buscando otros espacios, y dejar libre los que ocupó para otros.

APU: Cuando arrancaron había una escena muy interesante de la cual ustedes eran parte junto a bandas como Adicta, ¿hoy te parece que eso sigue existiendo?

SC: Mirá, una cosa que pasó y que nunca hay que olvidarse es que Cromañón mató a toda la escena. Pasó en 2004, y era el momento donde estos grupos iban a pasar del show más grande de ese momento que era llenar Niceto, a una instancia mayor. Y eso justo se cortó ahí porque hubo un año donde no había salas de conciertos. Y esto le pasó a bandas que tenían cuatro años, es mucho tiempo. Entre Ríos tuvo la suerte de que previamente teníamos un sello en España que nos publicaba, era la época de los sellos independientes. Yo tuve uno, que se llamaba Índice Virgen. Una época previa al mp3, al tráfico de música por internet. Había un universo de editores de música, yo lo ocupé en Buenos Aires pero otros en todo el mundo, de gente que quería publicar música nueva, muy romántico todo. Y por eso teníamos más chances de salir a tocar así, incluso que ahora, que ahora con toda internet disponible donde sos un número más en un universo. Cuando pasó lo de Cromañón nosotros pudimos trabajar afuera, pero hubo una movida acá que se cortó. Y lo que quedó fue lo que estaba un paso más allá, lo instituido, y dio más lugar a que ocupe lugar la cumbia o el reggaetón. Son parte de las particularidades de vivir en Argentina, pasan cosas así.

APU: ¿Crees que ahora con diversos formatos físicos, como el vinilo, puede ser que reaparezcan los sellos independientes?

SC: Creo que es como un reciclaje, un manotazo de ahogado de la industria que se monta del fetiche del objeto para seguir vendiendo mercancías. Porque lo que hacen es reeditar cosas viejas, y es muy difícil para un grupo nuevo editar en vinilo. La tirada más chica son 500 unidades, si editas 300 tenés que vender a 1000 pesos el vinilo, es muy difícil. Personalmente, me parece innecesario, porque ya hay otros modos, a veces uno pierde algo y cree que era mejor lo que perdió, pero así son los cambios que nos tocan vivir, y estamos en una era completamente digital que no sabemos dónde nos va a llevar. El otro día leí una comparación que hacían: una persona en el Renacimiento en toda su vida veía menos imágenes que una persona hoy en un solo día. Eso nos cambia la forma de percibir, de emocionarnos por las imágenes y los estímulos audiovisuales. Y si uno quiere ser un artista o expresarse en esa cosmogonía, también tiene que cambiar. Entonces si yo sigo aferrado a un formato de 5 canciones por lado, con una foto y las letras… Yo lo llegué a vivir, hoy veo los vinilos y digo menos mal que no tengo ni la bandeja porque me fundo (risas).

APU: ¿Cómo cerró la experiencia de tu sello?

SC: Eso fue por esto mismo que estoy diciendo, cuando empecé a ver My Space o cómo la gente usaba You Tube para promocionar su música, entendí eso, que apareció algo nuevo. Tenía un sello independiente que para mí el objetivo era dar a conocer música nueva, y ese lugar lo comenzaron a ocupar estos sitios. Dije bueno, soy obsoleto. Lo que me costaba fabricar los discos, distribuirlos (nunca tuve distribución en 10 años), exportarlos, todo era muy difícil. Y después que te significa un esfuerzo personal porque de golpe estás perdiendo dinero vos. Pero sí creo que se perdió el rol de curador o editor, no sé si volverá a aparecer, lo más probable es que no. Ahora están estas cosas raras que son los algoritmos, que te van midiendo el gusto. Trabajan con lo que vos hacés, te definen, y te ofrecen cosas. Es medio diabólico, pero yo uso mucho el Spotify y todos los días te hace una lista semanal y me sorprende, me conoce más que yo (risas), eso habla de lo previsible que somos.

APU: Tengo la sensación de que Entre Ríos siempre fue muy bien acompañado por la crítica, y quizás con más dificultad por el público. Tuvieron un momento de mayor popularidad si se quiere cuando Quilmes usó su tema para una publicidad. ¿Cómo mide esa relación con la masividad?

SC: Pasamos un proceso, creo que tuvimos mucha suerte cuando empezamos, porque eso no lo podes medir. Haces algo, lo expones, y se dio justo en un momento que ocupó un lugarcito, que inmediatamente nos fue bien. De hecho en el proyecto no estaba contemplado tocar en vivo. Del mismo modo que ahora con las instalaciones vi los programas de sonido, que podía vincularlos con el uso de la imagen y llevarlos a una galería de arte; en el principio del 2000 vimos que con una pc en tu casa podías hacer sonar bien tu música. Eso era sonido digital, entonces nos decíamos ¿qué vamos a hacer en vivo, nos vamos a colgar guitarras? Cuando nos pedían shows buscamos una manera que era una performance donde no usábamos instrumentos sino unos samplers y unas cajas de ritmos. Hablando me acordé que hacíamos algo así 20 años… Pasó muy rápido que nos fue bien, que tuvo que ver con entrar en una movida, esto que decías del pop electrónico. Después pasó esto de Quilmes, que usaron una canción de 3 años atrás. Algo que también te daba bronca, porque de golpe pasa eso y me escribían de Sony o Warner, y loco hacía 5 años que veníamos tocando. Igual aprovechamos los beneficios económicos, no sé, ganamos dinero haciendo eso. Después en el 2005 nos cansamos de ese formato, y empezamos a tocar con instrumentos. Mientras al grupo fueron pasándole cosas, en el circuito de rock o música popular también, se cambió el formato. Cuando llegamos al 2010, para mí era re artístico lo que hacíamos: tocábamos con una banda sin ninguna programación, música que estaba hecha con programaciones. Pero ya era un momento donde las cosas pasaban en otro lado. Yo me daba cuenta mientras estábamos tocando: la cosa no estaba ahí, estaba en otro lado. Es parte de todo esto, son momentos que te tocan. Si a vos lo que te mueve a hacer algo es algo que te pasa y queres expresar, vas a encontrar la manera de seguir expresándolo y de estar atento a lo que pasa también. Porque si hubiese seguido tocando con la banda, y después hago un vinilo y grabo con cinta abierta y tengo una mirada nostálgica, puedo hacer todo eso pero ¿para quién? Para mí es importante tener a quien decirle las cosas, captar alguna sintonía o sensibilidad de lo que pasa ahora, y tratar de expresarlo a tu manera. Es eso, después de horas de conversación (risas) lo que quiero decir es que esta época de instalaciones las justifico por la necesidad de tener una forma de expresión que de alguna manera capte lo que nos está pasando, que además no sabemos bien. Cómo usamos la tecnología, cómo nos comunicamos entre las personas.

APU: ¿Cómo piensa hoy a Entre Ríos, un proyecto que pasó distintas etapas, diversos integrantes?

SC: Es un concepto que está ligado principalmente a la canción como tradición, una letra y una música. En el sentido de que los griegos cantaban canciones, es algo que existió desde siempre, eso es lo más importante. Y después cómo coloco yo esa tradición en el contexto en que vivimos.

APU: ¿Esto en un marco de proyecto personal?

SC: Bueno, soy el compositor del grupo, las canciones son mías, debe haber más de 100 canciones grabadas por Entre Ríos. Algo estético en común van a tener si es la misma persona las que las hace. Pero siempre respeto el concepto de Entre Ríos que es una música cantada por una voz femenina. Que para mí funciona muy bien quizás con elementos más sintéticos, digamos que al trabajar con el lenguaje de música electrónica, la voz femenina en el caso de Entre Ríos, le da como una piel, algo orgánico, le saca frialdad me parece. Y respeto eso, por eso a la hora de hacer canciones para el grupo entro como en un universo Entre Ríos donde hay cosas de las que uno naturalmente puede hablar. Una canción de Entre Ríos nunca habla de minas, no sé, una vez en un taxi escuché una canción de Emanuel Horvilleur y pensé ¿cómo una persona puede componer eso, como se puede sentar y decir esas palabras desde el corazón hablando de una mina? Por eso esas cosas no están, ni hablar de drogas, sin desmerecer de lo que cada uno quiera hablar. Pero es algo un poquito más abstracto pero más ligado a los sentimientos.

Y lo que me pasa es que ese tarareo de cuando vas por la calle y tenés en la mente una canción, para mí ese tarareo es una voz femenina. Y persigo esa idea, vos escuchas una canción de Entre Ríos y las cantantes nunca gritan, como que es más íntimo todo, y tiene que ver con esa idea de cuando llevas la música dentro tuyo. No que está afuera, sino que está más adentro. Eso es permanente en todos los discos, como buscar esa atmósfera. Lo que va cambiando es el uso, por eso después del 2010 cada disco tiene que ver con ser usado en instalaciones o intervenciones. Por eso cuando armo la arquitectura sonora tiene que ver con que si se corresponde más con una instalación. Para Sin, el último disco, utilicé sonidos acústicos, los procesé, y por ahí eso daba otra textura de sonido. Pero tampoco es necesario que quien vaya a escucharlo sepa todo esto, siempre me interesa que la música trascienda el prospecto. Por ahí podes explicar un montón de cosas, que pueden ser interesantes, pero finalmente la música se tiene que defender a sí misma. A veces cuando uno sigue mucho algo quiere saber más, pero eso ya está en cada uno.

APU: Por último preguntarle justamente por Sin, no queriendo develar muchos del prospecto, pero algo que quiera comentar o le parezca interesante compartir?

SC: El concepto de diseño gráfico que trabajamos fue lenguaje braille, y la idea de la instalación fue en lugar de trabajar con la información (luz y sonido), trabajar con el silencio y la oscuridad. Como en cualquier momento de tu vida, cuando parpadeas estás a oscuras. Queríamos trabajar la instalación y la música a partir de ese momento de oscuridad, pensando también a la música desde el silencio. Fue como mirar lo mismo de otra manera, uno está recibiendo información y la idea era tomar conciencia de esos momentos donde no recibís información, y donde lo más importante sos vos, porque no tenés un agente externo invadiéndote. Y eso es lo que constituye y configura al otro y a vos. Esa diferencia que marca el silencio y la oscuridad. En un contexto donde lo que más importa es la canción, por eso no me pongo a explicar todo esto escribiendo cosas. Eso me gusta que sea más perceptivo y sutil. Donde más me interesa defender esto es en las canciones, eso sigue siendo así. Pero quiero ser contemporáneo también y no estar mintiéndole a la gente. Si me tomo el trabajo de hacer un evento, e invitar a la gente a que vaya, quiero que se vea algo nuevo, esa sigue siendo la intención. Que por ahí es una intención antigua ya, porque el concepto de modernidad es antiguo. Pero bueno, soy un moderno nostálgico (risas).

El jueves 25 de enero a las 21 h, Entre Ríos tocará en vivo en La Tangente el disco Sin, banda sonora de la instalación audiovisual homónima. La presentación será en formato concierto, y será interpretado por Loló Gasparini en voz, Javier Medialdea en batería y sintes, y Sebastián Carreras en bajo y sintes. La puesta visual a cargo de Lucas DM.

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