fbpx “El asunto es hacer las cosas para el pueblo”
Cultura //// 22.11.2013
“El asunto es hacer las cosas para el pueblo”

Entrevista con la periodista Blanca Rebori, conductora por más de 30 años del programa radial Raíces, fundamental para comprender nuestra cultura nacional. Lanza una nueva radio (www.raiceslaradio.blogspot.com.ar), con la idea de continuar difundiendo la cultura suramericana.

Por Juan Ciucci
APU: ¿Cuál es la idea de esta nueva Radio Raíces?
Blanca Rebori: Fue idea del antropólogo y etnomusicólogo argentino, de renombre mundial, Carlos Reynoso. Me dijo “es un desperdicio que el material de Raíces, que va a cumplir 30 años, con todo lo que ha hecho, se ha hablado y trabajado sobre la cultura de América Latina, quede en la nada”. Lo empecé a pensar y me dije sí,… pero no sé hacerlo. Pasaron los meses y Reynoso me ofreció ayudar. Con mis ahorros compré los equipos y empezó a aparecer una forma nueva que es hacer una radio por internet. La decisión fue como consecuencia del injustificado despido de la AM530. Patricia Barral, periodista también, se enteró por facebook de la nueva radio y pidió hablar conmigo porque ella había tenido una idea muy parecida de colocar productos artísticos-culturales de América Latina, tan extraordinarios y que no tienen muchos canales de difusión. Si hablamos de la televisión abierta no tienen casi nada, salvo el cable. Uno puede hablar de Canal Encuentro, Canal á y nada más. Lo mismo pasa con las radios. Para mí son anacrónicas, en el sentido de que las mayorías son puntuales y coyunturales y no permiten aperturas reales a las culturas profundas de América Latina. Hay también bastante berretada. Hay algún material interesante en agencias como la de ustedes que proveen información, música de calidad, opiniones en el facebook y notas con gente de cualquier oficio que aportan mucho a la cultura popular.
APU: O sea que la idea básica es recuperar esos materiales

BR: Recuperar de a poco esos materiales y poner nuevos. De a poquito, tres, cuatro o cinco minutos de algunas notas, de cosas que han ocurrido a lo largo del tiempo, tanto de sociólogos, como de antropólogos, músicos, filósofos e historiadores.

APU: Todo ese material de archivos lo pudo conservar?
BR: Ese material no lo tengo todo. No quiero entrar en detalles de cómo se perdió porque fue hurtado, por ejemplo, en Radio Municipal, gente que había sido de la dictadura y que se llevaron parte de lo grabado.. Yo recién empezaba, venía de la gráfica, y era muy difícil saber como recuperar esos contenidos que formaban parte de una historia muy rica.De todas maneras tengo muchísimo material de archivo. Pienso que es lamentable esa desidia, esa falta de amor por nuestra propia cultura. Ahora,cuando se muere alguien hay muchos que piensan “ésta debe tenerlo”. Me parece bárbaro que se trate de recuperar por lo menos una parte. Hay gente maravillosa que pasa por la vida y deja cosas imborrables como Eduardo Falú y, si bien tuvo su momento de auge, su obra tiende a desaparecer ¿Cuántos pasan hoy un tema de Falú? Hay una Argentina tilinga, muy estúpida, que sólo piensa en el afuera y que desestima su propia historia. Hay comportamientos sociales fascistoides “enriquecidos” por medios y periodistas cipayos que entienden la cultura como un elemento menor. Para muchos pseudo comunicadores, hablar de antropología o de filosofía es aburrido. Todo lo que he intentado hacer en mi vida profesional, tanto en la escritura como en la radio, es rescatar lo que no aparece en la superficie. Por eso creo que Raíces ha sido un programa clave.
APU: Raíces tenía la particularidad de invitar a actores sociales que muchas veces no tenían acceso a los medios masivos.
BR: Siempre me lo dicen y ahora a través de las redes sociales recibo el cariño y la incondicionalidad afectiva de la gente. Inclusive de aquellos que pasaron por el micrófono de Raíces. Entonces decís, ¡la pucha! No fue en vano, pese a que hay gente en los medios a la que no le interesa esos temas.
APU: Y además se encaraban temas que estaban fuera de los medios.
BR: Por supuesto. En 1983 salíamos de la dictadura. Un período donde la cultura estuvo vedada. Una etapa atroz en la que estaba prohibido pensar y que sufrimos mucho todos aquellos que en los setenta pensamos en la utopía de un cambio. En 1984 nombran a un productor como asesor artístico en Radio Municipal y me ofrece hacer un programa. Ahí empieza Raíces. Continúo lo que ya hacía en la revista Folklore. Notas con musicógos, filósofos, antropólogos y todos los que generaban cultura. En realidad fue un hecho novedoso y no se trata de ser una “pionera”. Para mi era un hecho natural. Consistía en que si tenía que hablar de pueblos originarios, hablaba con especialistas como Sara Newbery y Luis Amaya. Y entonces se hablaba de todo. De sus costumbres, de sus creencias, del paso de la pubertad a la adolescencia en esas comunidades. Las explicaciones eran sorprendentes y la gente se prendía como loca. Era una experiencia fascinante en todo sentido. El oyente ingresaba en un mundo desconocido. La idea era apuntar a la comprensión, a la tolerancia, ser menos discriminador por ignorancia o por omisión. Alguien dijo alguna vez que ese trabajo diario era un aporte revolucionario a la cultura y me produjo cierto orgullo. Lo confieso.
Recuerdo por ejemplo el trabajo que hizo Jaime Torres a principios de los 70 para instalar la música del noroeste argentino y yo trataba de hacer lo mismo desde el periodismo. Hablar de la historia argentina desde otro ángulo, lejos de la Historia oficial. En la música yo hacía escuchar material de las provincias y de América Latina. Una vez unos chicos de la embajada de Colombia me acercaron Vallenatos (con “v” corta porque viene del Valle de Upar). En algunos fue una tarea ciclópea, como los recitales en Radio El Mundo y en Radio Nacional. Eran multitudes que hacían cola en la calle para ingresar al estudio. Actuaron entre otros León Gieco, Gustavo Santaolalla, Leda Valladares, Antonio Tarragó Ros y Víctor Heredia. Y logramos notas con otros nombres no menos extraordinarios como Ramón Ayala y el Cuchi Leguizamón. Reivindicamos el radioteatro  y recreamos durante años  la historia del teatro nacional. Creo que fue un gran cambio en la radiofonía cultural.
APU: Esto generó mucha relación con los oyentes, surgieron grupos de respaldo al programa Raíces.
BR: Se conformó una asociación de oyentes de Raíces. Hubo dos asociaciones a lo largo de la historia del programa que desarrollaron muchas actividades durante treinta años.
APU: Fueron casi 30 años
BR: Duró con muchas dificultades. En los primeros años de Alfonsín no tuve ningún problema hasta que Félix Luna, secretario de Cultura, planteó que se debía reducir el horario, de dos horas a una. Planteaba que “era una radio porteña”, una idiotez de las tantas que padecí. En la época de Frega, en pleno menemismo,  David Viñas dijo en el aire “el hijo de puta de Menem”. Me querían matar. Después me echó el converso de Eliachev, un ser despreciable. Tiempo más tarde, Marcelo Simón, a cargo de la dirección de la radio, me dijo “Si hablás mal del Presidente o de Grosso (el intendente) te echo. Le contesté: “Me lo estás diciendo en serio”. Raíces pasó malos momentos, pero también me encontré con gente maravillosa. Patricia Barral se jugó por mí en Radio Nacional y defendió el programa con todo. Diego Ibarra fue un gran productor. También formé parte de la comisión de defensa de la 710 para que no fuera vendida cuando de La Rúa era intendente. Después la Alianza me levantaría el programa. Me encontré con todo tipo de gente. Desde el sublime desconocido hasta el felpudo famoso. Desde la nobleza cotidiana a la traición sin escalas. Hoy se dan cuenta de lo que significa Raíces los de abajo, los que me interesan. En la primera etapa del kirchnerismo me topé con Mona Moncalvillo en Nacional. Un personaje cuya ineptitud era sorprendente. Albistur levantó el programa porque necesitaba ese espacio para Mex Urtizberea. Finalmente recalé en la 530 y esa etapa que comenzó siendo un oasis, terminó de la peor manera, con un tal Daniel Narezo a cargo. Un tipo que sabe de bares y restaurantes, pero de radio, nada.
Pero estamos vivos y todavía luchamos. El asunto es hacer cosas para el pueblo. Los soberbios que miran desde arriba y que se creen dueños de la verdad, me dan asco.