fbpx Documental “La vuelta al campo”: “El debate por la función social de la tierra es indispensable” | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Cultura //// 04.07.2021
Documental “La vuelta al campo”: “El debate por la función social de la tierra es indispensable”

APU dialogó con el Colectivo Documental Semillas del cual forma parte Juan Pablo Lepore, director del film. La redistribución de tierras y la producción de alimentos sanos; los campesinos desalojados por la frontera agropecuaria vuelven a la ruralidad y construyen una alternativa.

Por Analía Ávila

El 20 de mayo se estrenó en Cine.ar el documental La vuelta al campo, luchas campesinas por el buen vivir  de Juan Pablo Lepore, integrante del Colectivo Documental Semillas. Los temas abordados en el largometraje son la redistribución de tierras junto con la producción de alimentos en un contexto neoliberal mundial marcado por la pobreza y la exclusión. Los campesinos que fueron desalojados por el avance de la frontera agropecuaria vuelven a la ruralidad construyendo una alternativa frente a tanta desigualdad.

El estreno mundial del film fue en el Festival Internacional de Cine Ambiental FINCA 2020. Luego fue seleccionado por 20 festivales internacionales. Entre ellos, el WIP 2018 (Work In Progress) del 51° FICVIÑA Festival Internacional de Cine de Viña del Mar. La película fue ganadora en el V festival de cine etnográfico de Ecuador y en el Fiorenzo Serra Film Festival de italia, ambos durante 2020.

Lepore nació en la ciudad de Buenos Aires en 1982 y estudió la carrera de Diseño de Imagen y Sonido (UBA). Se desempeña como productor, guionista y director de sus películas. La vuelta al campo es su quinto largometraje. APU dialogó con el Colectivo Documental Semillas del cual forma parte el director del film.

AGENCIA PACO URONDO: ¿Cómo surgió la idea del guion de La vuelta al campo y cuánto tiempo llevó la investigación y realización?

Colectivo Documental Semillas: La idea del guion nace en conjunto con el director Juan Pablo Lepore y Nicolás van Caloen, a través de viajes por distintos puntos del país como Mendoza, Santiago del Estero, Buenos Aires, Santa Fé y Entre Ríos. En el camino fuimos conociendo a las diferentes personas que están en la lucha por la tierra, así como la problemática con el monocultivo de transgénicos, la utilización masiva de agrotóxicos, y las implicancias terribles para las poblaciones. Luego con el viaje de Brasil y Cuba se pudo obtener un pantallazo más general latinoamericano, y si se quiere mundial, de cómo estos países representan un estilo, una vanguardia. Como es el caso de Cuba para la implementación a gran escala de la agroecología y cómo las Organizaciones Campesinas fueron abriéndose camino y siendo cada vez más protagonistas de su propia historia dando razón de que otro campo es posible.

La investigación también se nutre de otras experiencias, que tomaron sentido para los diferentes documentales que se fueron dando en paralelo como es Agroecología en Cuba, tras la visita a ese país. En Canadá, surgió conversar sobre el extractivismo y la organización de los pueblos originarios que terminó en Olvídalos y volverán por más: megaminería y neoliberalismo (2016) y el material que fuimos recogiendo para La jugada del peón, el agrotóxico letal (2015) que también dialoga con los otros largometrajes que fueron dándose a través de estos 10 años de investigación, con un pantallazo general con denominadores comunes y conflictos que van interconectando. La necesidad de comprender una visión holística de las problemáticas y las posibles soluciones.

APU: ¿Qué es lo que más destacan del trabajo de las organizaciones rurales?

C.D.S.: La resiliencia. Cómo se levantan día a día muy temprano para poner el cuerpo, para trabajar la tierra y cómo se enfrentan a dificultades (ambientales, sociales, económicas, entre muchas) y siguen levantándose día a día transformándose, aprendiendo, cooperando. Ese es el valor más grande que vemos. También destacamos el rol protagónico que tienen las y los campesinos en la lucha por la tierra y cómo fueron construyendo ese horizonte que hace unos años pareciera tan lejano y que hoy en día podemos decir que se ha avanzado muchísimo, eso es gracias al trabajo inagotable, con una moral y ética con respecto a multiplicar la agroecología a cada agricultor/a del país y del mundo. 

APU: ¿Cómo afectan los agrotóxicos a los pequeños productores y a los consumidores?

C.D.S.: Los agrotóxicos afectan porque es lo que comemos, es lo que incorpora nuestro organismo cada día. Eso es importante siempre tener de base. En relación a la pregunta sobre las y los productores, por ejemplo con la creación de cultivos transgénicos, como el trigo que se busca avalar o como la soja HB4, y la utilización de herbicidas para “hacer más eficiente” la producción para estas megaempresas.

En nuestro país existen 62 eventos transgénicos diseñados para la venta masiva de agrotóxicos. Las enfermedades asociadas a estos tóxicos están científicamente comprobadas en todo el mundo por cientos de papers publicados, y cada día se suman más y más personas que padecen pérdida de embarazos, malformaciones genéticas, mutaciones, cáncer, leucemia, afecciones respiratorias severas son sólo algunos de los problemas de salud cada vez más recurrentes. El caso que más ha trascendido en los medios de comunicación y se ha convertido en ícono de lucha contra el agronegocio letal es Fabián Tomasi, que ha luchado hasta el fin de sus días denunciando lo que producen estos venenos que se han impuesto como la única forma de hacer agricultura.

Vivimos en un ecosistema, los animales, los bichos interfieren en las plantas, traen y llevan semillas, polinizan, ¡a través del agua también se comparte mucho! y el hecho de que se modifiquen genéticamente afecta en las producciones de quienes buscan co-crear un alimento saludable, intoxicando a todo aquel que se acerque a este ecosistema. Afectan a las personas que trabajan en el lugar poniendo los agrotóxicos, a las abejas, por ejemplo a quienes se les ocasionan enfermedades obligando a los apicultores a utilizar remedios para curarlas. Así como en la producción ganadera.

El impacto ambiental que conlleva, que nos afecta y que determinará la vida de las futuras generaciones es inmenso. Y no es el único. Los megaemprendimientos que acaparan el mercado, trasladando productos por todo el país, consumiendo y utilizando muchísimo carbón son también causantes del cambio climático. La “necesidad” de producir alimentos para poder comer todo el año tomate, por ejemplo, algo que de por sí no es natural, conlleva utilizar muchísima energía. No es sólo el agroquímico que se tira sobre el alimento, es toda la cultura que está arraigada en creer que eso es mejor. 

Además, pierden nutrientes, por lo cuál ¿qué terminamos comiendo? Entre las consecuencias están la obesidad y la desnutrición. Podríamos seguir hablando de las diferencias económicas, de los terratenientes con grandes cantidades de tierra contaminando el ecosistema, mientras que le sea imposible tener acceso a tierra a aquellas y aquellos productores que brindan alimentos sanos. 

APU: ¿Qué causaron las políticas neoliberales en los pequeños productores?

C.D.S.: En 1996 Monsanto entra en nuestro país a través del Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación de ese momento, Felipe Solá. En esa década nefasta para las políticas de la Argentina se han llevado adelante muchas decisiones asociadas con avanzar el extractivismo en todo el territorio nacional. La implementación de un modelo de monocultivos transgénicos, como así también la creación de la ley de inversiones mineras de 1994, son políticas neoliberales que perduran hasta nuestro días, y que no solo no se han mitigado, sino que se han fomentado y el Estado ha invertido miles de millones de dólares en la expansión de estas políticas que van en contra de la salud y la vida de la gente.

Una de las principales causas del desplazamiento de las y los pequeños productores a las urbes tiene que ver con el avance del agronegocio y la concentración de las tierras en pocas manos, producto de la insistencia por parte del Estado en seguir con este modelo transgénico que genera muchas enfermedades y que produce desarraigo, eso es en esencia el neoliberalismo asociado a las políticas de expansión extractivista de los bienes comunes. Por eso la vuelta al campo y el debate por la función social de la tierra es indispensable para poder cambiar estas lógicas que solo benefician a unos pocos en detrimento de la salud y el bienestar de las grandes mayorías. 

APU: Las organizaciones campesinas presentaron una Ley de acceso a la tierra. ¿Es suficiente esto para la agricultura?

C.D.S.: Es un avance muy importante pero, no es suficiente. Así como no es suficiente solo que el aborto sea legal, tampoco lo es con la Ley de acceso a la tierra, pero definitivamente es el comienzo. La agricultura como el nombre lo indica es una construcción cultural; es necesario recuperar formas más naturales, y eso no implica “volver a la prehistoria”, como afirmó Raquel Chan en una nota de AGENCIA PACO URONDO 

La agroecología, es recuperar la conciencia de nuestras acciones sobre el ecosistema que co-habitamos. Trabajar con la tecnología, sí, pero sin perder ese eje. La tecnología diseñada para facilitar la tarea del pequeño productor, como fue la intención cuando se creó el INTA. Bioinsumos, semillas nativas, compost, bokashi, corredores biológicos, consumo local, trabajo local, son algunos ejes por los cuales las instituciones y los centros de formación de conocimiento deben direccionar los esfuerzos para masificar la agroecología y que junto con el acceso a la tierra pueden garantizar la generación trabajo en cada localidad, evitando el permanente éxodo a las ciudades y al mismo tiempo garantizando la producción de alimentos saludables y disponibles a la población a precios justos.

Un ejemplo de quienes vienen trabajando fuertemente en esto es la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), junto con la propuesta de las “Colonias agroecológicas” donde las familias se asientan en tierras del Estado y producen alimentos para el consumo local, con su propia boca de expendio, y el excedente es derivado al gran mercado mayorista en Avellaneda donde se mueven 625 toneladas mensuales de alimentos agroecológicos. Y que además lo vende a un precio justo. Por eso, es necesario crear políticas públicas que acompañen a los y las campesinas y que trabajen en favor de nuestra salud garantizando el Derecho Humano a la Alimentación. 

Trailer de La vuelta al campo, luchas campesinas por el buen vivir