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Cultura //// 27.06.2015
Crónicas urbanas: la ciudad sin estaciones

Al poco tiempo de llegar a Bogotá, comienza a aflorar una duda existencial acerca de las transiciones climáticas. ¿Acaso existen o vivimos en un microclima que se mantiene espasmódico a lo largo del año?

Por Carla Repetto
“Esto del clima es un asunto puramente personal. No hay climas fríos o calientes, buenos o malos, saludables o dañinos. Son las personas las que se encargan de crear una fantasía en su imaginación y la llaman clima. No hay sino un clima en toda la Tierra, pero la gente descifra, según reglas estrictamente personales e intransferibles, el mensaje que le pasa la naturaleza”.
Álvaro Mutis, en Ilona llega con la lluvia.
Los primeros días, uno puede adjudicarle al proceso de adaptación la sensación de incomodidad que propone el frío, la altura y la falta de sol en Bogotá. También, cuando uno se supone de viaje, entiende que es un período temporal, un recorte, un momento del año. Como llegar a Buenos Aires en abril o mayo, la predisposición a una estación particular del año: el otoño.
Pero en esta ciudad, acá, no existen estaciones. No hay tal predisposición, porque eternamente es así. Ineludiblemente, no hay variación alguna. Con el paso de los días se pierde la esperanza y la espera se hace interminable. Puesto que sólo esta termina cuando uno se dirige a otro lugar. La única forma de escapar de la invariabilidad es huyendo de Bogotá.
Latencia. También oí esa palabra en los argumentos que me dieron algunos citadinos a la hora de excusarse por la inactividad que les adjudiqué ante la falta de rebeldía. Es una excusa permanente en los discursos acerca de cómo predispone esta ciudad a la sociedad. Muchos hablan de la falta de reacción en las personas por la falta de variación en los climas.
Pero lo cierto es que por más imaginaria que pueda ser la afección de estas cuestiones climáticas, así como lo plantea Mutis, “yo he visto sudar lapones en Finlandia y tiritar de frío a un negro en Guadaloupe”, yo he visto cómo las mujeres en Buenos Aires, cuando se acerca la primavera, comienzan a vestirse con flores y a los hombres con pañuelos en sus bolsillos, limpiando sus alergias. También vi a los niños ir al colegio, en junio con bufandas y en diciembre con pantaloncitos cortos.
He visto cómo el otoño predispone a la agonía, el invierno a la muerte, la primavera al nacimiento y el verano a la vida. Los cambios. La metamorfosis del cuerpo. Cómo el clima acompaña o conduce nuestros procesos de transformación.
Las estaciones, ush, marica.
Blog de Carla Repetto: carlabelenrepetto.tumblr.com - Foto: Magalí Costa: magalicosta.tumblr.com