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Cultura //// 25.06.2017
Atrapauniversos con telarañas

Tomás Saraceno (arquitecto posgraduado en bellas artes) expone hasta el 27 de agosto en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires “cómo atrapar el universo en una telaraña” (flies in spider’s web: galaxy caught in the making) y propone un recorrido dividido en los “segundos” del museo: arriba y hacia el subsuelo.

Texto y foto por Ailén Montañez.

Para aquellos que vayan a la muestra desprovistos de expectativas, se encontrarán con un exotismo: telarañas. Muchas y por todos lados, en una sala que invita a mirarlas de cerca, bajo el célebre “prohibido tocar”. Pero la razón es bien válida: aquí uno es como Homero cuando viaja en el tiempo, lo que se toca se lo puede destruir.

Por el precio módico de $30, la idea es que uno pueda experimentar al universo como creación y metáfora de todos esos hilos interconectados que se tejieron en comunidad. Las redes arácnidas pueden invitar a pensar un sentido biológico de las redes (sociales, también) que existen en nuestra contemporaneidad.

En el segundo subsuelo, una sala casi a oscuras invita a sumergirse en otra dimensión. Algo así como convertirse en Will de Stranger things: oscuridad, sonidos y pequeños destellos que se materializan, producto del polvo cósmico capturado en la sala, y que cada presencia en dicho espacio hará mutar. Hay almohadones en el piso para que luego de ver uno de los tejidos más privilegiados (alumbrado por el único foco de luz de la sala), puedas zambullirte de lleno en la desconexión.

“No hay vidrios, no se pueden tocar las telas (de araña)” advierten en ambas salas al entrar. En el segundo piso, también hay que quedarse y dejarse llevar por la acústica del ambiente. Allí, con el calor de los reflectores, y con los miles de hilos que fueron elaborados por unas siete mil Parawixia bistriata, están exhibidos para ser observados. Sin vidrio de por medio, redoblan la apuesta tentadora de acercarse para ver aún más.

La idea es tautológica. Atrapar un pedazo de universo, sumergirse en la experiencia sensorial que eso ofrece. Tal vez sentirnos más conectados con nosotros mismos y con aquellos que existen y nos rodean, con los universos que somos. La sala a oscuras del subsuelo provee de un escenario óptimo para dilatar pupilas y sentir las proximidades de los que están alrededor. “Fotos sin flash” también reiteran en la entrada. Aunque sea por una hora ¿Podríamos volver a sentirnos conectados con los que tenemos al lado desde nuestros propios cuerpos?.