“Mañana tiroteo”: los retos virales como dispositivo de poder
“Mañana tiroteo”
Durante el último mes, Argentina ha experimentado una preocupante oleada de amenazas de ataques armados en instituciones educativas, impulsada principalmente por un "reto" viralizado en TikTok que consiste en realizar pintadas o pegar carteles con la leyenda "mañana tiroteo". Aunque la enorme mayoría de estos incidentes han sido falsas alarmas que buscan generar pánico, ausentismo y la neutralización de la actividad escolar, la situación escaló a principios de abril con un ataque efectivo en una escuela de San Cristóbal, CABA, que dejó un saldo de un fallecido y varios heridos. Este hecho, vinculado a comunidades virtuales que glorifican masacres escolares, ha transformado la percepción de estos desafíos, pasando de ser considerados simples bromas pesadas a amenazas de seguridad social.
La respuesta estatal y social ante este fenómeno refleja una profunda crisis de contención: se han registrado múltiples casos de menores que efectivamente tenían acceso a armas de fuego familiares —desde armas de fuerzas de seguridad hasta colecciones privadas— en localidades como La Plata, Balvanera y Maschwitz. En Salta encontraron balas 9 milímetros en el cesto de basura de un colegio. Ante el espanto generalizado, varias provincias han comenzado a aplicar protocolos de "alerta máxima", el despliegue constante de brigadas de explosivos, medidas que implican sanciones económicas a los padres por los costos operativos de seguridad, hasta el refuerzo de la vigilancia en los ingresos escolares. El escenario actual evidencia la vulnerabilidad de los dispositivos educativos frente a la eficacia de los dispositivos del control digital, que logran promover y generalizar acciones violentas sincrónicas en distintos puntos del país.
Me propongo analizar este fenómeno reciente en el marco de una crisis multidimensional: la caída de la capacidad adquisitiva de la población; la avanzada de la gestión de Milei contra las instituciones educativas, de salud y de contención en general; y, fundamentalmente, la profundización de las mediaciones algorítmicas en las nuevas generaciones1.
El auge de los dispositivos digitales y algorítmicos vs. los dispositivos educativos en crisis.
La crisis del sistema educativo excede la cuestión presupuestaria, involucrando también la crisis de unas directrices pedagógicas que todavía se orienta en mayor medida a la construcción de homogeneidad —todos tienen que aprender lo mismo— sin involucrar los potenciales de los estudiantes. En pleno auge de tecnologías digitales y algorítmicas que logran seducir, anestesiar y colonizar nuestro deseo y afectividades, apelando en mayor medida a divertir y compensar huecos afectivos a partir de una dinámica de satisfacción inmediata, las instituciones educativas ven profundizarse cada vez más la crisis que vienen arrastrando hace ya un buen tiempo.
Además del desfinanciamiento y la vulneración real de los sueldos docentes, nuestras instituciones educativas aún arrastran elementos disciplinarios contraproducentes (entendiendo que algunos pueden ser necesarios) y esto se manifiesta socialmente en la ineficacia de las pedagogías disciplinarias frente a los dispositivos del control digital.
La apatía de las nuevas generaciones frente a las propuestas educativas —y muchas veces frente a las propuestas de los adultos en general— tiene como correlato compensador el refugio y apañamiento en las redes sociales y las plataformas digitales en general. Desde allí, los dispositivos técnicos alimentan expectativas de consumo y estéticas que distan mucho de las posibilidades de concreción reales en nuestras formaciones sociales neoliberales actuales, cada día más vulneradas.
Como un coro al unísono la gestión pública, el mercado y las redes sociales abogan por una supuesta "libertad sin límites". Esta expectativa de libertad concebida desde una lógica consumista choca con una realidad donde la gran mayoría no las puede satisfacer, ni tampoco el paso por la educación lo puede garantizar a futuro. La orientación al placer inmediato y a la configuración de expectativas ilimitadas por parte de las plataformas audiovisuales (redes sociales digitales, series, videojuegos) choca contra el displacer y la ausencia de garantías a futuro de las instituciones educativas.
Posiblemente por esto, la alienación digital y algorítmica cuenta con un nuevo capítulo. Los dispositivos del control digital ahora no se contentan con profundizar el aislamiento individualizante y la neutralización de las posibilidades relacionales (el cual tiene al famoso miedo a dar cringe —vergüenza ajena— como mote paradigmático en las nuevas generaciones). El aislamiento, la apatía y la frustración ante la imposibilidad de concretar expectativas estéticas y de consumo construidas mediante la colonización cultural, ahora se presenta como caldo de cultivo para la posibilidad de incitar a los adolescentes a dar un paso hacia la intervención social a partir de la construcción de escenarios de pánico, neutralización del dispositivo educativo institucional y, potencialmente, terror (si el tiroteo se efectiviza).
Hoy, ante una escuela que en importante medida no ofrece un espacio para las pasiones y los potenciales que lo habitan, el algoritmo provee una épica de la destrucción. Desde ya que hay que hacer una distinción entre aquellas intervenciones que solo buscan generar pánico y neutralizar la instancia educativa de aquellas que se orientan efectivamente a construir el escenario de tragedia.
Una vez más la inacción y nuestra falta de nuevos marcos institucionales con respectivas herramientas para abordar la complejidad de nuestras formaciones sociales actuales en tiempos de crisis económica, crisis civilizatoria, crisis ecosistémica y gran transición geopolítica, nos encuentra atónitos e impotentes ante una nueva avanzada de los dispositivos del control digital contra nuestros debilitados entramados comunitarios educativos.
Caímos una vez más frente al mismo prejuicio con respecto a las nuevas generaciones: creer que el refugio en las pantallas solo los condenaba a la pasividad. Evidentemente dicha pasividad fue parte del caldo de cultivo de frustraciones y distanciamientos éticos (en términos de valores) que ahora sirven de combustible para llevar adelante acciones sociales antisociales en tiempos de crisis de lo social.
Asistimos hoy a una contraofensiva desde las fuerzas de seguridad marcada por requisas, operativos policiales e intervenciones judiciales sobre las familias de los menores que realizan amenazas. Si bien este endurecimiento disciplinario puede ser eficaz para la neutralización reactiva del síntoma —sobre todo en contextos donde se detectó acceso real a armas—, no constituye una apertura pertinente para la disputa de sentido. Por el contrario, ya sabemos que a largo plazo, la mera respuesta punitiva puede resultar contraproducente.
Escuchar a los pibes: los retos virales están ligados a una "aesthetic" de las series y videojuegos
Hace unos años con Bilmes caracterizamos la épica como objeto de consumo y dispositivo de poder en las series y videojuegos. En los videojuegos hay una presencia de lo bélico, del asesinato, de la lucha a muerte por la supervivencia innegable. Pero no es solo eso, aquí voy a destacar además otro aspecto de la cuestión.
La filosofía de las nuevas generaciones viene en importante medida mediada por ciertas experiencias compartidas ligadas a las producciones audiovisuales y videojuegos. Allí se cultivó la cultura freak asociada a una estética en importante medida antisistema. Las tencnologías del poder de lo que empezaba a tomar la forma de un globalismo transnacional hace tiempo viene avanzando en la cooptación de estos movimientos culturales, en sintonía con la neutralización de la rebeldía del mayo francés (mientras por estos pagos seguían ardiendo los intentos revolucionarios).
Las directrices del psicopoder fueron logrando que una parte importante de la orientación antisistema se configure como antisocial (llegando a una estética del horror). Junto a ello el énfasis estético —al igual que en el mayo francés— cooptado por el imperativo de consumo. Sin embargo, dada la complejidad de nuestras formaciones sociales latinoamericanas, es necesario matizar esto, ya que siguen habitando importantes núcleos de sentido de resistencia y revolucionarios transindividuales dentro del registro de la cultura freak presente en las nuevas generaciones. Hay que hablar con los pibes, hay que escucharlos e indagar más allá de lo que nos parece superfluo.
El caso de la revolución de 2001 en Filipinas, las "pakikisamas" (en filipino quiere decir llevarse bien con los demás, orientación hacia la armonización social), que eran los grupos de chat y foros que transformaron una herramienta técnica en un espacio de solidaridad política, constituye un ejemplo tanto de una resistencia y una acción revolucionaria, como de una posterior cooptación por parte de los Gigantes Tecnológicos.
Como en otros más de 60 países, Facebook ofreció internet gratis en Filipinas constituyéndose en la principal red social. De esta manera, los Gigantes Tecnológicos lograron imponer las reglas del juego en el espacio público digital. Pero no hay que caer en el fatalismo de negar la existencia de fisuras desde donde manifestar y alimentar en lo digital las resistencias presentes en las tramas de nuestras formaciones sociales; que exceden lo digital y se manifiestan por fuera de ellas, traccionando la posibilidad de la convergencia social movilizada fundante.
Las amenazas hacen más ruido que los niños y adolescentes que expresan futuro
Hay una parte importante de las nuevas generaciones que viene expresando elementos de ruptura muy interesantes. Comparten el rechazo a lo instituido, pero no desde una orientación antisocial violenta, sino desde la convicción de que otro modo de vincularse entre seres humanos y con la naturaleza es posible. La empatía, la calma y la sencillez también están presentes. Seres humanos, más que capaces, tal vez sensibles, para los cuales el mundo que les estamos dejando tiene mucho para cambiar para estar a su altura.
Peter Thiel: la imitación lleva a la destrucción ¿solo la tecnología podrá salvarnos?
No obstante, en plena caída de la capacidad adquisitiva de la población, vulneración de nuestras instituciones y profundización de la mediación digital y algorítmica en nuestras formaciones sociales, la orientación antisocial logra resultados concretos en la convergencia de los retos virales. Este escenario de imitación destructiva cobra una relevancia sombría ante la presencia en Argentina del magnate multimillonario Peter Thiel (principal accionista de varias de las más destacadas empresas de plataformas a nivel mundial y referente conservador de Silicon Valley). Además de tener muchísimo dinero y capacidad de ejercer poder en lo que respecta a las mediaciones digitales y algorítmicas, estudio filosofía y tiene una propuesta ontológica y política de escala mundial.
Thiel considera que el ser humano es por naturaleza competitivo, violento y tiende a la imitación irracional mimética. Por lo tanto, si no es conducido verticalmente inevitablemente se dirige a su autodestrucción. Por ello considera necesario que las élites a nivel mundial abandonen toda aspiración democrática, en función de conducir autoritariamente a partir del desarrollo tecnológico y el control psicosocial ascendentemente mayor que este posibilita.
Al ver a integrantes de las nuevas generaciones en las escuelas imitando las invitaciones a realizar tiroteos, uno se vería tentado a darle la razón a Thiel, si no fuera porque son justamente las plataformas mainstream (las más usadas) las que se orientan a configurar este marco ideológico-cultural. De esta manera confirmamos lo que ellos quieren que pensemos: que el ser humano es por naturaleza egoísta y autodestructivo. Si vemos, experimentamos, sentimos y accionamos desde esa realidad que intentan configurar, desde la ilusión de separación individualista que pretenden reforzar, estos tipos encuentran lugar para su supuesta solución desde el control tecno-autoritario.
Y es que, aunque para muchos no sea tan claro, nosotros también estamos en el ojo del huracán de una guerra. Esta guerra no es por el control de un país ni una región, es una guerra, a veces disimulada a veces menos disimulada, por el devenir de la humanidad; y se libra en cada cabeza y en cada corazón. Vamos a necesitar de toda nuestra capacidad de afecto, toda nuestra inteligencia y todas las articulaciones comunitarias que podamos alimentar y fortalecer para frenar la agresividad individualista que nos quiere mantener clausurados en un callejón sin salida en plena crisis civilizatoria.
Pero no nos olvidemos que estos tipos siguen concibiendo a nuestros países como una segunda marca, una versión desmejorada del Norte Global. En dicha subestimación está nuestra oportunidad. Nuestras formaciones sociales latinoamericanas también son profundamente solidarias, amistosas y espirituales. De todas maneras, estos tipos son jugadores que se mueven en un tablero de ajedrez mundial porque saben que su juego no está resuelto todavía. Mientras en su gestión de gobierno Argentina se encuentra alineada con lo más rancio del imperialismo occidental en decadencia, la pregunta por lo que viene o tiene que venir después de esto sigue latente en las resonancias de lo psicosocial. Aún somos pregunta abierta en curso, posibilidad y espera de un abrazo superador de grietas generacionales e ideológico-culturales por-venir.
1 Me refiero particularmente a la generación Alfa (2010-2020) y una parte también de la generación Z (2000-2010).