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Sociedad //// 17.08.2017
El índice Cristina en ciencia y tecnología

Recientemente, el CONICET ha publicado exultante en su página oficial el resultado del Ranking SCImago (SIR) correspondiente al año 2017, que posiciona a la institución 62 lugares por encima del índice del año anterior y como la mejor institución gubernamental de ciencia de Latinoamérica.

Por Guido Mastrantonio*

El SIR es una clasificación de instituciones académicas y científicas, que son ordenadas por un índice compuesto que combina el desempeño de la investigación, la innovación y el impacto social, este último medido por su visibilidad web.

Hay dos elementos relevantes para destacar: el SIR es un índice prestigioso, reconocido ampliamente por gobiernos e instituciones privadas. Por otro lado, en el universo de organizaciones que se dedican a publicar índices académicos, científicos y análogos, el SRI no es voluntario ni  tampoco propone otros mecanismos en donde participe activamente el interés de los evaluados, como la existencia de vías directas de financiamiento de la institución evaluadora. De allí también surge buena parte del prestigio del SIR.

Lo que no refleja el título del portal de CONICET, ni tampoco se preocupa en profundizar la nota misma, es que el cálculo del índice SRI se genera cada año a partir de los resultados obtenidos durante un período de cinco años que termina dos años antes de la edición, con la única excepción de los indicadores web que se calculan sólo para el último año.

Es decir, si el año seleccionado de publicación es 2017, los resultados utilizados para el índice son los del período de cinco años 2011-2015. Dicho más claramente para los distraídos, el resultado SIR publicado en el 2017, corresponde exactamente al desempeño del CONICET durante el segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y, a partir del 2012, durante la presidencia de Roberto Salvarezza al frente de esta institución.

Hay que aclarar que los resultados en el ámbito científico tienen una inercia importante. Desde la formulación de un problema y las hipótesis de trabajo, el diseño de un proyecto, su financiamiento, su ejecución, la obtención de resultados relevantes y su publicación, pueden pasar fácilmente cinco años. Y si para un cierto problema se pretende un recorrido desde ciencia básica hasta una aplicación tecnológica, esos tiempos pueden ser infinitos. Entonces, es razonable la metodología utilizada para la formulación del SRI, integrando la evaluación sobre varios años. Con las mismas razones se puede explicar que para que el sistema de CyT de un país ofrezca resultados significativos, mediante cualquier parámetro que se quiera medir, se necesitan políticas de largo plazo. Con las mismas razones también, se puede entender que una política de recortes en el sistema de CyT impacta a corto, mediano y largo plazo, por muy reducido que sea el período de ajuste, pongamos por caso cuatro años; en el sistema de CyT los daños pueden ser difíciles de remediar rápidamente.

Mirando con más detalle el ranking SCImago, y al comparar los índices ponderados 2009 y 2017 para el conjunto de las instituciones gubernamentales, es decir para el desempeño en los períodos 2003-2007 y 2011-2015 –sin contar a las universidades– se puede visualizar mejor el significado del avance del SRI 2017 para el conjunto del sistema de CyT Argentino. Esta nómina identifica cuales fueron los países que, en el concierto mundial, han fortalecido mejor su presencia a través de su sistema científico técnico, a lo largo del período 2003-2015. Consignando los quince países que mejor se han comportado respecto de este índice, en los primeros lugares encontraremos a China y Rusia. Argentina se ubicará en el lugar noveno, por encima de Brasil,  Japón, Italia o Gran Bretaña.

Considerando la progresión de las instituciones individuales, es evidente que el mejoramiento en los índices SCImago no es exclusivo de CONICET, sino que puede aplicarse a cada una de las instituciones que componen el sistema de CyT argentino incluyendo a las Universidades Nacionales, y su aporte a lo que –en palabras Diego Hurtado– podemos llamar el ecosistema argentino de producción de conocimiento. Para evaluar correctamente los avances del CONICET esto es estrictamente así, puesto que la enorme mayoría de sus investigadores se desempeñan en unidades de investigación de doble dependencia con universidades nacionales, organismos provinciales y otras instituciones en donde el apoyo a sus actividades no proviene exclusivamente del CONICET.
 

Con estos números o sin ellos, podemos hacer una extraordinaria valoración política de lo que ha significado la creación del propio Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, el incremento de los recursos en esta área, el significativo crecimiento de la planta de personal científico y técnico, el apoyo a la educación técnica y superior y las múltiples iniciativas de integración del sistema de CyT al conjunto de las políticas públicas durante el período 2003–2015, pero fundamentalmente en el último gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Y lo cierto es que mediante índices internacionalmente reconocidos, también por las actuales autoridades del CONICET, hay evidencia incontrastable para objetivar el resultado de dichas políticas.

Igualmente, estos índices pecan de una métrica que no permite evaluar el impacto más profundo en las políticas públicas de cada país, por ejemplo en el mejoramiento de las condiciones sanitarias, educativas o de trabajo, en la generación de riqueza y su distribución o en la relación de los estados con las comunidades originarias y otras minorías, todos problemas asociados al buen vivir de los pueblos. Aún sin poder cuantificar este impacto, podemos sospechar que la relación entre el fortalecimiento del sistema de CyT tiene directa relación, por factores que son sin duda recíprocos, con el mejoramiento de la calidad de vida de las comunidades.

Volviendo al título de la nota aparecida en el portal oficial de la institución, éste dice muy superficialmente que “el CONICET subió 62 posiciones y es la mejor institución gubernamental de ciencia de Latinoamérica para el año 2017”. Para la gran mayoría de  los lectores que no conocen la forma de calcular el índice SCImago, este título puede ser interpretado inocentemente como un éxito de la gestión de Ceccatto y una prueba de que las políticas de ajuste de Barañao y Macri no causaron ningún daño, sino todo lo contrario. Los lectores más críticos dirán en todo caso que el buen resultado es herencia del gobierno anterior. Para ilustrar claramente esto, léanse los comentarios de lectores en la nota de clarín al respecto.

Pero esto es así sólo para el gran público. Las autoridades de CONICET saben perfectamente de que se trata este avance en el índice SCimago. Por lo tanto la decisión institucional de publicar un título capcioso, es un grosero intento de ocultar la verdadera noticia, que es el descomunal resultado de las políticas públicas en CyT del período 2011-2015, que las actuales autoridades del MinCyT se han preocupado sistemáticamente de relativizar. Como no pueden soslayar estos resultados y están lejos de cualquier posibilidad objetiva de relativizarlos y por lo tanto de justificar razonablemente reformas sustanciales en sentidos contrarios, lo que hacen es ocultarlos.

Esta decisión editorial de las autoridades de CONICET para su página institucional y por lo tanto de construcción de su actual imagen pública, es inaceptable. Inaceptable porque tergiversa la naturaleza misma del CONICET -institución científica por antonomasia- al mostrar información verosímil de una forma engañosa. E inaceptable también porque propicia la justificación de las políticas de ajuste de la actual gestión, sobre la base de estimular en el gran público una mentira.

Habrá que ver cómo las actuales autoridades del CONICET y del MinCyT, con sus argumentos utilitarios y mercantilizantes del conocimiento sumados a los brutales recortes en ciencia y tecnología, serán capaces o de justificar el paulatino decrecimiento que podemos esperar en los resultados en CyT del sistema público o de hacerse definitivamente los distraídos, esgrimiendo nuevos títulos mentirosos en las crónicas falaces de su propia gestión. La noticia en el portal de CONICET que aquí comentamos, permite sospechar cual es el camino que intentarán. En cualquiera de los dos casos, parece evidente que ni Ceccatto ni Barañao están dispuestos a desandar lo que hasta aquí han hecho respecto de acompañar con medidas propias las medidas antipopulares del actual Gobierno Nacional. Habiendo sido también funcionarios de alto rango en el gobierno anterior, nos están demostrando insistentemente su desmedida vocación de “acompañantes”.

* @gmastrantonio, investigador CONICET en Salud, Docente Investigador de la UNLP.