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Cultura
17.10.2010

 
Capital Federal (Agencia Paco Urondo) ¿Que dijeron el 17 de octubre de 1945?
CRITICA:
“Grupos aislados que no representan al autentico proletariado argentino tratan de intimidar a la población”...En varias zonas de Buenos aires, los grupos peronianos cometieron sabotaje y desmanes.
Muestra una foto con un pequeño grupo de siete personas con el epígrafe: He aquí una de las columnas que desde esta mañana se pasean por la ciudad en actividad revolucionaria. y afirma: que consta que la manifestación no reúne mas de “300 personas”.
Aparte de otros pequeños desmanes, sólo cometieron atentados contra el buen gusto y contra la estética ciudadana afeada por su presencia en nuestras calles.
El pueblo los vio pasar, primero un poco sorprendido, y luego con glacial indiferencia".
LA NACIÓN:
Personas de ambos sexos "han acampado durante el día en la Plaza principal, en la cual, durante la noche, improvisan antorchas sin ningún objeto, por el mero placer que les causaba el procedimiento". Y señaló: "el insólito y vergonzoso espectáculo de los grupos que se adueñaron durante un día de la Plaza de Mayo".
ORIENTACIÓN, órgano del partido comunista: ... del malevaje peronista que, repitiendo escenas de la época de Rosas y remedando lo ocurrido en los orígenes del fascismo en Italia y Alemania, demostró lo que era arrojándose contra la población indefensa, contra el hogar, contra las casas de comercio, contra el pudor y la honestidad,, contra la decencia, contra la cultura, imponiendo el paro oficial, pistola en mano y [mediante] la colaboración de la policía que, ese día y al día siguiente entregó las calles de la ciudad al peronismo bárbaro y desacatado".
Victorio Codovilla -secretario del partido comunista argentino- completó así las definiciones de la prensa partidaria: "Los nazi-peronistas tienen un plan de acción y una dirección única encargada de hacerlo cumplir. Lo aplican escalonadamente, pero con una audacia sin límites, bajo el amparo de la policía. La huelga del 18 de octubre, lograda en parte por la demagogia social,e impuesta por la violencia, así lo demuestra [...]. No hay que llamarse a engaño: el nazi-peronismo sabe actuar audaz y enérgicamente. Esa huelga y los desmanes perpetrados por las bandas armadas peronistas, deben ser consideradas como el primer ensayo serio de los nazi-peronistas para desencadenar la guerra civil".
La FUA decía que la Reforma Universitaria había protegido a la clase trabajadora y "ésta no podía progresar asociada a Perón que tiene en sus manos sangre de obreros y estudiantes".
La Mesa directiva del radicalismo afirmó que "las reparticiones públicas planearon al detalle este acto, y se sabe con certeza que en gran parte pudo hacerse usando la coacción y la amenaza [...] se ultrajó a la ciudadanía con la ayuda policial [...] el número de manifestantes no fue mayor de 60.000, de los cuales un 50% lo constituían mujeres y menores, teniendo informaciones fehacientes de que muchos recibieron dinero para concurrir".
Excluyendo “Noticias Gráficas”, unico periódico peronista nos preguntamos:
¿TODOS LOS “PERIODISTAS” DE ENTONCES ERAN MIOPES O HABÍA ALGUIEN QUE BAJABA LÍNEA?
NO TODOS, TAMBIÉN LOS HABÍA HONESTOS

El diario “El Pueblo” no era peronista, se autoproclamaba “diario Católico”.
En él escribía Delfina Bunge, notable literata y, como veremos una persona que razonaba.
Delfina Bunge en un artículo titulado: “Una emoción nueva en Buenos Aires” describirá este acontecimiento como lo vio desde su balcón: “(...) De todos los puntos suburbanos veíanse llegar grupos de proletarios; de los más pobres de entre los proletarios. Y pasaban debajo de nuestros balcones. Era la turba tan temida. Era –pensábamos– la gente descontenta... Con el antiguo temor, nuestro impulso fue el de cerrar los balcones. Pero al asomarnos a la calle quedábamos en suspenso... Pues he ahí que estas turbas se presentaban a nuestros ojos como trocadas por una milagrosa transformación. Su aspecto era bonachón y tranquilo. No había caras hostiles ni puños levantados, como lo vimos hace pocos años. Y más aún, nos sorprendieron sus gritos y estribillos. No se pedía la cabeza de nadie. Esas turbas parecían cristianas sin saberlo. Y sabiéndolo, eran argentinas... Sí, Jesús debió efectuar su milagro en favor de turbas semejantes a éstas , de desarrapados... A nosotros nos toca no defraudar a un pueblo pacífico en sus esperanzas de buena acogida y de un mínimo siquiera de justicia social.
RESULTADO: Cantidad de suscriptores se borraron, el director debió renunciar y algunos conocidos llegaron a negar a Delfina el saludo por su actitud de comprensión hacia el nuevo fenómeno de masas iniciado en 1945. Según Félix Luna, su voz fue la única sensata. En ese momento de descontrol político-emocional, ella habló con total objetividad sobre lo que estaba viendo desde su balcón de la calle Santa Fe: allí no había violencia ni resentimiento, sólo rostros humildes, cansados y felices de ser protagonistas, por primera vez, en la gran ciudad que les volvía la espalda. (Agencia Paco Urondo)
 
 

13.10.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, audio) Basta de Zonceras! (versión radial de la Paco) organizó un debate con estudiantes de la Facultad de Sociales (UBA) con miradas diferentes sobre la toma de la universidad. Participaron Erica Casarin Novak y Lucas Arzamendia (en contra) y María Debarnot y Mariano Bisagra (a favor). La charla se organizó en torno a dos ejes: en primer lugar, la toma como herramienta de lucha; en segundo, el contexto actual y la representativad de la asamblea que lleva adelante la medida de fuerza.
Escuchar primera parte del debate

Escuchar segundo tramo del intercambio

(Agencia Paco Urondo)

12.10.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para "consolar" y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola.Vladimir Lenín.Así estamosconsternadosrabiosos.Mario Benedetti. Poeta Uruguayo.Montevideo, octubre de 1967.Fragmento de unos versos escritosen ocasión de la muerte del Che Guevara.

Introducción
La frase del revolucionario ruso transcripta como epígrafe puede resultar un excelente disparador para realizar algunas reflexiones acerca de la vida y el legado de Ernesto Guevara Lynch (1928-1967), médico y revolucionario argentino que pasó a la historia más allá del Ernesto- que era su nombre real y pasando por sobre el che genérico con que se designa a los argentinos en toda nuestra América- para ser eternamente “el che”, por antonomasia. Por otra parte, la cita del vate uruguayo refleja la honda sensación de desazón e sufrimiento vivida por todos los que militan en la causa de la liberación de los pueblos en ocasión de la muerte del citado revolucionario, a manos de esbirros de la C.I.A. el 8 de octubre de 1967.Por cierto que las palabras del Lenín están referidas a Karl Marx, pero se pueden aplicar sin problema alguno a la trayectoria del militante que motiva estas notas en homenaje. En vida y especialmente desde la salida de Cuba del guerrillero, los sabuesos de los servicios de informaciones de todo el orbe capitalista lo persiguieron hasta darle captura y asesinarlo a sangre fría, según corresponde a una interpretación no arbitraria de la letra de la propia legalidad burguesa. No obstante, ya muerto se lo puede ver en posters, remeras, banderas de los hinchas de fútbol; imágenes en fin, que en esencia persiguen disecar y vaciar de contenido el auténtico significado del personaje- de carácter indudablemente revolucionario- hasta convertirlo en icono digerible para el sistema dominante y fuente a su vez de pingues negocios. Sólo falta que frívolas modelos publicitarias digan…. “Adoro al che”. El esbirro de los peores intereses capitalistas Alvaro Vargas Llosa lo confirma a su particular manera: “El Che Guevara, quien hizo tanto (¿o tan poco?) por destruir al capitalismo, es en la actualidad la quintaesencia de una marca capitalista. Su semblante adorna jarros de café, caperuzas, encendedores, llaveros, billeteras, gorras de béisbol, tocados, bandadas, musculosas, camisetas deportivas, carteras finas, jeans de denim, té de hierbas, y por supuesto esas omnipresentes remeras con la fotografía, tomada por Alberto Korda, del galán socialista luciendo su boina durante los primeros años de la revolución, en el instante en que el Che de casualidad se introdujo en el visor del fotógrafo—y en la imagen que, treinta y ocho años después de su muerte, constituye aún el logotipo del revolucionario (¿o del capitalista?) “chic”… existe incluso un jabón en polvo con el eslogan "El Che lava más blanco”. Alvaro Vargas Llosa, en The New Republic del 11/7/2005. Nota que podríamos calificar de vomitiva por la repugnante mala intención del autor.Ya pasadas las cuatro décadas de su asesinato, continúa siendo un personaje capaz de encender las posiciones más antagónicas. Según una Página Web de una patrulla perdida y nunca hallada de la guerra fría http://members.aol.com/Guanabacoa/che.html “fue un asesino y murió como merecía”. En dicha recopilación se realiza la apología de conocidos delincuentes y genocidas argentinos esbirros de la dictadura comenzada en 1976, presentándolos como víctimas vaya a saber uno de que persecución injusta. Por ejemplo, llama “preso político y perseguido” a un sacerdote- hoy condenado y preso como corresponde- que chantajeaba a familiares de desaparecidos y aportaba “consuelo espiritual”, a las víctimas de la represión en centros clandestinos de dedicados a la tortura y al exterminio durante la dictadura militar que asoló a nuestro pueblo entre 1976 y 1983. Entre las víctimas de este “pastor” se hallaban los adolescentes desaparecidos en el episodio llamado La noche los lápices, del cual se han cumplido ya más de tres décadas, suceso en el que fueron masacrados un conjunto de estudiantes de la enseñanza media. Por cierto que en la vereda contraria de los inquisidores citados se hallan la inmensa mayoría de los referentes progresistas, organizaciones populares y movimientos sociales de todo el orbe, que sigue reivindicando la figura del Che, como paradigma del revolucionario inclaudicable, portador de una firme voluntad por la transformación social.Combinaremos a lo largo de estas líneas, el rescate que desde nuestra realidad actual de latinoamericanos oprimidos y expoliados por el imperialismo y sus aliados internos haremos de la obra teórica y la trayectoria militante del argentino más famoso, con pinceladas acerca de su vida. Es que nos parece que flaco favor se le hace a su memoria si priorizaríamos un enfoque dogmático y hagiográfico (en la edad media se llamaban hagiografías al genero dedicado a la vida de los santos y nada más lejos del Che que el olor a santidad). Nuestro propósito es reivindicar su figura, pero no al precio de aceptar la vigencia de ideas que no nos parecen ricas y contemporáneamente útiles en la muy larga marcha de nuestros pueblos hacia su liberación.
De cómo Ernesto seconvirtió en el Che
Nacido el 14 de junio de 1928 en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, denominada ya en tiempos de su infancia la “Chicago Argentina”, desde los dos años de edad padeció asma; por lo cual su familia se radicó varios años en la ciudad de Alta Gracia (provincia de Cordoba), famosa por su buen clima. Era el hijo mayor del matrimonio formado por Ernesto Guevara Lynch y Celia de la Serna. Luego la pareja tendría dos varones y dos mujeres más.Es conocido casi universalmente que estudió medicina hasta graduarse en la Universidad de Buenos Aires, habiendo ingresado para comenzar la cursada de la profesión hipocrática en 1947. Y que recorrió América Latina alternativamente en moto, bus o “a dedo”, como decimos en nuestro país. Tuvo ocasión de observar de modo nada libresco la infame miseria en la que estaban (y por cierto continúan) sumergidos nuestros pueblos. Su personalidad política se forjó en tal ambiente práctico, pero no desdeñó la teoría, al punto de haberse convertido en un refinado cultor de ella. Hablamos de refinamiento en el sentido de la agudeza crítica característica de su pensar y no porque se le pueda acusar de darse a los fuegos de artificio propios de la pura formalidad lingüística. Pongamos, a modo de ejemplo que- ya producida la revolución cubana- denunció el contenido claudicante de las políticas soviética y china. Por aquellos tiempos, eran muy escasos los referentes que osaban cuestionar la preeminencia ideológica y práctica de los entonces llamados comúnmente gigantes del comunismo. De este modo queda palmariamente demostrada- en la concepción del Che- la esencial unidad de teoría y práctica. Cuanto más creciente era su compromiso político, mayor era su avidez de lecturas, a las que se entregaba a despecho de las incomodidades de su vida nómade. O de las dificultades impuestas por el combate guerrillero; luego del desembarco en la Sierra Maestra de Oriente. Tal compromiso se fue profundizando al conocer más en profundidad los arcanos de la explotación sufrida por nuestros pueblos.El cine ha rescatado esa parte de su vida- la menos transitada mediáticamente- en la película “Diarios en motocicleta” del director brasileño Alejandro Salles. Como curiosidad puede citarse que una de las escenas transcurre en un café y bar porteño llamado “El Británico”, muy recientemente rescatado de su inmolación en aras de la globalización neoliberal. Seguramente nuestro homenajeado no transitó en la vida real sus mesas, pero sin dudas lucharía hasta las últimas consecuencias contra la barbarie globalizadora que pretendiera acabar con las acogedoras tertulias que allí se llevan a cabo.Así aún antes de graduarse, recorrió campos, leprosarios, ciudades, minas a cielo abierto, hospitales, cenáculos estudiantiles e intelectuales, círculos obreros y fiestas populares. De tal modo quedó sepultado en el olvido el joven que jugaba rugby, cuando comenzaba sus estudios universitarios, un deporte asociado al ocio característico de las clases acomodadas. De todos modos, el periodista deportivo Ariel Scher lo recuerda en un libro como indomable luchador con la “guinda”, pese al asma que lo fastidió hasta el fin de sus días.Ya graduado como médico, emprendió un segundo periplo y así conoció Bolivia- revolucionada desde 1952- y Guatemala: el pequeño país en el que un gobierno popular presidido por Jacobo Arbenz osara nacionalizar las propiedades de la empresa norteamericana United Fruit. Quienes conocen el fin de esta historia saben que la “afrenta” infligida al imperialismo trajo como consecuencia una invasión prohijada por E.E.U.U. y una sucesión casi interminable de gobiernos genocidas sobre el sufrido pueblo heredero de los Mayas. Guevara había llegado a la convulsionada patria guatemalteca en 1953. Era un anónimo Che y estaba por convertirse en “el Che”. Es que durante esta etapa conoce a Antonio López, integrante de la armada que- comandada por Fidel Castro- había intentado tomar el cuartel de La Moncada el 26 de julio de 1953. López se convierte en su amigo y lo presentará dos años después al futuro máximo Comandante de la revolución cubana. Los testimonios de primera mano- como el de su amigo Ricardo Rojo, compañero de ruta en su segundo periplo y autor de uno de los primeros libros que se hicieron acerca de su trayectoria vital- hablan de un hombre de un carácter alegre y entusiasta, portador además de una voluntad indomable; todo ello sumado a un incuestionable desprendimiento personal. Coincidente fue la semblanza que de él hizo Fidel Castro, en la ciudad de Buenos Aires, en mayo de 2003, en un recordado discurso en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Esa noche relató el máximo dirigente de la revolución cubana un episodio ocurrido durante la época de la guerra civil en la Sierra Maestra, en la que “el Che”- médico al fin- arriesgó su propia vida para socorrer a un herido perteneciente a las filas enemigas.Décadas antes Augusto Cesar Sandino, líder y combatiente popular nicaragüense, había dicho que “por cada millar de dólares introducidos a mi patria por los banqueros yanquis ha muerto un hombre nicaragüense”. Mientras tanto, durante su recorrida por Latinoamérica, el che verificaba prácticamente el acierto de los dichos del “General de los pueblos libres”, sea por la acción represiva de los soldados esbirros del imperialismo, como por las secuelas provocadas por la voracidad expoliadora en las condiciones de vida (¿no habría que decir de muerte?) de los trabajadores. En Guatemala, trabajaba como médico en varios sindicatos y formó pareja con la economista peruana Hilda Gadea, con la cual se casó formalmente ya radicado en Méjico.Durante aquel trágico 1954, se verificaba una vez más la Santa Alianza que el poder articulaba en contra de nuestros pueblos: el Arzobispo de Guatemala Mariano Rosell Arellano exhortaba al pueblo a oponerse al “comunismo enemigo de Dios y de la Patria”, mientras el secretario de Estado de los E.E.U.U. John Foster Dulles armaba e impulsaba la invasión del General Castillo Armas. La alianza de la cruz (la iglesia católica) y la espada (el imperialismo norteamericano) se estructuraba- como volvería a ocurrir en los ’80- para producir expoliación, dolor y muerte a los pueblos del orbe. La represión desatada fue tan salvaje y genocida como los imperialistas y sus lacayos demostraron a lo largo de las páginas más negras en la historia de nuestra América: millares de prisioneros, asesinados y refugiados en delegaciones diplomáticas. El joven Ernesto (apenas contaba 26 años de edad) vivió unos meses en la delegación diplomática de su país de origen. Luego, munido de un salvoconducto, pudo partir por ferrocarril hacia Méjico. En la Capital azteca trabajo como médico y fotógrafo. Se reencontró con Antonio Lopez, quien lo puso en contacto con los hermanos Fidel y Raúl Castro: la historia comenzaba a acelerarse y el joven medico a convertirse en el “Che”.
Los preparativos parala gran aventura
El término aventura no está aquí utilizado con ligereza, si no más bien en el sentido laudatoria de la épica acción de un puñado de jóvenes cuyo objetivo era realizar nada menos que los ideales truncos de José Martí, el poeta nacional que había unido canto y militancia por la independencia de Cuba.La situación de Cuba no era nada peculiar para el contexto centroamericano y caribeño. La opresión imperialista había diseñado el país y estaba presente y omnipotente desde los comienzos de su vida “independiente”. De hecho, la liberación de España fue resultado de una turbia maniobra estadounidense que, con una intervención de su armada, propició la ruptura con la arcaica potencia colonial. Resultado de tan original proceso de “liberación nacional”, la nueva metrópoli se reservó- por medio de la enmienda Platt- en el propio texto constitucional el derecho a intervenir con su ejercito en la nueva “nación”. Por otra parte, no es errado afirmar que la economía cubana tenía dos puntales: el azúcar que se exportaba casi integralmente y los servicios turísticos, entre los cuales no era menor la importancia de la prostitución, a la que debían someterse muchas de las jóvenes isleñas más pobres. Para decirlo con pocas y sintéticas palabras: proveer azúcar barata y prostitutas para los millonarios aburridos de los Estados Unidos era el papel de Cuba en la división internacional del trabajo. Este era el estado de cosas que los jóvenes liderados por Fidel Castro deseaban transformar. Luego del primer y fallido intento, la toma del cuartel de La Moncada, el 26 de julio de 1953, los principales compañeros de Fidel Castro comenzaron a converger en Méjico, luego que el líder saliera de la prisión y se radicase en tierras aztecas. Durante la etapa preparatoria para la acción revolucionaria, el “Che” fue detenido por la policía mejicana en acuerdo con los espías batistianos.En aquellos míticos y lejanos tiempos, el grupo conducido por Fidel Castro supo explotar la desinformación y desorientación del imperialismo para obtener diversas ventajas. Tales extravíos fueron compartidos por sectores oligárquicos de, por ejemplo, la Argentina. Es que Fidel Castro visitó estas tierras, a poco de haber tomado el poder y la miope clase dominante confundía a Batista con el general Juan Domingo Perón. De modo que paseó al revolucionario por las suntuosas calles de la zona Norte, una de las más acomodadas de la Capital Federal, como “héroe de la libertad”. Por cierto que si hubieran sabido que homenajeaban a un comunista, el poco más que treintañero comandante no se hubiera hecho acreedor de la gratitud de semejante caterva homenajeadora.Los entrenamientos, el acopio de armas, el alistado del “Granma”, el barco en el que la pintoresca armada se lanzaría a la conquista de la libertad para la Patria de José Martí, consumieron casi un año y pese al hostigamiento e infiltración de espías al servicio del dictador Fulgencio Batista. No describiremos con lujo de detalles los preparativos y las escaramuzas suscitadas con los espías del régimen cubano, ya que el objetivo de estas líneas no es hacer una historia pormenorizada de esta etapa del proceso revolucionario cubano, son más bien un panorama de la trayectoria vital del comandante Guevara.
Desembarco, guerra civily revolución
Sin dudas, cada revolución es un proceso irrepetible. La revolución cubana no podría ser la excepción. De todos modos, destacaremos una cuestión fundamental: el hecho que luego de desembarcar el 2 de diciembre de 1956 la armada rebelde- que había partido con nada mas que ochenta y dos hombres- fue diezmada a poco más de una docena de combatientes. No sólo logró sobrevivir sino que se transformó en un ejército victorioso. Las causas son casi obvias, pero es preciso y conveniente subrayarlas contra visiones de la historia, que caen en el simplismo de analizar los procesos reduciéndolos a la conspiración como único motor eficiente. Por el contrario, el grupo de guerrilleros supo conectar la lucha emprendida con las necesidades del pueblo, en especial de los campesinos y procedió a transformar la sociedad en el propio proceso de la guerra civil. En ello radicó- en nuestra opinión- la principal virtud revolucionario, más que en lo que ha quedado denominado en las lecturas más mecánicas como Teoría del foco, es decir, el grupo que da el ejemplo y al que sigue la masa. Oscilando entre la creativa realización de las tareas revolucionarias y la dogmática y cerrada interpretación foquista se desarrollaron casi tres décadas de los movimientos populares latinoamericanos. El máximo teórico del citado foquismo fue el francés Regis Debray, quién había viajado a Cuba en 1960 y a posteriori compartió con Guevara la experiencia en Bolivia. Un primer balance mínimo de esta cuestión lo realizó casi a principios de la década de los ’70 el Comandante Fidel Castro. En su libro “Todo o nada”, la investigadora argentina María Seoane cuenta que el líder revolucionario le criticó al guerrillero Roberto Mario Santucho la pretensión de impulsar una guerrilla contra el gobierno del General Juan Domingo Perón, recientemente (en 1973) vuelto al país y a la presidencia, luego de casi dos décadas de exilio. El anciano general sintetizaba en su figura las expectativas populares hacia la democracia y muchas ilusiones en que se pudieran resolver las carencias de los sujetos subalternos en el marco del capitalismo (dependiente). Por cierto que no hay foco revolucionario, por combatiente y aguerrido que fuere, que se desarrolle si no es conectando con las expectativas, conflictos y necesidades concretas de las masas populares.Lo cierto es que durante la propia lucha, los revolucionarios cubanos, y el propio “Che”, avanzaban con el ejército miliciano ganando territorio a las fuerzas dictatoriales, al tiempo que construían escuelas, talleres para fabricar zapatos, manufacturas de armas, herrería y hornos para hacer pan y desplegaban en la máxima medida posible las reivindicaciones del campesinado. En principio, el valor desplegado en combate le permitió al argentino ascender a capitán hacia julio de 1957 y muy poco después llego el nombramiento de comandante.Sería redundante y ligeramente aburrido consignar las batallas y sus avatares. Por el contrario, mucho más interesante es destacar la importancia asignada a los medios masivos de comunicación por el novel comandante de apenas 29 años. El 4 de noviembre de 1957, en un viejo mimeógrafo, comienza a editarse “El Cubano Libre”, primer periódico de la revolución en marcha. El 24 de febrero de 1958 comienza sus transmisiones “Radio Rebelde”, emisora creada también por iniciativa del que ya comenzaba a ser el argentino más famoso. La revolución cubana estaba en marcha, y, además, lo comunicaba. Guevara demostraba heroísmo en el combate, pero también fina percepción de la importancia de los fenómenos comunicacionales. El 15 de abril de 1958 llega a la Sierra Maestra el periodista argentino Ricardo Massetti y entrevista a su compatriota comandante guerrillero. En el reportaje el Che se definirá como ciudadano de toda América, ubicando en el lugar de enemigo al imperialismo norteamericano. Para acceder a una versión de la entrevista:http://www.nuestraamerica.info/leer.hlvs/761Por entonces, el “Che” era un perfecto desconocido para la opinión pública argentina, que gracias a la interviú pudo saber de su existencia y pensamiento político. Terminada la guerra, Massetti (entre otros, junto al célebre periodista y escritor Rodolfo Walsh desaparecido por causa de la criminal acción de la dictadura en 1976) fue uno de los más destacados organizadores de la Agencia Prensa Latina, la organización de contra-información creada por la revolución triunfante. A posteriori, fue ultimado en combate por el ejército argentino, en ocasión de intentar gestar en la norteña provincia de Salta un foco guerrillero similar al de la Sierra Maestra. El cadáver del periodista-combatiente nunca apareció. Como se puede ver, la institución armada argentina hacia méritos desde antes de 1976 en el dudoso arte de masacrar militantes y desaparecer sus restos. Por otra parte, no podemos menos que destacar aquí el error de pretender impulsar un brote guerrillero, a contramano de los sentimientos populares y de la conflictividad real de la sociedad de aquellos años. La mayoría del pueblo argentino no estaba urgido por una revolución socialista, sino más bien por revertir las condiciones de proscripción de la fuerza mayoritaria: el peronismo y del propio líder, por entonces en el exilio madrileño que se prolongaría 18 años.Mientras tanto, durante el año 1958, la guerra se vuelca a favor de la fuerza rebelde. A fines de tal año, el Che protagoniza su triunfo militar mas sonado. El 30 de diciembre concluye la Batalla de Santa Clara, ciudad que “se levanta para verte”, como inmortalizara “Hasta siempre” la canción de Carlos Puebla, juglar de la revolución. Para disfrutar de una deliciosa versión del tema:http://www.youtube.com/watch?v=jppkff5mk34De allí recibe la orden de seguir hacia La Habana. En los primeros días del año 1959 la revolución ha triunfado sin atenuantes. El Che se da tiempo para bromear con sus padres. En una esquela les dice “He gastado dos (vidas), me quedan cinco. Confíen en que Dios es argentino. Argentino”, Cubano o inexistente el altísimo, lo cierto es que comienza una nueva etapa en la historia de Cuba y de toda nuestra América. Se inicia la construcción de una sociedad mas justa y fraterna en las barbas mismas del propio imperio.
Los primeros tiemposde la Revolución
La impronta del triunfo guerrillero fue inconmensurable. Miles de activistas en toda nuestra América se volcaron a la lucha armada influenciados por la imagen triunfal de los comandantes entrando en la capital isleña. Partidos políticos de orientación reformista y parlamentarista vieron aparecer en su seno tendencias favorables a la utilización de la violencia política, mientras que muchísimos jóvenes latinoamericanos pagaron con sus vidas el compromiso asumido. La lucha armada- un método en si mismo que puede aceptarse o no de acuerdo a las diversas situaciones sociales y políticas del movimiento de masas- fue confundido con la estrategia de la propia revolución, en la visión de muchas agrupaciones y dirigentes políticos latinoamericanos.Durante el primer año de gobierno el Che viajó por todo el mundo en diversas comisiones debidas a las necesidades de la gestión. Se vivían tiempos fundacionales y los comandantes tanto daban clases magistrales en universidades, asimismo debatían acciones para una gestión a la vez más radical y eficaz, confraternizaban con gobernantes y movimientos por la liberación nacional de todo el orbe y cortaban caña en la zafra; como si fueran humildes braceros.El año 1959 fue denominado “de la liberación” y el triunfante Movimiento 26 de Julio respetó ciertos acuerdos con fuerzas burguesas. La radicalización, no obstante, no tardaría en llegar. También a mediados de año en mayo de 1959, se divorció de Hilda Gadea y al poco tiempo contrajo enlace con la joven Aleida March Torres, quien sería madre cuatro de sus hijos. Además de su vástaga con Hilda Gadea, tuvo un hijo extramatrimonial en 1964.En 1960, “año de la reforma agraria”, El fotógrafo Alberto Korda tomó la imagen más difundida y célebre de su persona. La revolución se acelera al avanzar sobre los grandes propietarios de tierra. El imperialismo se alerta, no tardará en sobrevenir la invasión prohijada por los E.E.U.U.El año 1961 es denominado “de la educación”. El che recibe el nombramiento de Ministro de Industrias, desde allí despliega una intensa actividad de gestión en procura de transformar el perfil monoproductor de la isla. Paralelamente, desarrolla parte de lo más rico de su obra teórica. Durante dicho año visita Uruguay, en el mes de agosto, en el marco de una conferencia del Consejo Económico y Social de las Américas y recibe la solidaridad militante del pueblo uruguayo. Durante ese viaje sufre un intento de asesinato que deriva en la muerte de un inocente. En un viaje relámpago oficial a Buenos Aires se entrevista con el presidente Arturo Frondizi, quién se debatía acosado por las presiones cotidianas de los generales. La guerra fría se hallaba en uno de los momentos más álgidos. El mandatario brasileño Janio Cuadros lo condecora y sufre también el acoso de sus pretores, incondicionales aliados del imperio. En esta última visita a la patria que lo vio nacer, según el testimonio del mandatario argentino: “Guevara me escuchó y accedió a examinar el problema sobre la base, que yo le propuse, de que Cuba no insistiera en querer exportar su revolución a otras naciones del hemisferio. Sin embargo me dio su opinión sobre América latina afirmando que, aún sin influencia o injerencia cubana, la revolución era inevitable pues estaban cerrados los caminos de la evolución pacífica”, tal como relata el periodista Hugo Gambini, uno de los primeros biógrafos del Che. Surge nítidamente de las palabras del presidente el férreo voluntarismo del nuestro personaje; que no aceptaba otra posibilidad que la revolución- en tanto proceso casi inevitable- como única salida a los padecimientos sufridos por nuestros pueblos. Durante esa brevísima visita, no le faltó el tiempo ni la oportunidad al comandante para inquirir sobre la marcha de Rosario Central, club de fútbol de sus amores, y del San Isidro Club (de rugby).El año 1962- año de la invasión frustrada por la revolución- es denominado “de la planificación”, 1963 es llamado “de la economía”, y 1964, “de la agricultura”, pero preferimos no abrumar al lector con datos; es que la historia personal del Che vuelve a acelerarse.Antes de retomar los caminos del Che, sería interesante realizar un mínimo balance de la revolución- que a su casi medio siglo- puede ostentar índices de bienestar popular (salud, educación, entre otros) superiores al propio E.E.U.U., siendo como es Cuba una sociedad con muchísimos menos recursos económicos que el imperio del norte. Tales son los logros más destacables del pueblo y la propia revolución; que sólo pueden ser negados por la torva gusanería radicada en Miami y financiada por el imperialismo. Si existiera una vida en el más allá, Guevara tendría claro que su lucha no ha sido en vano. Pero a su vez no puede negarse que es preciso abrir un debate acerca de cómo seguir pues el modelo cubano- en su versión más rígida- presenta ciertas señales de agotamiento a comienzos de la segunda década del siglo XXI.
Se pierdenlos rastros (durante algún tiempo)
La salida del Che de Cuba puede haberse causado en diversos factores. En nuestra opinión no fue uno de los menos importantes la disconformidad del argentino con el rumbo conciliador con el imperialismo norteamericano por parte de la U.R.S.S., sumado a la creciente influencia del gigante eurasiático en la situación cubana. La guerra fría significó la necesidad ineludible para la dirigencia isleña de aliarse con los soviéticos, ya que era preciso contar con un apoyo significativo para poder soportar el bloqueo y darle continuidad a la revolución. Por cierto que tal apoyo implicó necesariamente una cierta pérdida en la autonomía de la dirigencia cubana.Por otra parte, no es menos cierto que a su temperamento intrépido y voluntarista le cuadraba mejor el combate por todo el orbe que la poltrona de funcionario. Lo cierto es que a mediados de 1965, el Che se halla en el Congo para luchar junto a los combatientes que se oponían al régimen pro Estados Unidos allí imperante y a fin de entrenarse y readaptarse a las condiciones físicas necesarias para la lucha en otros países de América, verdadero objetivo de sus desvelos.Ya en 1966 el comandante viaja por Europa, visita- entre otras ciudades, París y Praga. Multiplica sus contactos con jóvenes militantes y se dirige a su gran objetivo: Sudamérica. Elige Bolivia para impulsar la lucha revolucionaria por diversas razones. Mencionaremos algunas:a) Un elenco gubernamental corrupto e impopular.b) Un cierto descontento bastante generalizado entre los vastos sectores de la población más pobre.c) Una sociedad marcadamente polarizada, con un sector poderoso fácilmente identificable.d) La defensa del sistema a cargo de un ejército mediocre, no del todo reconstituido de la derrota sufrida a manos de la insurrección popular de 1952.El Che soñó con que la posición de Bolivia- fronteriza con cinco países- la convertiría en la base para el despliegue de un hipotético “Ejército continental de Liberación Nacional”. La lucha, son embargo, tomaría otras derivaciones. El foco fue detectado muy tempranamente y fácilmente aislado por las fuerzas represivas. Además, desde nuestro punto de vista, no hay dudas que el destacamento combatiente fue sometido al aislamiento por la acción traidora del Partido Comunista Boliviano. A su vez, esta fuerza demostraba- con su desentendimiento de la suerte del che y sus compañeros- la posición de la U.R.S.S., favorable a quitar del centro del debate el incómodo discurso crítico característico del argentino. Según una entrevista del Profesor Néstor Kohan a la hija del Che Aleida Guevara March, que a nuestro entender refleja muy claramente la realidad:“N.K.: Entonces la traición fue de la dirección del PC. A.G.M.: Yo diría de una parte de la dirección. En ese momento tenía el poder en las manos. N.K.:Y respondía a los soviéticos…”De modo que no resultaría nada extraño si en el futuro se descubrieran documentos que probasen la connivencia de la K.G.B. con la C.I.A., con relación a la muerte de Guevara y sin dudas es probable que la caída del argentino hay provocado satisfacción y alegría por parte de la dirección del P.C.U.S..Pero no menos cierto es que las principales causas de la derrota hay que buscarlas en que ningún momento el grupo de revolucionarios pudo conectar con las expectativas, necesidades y conflictos del pueblo boliviano.La derrota y caída del Che Guevara- que fue asesinado a sangre fría el 8 de octubre de 1967 significa el cierre de muchas esperanzas y expectativas en nuestra América. El conocido filósofo francés Jean Paul Sartré, que había tenido una célebre entrevista con él años antes en la isla, dirá luego de Guevara: “Considero que ese hombre fue no sólo un intelectual, sino el hombre más completo de nuestra época”. Sin dudas que la derrota de un método, la guerra de guerrillas, no significará necesariamente el entierro de toda esperanza de liberación. Encuadrando el análisis en esta perspectiva pueden (re) significarse las palabras enviadas en su mensaje postrero a la Tricontinental de La Habana: “Crear uno, dos, tres muchos Vietnam”. Seguramente que en la actualidad no se trata de una lectura lineal y literal consistente en pretender crearle al imperialismo tamañas derrotas militares, como le infringiera el pueblo asiático en su oportunidad. No es que lo veamos como indeseable. Más bien, parecería no ser del todo posible. Pero si es factible que los sucesivos “Vietnam”, se reproduzcan bajo la forma de múltiples movimientos sociales, referentes, gobiernos populares, partidos políticos y otros sujetos que hacen frente tozudamente a la prepotencia imperialista con la pertinacia de su acción resistente. Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa son dignos continuadores del Che, no por vía guerrillera; si no construyendo coaliciones de masas y accediendo al gobierno de modo pacífico. Tales son algunas conclusiones de un primer y merecido balance que sin dudas le depara la historia.
La obra teórica
Es sabido que las elaboraciones librescas les sirven a los pueblos- los condenados de la tierra- en la medida que les permitan alumbrar con mayor rigor su camino hacia la liberación. Así asume un verdadero carácter urgente, en la medida que resulta depositaria de la necesidad de (re)pensar críticamente los pasos ya dados y los subsiguientes que habrán de producirse hacia el futuro.Las obras teóricas del Che están atravesadas por la urgencia de la voluntad: es decir la imperiosa necesidad de transformar la realidad. Agruparemos tal elaboración de acuerdo a su contenido en tres grupos, a saber:a) Teoría de la guerra de guerrillas. En este punto, la trayectoria teórica- y por cierto, práctica- del Che quedó demasiado ligada a tal método. Y lo cierto es que la guerra de guerrillas sólo es una vía válida en la medida que sea escogida por los pueblos. Lo demuestra el propio asilamiento del che en su instante final y la historia de casi cinco décadas de lucha armada en América Latina.b) Cuestiones económicas y de gobierno. En este punto el Che dejó una extensa obra que fue analizada- con el cuidado, la meticulosidad y la ponderación que merecía- por Carlos Tablada Perez en un libro editado recién en los ’80. En principio, quedaba claramente establecido que una Cuba socialista era incompatible con un perfil de país mono productor azucarero. A realizar esta necesaria tarea dedicó sus años de Ministro de Industrias. Por otra parte, destacaremos aquí otra cuestión intensamente debatida en su momento. Se trata del debate acerca de los estímulos morales o materiales para incentivar a los trabajadores. Guevara sostenía la necesidad que fuera el impulso moral el que sostuviera la difícil construcción del socialismo. Mientras tanto, otras voces, influenciadas por la opinión soviética, pretendían un margen mayor para dotar a la población de incentivos relacionados a un cierto bienestar material. Haciendo un balance desde nuestra condición de privilegiados observadores del siglo XXI, y del derrumbe de diversos socialismos reales, podemos decir que los contrincantes de Guevara tenían razón sólo desde una perspectiva urgente e inmediata. Pero si el objetivo es construir realmente el socialismo desde bases sólidas, sólo puede hacérselo desde un conglomerado de masas que perciben a la nueva sociedad como producto de su propia construcción y con un basamento moral en todo opuesta a la cosmovisión capitalista. En la Unión Soviética, más de siete décadas de revolución- al parecer- no lograron modificar los hábitos, prácticas políticas y valores de las masas. De este modo, las ideas del revolucionario argentinos asumen nueva relevancia. El tema central que subyace es la absoluta necesidad que toda transformación social debe ser acompañada por una revolución cultural que modifique las conciencias de cada ciudadano. Parece ser el citado punto un verdadero talón de Aquiles en la historia de las revoluciones.c) Muy ligado a lo anterior, problemas éticos y de la construcción del socialismo (en esencia, la cuestión del hombre nuevo). En este punto la apuesta del Che consistió en intentar trasladar a todo el pueblo revolucionario su propio modelo de personalidad. El arrojo, el desprendimiento de todo proyecto exclusivamente individual, el modo de ser constantemente solidario marcan un modelo que Guevara buscó generalizar hacia todos los cubanos. La nueva humanidad es presentada como proyecto siempre en construcción y así lo percibe su hija Aleida: “El hombre nuevo no es nunca un ser humano acabado”.
Un mínimo balance
Fácil es darse cuenta que toda su elaboración se halla atravesada por la urgencia de un proceso revolucionario que exigía por igual respuestas teóricas y prácticas. En todos estos campos, el Che mantuvo su integridad moral, su compromiso político consecuente y el rigor teórico de su pensar.A más de cuatro décadas de su muerte- pese a los errores señalados- sigue vivo el ejemplo del revolucionario indoblegable, del hombre afable, cariñoso con sus hijos que no vacilaba en jugarse su vida por auxiliar a un soldado de las filas enemigas y que la entregó por una causa que sabía más importante que conservar su existencia. Perdura el ejemplo del teórico riguroso, del hombre de gobierno que trabajaba a la par de cualquier brasero, del luchador que marchó a inmolarse por una humanidad que se precie de tal nombre, en definitiva por un mundo solidario y por el hombre nuevo.Desde el punto de vista teórico y práctico, los investigadores argentinos Miguel Mazzeo y Néstor Kohan lo vinculan a una corriente del marxismo latinoamericano que intenta comprender la realidad de nuestro subcontinente y coloca la revolución como cuestión central.Lo cierto es que cuando toda la población mundial pueda mirarse a si misma con la satisfacción de haber producido una sociedad que mereciera el nombre de humanista, el retrato del Che ocupará el sitio que merece en el corazón de los hombres y las mujeres libres de la miseria, la opresión y tantas lacras como las que aún oprimen a los pueblos. Sería deseable que no pasaran demasiadas generaciones hasta esos dichosos momentos. (Agencia Paco Urondo)

05.10.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Alumnos, docentes, graduados, vecinos, amigos y familiares irán este HOY miércoles 6 de octubre a las 17.30 a la Facultad de Sociales para realizar un abrazo colectivo y recuperar la Facultad. Será en la sede de Marcelo T. de Alvear 2230.
 

 
 
(Agencia Paco Urondo)

05.10.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) EL Jueves 7 de Octubre se realizará la Presentación del Libro "El aluvión del piquete al gobierno: los Movimientos Sociales y el Kirchnerismo" de Christian Boyanovsky Bazán.
 
El libro aborda la conformación de los Movimientos Sociales durante la etapa de la resistencia neoliberal y llega a nuestros días, en que mucha de esa militancia organizada se suma al Proyecto Nacional  y Popular del gobierno de Nestor Kirchner. Entre los entrevistados en el libro se encuentran los compañeros del Movimiento Evita de Avellaneda. Contaremos con la presencia de su autor Christian Boyanosky Bazán, acompañado por el Secretario de Participación Ciudadana de la provincia  de Buenos Aires y fundador de La Fábrica,  Cro.Eduardo Cholo Ancona, el Periodista Martín Piqué y el Director del Instituto de Pensamiento Argentino y Latinoamericano Cro Pablo Vera.
 
La cita será este jueves 7 de octubre 2010 desde las 19 en Av. Mitre 976 – Avellaneda.
 
Más info: 154 439 2380. IPAL. Movimiento Evita - Avellaneda

(Agencia Paco Urondo)

01.10.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, en Página 12) Voz original que surge del pliegue interior de una catástrofe nacional, Hebe Pastor de Bonafini no puede ser fácilmente interpretada con categorías políticas usuales. Desata el verbo sin la continencia habitual del orador público. Su estilo, valor y planteo es la imprecación. Quizás la blasfemia. ¿Se hubiera podido forjar un núcleo de resistencia a la dictadura sin esa sensibilidad unívoca? Trasunta toda su figura un rasgo de autoridad que no surge sólo de una actuación amasada lentamente con el tiempo o de un aprendizaje en las esferas de lo político. Su autoridad proviene de una doble fuente que tiene otra índole: primero, la de la tragedia familiar, luego el componente quizás matriarcal de los órdenes familiares populares. Es una veta de desenfado, voluntarismo e ingenio emprendedor que caracteriza a los sectores plebeyos con fuerte capacidad de iniciativa en el ámbito doméstico.

Su pasaje a la esfera pública fue súbito. Así ocurrió con la mayoría de las Madres y Abuelas. Se desempeñaron, en su via crucis, en su condición primera. La que apelaba al vínculo filial, a los lazos genealógicos. El lenguaje que de allí surgía contenía una asombrosa llaneza, basada en el reclamo absoluto frente al Estado y a los símbolos de los patronatos más antiguos: jueces, iglesias, militares. Se aguzó así un modo de interpelación sin mediaciones ni cálculos de conveniencia. En esas demandas a la esfinge represiva iba también la vida. Todo lo que los primeros grupos de Madres hacían era un peregrinaje en el interior de los símbolos oscuros de dominio, lo que entrañaba un riesgo absoluto. Cierta inconciencia era necesaria para tal desenvoltura y, por lo tanto, la lengua que se hablaba era la de la irreverencia directa y también de la execración. La lengua de la “locura”. No era, no son palabras bonitas. Brotaban del estrato profundo de donde provienen las palabras que aparecen asociales, pero son las más colectivas y desnudas y, por lo tanto, las más fundantes.
Ese estrato idiomático es costumbre manejarlo con prudencia y selectividad. No tanto en los medios masivos de comunicación, donde los tabiques de diferenciación se han levantado ya con la hipótesis de que la masividad exige vaciar el vaso profundo de la lengua. Pero todavía en las conversaciones habituales, se eligen tonos, sabores, vocablos. Se pule y labra como en un taller de tornería, pues cada palabra reclama un breve destello de meditación antes de ser asestada. Hebe no proviene de esas cautelas. Sus mayores actuaciones fueron frente a los templos de los poderes habituales, sean ministerios o abadías. No es que antes y ahora no distinga alianzas o preferencias, pero su voz esencial es un grito apenado que surge de un antiguo sentimiento: es la corriente subterránea sin trabas que pronuncia las frases atrevidas sobre las tomas de edificios sacros, lugares ceremoniales o despachos canonizados.
Era posible pensar en cosas como éstas cuando por televisión –no pudimos ir al acto de Tribunales– la vimos producir su gesta discursiva. Así lo había hecho antes con santuarios, panteones y edificios de los que emanaron decisiones atroces. Pero no era el caso. Sin duda, no era lo que el momento reclamaba. Un sentimiento de angustia pudo habernos recorrido a muchos. Las maquinarias de captura de los medios de comunicación saben que refutar no es sólo esforzarse en el argumento propio, sino mostrar la palabra desnuda de aquellos a los que no quieren. Y la palabra desnuda de Hebe no fue la que debía ser; por la situación en la plaza, por lo que se debe debatir ante esta Corte y por ella misma. No lo fue, pero la drástica partición conceptual a la que está sometido el juego político del país de inmediato nos mostró al coro de los indignados, dispuestos a destilar toda la hipocresía necesaria para igualar la innecesariedad de esa lengua empleada por Hebe, con la justa causa que allí se defendía, y con la explícita historia que había llevado a miles de manifestantes a sostenerla. Y entre esas historias, la historia misma de Hebe. Se defendía una ley. Y se quiera o no, el uso de la palabra pública es otra ley, ley profunda, que no poco tiene que ver con las leyes innovadoras que se respaldan.
El hablar puede ser político e impolítico. Con este último, también se habla de política. Pero el arte político que finalmente precisamos construir –en este momento de tantas agitaciones y señuelos– pide ahora un gran esfuerzo que sin duda puede tener características inéditas. Hebe es una gran oradora pasional y es también una persona de grandes dotes para la autorreflexión. Quienes la conocemos lo sabemos. Encarna memoria y desgarramientos; sus anatemas surgen de su impulso profanador. El que profana quiere inventar un mundo y larga sin más sus flechas. Hebe importa por el modo en que esgrimió esos atributos discursivos. Pero no se puede decir ahora que importa por eso y que por siempre debería repetir del mismo modo su esgrima. Sobre todo esto tenemos que reflexionar con ella, que es también descubrir las primicias que nos faltan para enfocar más imaginativamente lo que precisa esta época y lo que esta época precisa de nosotros. (Agencia Paco Urondo)

01.10.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Lo había solicitado la intelectual (¿de derecha?, que lo juzgue el lector) Beatriz Sarlo hablando con Ernesto Tenembaum y Marcelo Zlotowiazda (periodistas de ¿derecha?, ídem anterior): "espero leer algo en Página 12 sobre los dichos de Hebe; espero que Mario Wainfeld diga algo". Por supuesto, para los tres era lo único importante de la jornada que convocó a miles de ciudadanos, que se desarrolló de forma pacífica e interpeló a amplios sectores sociales. Y que de fondo discutía la influencia de las corporaciones sobre leyes de la democracia.
En la edición de hoy, Wainfeld retomó el guante y escribió sobre la exposición de Hebe. Compartimos el texto que salió publicado en la edición gráfica (y puede consultarse online) de Página 12.
La discusión sobre el discurso de Hebe de Bonafini coloniza el abordaje del acto masivo del martes en Plaza Lavalle. El cronista escribió sobre la movilización y no lo mencionó, por entenderlo menos relevante que otros tópicos que abordó. La magnitud del debate le demuestra que esa omisión fue un error: algo debió expresar. Lo hará a continuación, dejando en claro que le sigue pareciendo que, en orden de importancia, ocupa un rango secundario. Sigue creyendo que es más relevante el derecho de los manifestantes y oradores a expresarse dónde y cómo lo hicieron. También analizar sus razones. Y discurrir acerca de una potencial sentencia de la Corte, que (según versiones consistentes) elegiría la peor de las tres opciones disponibles para dirimir el recurso interpuesto contra la medida cautelar que suspende un pilar de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LdSCA).
Esa es la jerarquía, en su agenda, distinta a la de otros. Empecemos, pues, por el final.
Bonafini incurrió en demasías y faltas de respeto al tribunal, impropios en un acto de reclamo de derechos. La titular de Madres de Plaza de Mayo es una luchadora, una oradora de barricada, pero el contexto le exigía adecuar su discurso y su estilo. Les hablaba a los presentes y también al conjunto social, con muchos pergaminos en la mano: su trayectoria, intachable en materia democrática; su persistencia en no apelar a la violencia en ninguna circunstancia; su batallar contra la dictadura. Interpelar a la Corte es un derecho, preservar su investidura un correlativo deber ciudadano. Fue incorrecto motejarlos de “turros” o arrojar sospechas de corrupción no corroboradas. Estela de Carlotto expuso contenidos similares sin resignar firmeza ni banderas, pero guardando la distancia que corresponde con autoridades públicas.
Esto expresado, pasemos a lo más sustancial.
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La Constitución Nacional en su artículo 14 asegura a los ciudadanos el “derecho de peticionar a las autoridades”. En sociedades de masas, este derecho incluye el de manifestar en espacios públicos. El Poder Judicial es una de las “Autoridades de la Nación”, conforme estipula la misma Carta Magna en su Segunda Parte, Sección Tercera. Proponer que no corresponde una movilización en las puertas de Tribunales carece de asidero institucional. Las aclaraciones parecerían ociosas si no fuera porque, entre otras entidades, la Asociación de Empresarios Argentinos (AEA) y la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional (mayúsculas, sic) censuraron esa práctica. Los textos son casi calcados, aunque el de AEA contiene menos errores de sintaxis. La corporación de jueces asevera que la indemnidad brota porque la Corte es el último intérprete de la Constitución Nacional. Es verdad, pero esa condición no la aísla del debate ciudadano o de los reclamos. Los ciudadanos pueden peticionar (manifestarse) a favor o en contra de todas las autoridades, ningún privilegio exime a los togados. Es válido (es usual) convocar actos para cuestionar al presidente, quien (otra vez, conforme a la Constitución) es “el jefe supremo de la Nación (y) jefe del gobierno”. Se puebla la Plaza de Mayo, también se ha caceroleado frente a su residencia en Olivos. Suponer un rango superior de los magistrados, too much.
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Los manifestantes tenían indiscutible derecho. Este columnista, entre muchas otras voces, entiende que tienen razón. La LSdCA se aprobó en forma reglamentaria y suspenderla es un acto extremo, sólo justificable si existe un interés superior o inconstitucionalidad. En este caso sólo media una medida cautelar en la que el Grupo Clarín alega que desprenderse en un año de las licencias no autorizadas por la ley antitrust sería ruinoso para sus intereses. No está probado ese daño hipotético. El derecho de propiedad no es absoluto, mucho menos en caso de bienes concesionados por el Estado, por ende otorgados por plazos acotados y sujetos a eventuales regulaciones modificatorias.
Tampoco se explica por qué el, eventual, perjuicio no puede preservarse mediante una acción de daños y perjuicios que coteje el valor de venta real con el de mercado, previa producción de prueba.
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La Corte tiene tres posibles sentencias para dictar. La más adecuada sería admitir el recurso extraordinario y revocar la cautelar. Corresponde “abrir” el recurso porque hay, palmaria, gravedad institucional, lo que impone excepcionar la regla general que veda el recurso extraordinario para las medidas cautelares.
Si la Corte opta por el atajo de rechazar el recurso por motivos formales (“hay cautelar, no procede”... y a otra cosa) se congelaría por largo plazo una ley por una decisión infundada, basada en hechos no acreditados. Se vulneraría la decisión de poderes. Y se abriría una ventana de oportunidad a litigantes aventureros, jueces solícitos y Cámaras poco serias. La Corte conoce los peligros de la “cautelar fácil”: los puntualizó con inteligencia y crudeza cuando rechazó una demanda promovida por el diputado Enrique Thomas.
Si la Corte “abriera” el recurso extraordinario y tratara el fondo de la cuestión, tendría la disyuntiva de confirmar la cautelar o de dejarla sin efecto. El cronista cree que se vería en figurillas para explicar que hay un daño cierto o muy verosímil. Pero, en todo caso, debería explayarse, habría que analizar sus argumentos. Y marcaría un límite a audacias procesales que cunden. De lo contrario, destaparía una caja de Pandora para litigantes y jueces chantas o inescrupulosos, que los hay en cantidades.
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De eso se trata, en suma. De la defensa de una norma democrática contra una caprichosa sentencia que deja en el limbo, por plazos vaticanos, un aspecto nodal del nuevo sistema.
A sus Señorías, como a cualquier protagonista, debió molestarles que una muchedumbre se movilizara para condicionarla. Así es la democracia y para eso está la acción directa, válida si se ejercita con apego a las reglas.
El bullicio callejero que hace zumbar los oídos es un condimento esencial de la república. Fastidiados o no, los Supremos deben honrar el derecho vigente, hacerse cargo de la excepcionalidad que implica suspender la vigencia de una ley por una simple alegación de la parte interesada, comprender las consecuencias institucionales de un fallo concesivo con las corporaciones. Internalizar que la equidistancia no es, apenas, despegarse de las consignas tribuneras. También hacer oídos sordos a los halagos, los susurros telefónicos o los aplausos de los palcos VIP. (Agencia Paco Urondo)

30.09.2010

 
Capital Federal (Agencia Paco Urondo)
El martes 28 de Septiembre se realizó la Asamblea General del Centro de Estudiantes de Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Dicha reunión estuvo convocada para las 21 horas, en el Aula Magna de la sede Ramos Mejía, aula 201 pero comenzó pasadas las 22.30 horas.
Miles de estudiantes entre no agrupados y agrupados, se congregaron para poder participar. Romina, estudiante de Ciencias de la Comunicación declaró: “Vengo porque queremos pedir que se levante la toma. Los estudiantes independientes nos estamos organizando hace tiempo para venir y expresar que este Centro de estudiantes no nos representa. Ojalá todos los que estamos hoy acá y que vinimos por nuestra cuenta, podamos votar y que se abra la facultad”. Tatiana, de Relaciones del Trabajo aclaró que “esta toma no tiene el consenso de la mayoría, ya que el edificio nuevo está en construcción, sin embargo, el Centro aprovecha las tomas y los reclamos de los secundarios para desestabilizar la facultad. Igual, el nuevo edificio tarda demasiado tiempo. Los reclamos pueden ser válidos, pero este método no lo es, ya que nos imposibilita seguir estudiando y amenaza con la pérdida del cuatrimestre”. Romina a su vez declaró que “Me dijeron que las mesas de finales de Octubre ya están suspendidas porque no se pudieron presentar las actas”.
Los estudiantes agrupados por la corriente La UES, La Cámpora, La Vertiente y La Cullen se hicieron presentes con banderas argentinas y cantos “Esta es la izquierda de la Sociedad Rural” y “Néstor va a volver con la JP”, poniendo nerviosos a los organizadores de la toma.
Munidos con mate, agua, gaseosas y algún que otro sándwich, los estudiantes estaban listos para llevar adelante una jornada larga de debate multitudinario, de esos que no se ven hace décadas en la facultad. Más de 2 mil personas se hicieron presentes.
Mariana, estudiante de esta facultad, relató en una carta enviada por cadena de mails lo que fueron esas horas de asamblea, donde la mayoría de los presentes hablaba de levantar una toma que tiene escasos precedentes en cuanto a su duración y ninguno en cuanto a sus contenidos:
“Primero nos hicieron ir al aula 201, pero como éramos muchísimos, nos hicieron ir a la calle (RAMOS), a la puerta de la Facu. Con cantitos dejamos en evidencia que éramos muchos más los que queríamos que la toma se levantara. Entonces los del CECSo se llenaron de ira y propusieron ir para Corrientes a hacer la Asamblea ahí. Como era tarde y No era necesario porque estaban dadas todas las condiciones para comenzar, empezamos a gritar que no. Se votó la moción y GANAMOS por mayoría (DEMOCRACIA) quedarnos en Ramos. Con el megáfono se dijo: "nos quedamos acá, votó la mayoría, que comience la Asamblea" y los del CECSo y todas las agrupaciones pro-toma se pararon y dijeron: "NOS VAMOS A CORRIENTES" desestimando nuestro voto y siendo completamente ¡AUTORITARIOS!”
Cabe recordar que la Facultad se encuentra tomada por dirigentes estudiantiles de partidos de izquierda, un conglomerado de agrupaciones denominado “El Tren” que incluye a La Mella, PRISMA y otros, desde el día 31 de Agosto, luego de que se suspendiera en esa fecha la Asamblea Interclaustros, donde se trataría la Comisión de Presupuestos. Dicha reunión fue levantada por el Decano Sergio Caletti. El Decano declaró que la decisión fue tomada “por el patoteo que sufrí yo y los representantes de las demás comisiones. Los estudiantes del Centro vinieron masivamente con cantos y bombos a exigir que se liberen fondos para supuestas becas”. A ese hecho se sumó la ruptura de un vidrio en la sede Marcelo T de Alvear de la facultad y fue el detonante de la toma, en el mismo momento que los estudiantes de colegios secundarios hacían tomas de sus edificios reclamando a Macri por las condiciones edilicias. Los estudiantes de Sociales esperan la construcción del edificio único, el cual estaría terminado, según fuentes consultadas en el Ministerio de Planificación de la Nación, a fines de este año en su segunda etapa, lo que permitirá que se trasladen las carreras de Ciencias de la Comunicación, Sociología y Ciencias Políticas.
Mariana, en su carta, reproducida en esta crónica, supo relatar con fidelidad lo sucedido en esa asamblea del pasado Martes 28 de Septiembre: “Como sin el Centro no podemos seguir la Asamblea, nos vimos obligados a ir hasta Corrientes. Lo que nos encontramos fue absolutamente sorprendente. Las personas que se habían ido, se habían DUPLICADO. Sobre la calle Ramos, la mayoría ¡éramos nosotros!”. Otro estudiante a través de la red social Facebook confesó: “Tengo un amigo en el Centro de Estudiantes de Filosofía, que me contó que recibieron un llamado de la Mella (CECSo), pidiendo apoyo ya que estaban perdiendo en número”. El apoyo de personas ajenas a la Facultad, denunciado por los estudiantes, sumado a una estrategia muy conocida por todos, votar las decisiones a altas horas de la madrugada, lograron que los estudiantes no agrupados desistieran de la reunión deslegitimando la votación. El representante del Centro de Estudiantes que auspiciaba de moderador pidió que se vote si se decidía la toma antes de que termine la lista de unos cien oradores o después. Muchos votaron por decidir antes ya que se habían escuchado a oradores que estaban a favor y en contra de la medida con sus respectivos fundamentos. Mariana relataba: “De hecho escuchamos a una militante del PO que decía ‘estiralo, estiralo que se van a ir’. Finalmente, cuando se había retirado el ochenta por ciento de los presentes, se votó por continuar con la toma a puertas cerradas.
Los reclamos no tardaron en hacerse escuchar por redes sociales, cadenas de mails y foros, en donde se denuncia la ilegitimidad y el autoritarismo de los “tomadores” debido a la poca representatividad, tanto del voto en la Asamblea como de la toma, y pidiendo que se abran las aulas. La agrupación la UES declaró que seguirá llamando a charlas por el Espacio Abierto de Sociales, donde se llama a debatir sobre el conflicto y buscar soluciones. En un comunicado declararon que la facultad se encuentra “con graves problemas de representatividad política”.
Habrá una nueva Asamblea convocada para el próximo viernes 1 de Octubre. Esta historia aún no terminó.
 
(Agencia Paco Urondo)
 
 

27.09.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo en el blog El Infierno de Dante) Una de las anécdotas más recordadas en torno a la figura de Borges tiene que ver con aquella indignidad a la que lo sometió el gobierno peronista al designarlo como Inspector de aves y conejos. Este castigo era la consecuencia de la posición política de Borges: esta suerte de fobia aristocrática hacia el “aluvión zoológico” y hacia la democracia entendida como “un abuso de la estadística” funcional a la “tiranía de los pobres”. ¿Pero cuáles son los fundamentos ideológicos que oponían el anarquismo conservador del autor de Ficciones al gobierno popular de Perón?
La clave central, a mi juicio, pasa por los pensadores que en la tradición anarquista y liberal sentían un profundo rechazo por el Estado. Por ello no debe sorprendernos que haya influido en Borges la lectura de El Único y su propiedad, del anarquista extemporáneo Max Stirner, tan criticado por Marx; o el liberalismo conservador de Spencer y de un profeso admirador de éste: Macedonio Fernández.

Con su amigo Macedonio, Borges repelía lo que se entendía por “maximalismo”, esto es, el crecimiento del Estado, pues implicaba una amenaza para el desarrollo de la libertad individual. En esta línea, como para muchos otros observadores de la época, el peronismo era homologado a los grandes movimientos estatalistas: nazismo, stalinismo y fascismo.
Un buen resumen de sus ideas políticas las da Borges en un pequeño ensayo de 1946, “Nuestro pobre individualismo”. Allí pregona por la formación de un partido conservador que reduzca el Estado a la mínima expresión y denuncia a los “nacionalistas” por no comprender la verdadera naturaleza de los argentinos, esto es, su virtuoso individualismo antiestatal.
Para Borges el argentino es individuo antes que ciudadano, lo cual explicaría por qué observamos al Estado como un otro que desde un exterior viene a quitarnos aquello que nuestro mérito individual se encargó de conseguir.
Borges aventura las razones de este rechazo a lo estatal con dos apreciaciones: la primera es el rezongo aristocrático de aquel que ve a la política y al Estado como una inmensa burocracia corrupta; la segunda, más filosófica, indica que el Estado no es más que una ficción.
Aquí se observa en Borges una herencia de tradición empirista: la realidad es siempre individual. Así, el “Estado”, el “Mercado”, el “Pueblo” no son más que abstracciones que no se corresponden con la realidad. Simplemente las hipostasiamos, esto es, las imaginamos como dotadas de voluntad y luego, en un descuido nos confundimos y le atribuimos pasiones y decisiones propias.
Dicho esto, ¿hace falta aclarar las razones por las que Borges veía en Perón y el peronismo un fenómeno monstruoso y amenazante? ¿O qué otro lugar podía ocupar un movimiento que ponía al Estado como propulsor de políticas de ampliación de ciudadanía con una construcción que privilegiaba lo colectivo y que tenía como interlocutor preferido al pueblo?  (Agencia Paco Urondo)

24.09.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) En 1954, superada la crisis económica y después de ganar por dos tercios de los votos  la elección de vicepresidente, el gobierno peronista parecía haber alcanzado la cúspide de su éxito. Pero, según dice Félix Luna[1]: “esta monolítica estructura se desplomaría a la vuelta de un año. Y no por ataques externos, sino por los asombrosos errores de su propio constructor.” Ese año estalló el conflicto con la Iglesia, y Luna se pregunta “¿Que motivaciones pudieron haber inspirado a Perón para insistir con una política tan insensata?... (la explicación) debe plantearse, más  bien, en términos psicológicos: quizá haya que buscarla en esos agotadores nueve años de presidencia, en el ambiente de obsecuencia que lo rodeaba, en el reiterado ejercicio de un poder absoluto.”[2] 
Para alguna bibliografía la causa del enfrentamiento fue el tema de la juventud. El desarrollo de la Unión de Estudiantes Secundarios, a la que Bonifacio del Carril llama una forma de “halagar las bajas pasiones del dictador”, era competencia con la Acción Católica Argentina en el encuadramiento de los jóvenes. Pero a pesar de lo que pudo haber influido, no parece suficiente para explicarlo.
 
Para el pensador católico Carlos Chiessa, “a partir del segundo gobierno justicialista (1952), el proceso revolucionario se profundizará,”[3] en lo que Perón había llamado la Comunidad Organizada. Era una institucionalidad diferente, que sin excluir las instituciones de la Constitución, propias de la democracia liberal, incorporaba otras que correspondían a los sectores de la sociedad. Así nacieron la CGP y la CGU que se sumaron a las ya existentes CGT y CGE. “El Movimiento Justicialista...tuvo una concepción propia acerca del papel de la Iglesia… Aquí reside una de las claves de este problema”.[4]
 
A su vez la Iglesia tenía su propio proyecto de inserción social a través de organizaciones de profesionales católicos, así como de una penetración (“infiltración”, la llamaría el peronismo) en los gremios, y no estaba dispuesta a encuadrarse en la  institucionalización propuesta.
 
El conflicto entre la Iglesia y el Estado ha sido tan antigua como mundo cristiano. En el caso de la Argentina Justicialista, la condición cristiana, pero no confesional, del Movimiento Peronista, generaba ámbitos de disidencia. A su vez, en Roma, gobernaba un Pontífice político, Pío XII. Preocupado por la reconstrucción de Europa, tras la Guerra fue “un crítico agudo del proyecto cientificista y tecnocrático capitalista, advierte el incremento y amenaza del poder soviético y pone su atención en las reservas de la Iglesia: España, América Latina y las dinámicas misiones africanas.”[5]
 
Estallado el conflicto, el peronismo sufrió al mismo tiempo una sangría de católicos que se alejaban y el debilitamiento de las convicciones de muchos que quedaron adentro. Este debilitamiento fue importante en la oficialidad de las fuerzas armadas.
 
Tras el cruento bombardeo de Plaza de mayo, el Líder llamó a la pacificación, y declaró concluida la Revolución Justicialista, por lo que terminaba la situación de excepción y se entraba en una etapa de normalidad, por lo que se permitió el acceso a las radios de los políticos opositores. Al asumir Oscar Albrieu el ministerio del Interior le dijo al presidente que si se trataba de reprimir, que llamara a otro. Perón lo tranquilizó: “dígale a su amigo Frondizi que no voy a presentarme a otra reelección en 1958.”
 
Pero la respuesta no fue la esperada. Los políticos exigieron por radio la renuncia del primer mandatario, y los comandos civiles se entretuvieron asesinando vigilantes en las esquinas. La conspiración siguió adelante.
 
El 31 de agosto, considerando que la pacificación había fracasado, Perón ofreció su renuncia, lo que fue rechazado por una manifestación popular en la Plaza de Mayo. De la larga alocución de esa tarde, los enemigos del gobierno sólo rescatarían las palabras más violentas, especialmente la frase que anunciaba: “¡Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos!” Sin embargo, esta terrible amenaza no se cumpliría, aunque serviría para convencer a los conspiradores que todavía estuvieran dudando.
 
El 16 de septiembre se inició el levantamiento. La reacción militar permitió que los principales focos fueran acorralados. Pero la marina anunció que si Perón no renunciaba, los cañones navales destruirían la destilería de YPF en Eva Perón (La Plata), amenazando con ataques sobre otros puntos del Gran Buenos Aires. Después de lo ocurrido en junio, no había motivos para pensar que se trataba de una bravata.[6]
 
No faltó quien propuso que se llevara a los lugares elegidos como blancos a los familiares de los bravos marinos, pero el presidente desechó la idea. Por el contrario, el día 19 presentó una nota en que ofrecía su renuncia si era la condición para evitar la guerra civil. A las 2 de la mañana del 20, “Perón llamó a Atilio Renzi (mayordomo de la Residencia Presidencial) y le dijo: ‘Mire, Renzi, me voy’. Ordenó algunos papeles, tomó el dinero que éste le había reunido, se entregó unas horas al descanso y, alrededor de las 8, partió rumbo a la Embajada del Paraguay.”[7] Desde ahí sería llevado, por seguridad, a una cañonera de esa bandera que estaba en reparaciones en el puerto, para partir luego en avión a Asunción.
 
¿Por qué se fue?
 
Desde ese día de 1955 han sido tema de debate los motivos de que el General no aprovechara su superioridad militar y su inmensa popularidad, para aplastar a los rebeldes. Naturalmente, sus enemigos se llenaron la boca con su presunta cobardía. A esto contestó a Félix Luna: “-¿Cobarde?-nos dijo en Madrid, en 1968-. ¡Si los generales nunca mueren en las batallas, nunca mueren con las botas puestas! Ellos no pelean; mandan que peleen los soldados!”
 
Desde una interpretación marxista, Milcíades Peña va más allá que la mera cobardía, aunque no la excluye: “En verdad, no fue la matanza lo que Perón trató de evitar, sino el derrumbe burgués que podría haber acarreado el armamento del proletariado. La cobardía personal del líder estuvo perfectamente acorde con las necesidades del orden social del cual era servidor (…) La  caída ingloriosa del régimen peronista dio lugar, pues, a gérmenes de una insurrección obrera. Diez años de educación política peronista y el ejemplo de la dirección peronista se encargaron de que esos gérmenes no prosperaran.”[8] 
 
 
Más personalizada es la interpretación de José Pablo Feimann, un ex joven peronista que muchas veces hace pensar en enojos de adolescente con su padre: “Que quede claro: Perón se va con un Ejército que le sigue siendo leal y es superior al enemigo. Con una CGT decidida a la lucha. Y con los obreros que se habían olvidado de los amparos del Estado de Bienestar y se la jugaban por él. Lo que falla es la conducción.  … La conducción huye. … ¿Perón quiso evitar una guerra civil? ¿Fue víctima de sus condicionamientos de clase? … Si fue un líder combativo, ¿no tenía esa combatividad los límites de la coalición militar, empresarial, burguesa y proletaria que le dio textura? Todo eso es posible. Una cosa fue real: en septiembre de 1955, a todos los que salieron a pelear, el conductor los dejó solos… Todos querían pelear, pero el jefe los abandonó.”[9]
 
Nos preguntamos: ¿todos querían pelear? Perón estaba desgastado, seguramente, por diez años de gobierno personal. Con más razón, luego de la muerte de Evita, que no era una revolucionaria contradictoria del general facho, sino su única interlocutora válida desde una posición de la más estricta lealtad. Pero eran muchos los que estaban desgastados por diez años de combate permanente. Por que si la Revolución Justicialista no era revolución para ciertas categorías académicas, sí lo era para sus enemigos que la combatieron con saña.
 
Dijimos que el conflicto con la Iglesia había debilitado lealtades militares. El general Alberto Morello era el jefe militar de Córdoba, y como el marqués de Sobremonte en 1806, estaba viendo una función de teatro. Y como el virrey de la mala fama, no creyó en la importancia de los informes y se fue a dormir. Durante su sueño, los revolucionarios se apoderaron del comando de la Escuela de Artillería, con lo que provocaron  un desagradable despertar al jefe de ésta, coronel Juan B. Turroni, quien también dormía y que fue herido al intentar resistirse. Años después Morello diría : “Sinceramente,… pensé que Lucero estaría muy nervioso y que por eso llamaba; jamás supuse que los militares se alzarían contra el Gobierno, pues sólo se esperaba un levantamiento civil.”
 
Las tropas que debían reprimir la rebelión estaban al mando del general José María Epifanio Sosa Molina. Su disposición para la lucha parece expresarse con comentarios como este: “Nadie hablaba de revolución, porque con la frustrada intentona de Videla Balaguer en Río Cuarto pensamos que habría paz por largo tiempo.”
 
Quedaba la CGT y las posibles milicias obreras. Pero la central, al menos sus líderes de entonces, aconsejaron a los trabajadores mantenerse en calma. Al día siguiente de la derrota insistieron sosteniendo “la necesidad de mantener la más absoluta calma y continuar las tareas”. Recién ante el golpe interno que desplazó a Lonardi se manifestarían como no lo habían hecho al caer Perón.
 
Norberto Galasso, a quien Feinmann acusa de juzgar desde un punto de vista demasiado peronista critica “La miopía de los analistas políticos liberales (que) los llevará a juzgar que la renuncia se origina en la supuesta cobardía del General. No observan los movimientos profundos de las aguas que son los que explican las olas y la espuma: ese frente policlasista que sostenía a Perón –Iglesia, empresarios, Ejército, trabajadores- se ha desintegrado, y su conductor, ya sin sustento, no tiene otra alternativa que abandonar el escenario de la política argentina.”[10] Y Joseph Page, en su lúcida interpretación del personaje y de la época, se acerca a las verdaderas causas cuando dice: “¿Por qué abandonó Perón su puesto sin luchar? La victoria militar parecía estar al alcance de la mano, especialmente considerando la inminente derrota de Lonardi en Córdoba. Sin embargo, el levantamiento de la marina en su totalidad, el control de un sector del territorio por parte de los rebeldes en Cuyo y el compromiso asumido por muchos civiles de combatir el gobierno hasta su derrumbe hacen pensar que la caída de Córdoba no hubiera significado la terminación de la guerra civil. Por todo ello, Perón debe haber llegado a la conclusión de que si el conflicto se prolongaba indefinidamente le hubiera sido imposible triunfar.
 
…Aun en el caso en que él hubiera efectivamente pensado que podía aplastar la rebelión, Perón pudo haber optado por alejarse. A menudo se refería a la terrible tragedia de España –cuyas consecuencias él había tenido oportunidad de ver con sus propios ojos- como una razón suficiente para evitar un holocausto similar en la argentina. El sabía muy bien lo que hacía falta para derrotar a los rebeldes en una guerra prolongada pero, asimismo, percibía lo que se necesitaría para gobernar el país una vez concluido el conflicto. Sólo iba a ser posible una dictadura férrea; él no iba a poder hacer el papel de moderador, de arquitecto de la unidad nacional, de conductor de una ‘comunidad organizada’. No valía la pena luchar para obtener ese tipo de victoria: por eso abdicó.”[11]
 
La lectura equivocada del General
 
Más de una vez hemos dicho que quienes nos dedicamos a la historia tenemos una ventaja inapreciable sobre los politólogos, sociólogos y, sobre todo, protagonistas de los hechos pasados. Jugamos al Prode con el diario del lunes. Desde ahí nos atrevemos a decir que, aunque no sabemos que hubiera ocurrido de haber procedido Perón de otra manera, creemos que equivocó el diagnóstico.
 
“Estallada la revolución, el día 18 de septiembre la escuadra sublevada amenazaba con el bombardeo de la ciudad de Buenos Aires y de la destilería de Eva Perón (La Plata, EM), después del bombardeo de la ciudad balnearia de Mar del Plata. Lo primero, de una monstruosidad semejante a la masacre de la Alianza[12]; lo segundo, la destrucción de diez años de trabajo y la pérdida de cientos de millones de dólares. Con este motivo llamé al Ministro de Ejército, General Lucero, y le dije: `Estos bárbaros no sentirán escrúpulos en hacerlo, yo no deseo ser causa para un salvajismo semejante.´ Inmediatamente me senté al escritorio y redacté una nota que es de conocimiento público y en la que sugería la necesidad de evitar la masacre de gente indefensa e inocente, y el desastre de la destrucción, ofreciendo, si era necesario, mi retiro del gobierno.”[13]
 
“Yo no me arrepiento de haber desistido de una lucha que habría ensangrentado y destruido al país. Amo demasiado al Pueblo y hemos construido mucho en la Patria para no pensar en ambas cosas.”[14]
 
En declaraciones periodísticas realizadas años después, Perón sostuvo que había preferido evitar una guerra civil[15] y por eso había abandonado la lucha cuando tenía las mayores posibilidades de ganarla. La exaltación de los odios se centraba, creía, en su persona. Dejando la presidencia, y más allá de los abusos inevitables y las pequeñas venganzas que seguirían al establecimiento del poder revolucionario, lo fundamental de la obra de su gobierno habría de mantenerse. Tal vez más adelante, cuando las pasiones se acallaran y cuando los errores de los gobiernos sucesivos pusieran en evidencia las virtudes del derrocado, seguramente regresaría para ser reconocido y gobernar sin la oposición exaltada del ´55.
 
Perón se equivocó en el diagnóstico. Seguramente el agotamiento psíquico y físico por su largo gobierno en soledad, en una soledad que se había incrementado hasta el vacío con la muerte de Eva, había disminuido su espíritu de lucha. Pero no parece injusto concederle el beneficio de la duda cuando explicaba que fue el temor a que la Argentina sufriera las consecuencias de una guerra civil como la que él había visto en España, lo que lo llevó a ofrecer su retiro del poder
 
No era la primera vez que buscaba una salida de ese tipo. El 31 de agosto, al comprobar que su llamado a la pacificación no había tenido éxito, se había hecho eco del reclamo de la mayor parte de los dirigentes opositores y había ofrecido su renuncia a la presidencia. Por la tarde, ante la multitud reunida en Plaza de Mayo para exigirle que la retirara, lo hizo. Todo habría sido una maniobra, y así lo creyeron los opositores, que se decidieron, si todavía no lo habían hecho, a actuar ante el peligro. Y también lo creyeron muchos peronistas que se sintieron dolidos por el manejo de sus sentimientos que parecía hacer el presidente. Sin embargo, la inútil maniobra se parecía mucho a la conducta que Perón había tenido en 1945 cuando, estando en superioridad militar sobre los rebeldes de Campo de Mayo que pedían su renuncia no hizo lo que le aconsejaban sus colaboradores uniformados y dejó el poder para no mantenerlo por la fuerza.
 
En 1945 y en agosto y septiembre de 1955 actuó con coherencia. No quiso seguir el poder, o mantenerse en él, por la fuerza militar. Siempre sostuvo que ésta es frágil y termina por quebrarse, y en todos los casos –el 17 de octubre, sus tres presidencias- su sustento político fue la voluntad popular. Además, debiéndoles el poder a los militares, se convertía en un prisionero de las fuerzas armadas. Algo de eso había ocurrido después del 16 de junio, cuando se rompió el equilibrio interno que siempre había existido entre militares, sindicalistas y otros sectores que integraban el movimiento peronista.[16]
 
No sólo Perón creyó que la Revolución Libertadora no significaría una vuelta a 1943. El mismo Lonardi, con su proyecto de peronismo sin Perón intentó que su cruzada embanderada con la consigna Cristo Vence se limitara a terminar con lo que consideraba los excesos del régimen depuesto. Había que meter presos a los ladrones y a expulsar al tirano, que en su megalomanía se dedicaba a pasear en motoneta con adolescentes y se había lanzado contra la Iglesia, pero había que mantener en pie todo lo demás. El 13 de noviembre, los ultra gorilas que lo destituyeron pusieron en evidencia que se trataba de terminar hasta con el recuerdo del peronismo.
 
Pero esa es otra historia.

[1]Luna, Félix, director, La Historia de Nuestro Siglo, Perón contra la Iglesia, pag. 10

[2]Idem, pag. 27.

[3]Chiessa, Carlos, Iglesia y justicialismo., pag. 14.

[4]Idem, pag. 17.

[5]Chiessa, Carlos, ob. cit., pag. 15

[6]La amenaza, militarmente, no era decisiva. El gobierno podía abandonar la capital y seguir la lucha desde el interior. Los aviones leales, que no podían atacar a la Flota por que Buenos Aires estaba cubierta de nubes, en algún momento tendrían el cielo despejado. Lonardi no tardaría en caer y lo mismo podía ocurrir con Puerto Belgrano. Lagos, solucionado el problema de Córdoba , podía ser atacado desde varios frentes.

[7]Chávez, Fermín, Cantoni, Juan Carlos, Manson, Enrique y Sulé, Jorge, Historia Argentina Contemporanea, tomo XIV, pag. 44..

[8]Peña, Milcíades, Masas, caudillos y elites, p. 128-129
 

[9] Feinmann, José Pablo. Peronismo  p.95

[10]Galasso, Norberto, Perón Tomo 1, p.722

[11] Page, Joseph, Perón Todo 2 p. 79

[12] Luego de la caída de Perón el Ejército destruyó a cañonazos el edificio de la Alianza Libertadora Nacionalista en el centro de Buenos Aires.

[13] Declaraciones a la United Press del 5 de octubre de 1955 (En La fuerza es el derecho de las bestias, pag. 6)                                                                              

[14] Ibídem

[15] Había pasado por España después de la Guerra Civil. Durante su exilio diría que los españoles habían dedicado cuarenta años a reconstruir lo que destruyeron en tres años de guerra.

[16] Durante la misma Resistencia, Perón se preocupó siempre en que las propuestas golpistas, de peronistas o afines, no fueran la metodología primordial de la lucha.(Agencia Paco Urondo)

15.09.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Con más de 500 firmas, los docentes de Ciencias Sociales de la UBA emitieron un documento para dejar en claro que la facultad -tal como ocurre con otras tres de la misma universidad- no tiene nada que ver con el conflicto que se desató en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con los alumnos de las escuelas secundarias. Los últimos detalles del conflicto.
En la Ciudad, hay una subejecución del presupuesto educativo -se utiliza un ínfimo porcentaje de los fondos aprobados por la legislatura-, para lograr que en el debate del próximo presupuesto pueda reducirse lo destinado a Educación y usar los recursos para otros fines. Eso genera un vaciamiento de las escuelas del distrito, bajos sueldos docentes -un record histórico- y condiciones pésimas de cursado, con edificios que si no se caen, es por milagro.  En Sociales hay retrasos en la construcción de un edificio nuevo, que albergará a todos los estudiantes que hoy cursan en otros dos lugares, en muy malas condiciones. El edificio nuevo, que si bien viene atrasado, hoy está en plena construcción, contempla entre otras cosas un comedor estudiantil provisorio -cuya ubicación los dirigentes del Centro de Estudiantes fueron a visitar personalmente-, que cuando se termine de construir el edificio, será reemplazado por un nuevo comedor, cuyas instalaciones serán las mejores de toda la universidad.
Debido a que el Centro de Estudiantes está por definir la fecha de elecciones y hay sectores que necesitan con urgencia un conflicto, aprovecharon la ocasión de la lucha de los secundarios de la Ciudad para tomar los edificios, incluido el que está en construcción, desalojaron a las autoridades y comenzaron a gobernar la facultad, pretendiendo que los docentes dicten clases en la calle o en un estacionamiento, imponiendo decisiones en materia de postgrados, cambios en el dictado de clases y hasta modificaciones en algunos programas de estudios.
También provocaron daños en el edificio nuevo para hacer un comedor estudiantil, lo que no sólo atrasará la construcción sino que además, según los inspectores de obra, pone en riesgo todo el sistema sanitario del edificio y obligará a los constructores a retirar la garantía, ya que se violaron los planos originales. A horas de perderse el cuatrimestre, ya que los tiempos pronto no alcanzarán para una reprogramación, con alumnos que se recibieron pero por la toma no pudieron recibir su título, con el postgrado paralizado y con la construcción del edificio nuevo en serio riesgo por la acción de los propios tomadores, los docentes fijaron posición, para que la falsedad de la suma "cómoda" de Macri + UBA quede al descubierto.
A la comunidad académica de la Facultad de Ciencias Sociales y a quienes sostienen cotidianamente la Universidad Pública

El martes 31/8 se interrumpió el funcionamiento del Consejo Directivo y se inició la toma progresiva de las tres sedes de nuestra Facultad de Ciencias Sociales.
Desde ese momento una gran mayoría de docentes venimos atravesando una situación de difícil resolución. Nos vemos impedidos de cumplir con libertad nuestro trabajo en las aulas. Estamos siendo afectados por no poder ingresar a las sedes para cumplir con nuestras responsabilidades académicas, de investigación y de extensión de las que somos actores cotidianos al igual que la mayoría de los estudiantes, graduados y trabajadores de la Facultad que no pueden dar trámite a la innumerable cantidad de expedientes por los que se resuelven designaciones, convenios, pagos, pasantías, concursos de profesores y auxiliares y otros...   
Para muchos de nosotros esta no es la primera vez que atravesamos un conflicto derivado de la utilización y/o condiciones del espacio físico de una o más sedes de nuestra facultad. Pero, esta vez, las comunicaciones públicas dan cuenta de otros requerimientos, tales como subsidios al Centro de Estudiantes, desacreditación de postgrados de la CONEAU, además de la solidaridad con el movimiento de los estudiantes secundarios. 
Como docentes de la Facultad de Ciencias Sociales creemos importante hacer oír nuestra opinión. Es cierto que es menester mejorar las condiciones de trabajo, pero al ver el estado de desarrollo de las obras en el Edificio de la calle Santiago del Estero, el crecimiento del salario docente y el gasto en infraestructura académica, vemos que son hechos muy distintos a lo que ocurre en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde se denuncia la ejecución ínfima del presupuesto educativo. 
Más aún, así como nunca naturalizamos el trabajo en condiciones poco aceptables y nos hemos movilizado y protestado por la obtención de un nuevo edificio, no podemos aceptar la naturalización de la toma como medida inicial y única de protesta. Los perjuicios son innumerables y la afectación de la regularidad y calidad de la actividad académica un riesgo presente. 
Es razonable dar clase en la vía pública o en lugares no previstos para ello cuando circunstancias graves aconsejan esta medida como excepcional herramienta de posicionamiento colectivo. La vida democrática de la Facultad permite que lo que ahora se discute sea planteado en otras condiciones distintas.  
Nos preocupa que se pierda o precarice la actividad del cuatrimestre y no se puedan cumplir los compromisos de posgrado, investigación y extensión que asumimos como institución pública frente a la sociedad.       
La opción por la Universidad pública, gratuita, cogobernada es para nosotros un compromiso irrenunciable. No estamos de acuerdo ni con la precarización de la educación, ni con la institucionalización de prácticas de subsidio a la política ni con la banalizaciónla Universidad.
 El pueblo argentino sostiene el funcionamiento de esta y otras facultades y universidades Instamos a que sea el diálogo franco sin medidas de fuerza, explicitando las demandas y las diferencias, pero con vocación de preservar y engrandecer a la Universidad y a la Educación Pública, el modo de tratar las reivindicaciones y satisfacerlas. (Agencia Paco Urondo)

15.09.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo, en Tiempo Argentino) Los Kirchner comprendieron que este proceso es como una bicicleta y mantiene su equilibrio en la medida en que avanza. Por eso la palabra que significa este avance es: ‘profundización’.
La discursean los funcionarios. La nombran los militantes. La mencionan los medios. La palabra “profundización” se ha convertido en un fetiche en el marco del proceso político abierto en 2003. Un título puesto en letras de molde del discurso de todos aquellos que bancan desde distintas perspectivas al gobierno de Cristina Fernández.
Esa palabra se ha impuesto, incluso, al contradiscurso generado desde los gorilopolios mediáticos, que era el del “consenso”. Esta palabra, entendida casi como una defensa irrestricta del status quo, la habían empezado a instalar los sectores reaccionarios después de las dos victorias tácticas importantes y consecutivas (campo y elecciones de junio), a través de la conducción material que ejercen las corporaciones económicas (nunca más explícita que hoy, después de ver los políticos aplaudiendo el discurso antipolítico de Biolcati en la Sociedad Rural o los “peronistas” disidentes yendo a pedir línea al CEO de Clarín, el aprendiz de brujo de Magnetto).
“Consenso” se había convertido en la advertencia de que era imposible tocar los privilegios existentes, pues sin diálogo con los sectores oligárquicos se hacía imposible gobernar. En este sentido era el antónimo de “crispación”. Así definían el enojo de la “pareja presidencial” frente a los obstáculos que permanentemente ponían ante el desarrollo de su proyecto político. Kirchner hizo una correcta lectura de ambas derrotas, planteando que no se había perdido por lo hecho sino por lo que faltaba hacer. Comprendió el error de una campaña que basaba su fuerza en la defensa irrestricta de lo hecho, y que no llegaba a enamorar políticamente a las masas porque no tenía una utopía de carácter épico, un horizonte de construcción de una sociedad más justa para ofrecer. Pero además, comprendió que ningún proceso de transformación se asienta sobre el equilibrio con aquellos que quieren que nada cambie, esto es, con la oligarquía que es beneficiaria de las desigualdades económicas. Los Kirchner comprendieron que este proceso es como una bicicleta y mantiene su equilibrio en la medida en que avanza. Por eso la palabra que significa este avance es: “profundización”.
¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de “profundización”?En lo económico la definición es clara: una distribución más equitativa de la riqueza. En los últimos tiempos ha vuelto el discurso de la necesidad de restablecer el famoso 50 y 50 de los días felices del peronismo. Aunque hay aquí un cuello de botella respecto de determinados aspectos del modelo económico vigente, y es que ese nivel de distribución del PBI no puede alcanzarse a través del crecimiento sostenido a “tasas asiáticas” sino a través –como lo fue históricamente– de afectar la estructura de la propiedad. Es preciso ir no sólo contra los enemigos declarados actuales, sino también meterse con el manejo de recursos estratégicos que hoy muchas veces están en manos de grupos económicos transnacionales o corporaciones locales. Esto último no entusiasma mucho a los sectores más conservadores que apoyan este proceso, y que aconsejan prudencia.En lo cultural “profundización” significa avanzar sobre los núcleos de poder oscurantista, como el sector reaccionario que conduce la Iglesia –en este sentido el matrimonio igualitario se convirtió en la gran victoria del período– pero, y sobre todo, dar la gran batalla comunicacional con los monopolios mediáticos que continúan otorgando sentido, explicando la realidad desde su prisma de intereses. La Ley de Servicios audiovisuales es una herramienta fundamental para esta pelea, pero hay que entender que es un punto de partida y no un punto de llegada. Programas como 6,7,8, Duro de Domar o TVR, de la productora de Gvirtz, medios gráficos como Tiempo Argentino, Miradas al Sur o El Argentino, del grupo Spolsky, son instrumentos útiles para dar debates. Estos recogieron su fuerza de impacto en la ausencia casi total de una voz distinta del pensamiento único de los gorilopolios. Es preciso aclarar que para que exista una verdadera comunicación popular, esta debe multiplicarse no en la construcción de grandes grupos que compitan con los grandes pulpos del enemigo, sino en una multiplicidad de voces pegadas a la realidad concreta y cotidiana de nuestro Pueblo. Como muestra, baste un ejemplo: nada cambia si un argentino de la Puna escucha un embotellamiento en la General Paz relatado por un medio “compañero” o uno “gorila”. Cambia si es ese argentino el que cuenta a través de sus propios medios la realidad que vive. Respecto de lo político, la profundización es quizás lo más controversial. Para nosotros es una verdad incontrastable que no se puede enfrentar a los enemigos de la Patria sin organizar a una porción cada vez más grande del Pueblo. Este es, en gran medida, uno de los saldos deficitarios de este proceso. No es propio todo aquel que juega de este lado de la cancha. Es preciso organizar un equipo y que todos tengan claro qué rol juegan. Y esto no es sólo una crítica hacia quienes conducen, es decir, Kirchner y Cristina, sino y sobre todo una reflexión crítica sobre el rol que tiene que asumir la militancia nacional y popular. Es imperioso que la militancia deje de pensar desde los zapatos de Kirchner para construir sus propios zapatos. La construcción política debe ir de la mano de la ocupación de resortes de decisión en el Estado para ponerlos al servicio de la construcción de poder popular. Existe toda una generación que se formó en el combate contra el neoliberalismo pero que hoy prácticamente no tiene lugares de decisión. Es preciso meter en el Estado a esos cuadros formados en esa ética militante vinculada directamente a las luchas populares, de entonces y de ahora. Pisar el barro forja una forma distinta de pensamiento que sólo saber pisar alfombras. Construir la propia fuerza dando poder a los sectores populares, haciéndolos sujetos de la decisión política, eso es en definitiva la profundización en el plano político. (Agencia Paco Urondo)

13.09.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Del 7 de setiembre al 12 de octubre, todos los martes a las 19:30 hs. Se entregarán Certificados de Asistencia. N/D Ateneo PARAGUAY 918 Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Informes: N/D ATENEO 4-328-9191 (int. 113) / 4-328-2888 (boletería). Centro Cultural Enrique Santos Discépolo 4865 6929 Bono Contribución $10.
PROGRAMA
I.- El peronismo del 45. Crisis y agotamiento del modelo agroexportador. Construcción del Frente Nacional. El proyecto nacional: aspectos económicos, sociales y jurídicos. La renta agraria diferencial. Política latinoamericanista. La oposición de los viejos partidos. La oposición de los medios de comunicación. Relaciones externas: FMI y Deuda Externa. El rol de Eva Perón. Constitución del 49 y "Comunidad organizada". La segunda presidencia de Perón. Causas de su derrocamiento.
II.- El Peronismo de la resistencia. Proscripción y represión. El pacto para reagrupar el frente nacional. Cooke y sus planteos. La reorganización del movimiento obrero y sus congresos más importantes. Las divergencias internas: peronismo, vandorismo, CGTA y participacionismo. La crisis de "la democracia restringida". El Cordobazo. Una poderosa marea social y las organizaciones armadas. Una partida de ajedrez entre Perón y Lanusse
III.- El triunfo del 11 de marzo de 1973. Presidencia de Cámpora. El regreso de Perón. Su tercera presidencia. Los antagonismos internos. Perón, Jotapé y Montoneros. La puja entre los diversos sectores del movimiento. Muerte de Perón y declinación del gobierno. El Rodrigazo. Golpe del 24 de marzo de 1976
IV.- El Peronismo y la dictadura genocida. Pérdida de cuadros políticos y militantes. El sector resistente de los sindicatos. Elecciones de 1983 y primera derrota electoral del peronismo. El gobierno de Alfonsín y la oposición de los gremios. La renovación peronista. Elecciones del 89 y triunfo de Menem. El período menemista y los responsables de una política antinacional. Rebeldía del grupo de "los 8", CTA y MTA. Vaciamiento ideológico. ¿Ha llegado el fin del peronismo? Nueva derrota electoral de 1999. La Alianza en el poder
V.- Crisis económica y política del 2001. Las asambleas populares. Una dirigencia política irrepresentativa. Las elecciones del 2003. El kirchnerismo al poder. La transversalidad. Reivindación de los derechos humanos. Reconversión de una economía de especulación a una economía productiva. Política latinoamericana: ALCA, UNASUR. Relación externa: Deuda y FMI. Repolitización de la sociedad. Altas tasas de crecimiento económico. Recupero del rol del Estado. Crecimiento electoral. El triunfo electoral de Cristina Fernández de Kirchner
VI.- El gobierno de Cristina. Etapa social. El conflicto con el campo por la Resolución 125. La Socidad Rural y los grandes medios de comunicación. Política de la oposición y de los partidos de izquierda. La crisis económica mundial y las medidas anticíclicas. Las elecciones del 28 de junio de 2009. La oposición tradicional y de sectores de izquierda. Los avances de la política social. La oposición mediática, ¿Una nueva Unión Democrática?. Perspectivas del 2011. (Agencia Paco Urondo)

06.09.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo)
Primero vino Uriburo
Diciendo: yo lo acomodo
Pero lo arregló de un modo
Q’uera mejor el barullo.
Dejó arreglado lo suyo
Y empeoró lo de todos
 
Arturo Jauretche
El paso de los libres
 
 
El 6 de septiembre de 1930, cuando el general José Félix Uriburu entraba en la Casa Rosada encabezando la marcha de los cadetes del Colegio militar, muchas cosas terminaban y muchas otras comenzaban en la Argentina. Algunos historiadores hablan del 6 de septiembre como del primer golpe militar, pintando el período que corre entre la batalla de Pavón, en 1861, y 1930 como un largo tiempo de estabilidad institucional, en que la democracia no fue conmovida por intervención militar alguna. Sin embargo se trataba, en todo caso, del primer golpe militar  triunfante, y más precisamente, del primero del siglo XX.
 
La Causa y el Régimen
 
El Granero del Mundo, pese a sus instituciones pretendidamente republicanas, era gobernado por la misma oligarquía terrateniente que manejaba el poder económico. El rémington y los ferrocarriles habían permitido que el Ejército de línea terminara con las montoneras, y los hijos de los gauchos federales debieron guardar la lanza y los recuerdos de sus viejas luchas o soportar el castigo de la frontera donde se matarían mutuamente con los indios, como tributo a la civilización. Es lo que relata José Hernández en su Martín Fierro.
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Los inmigrantes, llegados por la atracción de la prosperidad económica y el espejismo del fácil acceso a la tierra, no tenían expectativas políticas, de modo que no fueron obstáculo para el régimen oligárquico. Pero, con el tiempo, sus hijos, que no soñaban con el regreso al país de sus padres y sentían la Argentina como propia, reclamaron una participación política que no era legítimo negar. La Unión Cívica Radical y su caudillo, Hipólito Yrigoyen, enmarcaron la exigencia, sumándolos a los hijos de los viejos federales, que ahora reemplazaban la lanza por la libreta de enrolamiento.
 
Yrigoyen era  un caudillo que conservaba mucho de los que habían conducido a los montoneros federales, con un patriotismo que se oponía a la condición  semicolonial del régimen, al que enfrentaba desde el principio de la voluntad popular.
 
Tras la ley Sáenz Peña, los gobiernos radicales de Yrigoyen (1916-1922), Marcelo T. de Alvear (1922-1928), y nuevamente Yrigoyen desde este último año, serían tolerados de mala gana por la oligarquía., cuyo poder económico no había sido afectado. Diversos factores acabarían con su paciencia y con la de otros actores que llegarían a la escena política en 1930. Y que llegarían para quedarse.
 
El militarismo
 
Los militares no habían estado ausentes de la vida política. Desde las Invasiones Inglesas, los  patricios en la Revolución de Mayo, y las revolucionarios de 1890, 1893 y 1905, los uniformados no habían mirado la política desde afuera.
 
Sin embargo, algo de nuevo había desde el comienzo del siglo XX. Hasta entonces lo habían hecho encuadrados en partidos políticos, y siguiendo a caudillos más o menos carismáticos. Eran alsinistas o mitristas; roquistas o yrigoyenistas. Los militares del 6 de septiembre, en cambio, fueron producto de la reforma del ministro de Guerra de Roca, coronel Pablo Ricchieri. Su presencia suponía la aparición de un fenómeno nuevo: el militarismo.
 
Sarmiento fue el primer presidente que quiso profesionalizar las fuerzas armadas. Creó el Colegio Militar y la Escuela Naval, para una eficiente formación de los oficiales. Ricchieri formó el ejército moderno. Su marco legal fue la Ley Orgánica del Ejército Nº 4031, su modelo el ejército alemán, su oportunidad, el peligro de guerra con Chile por el diferendo limítrofe.
 
El nuevo ejército sería “profesional”. Los militares abandonarían la política.. A ésto se agregó una actitud de menosprecio. El político se valía de tretas y artimañas  non sanctas para alcanzar sus objetivos. Todo lo contrario del honor militar, propio de hombres consagrados al servicio exclusivo de la Patria, hasta el punto de perder la vida. Alguna vez Carlos Pellegrini había dicho que el militar “viste de otra manera (que la del civil), hasta habla y camina en otra forma” . Pero también se formaba en un internado, desarrollaba sus tareas en un cuartel, se entretenía en un “casino”, y muchas veces se casaba con la hija de un superior o la hermana de un camarada, por lo que se movía en un microclima que, a lo largo de las décadas se fue haciendo más impermeable a toda influencia civil.
 
Pellegrini agregaba que “a él le confiamos nuestra bandera, a él le damos la llave de nuestras fortalezas, de nuestros arsenales; a él le entregamos nuestros conscriptos... Con una señal de su espada se mueven nuestros batallones, se abren nuestras fortalezas,  baja o sube la bandera nacional. Y toda esta autoridad, todo este privilegio se lo damos bajo una sola y única garantía: bajo la garantía de su honor y su palabra. Sarmiento decía que ‘El Ejército es un león que hay que tener enjaulado para soltarlo el día de la batalla’ Y esta jaula, … es la disciplina,... y sus fieles guardianes son el honor y el deber. Ay de la nación que debilite esa jaula,...que haga retirar esos guardianes: pues ese día se habrá convertido esa institución, que es la garantía de las libertades del país y de la tranquilidad pública, en un verdadero peligro, en una amenaza nacional.”
 
Pero si Pellegrini intentaba enjaular en la disciplina a los militares, no faltó el poeta que exaltara su condición de nueva aristocracia por haber “sonado otra vez, para bien del mundo, la hora de la espada”. Leopoldo Lugones afirmaba que ésta “implantará la jerarquía indispensable que la democracia ha malogrado hasta hoy, fatalmente derivada, por que es su consecuencia natural, hacia la demagogia y el socialismo.”
 
Las palabras del poeta cordobés encontraron algunos oídos bien dispuestos entre los uniformados. La convicción de la superioridad de los militares y su destino de nueva aristocracia se fue formando con las décadas. Esta convicción, más que un presunto fascismo, impulsó la conducta de los uniformados, bien que con distintas tonalidades ideológicas, en los gobiernos de 1943, 1955, 1962 y 1966. Hasta culminar, con una trágica concreción que, queremos creer que el poeta no hubiera suscripto, en 1976.
 
 
La crisis de Wall Street
 
No podemos entender los hechos de 1930 sin conocer sus causas externas. La economía argentina había entrado en la crisis terminal para el sistema vigente. Era universal y repercutía la dependencia que teníamos con el exterior.
 
Al terminar la Primera Guerra Mundial, en 1918, el esquema centro-periferia de la división del poder económico había incorporado un nuevo componente. Los Estados Unidos salieron convertidos en los mayores inversores y los mayores acreedores. En 1918 los ingleses, franceses, italianos y sus socios estaban muy endeudados con el joven gigante. A su vez, los países vencidos, condenados como "culpables" a pagar las costas de la guerra, lo estaban mucho más. De ahí que si las potencias europeas seguían siendo "centro" de las colonias y semicolonias de la periferia, ahora aparecía un "centro” del "centro" en la potencia americana.
 
Los años de posguerra fueron de prosperidad en los Estados Unidos. Esta se tradujo en crecimiento industrial, altos depósitos en los bancos y grandes inversiones de pequeños y medianos ahorristas que dispararon hacia el cielo el valor de los títulos y acciones. Pero la producción marchaba más rápido que la capacidad de consumo del mercado. No era la exportación una solución en el mundo hambreado de la posguerra. Los stocks crecieron vertiginosamente. Esto obligó a bajar la producción, lo que trajo desocupación y caída de salarios, con lo cual la capacidad de compra del mercado disminuía aún más. El círculo vicioso llevaba al paro industrial.
 
Una chispa de desconfianza movilizó a los tenedores de acciones hacia la venta. Los precios empezaron a bajar hasta convertirse en caída libre cuando la desconfianza derivó en pánico . Lo mismo pasaría con los bancos. Los ahorristas comenzaron a retirar sus depósitos, y el proceso llegó al paroxismo cuando las cajas se quedaron sin billetes. Con la quiebra de los principales bancos, la crisis llegó al clímax.
 
La economía norteamericana comenzó entonces a reclamar el pago de las deudas y a retirar las inversiones en el exterior. De ese modo, la crisis cruzó el Atlántico y llegó a las devaluadas potencias europeas. De ellas se trasladaría a la periferia. La crisis llegó de Inglaterra a la Argentina. Entre 1929 y 1932 nuestras exportaciones cayeron violentamente. “Los servicios del capital extranjero" que habían representado entre "1925 y 1929 el 21,9% de la capacidad de pagos exteriores, pasaron al 37,4% para el quinquenio 1930-1934
 
No estaban las cosas para seguir soportando al radicalismo. Figuras del patriciado que no creían en la democracia -gobierno de la chusma y de los demagogos- y que se sentían admirados por el orden establecido por las dictaduras europeas, y jóvenes nacionalistas que suponían que solo la conducción de un caudillo como Primo de Rivera, Mussolini o el mismo Hitler, podían salvar al país de la decadencia y de la crisis buscaron un salvador. Algunos creyeron encontrarlo en un general salteño y simplote que portaba bigotes de largas guías.
 
El fascismo uriburista
 
Uriburu tenía un poder relativo sobre su revolución. Este se hallaba acotado por los factores de poder que habían apoyado al derrocamiento del Peludo, pero que desconfiaban de las inclinaciones "fascistas" del general.
 
No deja de ser cuestionable tal calificación. El general no creía en la democracia, un sistema caótico manejado por demagogos venales. El pueblo, en su opinión, no estaba capacitado para gobernar  y debía obedecer a quienes habían nacido para mandar. No en vano era miembro de una familia tradicional de Salta, y  formado en una institución verticalista como el Ejército. Para colmo, el poeta Leopoldo Lugones había bendecido con su Hora de la espada el rol de los uniformados en una futura Argentina post democrática.
 
Sin embargo, poco entendería Uriburu del fascismo. Sólo admiraba su autoritarismo y su desprecio por la democracia. Más intelectual había sido la formación de los jóvenes "nacionalistas" que lo acompañaron en las horas de conspiración, ya que no en las de gobierno.
 
Se iniciaba una etapa en que a la dictadura seguiría y el fraude, y se renovaría nuestra condición colonial con Gran Bretaña del que sería modelo el Tratado Roca-Runciman. José Luis Torres la bautizó La Década Infame. (Agencia Paco Urondo)
 

24.08.2010

Capital Federal (Agencia Paco Urondo) “Señor don Tomás, no venga a V. con su sonrisa cachumbera a hacerse conmigo el Catón y privarme del sólo placer que me resta, es decir, el de recrearme la vista pues en cuanto a lo demás, Dios guarde a V. muchos años.”  
Estaba terminando mi carrera y el profesor de Seminario de Historia Argentina, Gabriel Puentes, me mandó a trabajar al Archivo General de la Nación con la misión de Tomás Guido ante la corte de Brasil, entre 1841 y 1845. Me apasionaba el tratamiento que en su correspondencia, y en particular en la que mantenía con San Martín, daba a los temas políticos. Pero cuando me encontré con una carta en la que ¡el Padre de la Patria!, ¡El Santo de la Espada! hablaba del “carácter y sus maneras dulces como caramelos” y de los “bellísimos ojos” que lo apasionaban “¡a las 64 navidades!” , no pude menos que copiar textualmente la carta en que hablaba de una señora de Lisboa, que viajaba con su marido por Europa y lo había visitado por recomendación de don Tomás.
 
Copié la carta, y la guardé por décadas en mi escritorio. Nunca tuve la menor iniciativa para publicarla. Yo era un estudiante, y luego un profesor joven y solemnemente desconocido, pero ¿Por qué no se la llevé a Puentes para que la publicara y, aunque sea, me mencionara como colaborador? Lo cierto es que, por fin, la carta se me perdió en alguna mudanza. Cuando la vi publicada por Pasquali, sufrí un nostálgico ataque de envidia. No se, no creo, haber sido el primero en leer ese legajo, pero estoy seguro que en 1965 nadie lo había publicado. Sólo me quedó el consuelo de aconsejar a mis alumnos que no cometieran la misma estupidez que yo. Y el agradecimiento a Pasquali por haberme reencontrado, 35 años después, con un texto que mal recordaba de memoria.
 
Pero no se trata de excederme en lo autoreferencial y copiar al Stalin del cuento del monumento a Gorki, que sólo aprobó aquel que mostraba un Iósif Visariónovich Dzhugashvili  gigantesco leyendo un pequeño librito del escritor. El estudiante de entonces se enteró de que San Martín, a quien siempre había venerado, era de carne y hueso. Y que le gustaban las mujeres –los ojos y el carácter, al menos- sin preocuparse por el estado civil de ellas, porque él era viudo.
 
Tal vez Galasso, en su gigantesca obra tan bien titulada –Seamos libres y lo demás no importa nada- sea quien mejor se ha adentrado en la descripción del San Martín niño, joven, adulto, militar y político. Más allá de su excesivamente firme convicción de su origen mestizo, que no parece estar comprobado y que se me ocurre que en Norberto prima una expresión de deseos.
 
Ese gallego, que había nacido por casualidad en estas tierras, pero que no tenía tonada correntina, y que se había formado en el Ejército del Rey, combatiendo moros y franceses, llegó a estas tierras cuando España había caído para siempre. Porque hoy sabemos –con el diario del lunes- ventaja que tenemos los que escribimos sobre el ayer, que los españoles terminaron por correr a los franceses, y que Napoleón fue derrotado en Waterloo. Pero ¿quien podía en 1812, en España, en América, en el Mundo, pensar que el Corso no se había adueñado de la península para todos los tiempos?
 
El espíritu de la tierra, del que hablaba Scalabrini Ortiz, otro correntino, se adueñó del joven oficial, y más allá de las razones ideológicas que lo movieran, se enamoró de esta tierra, de esta parte de su Patria Americana, y entregó su vida, su larga vida para los parámetros de entonces, para defenderla.
 
Se alejó del Perú, dejando en manos de Bolívar la conclusión de la tarea que él no podía terminar por la traición de los mercantilistas porteños. Ofreció con absoluta convicción sus servicios a Juan Manuel de Rosas ante la guerra colonialista de 1838. Es un clásico su emoción ante la gloria de Obligado. Y legó su sable al Restaurador, en su testamento “como una prueba de la satisfacción que como Argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los Extranjeros que trataban de humillarla. “Satisfacción que se afirmó después de haber estado preocupado, no por que temiera que Rosas fuera a aflojar un tranco de pollo, como solía decir él y como dice, afortunadamente, alguna figura que huy honra nuestra Patria. Al contrario. Le decía a Guido en una carta en que no hablaba de bellas brasileñas, “mis temores en el día son el que esta firmeza se lleve más allá de lo razonable”, y en carta al mismo gobernador de Buenos Aires agregaba de su preocupación de que “no tirase usted demasiado de la cuerda de las negociaciones seguidas cuando se trataba del honor nacional.”
 
Hoy recordamos una vez más al Libertador, y lo hacemos con orgullo. Hace pocos días, en Santa Marta, Colombia, tuvimos una prueba más -¡Y que prueba!- de que su espíritu y el de Bolívar está presente en nuestra América. (Agencia Paco Urondo)