fbpx ¿Cuánto afectó la pandemia a la salud mental? | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Salud //// 21.12.2021
¿Cuánto afectó la pandemia a la salud mental?

Julieta Calmels es la funcionaria bonaerense responsable de salud mental, consumos problemáticos y violencias. ¿Cuánto afectó la pandemia a la población? ¿Qué está haciendo el Estado al respecto?

Por José Cornejo (*) en colaboración con Diego Ginestra (**) y Juan Cruz Guido.

Julieta Camels es psicóloga y subsecretaria de Salud Mental, consumos problemáticos y violencias en el ámbito de la salud, en la provincia de Buenos Aires. En dialogó con AGENCIA PACO URONDO analizó las consecuencias de la pandemia en la sociedad en general, y en particular en los niños, que vieron interrumpido su desarrollo educativo y social. ¿Cuánto afectó la pandemia a la población? Y, ¿qué está haciendo el Estado al respecto?

Agencia Paco Urondo: ¿En qué situación va a estar Argentina cuando la pandemia termine?

Julieta Calmels: Es una pregunta abierta. ¿Cuál es el tiempo para hablar de postpandemia? Somos cautos en esto porque no es claro. Dicho esto, estamos en un momento de apertura, de retomar muchísimas de las actividades desde la escuela hasta los ámbitos laborales, recreativos. Muchas cosas que son estructurales para recuperarnos como país y Provincia. Y otras que no. No es una vuelta exactamente al punto de partida anterior. Fue una experiencia a gran escala de vivir lo inesperado, donde lo impredecible se volvió un hecho muy concreto en la vida social.

APU: ¿Qué es lo que más va a costar recuperar?

JC: La escuela es uno de los puntos más importantes. Para los chicos y para los padres. Y a la vez es uno de los asuntos epidemiológicos que más hay que cuidar. Cada escuela va construyendo su presencialidad. Si un chico está con síntomas, se interrumpe. Es como un pulso, una intermitencia, estamos adentro y afuera de la pandemia. Todas cosas que ya se sabían desde lo teórico, ha cobrado una dimensión en la conciencia y en la experiencia, como por ejemplo el rol socializador de la escuela. Una institución social también para los adultos.

Por un lado, el sufrimiento de la pandemia es que los chicos no puedan estar con sus pares, con quienes construyen funciones psíquicas, regulaciones interpersonales, sentimientos, empatía, amorosidad. Es un proceso de sana separación con la familia o el entorno, es como una escala cuidada de experiencia social. Pero también para los adultos. Les permite poder desplegarse en la vida sin tener a los niños al cuidado. Tener un tiempo sin los niños. Porque el cuidado ininterrumpido, como en la cuarentena, produce padecimientos y conflictos. Por eso hay que cuidar a la escuela, cuidándola a la vez que no se vuelva un foco de contagio y de muerte.

APU: Justamente la oposición aprovechó esa situación de vulnerabilidad de la escuela para hacer campaña electoral.

JC: Sí, es el estilo de ellos. No hubo ninguna preocupación seria sobre la educación, porque en plena pandemia, con riesgo de muerte, mandaban a los niños y a las niñas a la escuela. Finalmente, en CABA la circulación en las escuelas se reguló por la decisión de gran parte de los padres y madres de no mandarlos, mientras las autoridades hacían campaña de escolaridad. Tampoco construyeron un esquema de educación virtual. Ni entregaron netbooks. Todo opuesto a la Provincia, que además construyó un esquema de 4 mil auxiliares docentes. En plena pandemia, recorrieron las casas de los chicos y chicas con dificultades de conexión, de quienes también se presumía que estaban más desconectados en todo sentido. O las familias que no pasaban a buscar la comida que la Provincia estuvo entregando. Por supuesto, encontraron pibes que estaban muy angustiados, familias en situación de mucha tensión, síntomas preocupantes en materia de salud mental.

Ahí construimos el Programa Infancia Juventud, vinculado a la relación con educación y con organismos de protección de derechos de los niños. Y otra mitad dedicada a los procesos de atención y la ampliación de esa atención. Específicamente, pensamos un área, que no existía en la Provincia, relacionada con cuidados y atención en salud mental, infancias y juventudes. Cuidados, una palabra que hay que empezar a usar más. Se trata de los cuidados y de los procesos de escucha y acompañamiento a los niños, a las familias o a las personas que los cuidan.
 


 

APU: ¿Están satisfechos con el funcionamiento del programa?

JC: Por un lado, el programa está trabajando con el Organismo Provincial de Niñez y Adolescencia (OPNYA), en la construcción de criterios para informes judiciales y de capacitaciones para los que trabajan en el ámbito penal juvenil. Un trabajo articulado entre los centros de atención de salud y los dispositivos territoriales del organismo. Quienes transitan el sistema de protección, pueden concurrir a centros de salud, cuidados y acompañados por nosotros. A la vez estamos iniciando una experiencia muy hermosa en Bahía Blanca, con equipos de salud mental y de educación. Son talleres que trabajamos con los chicos para discutir la pandemia. ¿Qué es la salud mental? ¿Cómo se sienten ellos? ¿Qué temas les preocupan? ¿Con quién pueden hablar? Derribar tabúes y prejuicios. Prevenir y cuidar la salud mental también es que estos temas puedan ser hablados para que encontremos formas de cuidar mejor.

APU: ¿Están reorientando la gestión hacia la población más joven?

JC: Sí, también niños y niñas. Porque la Subsecretaría trabajaba con personas de 18 para arriba. En los primeros años de vida y de la juventud son los momentos determinantes para la construcción del psiquismo que determina mucho la vida de las personas. Es muy curioso que ese consenso teórico, esa evidencia clínica, no haya producido una política pública que priorice el cuidado de esa población. Encontramos un nivel de desprotección, falta de recursos profesionales, falta de capacitación para esa población muy alarmante. Más allá de que parte de la salud recae sobre los municipios, la Provincia tiene una rectoría sobre ese sistema, como evidenció la pandemia.

En la Provincia había centros de atención que no tenían permitido trabajar con menores de 18 años. Nosotros impulsamos una línea de atención a las infancias y juventudes. Ahora hay referentes regionales. Hay un equipo que acompaña los dispositivos móviles territoriales que trabajan con urgencias en salud mental, para acompañar las intervenciones. Dado que hay niños y niñas, hay pocos profesionales que se animan a trabajar por desconocimiento.

APU: Existe la Ley de Salud Mental y existe una Ley de Promoción y Protección integral de la Niñez. ¿Pueden coordinar bien ambos marcos legales?

JC: Son dos leyes que militamos y defendemos. De lo que se trata es el concepto de la corresponsabilidad. En términos de salud mental, la salud tiene una deuda con las infancias en ampliar las posibilidades de cuidado y atención, y también en generar prácticas que no sean estigmatizantes para los niños, porque ese es otro de los padecimientos que el propio sistema de salud le agrega a las infancias. Cuando etiqueta, segrega, sobremedica, desatiende. Entonces la relación de la Ley Nacional de Salud Mental con la Ley de Protección, yo diría que es una relación que se tiene que hacer al andar, porque a nivel normativo está todo dispuesto y el concepto de corresponsabilidad lo tenemos que asumir profundamente. Porque si sólo se va a ocupar de los niños y niñas el OPNYA, estamos reproduciendo prácticas más vinculadas al patronato que a un Estado integral.

APU: Para cerrar la nota, ¿qué definición das de salud mental?

JC: Me gusta la definición que plantea la ley porque es bastante concreta. La ley dice que yo, vos, uno es un proceso. No somos algo estático y cualquiera de nosotros en nuestra experiencia de vida puede dar cuenta de eso. Y además, la salud mental es un proceso multideterminado por lo psicológico y lo biológico, pero también lo social, lo económico, lo cultural. Para ponerte un ejemplo extremo: en 2001 la tasa de suicidios fue de las más altas. La correlación es evidente. O en la pandemia. Mostró que el psiquismo, nuestra manera de sentir, nuestra salud mental, tiene una determinación social, además de singular. Por todo esto, la promoción y el cuidado de la salud mental solo pueden darse en un marco de cumplimiento de los derechos humanos y sociales de las personas. Encontramos muchos niveles de padecimientos que no se originan en el mundo interno: las situaciones de pobreza, de vulnerabilidad, de desigualdad, la violencia de género producen niveles de sufrimiento que marcan la salud mental.

Por eso nosotros armamos la Comisión Interministerial en Jefatura de Gabinete, una propuesta que le gustó mucho al gobernador. (El Ministerio de) Salud no va a poder abordar sola toda la realidad social. Necesitamos que, como Estado, construyamos políticas integrales donde la causa del padecimiento está en la desigualdad, en la pobreza. Vayamos a las causas. Obviamente, sin renunciar a acompañar a la población afectada, para disminuir los niveles de sufrimiento y no hacer de esas situaciones un destino de vida. Por eso la comisión interministerial estuvo trabajando en la transformación de los psiquiátricos en cumplimiento de la Ley de Salud Mental. Y va a seguir trabajando en otros temas de acá en adelante.

 


 

(*) Director Agencia Paco Urondo.

(**) Subsecretario de Promoción y Protección de Derechos, Organismo Provincial de Niñez y Adolescencia (OPNYA), Provincia de Buenos Aires.