La referente de Javier Milei: Margaret Thatcher, imperialismo y Malvinas

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OPINIÓN

La referente de Javier Milei: Margaret Thatcher, imperialismo y Malvinas

13 Noviembre 2023

Las declaraciones del candidato libertario a la presidencia de la Nación, que volvió a reivindicar a Margaret Hilda Thatcher, primer ministra británica y culpable de la muerte de los tripulantes del buque ARA General Belgrano y los combatientes en territorio malvinense, es un insulto a nuestra dignidad nacional y lesiona nuestro permanente reclamo sobre las islas australes.

Referente del partido Conservador, gobernó el Reino Unido de 1971 a 1990, siendo luego miembro de la Cámara de los Lores de 1992 hasta su muerte en el 2013. Fue la dura cara para los británicos del ajuste, desregulando el mercado, privatizando empresas estatales y generando altas tasas de desempleo. Frente a su impopularidad por dichas medidas, aprovechó el accionar en la guerra de Malvinas para recuperar prestigio ante su ciudadanía. La movilización de fuerzas – única luego de la II Guerra Mundial – hacia Malvinas luego del 2 de abril de 1982 y su decisión de hundir el General Belgrano con un misil del submarino nuclear británico para impedir el avance de las negociaciones pacíficas con la Argentina, contrariando el derecho internacional, mostró a todas lucas su carácter de “criminal de guerra”

Las palabras destempladas de Javier Milei nos hacen reflexionar sobre cuanto hemos sufrido la expansión imperialista inglesa en nuestra historia:

Gran Bretaña, a pesar de la pérdida de las 13 colonias en América del Norte y de enfrascarse en la guerra contra Napoleón Bonaparte, intentó dominar el Río de la Plata en 1806 y 1807, siendo derrotados ambas veces por el pueblo rioplatense.

Pero en 1833, los británicos invadieron las Islas Malvinas - posteriormente las Georgias del Sur, Sándwich del Sur e islotes adyacentes -, originando un conflicto que aún continúa.

A esto se sumó en Oceanía la conquista de Australia, con las colonias penales en 1788, y Nueva Zelanda, bajo su dominio desde 1840, más decenas de islas y puertos. En Europa Irlanda no corrió mejor suerte y fue incorporada al Reino Unido en 1801.

Con respecto al continente asiático, la victoria de las fuerzas de la British East India Company en 1757 abrió la provincia india de Bengala al dominio británico, aunque, tras la revuelta popular de 1857, los territorios de la Compañía pasaron, al año siguiente, a estar bajo la administración de la Corona.

Décadas después, Disraelí proclamó en 1876 a la Reina Victoria Emperatriz de la India. Ceilán (actual Sri Lanka) y Birmania (actual Myanmar) fueron sumados a su dominio, que se extendió hasta Malasia y, desde 1841, a Hong Kong, tras la Primera Guerra del Opio contra China, en defensa de las exportaciones de opio de la Compañía.

En el medio el Reino Unido participó, junto a Francia, el Imperio Otomano y el Reino de Piamonte y Cerdeña, de la Guerra de Crimea contra la Rusia zarista, que se desarrolló entre 1853 y 1856.

A su vez, luego de entablar sucesivas guerras en Mysore (India) contra Fath Alí Tipu (Tipu Sahib), sería derrotado en 1799. Del final del “Tigre de Mysore” - que inspiró a Julio Verne en su personaje del “capitán Nemo” – devino una opresión imperialista que con los años desató la Gran Insurrección, en 1857, liderada por hindúes y musulmanes, implementando los ingleses matanzas a mansalva. Entre las guerras del opio en China y la pelea por el Canal de Suez en Egipto, el Reino Unido deseaba garantizar sus puntos estratégicos para su expansión comercial y militar imperialista.

Mientras que en África Muhamad Ahmad presentó resistencia y combatió a los ingleses, comandados por el general Charles George Gordon, – apodado “El Chino” por sus matanzas durante la Guerra del Opio -, y fundó el estado revolucionario de la Mahdiya en Sudán en 1885.

Y llegamos a la Confederación Argentina, a los bloqueos y la resistencia encarnada por Juan Manuel de Rosas y su pueblo. El avance anglofrancés, que traería el libre comercio y dividir nuestro territorio en la “república de la Mesopotamia”, se intentó frenar con cadenas. Demasiados cañonazos ingleses y franceses, junto a los mercenarios argentinos, italianos - como Garibaldi - y alemanes, necesitaron para enfrentar a Mansilla, Thorne y demás patriotas en las cuatro baterías aquel 20 de noviembre de 1845.

Luego de la derrota militar sobrevino el triunfo político: apoyo internacional, fracaso en el intercambio comercial y desmoralización del invasor ante la resistencia argentina en los siguientes combates que resistieron el ultraje francés y británico.

La afrenta de Malvinas no fue olvidada, si uno ve la supuesta continuidad de la lucha del gaucho Rivero en ambas tierras. Y también para las mujeres de San Pedro y San Nicolás que dieron batalla. Lucha librada gallardamente por el Regimiento de Patricios, “militares y pueblo unidos en un solo fusil”, según la ex presidenta Cristina Fernández, el 20 de noviembre del 2010, al inaugurar el monumento nacional que conmemora la batalla de la Vuelta de Obligado.

Como no fueron olvidadas las Malvinas durante los gobiernos de Perón, en donde insistentemente se hicieron reclamos en foros internacionales. Ni por los miembros de la Juventud Peronista que, al mando de Dardo Cabo, las ocuparan en los ’60 reivindicando nuestra soberanía en el Operativo Cóndor.

Malvinas en 1982, más allá de Galtieri y el Proceso genocida, fue un jalón más en esta lucha antiimperialista, donde Thatcher empujó a su pueblo para la lucha, a fin de desviar la tensión de su crisis económica y desocupación de esa época.

Los años pasan, pero las luchas son las mismas. En cada cañonazo de los organismos internacionales financieros, de las multinacionales, de candidatos apátridas y de los medios monopólicos de prensa, la respuesta es una: generar conciencia y defender nuestra soberanía de la injerencia imperialista, como lo hizo Rosas, como Yrigoyen, como Perón, como nuestros combatientes en Malvinas, como Néstor, como Cristina, y como lo hace desde siempre nuestro pueblo.

* Politólogo