El ejército Sanmartiniano en la geopolítica de la emancipación: una revisión desde Astesano, Galasso y Pigna

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    San Martín
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El ejército Sanmartiniano en la geopolítica de la emancipación: una revisión desde Astesano, Galasso y Pigna

14 Agosto 2026

Introducción

Al revisar velozmente la historiografía argentina, cualquier lector puede notar que la disciplina ha experimentado profundas transformaciones teóricas en torno a la conceptualización de las campañas libertadoras iberoamericanas.

La mirada tradicional, de aquella historiografía decimonónica liberal, sostenida por Bartolomé Mitre en su obra fundacional Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana (Mitre, 1887), tendió a proponer una narrativa de carácter mitológico, donde las hazañas militares eran el resultado exclusivo del genio individual y el desinterés abstracto de un héroe con piel de bronce. No obstante, a partir de mediados del siglo XX, las corrientes críticas asociadas al revisionismo Nacional - popular y la divulgación histórica contemporánea han reconfigurado radicalmente este campo de estudio.

Si tomamos, por ejemplo, los trabajos sobre nuestros libertadores realizados por Eduardo Astesano (Astesano, 1951; 1961), Norberto Galasso (Galasso, 2000) y Felipe Pigna (Pigna, 2014), el general José de San Martín y el Ejército de los Andes emergen no como instrumentos de una gesta despolitizada, sino como los componentes fundamentales de un proyecto orgánico de emancipación sudamericana.

Este programa se desarrolló a partir de varios aspectos: la planificación socioeconómica, la participación de las masas oprimidas, una densa lectura del conflictivo escenario geopolítico mundial y un andamiaje político-ideológico secreto cuyo núcleo operativo regional fue la Logia Lautaro.

El análisis de la coyuntura europea que enmarcó la organización del Ejército de los Andes (1814-1817) nos exige rastrear las tensiones emergentes en los tiempos de la Restauración absolutista.

El historiador Eduardo Astesano (Astesano, 1951) sitúa este proceso en abierta confrontación con la Santa Alianza y las directrices surgidas del Congreso de Viena, aquellas que demandaban el retorno forzoso de los territorios americanos a la Corona de Fernando VII. En un punto de partida similar, el historiador Norberto Galasso (Galasso, 2000) profundiza el debate sobre la identidad ideológica del Libertador al impugnar la arraigada tesis liberal que presentaba a San Martín como un oficial español ajeno a la política local o, en su defecto, como un instrumento encubierto de los intereses comerciales del Imperio Británico (Mitre, 1887). A través del examen de su formación intelectual en la España peninsular, Galasso (Galasso, 2000) demuestra que el ideario sanmartiniano se nutrió de la Revolución Francesa, pero, principalmente, de la insurrección democrática española de 1808 contra la invasión napoleónica. Para Galasso, la lucha hispanoamericana no constituía una guerra de carácter estrictamente antiespañol, sino una extensión de la revolución hispánica mundial contra el absolutismo. Por su parte, Felipe Pigna (Pigna, 2014) complementa esta lectura geopolítica al analizar la respuesta criolla frente al bloqueo continental y la caída de los focos insurgentes en Chile y el Alto Perú. Pigna (Pigna, 2014) se detiene en el aislamiento material de las Provincias Unidas del Río de la Plata tras la Revolución de mayo, argumentando que el plan continental sanmartiniano fue una respuesta de supervivencia estratégica ante la inminencia de las expediciones peninsulares y, a su vez, también advierte sobre la presencia de un naciente industrialismo y comercio británico que pasaba a aprovechar el ocaso del monopolio ibérico.

  1. La Logia Lautaro y el Plan Continental

Para hacer posible este plan de escala continental, la vanguardia revolucionaria necesitaba un instrumento de centralización política y coordinación clandestina capaz de superar las fronteras locales de las incipientes patrias americanas. Este rol fue asumido por la Logia Lautaro, cuya estructura y funcionamiento interno es destacada por las corrientes revisionistas para desmitificar la versión liberal que la confinaba a una mera sociedad de socorros mutuos o a una sucursal de la masonería británica especulativa.

Norberto Galasso (Galasso, 2000) argumenta que la Logia Lautaro funcionó en realidad como un partido político secreto, vertical y fuertemente ideologizado, concebido bajo la influencia de las sociedades secretas republicanas europeas y las redes de letrados existentes, como el caso de la Gran Reunión Americana fundada por Francisco de Miranda en Londres. Estas organizaciones, poseían una dinámica interna que combinaba una rígida disciplina militar con un sistema de juramentos de sangre e iniciación por grados que garantizaba la compartimentación de la información y la obediencia revolucionaria (Galasso, 2000). La estructura se ramificaba en logias filiales instaladas en Buenos Aires, Mendoza y, posteriormente, Santiago de Chile y Lima.

Eduardo Astesano (Astesano, 1961) subraya que este centralismo democrático-militar permitía a la Logia actuar como un "Estado mayor en las sombras", con capacidad para intervenir directamente en las esferas de gobierno criollas, deponer triunviratos que vacilaran en el esfuerzo bélico y designar ministros o directores supremos consustanciados con el ala radicalizada de la revolución.

En definitiva, la Logia Lautaro se constituyó de este modo en el verdadero motor logístico y político detrás de la unificación estratégica de la campaña continental. Por otra parte también, Felipe Pigna (Pigna, 2014) analiza de que firma las decisiones más determinantes de la guerra de la independencia —desde el relevo de mandos en el Ejército del Norte hasta el financiamiento preferencial de la expedición liberadora a Chile— no se dirimían en los debates públicos de los cabildos abiertos, sino en las tenidas secretas de la organización. A través de este canal de comunicación reservado, San Martín coordinaba de manera simultánea las directivas gubernamentales del Director Supremo en Buenos Aires, las operaciones del gobernador intendente en Cuyo y la red de espionaje en Chile capitaneada por logistas clave como Bernardo O'Higgins. El funcionamiento interno dictaminaba que todo miembro investido con un cargo público civil o militar debía subordinar sus decisiones institucionales a las resoluciones tomadas previamente en el seno de la logia, bajo pena de ser declarado traidor a la patria grande. Esta cohesión interna blindó al Ejército de los Andes frente a las intrigas intestinas de las facciones locales y las periódicas tentativas del gobierno porteño de desviar las fuerzas sanmartinianas para reprimir las insurgencias federales del litoral, una orden que San Martín desobedeció amparado en la prioridad continental fijada por los estatutos secretos lautarinos (Pigna, 2014), en definitiva, posibilitó que los planes continentales no estén atados al poder centralista de los porteños.

  1. Proteccionismo y desarrollo industrial en la campaña continental de San Martín

La ejecución de este plan continental requería una transformación radical de las estructuras productivas locales, un aspecto en el cual los tres autores coinciden cuando rescatan la experiencia gubernamental y económica de la Intendencia de Cuyo. No obstante, hay matices según cada autor.

Mientras que Astesano (Astesano, 1951) pioneramente caracteriza a El Plumerillo como un sofisticado laboratorio proto industrial de planificación estatal centralizada —donde la maestranza de Fray Luis Beltrán producía herramental, artillería y municiones en serie—, Pigna (Pigna, 2014) expande este marco analítico describiendo las reformas multidimensionales de San Martín en Mendoza. Pigna (Pigna, 2014) sostiene que la economía regional, asfixiada por la paralización del comercio ganadero tradicional con Chile, fue reconvertida mediante el fomento de la agricultura, la vitivinicultura y la creación de una red de proveedores que conectaba sables cordobeses con monturas tucumanas y tejidos puntanos. Esta autarquía económica no dependió del librecambismo comercial auspiciado por la aduana porteña, sino de una política fiscal fuertemente interventora y proteccionista. Por su parte, Galasso (Galasso, 2000) coincide con Astesano al demostrar la naturaleza confiscatoria de este financiamiento, documentando las contribuciones forzosas impuestas a las grandes fortunas de los españoles peninsulares y la subordinación de la propiedad privada al esfuerzo logístico, que posiciona al Estado cuyano como el reverso exacto del modelo agroexportador y centralista defendido por la posterior historiografía liberal mitrista.

Este sustrato material alteró de modo irreversible la composición social del brazo armado de la revolución. La incorporación del elemento popular al Ejército de los Andes representa uno de los núcleos de mayor disidencia de la historiografía revisionista respecto de la escuela mitrista, la cual solía relegar a las clases subalternas al rol de acompañantes pasivos de las élites ilustradas.

Eduardo Astesano (Astesano, 1951) reivindica, por ejemplo, al Batallón de Libertos, integrado por esclavos negros manumitidos bajo condición de servicio militar, como la vanguardia combativa de la infantería. En sintonía con esta interpretación, Felipe Pigna (Pigna, 2014) denuncia los mecanismos de invisibilización de la historia oficial mediante la recuperación del Regimiento N° 8 de Infantería, rescatando la presencia protagónica de los afrodescendientes que combatieron por su libertad personal en estrecho vínculo con la liberación patria. Asimismo, Galasso (Galasso, 2000) y Pigna (Pigna, 2014) ubican con una centralidad metodológica fundamental a la denominada "guerra de zapa", describiéndola como un sofisticado entramado de inteligencia popular, espionaje y desinformación en el cual arrieros, baqueanos, mujeres de sectores postergados y comunidades indígenas locales operaron como sujetos políticos activos indispensables para quebrar las líneas realistas antes del cruce cordillerano.

En este sentido, los autores demuestran que la campaña militar en Cuyo se articulaba con un objetivo político superior: la integración regional y la emancipación continental.

El Protectorado en Perú (1821) es valorado por Astesano (Astesano, 1961) a través de sus iniciativas financieras soberanas, demostrando, por otra parte, una línea de continuidad respecto de la visión proteccionista y de desarrollo industrial presente en San Martín durante su intendencia en Cuyo.

  1. Juan Manuel de Rosas, San Martín y la línea de soberanía económica

La continuidad ideológica de este concepto de soberanía nacional e intransigencia ante las intromisiones extranjeras halla su máxima expresión histórica en los últimos años de vida de San Martín, a través de la correspondencia epistolar que mantuvo desde su exilio europeo con el gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas.

Galasso (Galasso, 2000) subraya que, durante el bloqueo anglo-francés al Río de la Plata, San Martín identificó de inmediato que la agresión de las potencias europeas constituía un avasallamiento directo a la independencia conquistada en los campos de batalla andinos. En sus cartas dirigidas a Rosas, el Libertador elogiaba la firmeza política del gobernador bonaerense, afirmando que la resistencia opuesta a las exigencias de Francia e Inglaterra había salvado el honor de la República. Felipe Pigna (Pigna, 2014) de alguna manera amplía este análisis al destacar la famosa epístola en la que San Martín argumenta que la agresión europea fracasaría inevitablemente debido a la imposibilidad material de mantener una ocupación militar prolongada frente a la resistencia popular y la fisonomía geográfica del territorio rioplatense, un razonamiento logístico-militar que recuperaba las lecciones de la movilización total implementadas en la Intendencia de Cuyo.

Esta convergencia epistolar y doctrinaria culminó en una de las disposiciones testamentarias más importantes de la historia política e ideológica argentina. Al redactar su testamento en París, San Martín decidió legar su sable corvo a Juan Manuel de Rosas, fundamentando dicha decisión en la satisfacción que le había producido la conducta del gobernador en defensa de la soberanía de la Confederación Argentina contra las agresiones extranjeras.

Eduardo Astesano (Astesano, 1961) interpreta este legado como un acto político orgánico de transferencia de legitimidad histórica: el sable que había roto las cadenas del absolutismo español era entregado al hombre que resistía el avance del imperialismo económico anglo-francés.

Para el revisionismo, esta ligazón destruye definitivamente la separación artificial efectuada por la escuela de Mitre (Romero, J.L., 1946) (Levene, 1920; 1950) (Carbía, 1925), y los más cercanos en el tiempo, una suerte de escuela pseudomitrista –por su anti rosismo y la inclusión de las minorías (individualizadas y no mestizadas) en la Historia del siglo XIX- (Ternavasio, 2009) (Di Meglio, 2006) que pretenden blindar a San Martín de un panteón abstracto al tiempo que demonizan la resistencia rosista, bajándole el precio, al considerar que únicamente se luchó contra el imperialismo anglo-francés para defender los intereses privados de los ganaderos bonaerenses. No obstante, al validar la política de Rosas, San Martín ratificaba desde el ocaso de su vida el carácter proteccionista, defensivo y profundamente soberano que había impreso en la génesis del Ejército de los Andes.

Desde un punto metodológico, Eduardo Astesano (Astesano, 1951) prioriza el análisis cuantitativo y económico mediante registros de tesorería e inventarios industriales, Galasso, en cambio (Galasso2000) desarrolla un examen cualitativo de la correspondencia epistolar para reconstruir la trama ideológica del Libertador, mientras que Felipe Pigna (Pigna, 2014) recurre a documentos tradicionales con testimonios alternativos para evidenciar las tensiones con el Directorio porteño.

Más allá de los matices señalados, los tres autores coinciden en marcar que la historiografía de Bartolomé Mitre distorsionó la figura sanmartiniana para adaptarla a los intereses de la oligarquía agroexportadora y del liberalismo centralista, silenciando tanto la densa red partidaria e continental de la Logia Lautaro como el explícito alineamiento de San Martín con la defensa de la soberanía económica Nacional (Astesano, 1961; Galasso, 2000; Pigna, 2014).

Bibliografia mencionada

  • Astesano, Eduardo (1961). San Martín y el origen del capitalismo argentino. Coyoacán.

  • Astesano, Eduardo. (1951). La movilización económica en los ejércitos sanmartinianos. El Ateneo.

  • Carbia, Romulo (1925). Historia crítica de la historiografía argentina (desde sus orígenes en el siglo XVI). Coni.

  • Di Meglio, Gabriel. (2006). ¡Viva el bajo pueblo! La participación política de la plebe urbana de Buenos Aires entre la Revolución de Mayo y el rosismo. Prometeo Libros.

  • Galasso, Norberto (2000). Seamos libres y lo demás no importa nada: Vida de San Martín. Colihue.

  • Levene, Ricardo. (Dir.). (1936-1950). Historia de la Nación Argentina: Desde los orígenes hasta la organización definitiva en 1862 (Vols. 1-10). El Ateneo / Academia Nacional de la Historia.

  • Mitre, Bartolomé (1887). Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana. Lajouane.

  • Pigna, Felipe (2014). La voz del gran jefe: Vida y pensamiento de José de San Martín. Planeta.

  • Romero, José Luis (1946). Las ideas políticas en la Argentina. Fondo de Cultura Económica

  • Ternavasio, Marcela. (2007). Gobernar la revolución: Poderes en disputa en el Río de la Plata, 1810-1820. Siglo XXI Editores.

  • Ternavasio, Marcela. (2009). Historia de la Argentina, 1806-1852. Siglo XXI Editores.

El autor es Doctor en Historia, Especialista en Pensamiento Nacional y Latinoamericano, Profesor de Historia (USal, UNLa, UBA) Docente adjunto de Historia Social General Contemporánea, Seminario de Las Izquierdas y el Problema Nacional, Seminarios de Peronismo y Pensamiento Nacional y Seminario de Pensamiento Nacional y Latinoamericano (UNLa), Seminario Introducción al pensamiento de Liberalismo Argentino: teoría y proyección histórica. Docente e Investigador del Centro de Estudios de Integración Latinoamericana “Manuel Ugarte” y del Instituto de Investigaciones Históricas (UNLa) Coordinador Académico del Posgrado: Especialización en Pensamiento Nacional y Latinoamericano, Director del Área de Las Corrientes del Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano del Departamento de Humanidades y Artes, Consejero Editor de la Revista del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, Columnista de los Programas Radiales: Malvinas Causa Central Radiográfica FM 89.3

Si tomamos, por ejemplo, los trabajos sobre nuestros libertadores realizados por Eduardo Astesano (Astesano, 1951; 1961), Norberto Galasso (Galasso, 2000) y Felipe Pigna (Pigna, 2014), el general José de San Martín y el Ejército de los Andes emergen no como instrumentos de una gesta despolitizada, sino como los componentes fundamentales de un proyecto orgánico de emancipación sudamericana.