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Opinión //// 23.08.2017
Si la vas a hacer, pensala bien

Cristian Secul Giusti reflexiona acerca de publicidad del Banco Ciudad sobre préstamos personales UVA en un escenario de neoliberalismo. 

Por Cristian Secul Giusti*

La actual publicidad del Banco Ciudad sobre préstamos personales UVA se ampara en una premisa insoslayable: adquirir, refaccionar, mejorar y ampliar materiales y objetos para la vivienda o para el desarrollo personal, privado y familiar. En ese tránsito, la compra de una parrilla para la terraza propia, de una máquina cortadora de pasto o una moto último modelo y un motorhome pueden conseguirse con el chasquido de los dedos. Solo hace falta tomar la decisión y optar por pagar la cuota de casi 2 mil pesos por cada 100 mil prestados por el banco. Y ahí sí, no hay cautela ni mesura: “Si la vas a hacer, hacela bien”. Gastá, consumí, proyectá breve y sin chistar. El día, el ánimo y la música te acompañan.

Sin embargo, en ese último detalle se advierte también una noción preponderante en las cuatro publicidades diseñadas por el Banco Ciudad: la compañía de las decisiones viene de la mano de una canción reincidente y repetitiva. Como un mantra y un dispositivo reiterado, la estrofa principal de “Hacela bien” del grupo Alfonso el pintor suena y resuena hasta el ensueño. De esta manera, la sonoridad y los tonos vocales se congracian con el ideario de la dignidad consumista, endeudada e instituyente. En ese plano, la familia y la propiedad privada ganan terreno en la discusión y se torna una moneda de cambio. El sonido del pop -inofensivo, testigo y redundante- solo desarrolla el camino hacia la compra.

Sobre este punto, caben resaltar dos instancias interesantes: por un lado, la construcción de un discurso bancario cool y por el otro, la contribución desfachatada y educativa de la canción de Alfonso el pintor. Por tanto, la lírica de “Hacela bien” se fusiona con un ideario capitalista y subvierte, quizás, toda su articulación artística previa y de éxito en el año 2014 (cuando el tema salió de la luz under y se diseminó por ciertos rincones del universo rockero y moderado del país).  Por ello, en este ámbito bancarizado, “Hacela bien” trastoca su interpretación inicial y queda postrada en una única narración: la del estribillo. Y no solamente eso, la canción también queda sujeta a un estilo de vida y a una identidad de consumo predeterminada.

A pesar de ello, vale aclarar una cuestión: esta iniciativa de difusión no es la primera que se realiza en el trazado del rock argentino y/o universal. Tampoco va a ser la única. De hecho, la historia del pop y del rock tiene enlaces con las publicidades privadas y la industria marketinera que datan desde sus comienzos.

No obstante ello, cuando se trata de la propaganda de un banco, la atención es un tanto más considerable porque la exposición del capital y la financiación es mayor. Es decir, la exhibición del objetivo monetario es aún más evidente que el artístico. Sin ir más lejos, la aparición del músico Gonzalo Aloras en la publicidad de Banco Francés hace unos años atrás ya había generado cierto murmullo en mundillo del purismo rockero y del discurso artístico del pop. Si bien se puede decir que la crítica no radica en la actuación de los músicos –no se pone en discusión su estética y su creación-, es posible abrir un debate sobre la utilización de las líricas y el protagonismo de los músicos, las líricas o las músicas en un contexto bancario y, en este caso, neoliberal.

Si seguimos esa línea de entendimiento, la inclusión de la canción no solo fisura el discurso artístico y estético del rock y del pop –más allá de que este se piense de una manera más superficial, cortesana y deliberada. Asimismo, también modifica las búsquedas propias de la lírica que incluiría inicialmente una narrativa ambigua y juguetona que termina convertida en una simple causa de financiación y vinculación monetaria.

En esa función, el riesgo de la enunciación y la sonoridad del pop-rock se diluye y torna ribetes aún más complicados: puede sustentar una lógica de endeudamiento y de proliferación del consumo en un contexto adverso, tanto para los consumidores pequeños como para los usuarios del propio destino presupuestario.

Por eso, si la vas a hacer, hacela bien: pensalo primero y después sí, cabe fijarse el lado de la mecha en el que se prefiere ubicar el arte y el lirismo. Y a partir de ese aspecto, entonces, vale tener en cuenta las tensiones y las propias encerronas del rock y del pop en un escenario de neoliberalismo que se presume alegre y se ofrece distendido.   

 

*Doctor en Comunicación/Docente (FPyCS-UNLP)- Twitter: @cristianseculG