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Opinión //// 14.12.2011
Desarrollo económico, jóvenes y territorio en el Proyecto Nacional

Por Pablo del Valle I El autor analiza el desempeño del programa Capital Semilla que lleva adelante el Ministerio de Industria.

El Infierno. Así caracterizaba Nestor Kirchner la situación de la Argentina en el 2003. El desempleo era del 25%, la pobreza del 54 % y de el endeudamiento externo representaba el 140% del PBI. En el período 2001 y 2002 cerraron más empresas que aquellas que abrieron sus puertas. Era la culminación de un proceso que había empezado en 1976, con el genocidio de la militancia popular como condición necesaria para el industricio y la imposición de un modelo exportador de materias primas similar al aplicado por las oligarquías gobernantes en las primeras décadas del siglo.Salir del Infierno. Implicaba devolver la dignidad a un Pueblo hambreado al mismo tiempo que se generaban las condiciones para que las empresas tuvieran mercado y rentabilidad, las dos dimensiones sobre las que se asientan los proyectos de inversión privados.
Dignidad Popular y mercado para las empresas argentinas fueron el incremento de la inversión pública y la ruptura de los condicionamientos externos al mismo tiempo que se creaban millones de empleos y jubilaciones, se otorgaba la asignación universal por hijo y revivían las convenciones colectivas de trabajo y el Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil. Ese conjunto de políticas también fue acompañado por múltiples de programas de apoyo a microemprendedores y empresarios en casi todos los Ministerios y organismos de apoyo a la producción. En el camino de salida del infierno pueden computarse las mas de 160.000 nuevas empresas creadas en estos 8 años, un 60% en manos de jóvenes menores de 35 años.
En ese contexto, en el año 2009, desde el Ministerio de Industria de la Nación, se puso en marcha el Programa Nacional de Apoyo a Empresarios Jóvenes, con un conjunto de herramientas para asistirlos en el proceso de creación y consolidación de proyectos productivos de matriz industrial.
En todas las provincias del país, 2700 proyectos de matriz industrial, de jóvenes de 407 municipios, algunos de ellos muy pequeños, reciben financiamiento mediante Capital Semilla.
Santo Domingo en Buenos Aires (263 habitantes); Villa La Quebrada en San Luis (400 habitantes); Monte Maíz en Córdoba (7650 habitantes); Angaco en San Juan (8178 habitantes); Laguna Naineck en Formosa (2115 habitantes); Lago Puelo en Chubut (2090 habitantes) o Colonia Wanda en Misiones (11.799 habitantes) son apenas un muestrario de rincones de la Patria en las que el Estado Nacional, a través del Ministerio de Industria se hizo presente para fortalecer el proceso de agregación de valor en origen y fortalecer el desarrollo regional generando oportunidades para que miles de jóvenes permanezcan en sus pueblos construyendo su propio destino y el de la Nación.
Un programa de fomento emprendedor para jóvenes como Capital Semilla, no sólo funciona por su agilidad administrativa. Funciona cuando los equipos que lo gestionan comprenden y asumen como propio el mensaje de la Presidenta de la Nación: salir a cada rincón del País a construir un nuevo paradigma nacional, con el trabajo como eje articulador de la vida personal y social.
Sintonía Fina es la etapa que viene en materia económica. La Presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner, en su mensaje ante la Asamblea Legislativa, al asumir su segundo mandato el 10 de diciembre aclaró los alcances de esa expresión: tener un Estado inteligente para mejorar la competitividad sectorial y por empresas, perfeccionar los mecanismos de administración del comercio e incrementar la agregación de valor y de innovación tecnológica en origen.
La Argentina recorrió un largo camino, desde aquel 25 de mayo del 2003 en el que Néstor Kirchner expresó que “cambio es el nombre del futuro” y “que un gobierno no debe distinguirse por los discursos de sus funcionarios, sino por las acciones de sus equipos”.
Con un Gobierno que vela por el interés de los argentinos, en un contexto de crisis global, el capital tiene que ser puesto al servicio de la economía y ésta al servicio del desarrollo humano. Tenemos respuestas propias para los desafíos del nuevo tiempo y una Presidenta con la capacidad de sostenerlas porque “mientras haya un pobre en la Patria, el trabajo no estará terminado”.
Las sociedades más pujantes son las que registran mayor tasa de emprendedores. Por eso, dentro del conjunto de variables que permiten registrar los avances del bienestar social se encuentra la cantidad de nuevas empresas creadas por el conjunto de la economía nacional.
La posibilidad de emprender es una opción de vida para muchos jóvenes y la mayoría lo hace porque detecta oportunidades de negocios que puede satisfacer y la tasa neta de creación de empresas continúa creciendo.
Esa es la verdadera dimensión social de la economía: producción capaz de generar trabajo para todos los argentinos y empresarios produciendo con los valores que la sociedad adopta como propios: innovación, compromiso ambiental, trabajo registrado y de calidad, responsabilidad fiscal, incorporación de valor en origen.
El día de su asunción, Kirchner nos propuso inventar el futuro. Hoy podemos decir con satisfacción que, aunque sabemos que falta, el futuro llegó, hace rato.