Apuntes para después de Milei
Desde el inicio de la gestión de Milei, el costo para el pueblo fue explícito. La caída del consumo de la población semana tras semana, mes tras mes, tuvo su lógico correlato en cierres de fábricas y comercios. Un ajuste jactancioso de su insensibilidad, como que es aún superior al realizado durante la dictadura, no tuvo la menor contemplación con ningún sector. No se olvidaron de nadie, o mejor dicho se acordaron de todos los colectivos que conforman el tejido social.
El país, que transita las décadas bamboleándose en forma pendular, ahora padece la desmesura de un gobierno de improvisados al servicio del capital financiero internacional y de los señores feudales de la tecnología que nos conducen aceleradamente hacia un lugar de ser o no ser. De existir o desintegrarnos como Nación. Es una versión para exportar de ultraderechismo que se atribuye supuestos dones “civilizatorios” llamados a escarmentar a una “barbarie” consuetudinaria que anidaría en todo lo público y bienes naturales, hasta el descaro de la pretendida venta de tierras a extranjeros. Si vienen por nuestras tierras “no pasarán” pareció ser el grito de un pueblo ingenuo que en las dos últimas elecciones voto por promesas contra la casta política y achicar el Estado cuando nuestra historia es abundante en ejemplos de este tipo de estafas discursivas.
El trapo desplegado en la icónica victoria futbolera contra los ingleses, parece llamado a convertirse en un accidente histórico que ha marcado una línea roja. Ojalá que así fuese. Pero los quilates de la mayoría de la dirigencia política y gremial, que sólo ha tenido agendas personales o de grupo, menguan crédito al optimismo. Amplios sectores del pueblo los ve como una burocracia que no se ha capacitado con rigor para este fin y que hacen de la política un medio de vida, algunos porque han aportado recursos, otros porque generan audiencia en los medios, los hay también oportunistas exitosos o han tenido algún golpe de suerte.
Es necesario comprender porqué aún en esta paupérrima realidad, la reacción popular semanal aparece como islotes sociales, aún lejanos de inclinar la balanza hacia la recuperación de lo perdido y la interrupción de la entrega. Si bien la falta de liderazgos creíbles es innegable, la razón estructural anida en que cuando la pobreza se acentúa, la capacidad de resistir del pueblo se debilita. “Cuanto peor, peor”, es una síntesis que no por vieja ha perdido vigencia. Los pueblos protagonizan revueltas o revoluciones cuando no han perdido todo, cuando recuperan fuerzas, cuando tienen lo que perder. Por eso es que adquieren importancia las elecciones generales de 2027, porque allí será cuando la gente tendrá la oportunidad de reflexionar sobre lo que hizo con su voto en el ´23 y en ´25 y hacer oídos sordos a los cantos de sirenas que seguramente provendrán de los medios asociados al engaño de la Libertad Avanza.
Es buenos recordar que en 2023 Milei ganó la presidencia en segunda vuelta. Veinte días antes, el 22 de octubre, el peronismo obtuvo 6,7% más votos que LLA con lo que se convirtió en primera minoría. Los primeros meses del gobierno de la derecha le fueron propicios para ejercer una hegemonía que fue efímera ya que la reprobación a la gestión comenzó a crecer en las encuestas al punto que una pocas semanas antes de las elecciones intermedias de 2025 las perspectivas de victoria para el oficialismo eran muy escasas. Una intervención grandilocuente del gobierno de EEUU, le permitió salvar la ropa y ganar esas legislativas. Hoy muchas encuentas restituyen al peronismo la condición de primera minoría y, como tal, recuperó sus chances de ser quién gane las nacionales de 2027, lo que no deja de ser dramático por el cuadro de situación que hipotéticamente heredaría. La multiplicidad de las demandas sectoriales exigirán al nuevo gobierno un salvataje inmediato, restituyente de un nivel de vida medianamente digno. Para graficar la situación, podría decirse que el primer año debería parecerse -salvando lógicamente las obvias diferencias- a lo que sucedería en Gaza, Cisjordania o el sur del Líbano si se lograse expulsar al sionismo. Primero habría que reconstruir para luego definir qué sistema político y socioeconómico adoptar.
En Argentina, ganarán las calle por sus derechos conculcados los jubilados, los familiares de discapacitados, los usuarios de los servicios públicos de salud, la comunidad educativa, los científicos, los endeudados, las victimas de la usura y de las empresas pirañas, los afectados ambientales, las comunidades originarias, los dueños de tierras enajenadas, quienes transitan por rutas destruidas, en fin, dónde se mire hay damnificados por esta salvaje versión neocolonial instalada por el voto modelado por los medios de comunicación hegemónicos y también por los fracasos de gobiernos de fuerzas populares.
Pero pasada la emergencia, habrá que habilitar la más amplia convocatoria para discutir un gran acuerdo político de muy largo alcance, un Contrato Social entre los argentinos con voluntad de recuperar la soberanía perdida para construir un país inserto en un contexto internacional que pronto será muy diferente al actual mundo unipolar en decadencia.
Con soberanía, podremos tener la independencia económica y la justicia social necesaria para que las futuras generaciones retomen el sentido y el orgullo de habitar esta Patria Grande cuyo proceso emancipador quedó inconcluso, pero que 250 años de luchas populares nos transmiten la misión de re encausar la senda para poder concretarlo.