El legado de Orwell

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El legado de Orwell

25 Enero 2020

Por Analía Ávila

 

George Orwell, el mítico autor de la novela distópica 1984 (1949), de Rebelión en la granja (1945) y de toda un teoría del pensamiento, fue uno de los ensayistas más importantes del siglo XX, gran cronista y un apasionado de la escritura. En un fragmento de sus Ensayos publicados por editorial Debate expresa: “Escribo porque existe alguna mentira que aspiro a denunciar, algún hecho sobre el cual quiero llamar la atención (…) pero no podría realizar el trabajo de escribir un libro, ni tampoco un artículo largo para una publicación periódica, si no fuera, además, una experiencia estética”.

El 21 de enero pasado se cumplieron 70 años de la muerte del escritor nacido en 1903 en Birmania, India, con el nombre de Eric Arthur Blair, y la vigencia de su obra es innegable. Crítico de los totalitarismos nazi y estalinista, en su corta vida que terminó en 1950 por una tuberculosis, sufrió en su juventud la pobreza - etapa de su vida narrada en las crónicas de Sin un peso en París y Londres (1933) – fue librero, profesor de inglés, periodista, locutor en la BBC y combatió como voluntario en el bando republicano durante la Guerra Civil Española. A partir de esta experiencia escribió Homenaje a Cataluña (1938), uno de los libros más leídos sobre estos sucesos españoles.

Resultado de imagen para 1984 tapa“Si los buenos ensayistas políticos llegan a serlo por su capacidad de analizar la realidad, comprenderla y explicarla, Orwell nos transmite con sencillez lo que él mismo es mientras habla de otras cosas. Su genio fue convertir su propia textura moral en escritos políticos de enorme calidad literaria”, afirma Irene Lozano en el Prólogo a sus Ensayos.

En el artículo de Orwell “Por qué escribo” (1946) leemos un manifiesto acerca de su propósito político en el sentido más amplio, con su “deseo de empujar al mundo en cierta dirección, de alterar la idea que tienen los demás sobre la clase de sociedad que deberían esforzarse en conseguir”. Y agrega: “Insisto en que ningún libro está libre de matiz político. La opinión de que el arte no debe tener nada que ver con la política ya es en sí misma una actitud política”.

En su libro 1984 el escritor imaginó una sociedad controlada por un poder político que manipula los medios de información y que está sometida a la vigilancia y la represión masiva. En una entrevista que el diario El país realizó en 2017, Richard Blair, el único hijo del escritor y director de la Orwell Society, organización que promueve la vida y obra de su padre, reflexionó sobre la novela: “La sociedad ha ido evolucionado hacia lo que él vio. El mundo ha ido hacia Orwell”.

Si bien 1984  fue siempre un clásico, desde que Donald Trump llegó al poder en enero de 2017 las ventas en Estados Unidos se dispararon en un 10 mil por ciento y hoy se sostienen, según datos de la editorial Signet ClassicsEn España y Australia las ventas aumentaron un 20 por ciento y la novela también está entre las más vendidas en Amazon. Por su parte la Biblioteca Pública de Nueva York que tiene 125 años de historia, informó este año que después de tres libros infantiles, el libro que más se consultó es 1984 con más de 400 mil préstamos.

Como una profecía (o pesadilla) cumplida, la casa que fuera del escritor en Islington, norte de Londres, hoy está rodeada de una red de 32 cámaras de seguridad; esto se inscribe en el marco de vigilancia de Inglaterra que tiene 4,2 millones de cámaras, una por cada 14 ciudadanos. También la casa de Notting Hill, en el centro londinense, donde el escritor vivió entre 1927 y 1928, tiene su nombre en una placa y es uno de los puntos  principales de los recorridos literarios, fotografiada diariamente por los turistas y viralizada en las redes sociales.

Orwell finaliza su nota “Por qué escribo” con lo que podemos leer como su testimonio de vida, su poética y su anhelo de claridad en la escritura: “Escribir un libro es una lucha horrible, exhaustiva, semejante al prolongado padecimiento de una dolorosa enfermedad. No se debiera emprender jamás una tarea así si no se siente estar dominado por un demonio al que no es posible resistir ni comprender (…) La buena prosa es como el vidrio de una ventana”.