fbpx Djamila Ribeiro: “El verdadero humor es una piña al hígado de quien oprime” | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Géneros //// 30.03.2022
Djamila Ribeiro: “El verdadero humor es una piña al hígado de quien oprime”

APU tradujo un artículo de la pensadora y filósofa brasilera, referencia mundial del feminismo negro. El artículo fue publicado en 2014 y mantiene su actualidad. “¿Por qué se tiene comprensión con quien está oprimiendo y no con quien está siendo oprimido? ¿Hasta cuando utilizarán el humor como excusa para ser racistas?”.

Por Djamila Ribeiro*

Así como hubo pensadores como Sartre, por ejemplo, que criticaba el arte por el arte, proponiendo un arte comprometido, Henfil, gran historietista brasilero, fue adepto del humor comprometido políticamente, no el humor por el humor, como él propio definió: “busco dar un mensaje a través del humor. Humor por el humor es sofisticación, es finura. Y en esa yo no voy: lo mío es el pie en la cara".

Visiblemente, el caricaturista tenía una posición de combatir al poder instituido. Sin embargo, lamentablemente, no es lo que vemos en los grandes medios, salvo raras excepciones. Lo que se ve es un humor rastrero, legitimador de discursos y prácticas opresoras y que intenta esconderse atrás de la risa. Siendo la sociedad racista, el humor será un espacio más donde esos discursos serán reproducidos. No hay nada de neutralidad, al contrario, hay una posición ideológica muy evidente de continuar perpetuando las opresiones.

Algunos humoristas, cuando son criticados, dicen que están siendo censurados. Hay que explicarle a esos humoristas lo que es la censura. Primero, ellos dicen y hacen cosas prejuiciosas. Quien se sintió ofendido se queja. ¿Dónde está la censura en eso? Se molestan por el hecho de que, cada vez más, muchas personas denuncian y gritan al ver sus identidades y subjetividades degradadas, es como si dijesen “ni se puede ser racista, machista en paz”. Creen que tienen una especie de poder divino de decir lo que quieren sin ser responsabilizados.

Actualmente, pululan humoristas de ese tipo. Se comportan como semi dioses, como Danilo Gentili, que le dijo macaco (N.d.T: en castellano es mono pero en Argentina usan el macaco) a un joven que no estuvo de acuerdo con él. Marcelo Marrom, lamentablemente, es un hombre negro que hace chistes vergonzosos ridiculizándose a sí mismo y a personas negras. Actúa como una especie de neocapitán de mato, intentando cazar nuestra dignidad, autoestima, que hace años luchamos para tener. Capitán de mato del humor para entretener a la casa grande. Que la ancestralidad tenga misericordia de él.

Durante mucho tiempo yo tuve recelo de pasar cerca de grupos de adolescentes. Cuando era chica fui blanco de chistes y burlas por ser negra. Al pasar por un grupo de esos, era inevitable escuchar alguna “gracia” del tipo: “mirá, tu novia”, “y ¿no la vas a presentar?”. Y el pibe “blanco de burla” se defendía. “Cortala ¿Estás loco?”, “¡Dejá de burlarme!”. Tener una novia como yo era algo impensable.

La pretensión creada en ellos fruto de un sistema que los privilegia, los cegaba al hecho de que yo era quien podía no quererlos. Pero, para ellos, yo era sólo una “negrita”, alguien que merecía ser ridiculizada y dejada de lado. Ese recelo me acompañó hasta el inicio de la fase adulta. Yo prefería cruzar la calle a tener que escuchar esas cosas que me lastimaban. ¿Y qué me decían las personas? “No les des bola, es solo un chiste”. Y toda la sociedad estaba de acuerdo con esos chicos: yo no me veía en la TV, en las revistas, en los libros didácticos, en mis maestras.

Un día, cuando llevaba a mi hija a la escuela, un grupo de adolescentes comenzó a reírse del cabello de ella, el cual estaba suelto, lindo y con una flor. Ella no se dio cuenta, pero yo me les acerqué y les dije suavemente: “¿Se están riendo de qué? El pelo de ella es lindo. Si yo vuelvo y ustedes están acá, los voy a fajar uno por uno”. Claro que no haría nada de eso, dije aquello para asustarlos y lo conseguí, pero escuché críticas del tipo: “ah, pero sólo eran adolescentes jugando”. Y yo me pregunto ¿quién se compadece de la nena negra que tendrá su autoestima rebajada? ¿De la nena negra que desde chica es ridiculizada?

¿Por qué se tiene comprensión con quien está oprimiendo y no con quien está siendo oprimido? ¿La nena negra necesita entender que eso es “una joda” o quien hace la “joda” percibir que eso es racismo? ¿Hasta cuando utilizarán el humor como excusa para ser racistas? ¿Quién prestará atención a la nena negra que odiará su pelo porque hacen chistes con él? Quién sacará provecho ya sabemos.

Está también aquella historia de que debemos reírnos de nosotras mismas, de nuestros defectos. Reír de mi porque soy distraída o torpe es una cosa. ¿Por qué rayos debería reírme de mi piel o de mi pelo como si fuesen un defecto en vez de partes lindas que me componen? De hecho ¿Ser negra es defecto? En la visión del racista, sí. Entonces, para ser aceptada por él yo necesito reír de lo que le molesta, asociar mi pelo a productos de limpieza, por ejemplo. Pero ni le pasa por la cabeza asociar su pelo lacio con espaguetis. Este ejemplo muestra cómo el racismo tiene un papel preponderante en aquello que a las personas les parecerá gracioso y aquello que no. De la misma forma, les parecerá gracioso ridiculizar travestis, mujeres trans, como si la humillación diaria y la negación de la ciudadanía no fuesen suficientes.

Es necesario percibir que el humor no es inocente, carga consigo el discurso del racismo, machismo, homofóbia, lesbofóbia. Ante tantos humoristas reproductores de la opresión, legitimadores del orden, me quedo con la definición del brillante Henfil: “el verdadero humor es aquel que da una piña al hígado de quién oprime”.

*Publicado originalmente em Carta Capital el 11 de julio de 2014.

Traducción: Santiago Gómez