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Entretenimiento //// 08.08.2020
El jurado: las historias detrás de un tribunal popular

La serie belga se centra en el juicio por jurados, uno de los debates legales relevantes de los últimos años, y una de las aristas de la reforma judicial del poder ejecutivo. La historia funciona con un nuevo enfoque dentro del género y como cuestionamiento a los jurados populares. 

Por Diego Moneta

En las últimas semanas, a partir de la reforma judicial impulsada por el presidente Alberto Fernández, volvió a ganar importancia uno de los debates legales más relevantes de los años recientes: el juicio por jurados. El proyecto del poder ejecutivo busca la federalización del sistema de acuerdo con el mandato constitucional. 

En nuestro país, el juicio por jurados está contemplado en nuestra Constitución Nacional desde 1853, principalmente a través del artículo 24. Sin embargo, sólo está regulado en siete provincias y se aplica según distintas metodologías. En términos generales, debe determinar la culpabilidad de la persona, mientras que la pena la establece luego un juez.

A pesar de que el jurado popular debe permanecer ajeno a la interpretación de las noticias, entre los casos más conocidos destaca Daniel Oyarzún, el carnicero de Zárate que atropelló a un ladrón, y el pedido de la defensa de Luis Chocobar. Además, siguiendo la aplicación obligatoria en causas por corrupción que hay en Córdoba, el diario La Nación se relame imaginando a la actual vicepresidenta Cristina Fernández en estas circunstancias. 

El jurado, serie de origen belga, propone una mirada sobre el sistema que busca democratizar la justicia a partir de la idea de “ser juzgado por pares”. Lanzada en el año 2019, en las últimas semanas se incorporó a Netflix y se convirtió en la segunda producción realizada en Bélgica en llegar a la plataforma de streaming. 

Frie Palmers (Maaike Cafmeyer) está acusada de asesinar a Brechtje, su mejor amiga, y, años más tarde, a Rose, su propia hija. Un tribunal popular deberá decidir si es culpable de ambos crímenes, teniendo en cuenta la premeditación y más allá de toda duda razonable. 

La serie, que recuerda a la clásica película 12 hombres en pugna, sigue el desarrollo del proceso judicial a lo largo de una decena de capítulos. Sin embargo, rápidamente el eje incorpora la vida de los integrantes del tribunal, y de quienes acusan a Frie, para conformar un abanico de subtramas que aumentan el interés con el desarrollo de la narración.

 

El jurado propone un interesante cambio de foco para abordar casos judiciales en la ficción, aunque va perdiendo algo de intensidad a medida que se bifurca la trama. Entre las personas sorteadas para integrar el tribunal destacan Delphine Spijkers (Maaike Neuville), miembro suplente e inmersa en un matrimonio muy violento, Holly Ceusters (Charlotte De Bruyne), presidenta del jurado, Noël Marinus (Piet De Praitere), muy cercano a la prensa, y Joeri Cornille (Tom Vermeir), entre otros. 

Ari Spaak (Josse de Pauw), abogado de Frie y uno de los personajes más atractivos de la serie, confía plenamente en el relato de su defendida y trabaja para demostrar que es inocente. Según su versión, su ex esposo y su actual pareja conspiraron en su contra. El padre de Brechtje nunca estuvo muy convencido de la responsabilidad de Frie. 

Narradas de distintas maneras, la vida de cada miembro del jurado popular sirve para entender la razón de su veredicto. Cada acción, actitud, gesto y mirada cuenta para entender las relaciones que se han forjado y se forjarán en la serie. Cuando el foco sale del juzgado, la historia personal de cada parte se vuelve relevante para armar el rompecabezas de esta historia.

Además, al principio y al final de cada episodio, se propone un viaje narrativo al pasado para que el espectador saque sus propias conclusiones en torno a los asesinatos. De esta manera, el juego temporal y los protagonistas no jerarquizados agregan complejidad al relato. 

Si bien por momentos se vuelve engorrosa, por un exceso de información, la fórmula sirve para cautivar a quienes se interesan por las series policiales. Las escenas de tensión no escasean y el enfoque resulta innovador. 

El jurado apunta a demostrar que las historias personales de un jurado popular condicionan las resoluciones a las que puede llegar la institución. Esto no quita que los jueces profesionales también puedan ser influidos, la historia de nuestro país es un claro ejemplo de ello, ante lo cual el juicio por jurados pueda ser considerado una alternativa.