fbpx Mary Sánchez, la maestra del pueblo | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Dossier //// 08.03.2022
Mary Sánchez, la maestra del pueblo

El día que la Política, en cualquiera de sus terrenos de disputa con el poder, recupere la mística, la épica, las convicciones, la movilización y la lucha popular, ese día la veremos nuevamente marchar entre nosotros y nosotras a la querida Mary Sánchez, la maestra del pueblo. 

Por Jorge Giles

Esa mujer con cuerpo de gorrión y alma de guerrera supo habitar entre nosotros, vivir entre nosotros, luchar junto a nosotros, soñar, amar y volar junto a nosotros.  
Esa mujer despertaba pasiones encontradas; como toda gran mujer. 

Hablo de Mary Sánchez y adelanto que me niego a pensarla en el pasado; prefiero verla sonreír en el futuro, cuando seamos capaces  de imitar su vuelo, su sentido épico de la vida, su incansable lucha por un aula mejor, por una escuela más libre, por un mundo más justo. 

Parafraseando a Sabina: me sobran los motivos, yo que transité de su mano mi libertad al salir de la prisión de la dictadura, para presentarla con todos sus honores y pergaminos. 
Esa mujer creó un sindicato unificado bonaerense allí donde todo era división y parcelas de espanto y egoísmo. Creó ese  sindicato y bautizó a los docentes como trabajadores y trabajadoras de la educación. Se llama SUTEBA ese sindicato que Mary Sánchez creó junto a sus compañeras y compañeros más queridos. 

Lejos de conformarse con esa conquista que partió de La Matanza y Morón para extenderse a toda la provincia de Buenos Aires, aprontó luego su ligero morral y voló hasta Jujuy y de allí a Mendoza y de allí a Chubut y de allí a Corrientes y de allí a todo el territorio de la patria. Y no cesó ese tramo de su vuelo hasta recuperar el gremio madre de sus sueños y desvelos: CTERA, la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina.  El Congreso de Huerta Grande, en Córdoba, fue el punto de partida hacia nuestros sueños de reconstruir un gremio docente, nacional, popular y democrático. 
Me sobran los motivos para afirmar que a Mary Sánchez le dolía CTERA en cada compañera y compañero desaparecido. Su reivindicación y sus banderas iban más allá, mucho más allá, del reclamo laboral y educativo. Ella se abrazaba a la memoria de Isauro Arancibia, asesinado en Tucumán en el primer minuto del golpe genocida, para saber qué hacer en cada encrucijada. 

¿Qué cosas pensaría Isauro si estuviera con nosotros a esta hora, en este día, en estos tiempos? ¿Y qué diría la heroica maestra jujeña Marina Vilte, presa y desaparecida por la misma dictadura? ¿Y qué nos reclamarían los y las estudiantes asesinados, desaparecidos, torturados, perseguidos? En su pensamiento la sobrevolaban Susana Pertierra, Eduardo Requena y los más de 600 docentes desaparecidos. Mary fue una militante nacional y popular de esos sueños diezmados. 

Alguna vez esa mujer escribió: “Estamos enseñando y aprendiendo de la comunidad que nos acompaña, que a este país al que pisotearon su mística, le robaron los sueños, y quieren resignar a la desesperanza, los trabajadores aún podemos cubrir de esperanzas… Hoy la escuela está en la calle, peleando y cantando. Hoy los trabajadores docentes y los alumnos ayudan a soplar el viento libre de la historia”
Sigo creyendo que dirigentes y militantes como Mary y como Germán Abdala, componen una larga lista de hombres y mujeres que supieron ser el mismo viento libre de la historia. 

Desde la CTERA Mary advertía a propios y extraños que había una injusta representación de la mujer en los cargos directivos de los sindicatos y de la propia Confederación General del Trabajo. Como si el estigma patriarcal dominante tuviera destinado el rol de las mujeres de la puerta hacia adentro del hogar familiar, exclusivamente. Se olvidaron que Mary pertenecía a un gremio predominantemente femenino. Y que era un gremio de lucha y de convicciones muy arraigadas. Y entonces ocurrió lo que era justo, simplemente: Mary fue elegida como la primera mujer sindicalista en llegar a un cargo de conducción en la CGT. Fue la flamante titular de la Secretaría de la Mujer. Una mujer, entre ese cúmulo de hombres que ocupaban los sillones de la calle Azopardo, abría caminos para que transiten otras mujeres. 

Vale recordar, una vez más, que su hermano de clase, su compañero de ruta, su reivindicador permanente se llamó Saúl Ubaldini, Secretario General de la Central obrera. Solidario hasta la médula, Saúl le abrió todas las puertas sindicales para que Mary desarrolle su enorme responsabilidad en ese puesto de lucha de los trabajadores y trabajadoras de todo el país. 

Puesta a lidiar en ese terreno mayor, Mary sintió que faltaba más y más y más para llegar a destino, que no era otro que la patria liberada con un pueblo feliz. La carta de navegación era la Política, así con mayúsculas. Ella miraba todo con ojos políticos. Viajó a Cuba, Nicaragua sandinista, México, Brasil entre otros países hermanos del continente, promoviendo la unidad política del sindicalismo docente. Se identificó rápidamente con Germán Abdala y compartieron el  afán por superar las fronteras sindicales hasta construir una herramienta política partidaria que exprese y represente cabalmente a la clase trabajadora sin amagues ni agachadas. Y lo hicieron construyendo el Frente Grande. Y más tarde la Central de Trabajadores Argentinos. Nunca solos. Siempre junto a tantos compañeros y compañeras que naufragaban en el mar abierto e implacable que provocó el paso del ciclón devastador del menemismo. 

Allí estuvo siempre Mary. Allí estuvimos con ella. 
Me sobran los motivos para seguir nombrando una por una sus variadas responsabilidades en lo gremial, en lo social, en lo político, en lo institucional. Mary, generosa con los sectores populares, implacable con sus adversarios, no dejó de estar presente, ya como Diputada Nacional, en cada conflicto social, en cada toma de fábrica, en cada corte de rutas, en cada movilización obrera por un salario justo y una vida digna. Incluso estuvo poniendo su cuerpo y su corazón tras los barrotes de una  cárcel bonaerense cuando los presos sociales reclamaban por mejores condiciones. Pero  cuando el destrato recibido, por parte de uno de sus pares legisladores, superó los límites del mínimo respeto hasta llegar al insulto a esa enorme Mujer que era ella, no dudó en estamparle una ejemplar cachetada al menemista nuevo rico que osó humillarla. En vivo y en directo y en plena sesión de la Honorable Cámara. Políticamente incorrecta, como suelen ser los y las que no abandonan sus convicciones en las puertas de un palacio. 

Como verán, más que una simple biografía, nos importa transmitir el ejemplo de vida que transmitía esa Mary pasional, tierna, luchadora incansable. Incapaz de rendirse ni llamar a rendición a lucha alguna. Mary fue pura mística, es cierto, pero también infatigable constructora de nuevas herramientas organizativas que sirvieran al conjunto del pueblo al que tanto amaba. 

Siempre me pregunté si Mary no habría nacido de las cuencas vacías del poeta Miguel Hernández, del murmullo de pájaros de esa noche en la que fusilaron a Federico García Lorca, del millón de muertos de la dictadura de Franco en España. Y claro que fue así. Porque ella nació de la simiente de Don Sánchez, su padre anarquista, argentino de nacimiento, internacionalista por vocación solidaria. El compañero Sánchez no dudó cuando le ofrecieron anotarse en la lista de voluntarios argentinos que irían a pelear en el bando popular republicano frente a las huestes del fascismo franquista. Y allá fue Don Sánchez alistado en ese ejército múltiple y heterogéneo de republicanos, comunistas y  anarquistas. Combatieron hasta el último cartucho y el último aliento. La derrota es superable cuando es una derrota de mujeres y hombres dignos. Don Sánchez fue a parar con sus huesos a una cárcel falangista donde conoció y se enamoró de la voluntaria española con la que concebirían a su primera hija María Vicenta Sánchez García, nacida en San Millán, Logroño, España, el 9 de noviembre de 1943. 

Liberado de la prisión, los tres cruzaron los mares junto a otros expatriados por el golpe franquista hasta llegar a la Argentina, plantando bandera desde entonces en el partido de La Matanza, la patria chica de Mary Sánchez. Más tarde nacería Alicia, su hermana menor, su compañera y amiga. 

Conocer este origen familiar quizá ayude a entender mejor el temperamento y vocación revolucionaria de esa mujer con cuerpo de gorrión y alma de guerrera. Y quizá explique cómo fue que Mary se abrazó rápidamente a la causa nacional y popular inaugurada por ese Flaco venido desde el sur patagónico, llamado Néstor Kirchner, junto a su compañera de vida, llamada Cristina.  

Después de transitar por otras funciones de gobierno, ya en el año 2009, Mary asume la Coordinación del Programa “Argentina trabaja, enseña y aprende” del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación que, en articulación con el Ministerio de Educación, crea el Programa Finalización Estudios (FINES).  La tarea de Mary posibilitó que cientos de miles de estudiantes en todo el país terminaran sus estudios primarios y secundarios. Los protagonistas fueron trabajadoras y trabajadores de Cooperativas y barrios populares que acompañaron y participaron de las políticas de creación de empleo con programas de alfabetización y terminalidad primaria y secundaria que promovía el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a través de la ministra  Alicia Kirchner, el ministro Alberto Sileoni  y la Coordinadora Mary Sánchez. 
Seguía siendo en la acción política la misma Mary de la Marcha Blanca docente de 1988, la Mary que enfrentó a la dictadura y sus cómplices civiles desde el sindicato docente matancero, la Mary que apoyó, desde la labor legislativa, la Carpa Blanca docente en los noventa que derrotó al menemismo neoliberal, vigente entonces. 

Ahora se entenderá mejor porqué despertaba tantos odios y amores casi en la misma proporción, entre propios y extraños. Su intransigencia y lealtad en la defensa de sus convicciones lo explican todo. Ahora se entenderán también nuestros propios desencuentros pasajeros, nuestros sueños y objetivos militantes compartidos, nuestro amor correspondido hasta el último aliento junto a los humildes de la patria. 
El día que supo que asumiría por voluntad popular una banca de diputada nacional, renunció a su cargo de Secretaria General de CTERA y se despidió orgánica y sentimentalmente así: 

“A mis Compañeros de siempre: cuesta mucho escribir algo cuando ello se parece irremediablemente a una despedida. Son treinta años de lucha permanente y de transitar todos los caminos que reivindican, defienden y promueven las banderas de la educación, que son las banderas de los docentes argentinos…En todo este tiempo aprendí algo tan sencillo como profundo: vale la vida cuando se camina en la misma dirección de todos aquellos que lucharon en la historia y de los que siguen luchando a favor de la justicia social, de la equidad, de la democracia, de la Educación popular. Vale la vida aún cuando el precio haya sido muchas veces la persecución, la cesantía y la profunda tristeza de perder compañeros de la talla de Isauro, Marina y Requena. Y vale la vida cuando uno pudo protagonizar la Marcha Blanca de 1988. Vale la vida, en fin, cuando vivimos como pensamos…Permítanme entonces, en esta esquela de mi memoria,  reafirmar que jamás me despediré de CTERA porque jamás me despediré de nuestros sueños, de nuestras utopías”.

Cuando Mary enfermó corrimos con sus hijos a buscar los mejores médicos, la mejor medicina para esa maldita hepatitis que la desgarraba. Su final fue un largo calvario, como el de Germán. Poco antes de morir, un día cualquiera de 2015, recorrimos juntos todo el Museo Malvinas que nos cobijaba en aquel tiempo. Preparábamos el mejor lugar para un encuentro federal de FINES. Nos vimos varias veces en esos días. Nos reíamos. Nos emocionábamos con nuestras nostalgias, con nuestros encuentros y desencuentros, con nuestra lealtad de siempre. Y casi al despedirnos esa vez se me ocurrió cantarle muy bajito una de las canciones nacidas al calor de nuestra lucha hacia la Marcha Blanca. Y ella susurró conmigo: 

“Larga es la lucha y la esperanza; corta la vida, sí, pero alcanza; para cambiarnos la suerte cambiando, nuestros pesares, peleando y cantando.
Pienso en el niño sin un maestro; la pena es suya y el llanto es nuestro; la patria llora triste en el recreo, cuando hay maestros verdaderos.
Pobre el salario de aquel que enseña de donde viene la brasa y la leña; la historia se hace a fuego lento y el pueblo sabe que el maestro es el viento”
El día que la Política, en cualquiera de sus terrenos de disputa con el poder, recupere la mística, la épica, las convicciones, la movilización y la lucha popular, ese día la veremos nuevamente marchar entre nosotros y nosotras a la querida Mary Sánchez , la maestra del pueblo.