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Dossier //// 16.12.2021
María Claudia Falcone, la abanderada de los estudiantes

María Claudia Falcone, la joven militante de la UES secuestrada durante la última dictadura cívico militar en la recordada Noche de los lápices, a quien siempre regresamos para recordar y reivindicar como bandera de los estudiantes que militan y luchan por un país más justo y solidario. 

Por Araceli Lacore

La Plata, 1976. Una adolescente de 16 años, militante de UES, es detenida, torturada, violada, asesinada y desaparecida. Maria Claudia Falcone fue secuestrada el 16 de septiembre del 76 en la llamada ‘’Noche de los lápices.’’ 

Nucha, como le decían, nació en La Plata en el año 1960 y estudió en la Escuela Superior de Bellas artes donde fue elegida delegada del curso. De voz estridente y personalidad fuerte y solidaria, así la recuerda Maria Rosa Torras.

Corría 1975 cuando estudiantes secundarios agrupados en la UES (Unión de estudiantes secundarios, frente estudiantil que respondía a la organización Montoneros) reclamaban entre otras cosas y ante el Ministerio de obras públicas el otorgamiento del boleto de colectivo con descuento para estudiantes. En septiembre de ese año el boleto es otorgado y suspendido en agosto del año siguiente.

Maria Claudia fue secuestrada en la casa de su abuela en La Plata y llevada al llamado ‘’Pozo de Arana’’ y luego al ‘’Pozo de Banfield’’. Allí fue torturada, y asesinada. Aún continúa desaparecida.
La familia presentó seis recursos de habeas corpus ante el juzgado federal de La Plata para su liberación, con respuestas negativas.

Esa misma noche fueron secuestrados sus compañeros María Chiocchini, Francisco López Muntaner, Claudio de Acha, Horacio Angel Ungaro, Daniel Racero, Emilce Moler, Pablo Alejandro Díaz, entre otros. Según los informes de la CONADEP y varios testimonios los adolescentes secuestrados fueron trasladados a distintos Centros Clandestinos de Detención, entre ellos Arana, el Pozo de Quilmes, el Pozo de Banfield, y varias comisarías. Allí sufrieron el hambre, torturas con picana eléctrica, latigazos y abuso sexual, para luego ser fusilados la mayoría de ellos.

Pablo Díaz quien logró sobrevivir y dar testimonio sobre aquella noche brutal, sostuvo que fueron señalados en una lista luego de un trabajo de inteligencia llevado cabo por el ejército en el Batallón 601 y ejecutado por la policía de la provincia, comandada por los genocidas Ramón Juan Alberto Camps (en aquel entonces General de la Nación)y Miguel Etchecolatz. 
Pablo recuerda haberle dicho a Claudia: ‘’Nos vemos afuera, cuando te liberen’’. A lo que Claudia respondió: ‘’No, Pablo, nosotros no vamos a salir. Brinden por nosotros todas las navidades’’.

Desde que se iniciaron los juicios a los genocidas, Claudia, como tantas otras mujeres que formaron parte de las organizaciones del peronismo revolucionario, fueron visibilizadas y obtuvieron un lugar en la historia y en la memoria colectiva del pueblo argentino.

Su hermano, el poeta y militante Jorge “Chiqui” Falcone, autor del libro “Piedra libre para todos mis compañeros” escribió cartas y poemas dedicados a ella, que luego fueron repartidos entre marchas y asambleas entre los amargos años 90 cuando parecía que el olvido cubría con su manto y para siempre los nombres y los valores revolucionarios de los 30 mil compañeros y compañeras detenidas desaparecidas, y los primeros años 2000, cuando la organización popular resplandecía en su resistencia: 

Evita lo sabía, Clau, los que menos tienen son los que más dan: Ante un Estado diezmado emergió vigoroso tu Pueblo de siempre, multiplicando el voluntariado solidario a lo largo de la Patria. Montando merenderos, salitas de guardia y consultorías jurídicas gratuitas, huertas comunitarias, fabricas recuperadas, y los más diversos microemprendimientos. Porque, como dijo Ernesto Cardenal, el sacerdote sandinista: El Pueblo nunca muere

El Chiqui conversa con su hermana como quien escribe cartas a un ser querido que vive lejos y que pronto volverá, con quien pronto podrá reencontrarse:

La taba está en el aire, compita de los bellos días. Y en tanto gira, Johanna se refugia en un cyber de Mendoza para huir del bardo familiar, y me escribe un mail donde expresa que desearía ser vos. Nahuel, a sus doce, cuida sus cotorritas en Puente de Fierro a la espera de dedicarte un poema a viva voz el próximo 16; y Lucas, a sus catorce, rebobina en La Aceitera una película que te nombra, para entender de una vez. En resumen, mi dulce interlocutora, que ni vencimos aún... ni esta dicha la última palabra.

Tu hermano Jorge,
que siempre extraña nuestras charlas.
Y aquella risa que no cesa.

Desde el año 2003 una calle en La Plata lleva su nombre, también un colegio de la Capital Federal entre otras escuelas e institutos. Su nombre es bandera de los estudiantes que día a día mantienen viva la memoria, con sus deseos de vivir en un mundo más justo y solidario.