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Dossier //// 07.09.2020
Hernán “Tato” Osorio:una vida de resistencia y lucha

Tato Osorio fue un histórico militante de la organización Montoneros. Tras el triunfo electoral de Héctor Cámpora en el año 73, fue elegido delegado de la Juventud Peronista en la Patagonia. Su nieta hoy recuerda su itinerario militante.

Por Micaela Osorio

Su nombre de pila era Hernán pero lo conocían como “TATO”. 
Tato tenía mirada profunda, ojos achinados sonrisa amplia y contagiosa. Perspicaz, de verbo preciso y categórico, casi siempre tenía opiniones confrontativas. 
A veces machacando ideas, en sus conversaciones te daba cátedra. Otras, mientras hablaba, iba perdiendo el hilo del relato dentro de los laberintos que tejía su memoria, algunas veces demostrando que ese olvido formaba parte de un mecanismo de defensa, que no le permitía recordar datos y fechas precisas.
Su espíritu rebelde comenzó a reafirmarse allá por 1958 cuando participó de una de las primeras huelgas en la Escuela Normal de Carmen de Patagones, motivo suficiente para que fuera expulsado del colegio.  
Pero su historia como militante político comenzará muchos años más tarde.
Durante 1969 comienza a tener una participación activa dentro de la Juventud Peronista.
Comenzaban los setenta y los movimientos populares estaban por fusionarse en Montoneros, con el emblemático secuestro y asesinato de Aramburu. 
La efervescencia de la época, llevó a un gran sector de la Juventud Peronista a involucrarse activamente en política. 
En 1971 Tato empieza a vincularse con Guguy Fagés, Aleardo Coya Laría y otros compañeros, que militaban en La Plata dentro de la Federación Universitaria de la Revolución Nacional (FURN)  

El contexto

Se acerca la primavera camporista que durará tan solo unos meses y la consigna que empieza a escucharse es la de “Luche y Vuelve.” 
Llegarán así las elecciones nacionales, con la fórmula Héctor Cámpora-Vicente Solano Lima. Sin embargo, a pesar de que el peronismo ya no se encontraba proscripto, Perón aún se encontraba en España. 
Mientras tanto en Río Negro el candidato por el Partido Justicialista era Mario Franco, quién gana las elecciones y arma la “jotaperra”, con quienes Tato tenía roces y disidencias, ya que estos pertenecían más bien a las esferas del peronismo de derecha. 
Tato junto a compañeros del Alto Valle, Neuquén y Bariloche fueron claves en el armado de la Juventud Peronista con tendencia a la izquierda, en el sur.  
Así se fue armando la organización en la Patagonia, y cuando llegó la invitación para el primer Consejo Nacional del Partido Justicialista en una asamblea, que se realizó en Santa Fe, para armar las regionales en todas las provincias del país, el único representante patagónico que estaba presente era él, tal como lo cuenta en una anécdota, entre risas en una larga y extensa entrevista realizada por el periodista Carlos Espinoza, quedando al frente porque no había otro: “A mí no me eligió nadie, me elegí solo. Pónganme a mí, después si los compañeros aceptan lo dejamos así”*, motivo por el cual ese día fue elegido como delegado de la regional.
Días más tarde asiste a una convocatoria con Roberto Quieto, el Pepe Firmenich, Marcos Osatinsky y otros dirigentes. En palabras de Tato: “yo entendía que el delegado patagónico tenía que ser Miele.”* (Haciendo alusión a Rudy Miele, con el cual se reencuentra después de la fuga de Trelew quién había sido apoderado de los presos de Rawson, y con quien años más tarde compartirían labores en la Secretaría de Extensión de la Universidad del Comahue) 
Pero él me dijo: ya tengo 35 años. Te toca a vos, y fui confirmado”*

Corrían los primeros meses de 1973 cuando, de esta manera, Tato Osorio asume la conducción de la Regional VII. La Juventud Peronista, denominada “de la Tendencia”, que era el brazo armado político de Montoneros, para el proceso de Liberación Nacional.

 (En la foto Tato Osorio, a la derecha y detrás de Rodolfo Galimberti)
El verdadero desafío para Tato se presentó ante la organización del viaje a Buenos Aires ante la llegada del General Perón a Ezeiza el 20 de Junio de 1973, ya que de Río Negro salieron dos trenes llenos y el responsable de la movida era él, por lo cual se hizo cargo de la columna que pasaba por Viedma y dejo a otro compañero a cargo de la columna que venía en el tren del Alto Valle. 
Las memorias de Tato: “Avanzamos con normalidad hasta Cañuelas, pero allí ya no le daban paso a nuestros trenes, porque estaban los grupos de derecha impidiendo la llegada numerosa de la JP para demostrarle capacidad de organización y presencia al general. Estuvimos un par de horas esperando que nos dieran vía libre y bueno, después de mostrar algunos fierros, nos bajaron las señales.
La organización en Buenos Aires, donde nos dieron de comer y beber en la facultad de Derecho, fue impresionante y desde allí arrancamos caminando para Ezeiza en la madrugada del 20; y llegamos bien hasta unos 400 metros del palco, pero un poco después los compañeros que estaban más adelante traían la noticia de que había tiros contra la gente, y se armó el despelote. 
Yo tenía dos preocupaciones: que ningún cumpa resultara herido y que nadie se perdiera entre el amontonamiento, fue muy bravo, pero salimos bien del lío, nadie se lastimó y a la tardecita estábamos todos de nuevo en el tren, éramos más de 2.000 y logramos mantenernos unidos
”.*

Mientras tanto todo continuaba complicándose, las diferencias con el gobierno y las presiones que impulsaban ciertos sectores de la derecha eran cada vez más visibles. 
En Agosto de 1973 Tato se encontraba en un acto en Trelew, en conmemoración del fusilamiento de los compañeros en el penal, cuando lo detienen por portación de armas durante un mes. En ese entonces aparecieron en Viedma, en la pared del Obispado grafitis que decían: “¡Libertad a Tato Osorio!”.
Un año más tarde comienza progresivamente el ingreso hacia la clandestinidad, debido a los amedrentamientos que empieza a sufrir Tato junto a su familia por parte de patotas sindicales que respondían a Mario Franco.

El paquete de azúcar que les salvó la vida

Uno de los ataques más feroces que sufre Tato, es el tiroteo a su casa en Viedma donde un auto con varias personas pasa frente a la vivienda disparando con ametralladoras.
Su hijo Augusto Osorio, relata en la actualidad este hecho, del cual fue protagonista con tan solo 4 años, ya que ese día solo se encontraban ellos dos en la casa. 
Habían bajado al sótano a buscar un paquete de azúcar, cuando comienza la embestida, y estos tipos disparan a la cocina, confundiéndose una lámpara con la cabeza de Tato. 
Tato intenta defenderse de este incidente subiendo al techo de la casa. Luego de esto la familia decide mudarse a Neuquén.

En aquel entonces era impensable para Tato poder apartarse de la orga, sin embargo, su compañera de vida Martha Villa, quién jugó un rol importante durante estos años por ser precisamente la que acompañaba las decisiones que tomaban conjuntamente. 
Será ella quien comience a inquietarse frente a lo que estaba pasando y a pensar en el bienestar tanto de sus 3 hijos, como de ellos dos.
Para ese entonces los hijos se encontraban desparramados, viviendo en distintas casas de gente conocida y otros compañeros.

Un día el rector de la UNC, Roberto Domecq, me llamó y me dijo que ya no podía seguir sosteniéndome en Extensión; me pasó entonces a un cargo de investigación en Roca y allá me fui con la familia. Estábamos allí cuando nos cayó un allanamiento, ya para mitad de 1975. Ese día estábamos reunidos con un representante de la conducción nacional de Montoneros; pero tuvimos tiempo para que los compañeros que estaban en la reunión pudieran escapar. Le dije a Marta: “vamos, rajemos” pero ella no quiso y se quedó sola, para cuidar la casa. Cayó la policía y la metieron presa, se ligó como 6 meses en cana.

En aquella reunión, relatada brevemente por Tato, es precisamente Martha, quién “presiente” que la policía se acercaba porque comienza a observar desde la ventana demasiado movimiento. Por esta razón, alerta a Tato y a los demás compañeros a tiempo para que logren escapar, ya que ellos tenían muy bien organizados los protocolos de escape frente a esas situaciones, el cual ponen en marcha, mientras que Martha se queda a esconder la evidencia y los restos de municiones que quedaban en la casa, motivo por el cual, tal como cuenta Tato, la detienen algunos meses. 
En palabras de su hijo: “Ella siempre fue la que nos salvó la vida a todos”.
Mientras tanto el relato de Tato continúa: “Para ese entonces las cosas estaban muy difíciles y yo clandestino en Bahía Blanca. Había cuestionado la decisión política de la conducción de Montoneros, sobre el pase a la clandestinidad de la totalidad de los cuadros militantes, opinando en cambio que sólo tenían que ocultarse los compañeros más jugados y comprometidos; que había que cuidarse pero seguir en público, para que nos cuidaran la gente, los vecinos y los compañeros; en mi caso los estudiantes de la Universidad. 
Esta actitud hizo que la orga me degradara, me bajaron de categoría (se refiere a los grados cuasi militares que se asignaban) y me arrestaron en un departamento de Bahía Blanca, donde mandaba un compañero de Neuquén, el Oso Ruiz, para plantearme la autocrítica. Yo le dije: no tengo que hacerme una mierda de autocrítica, porque estoy diciendo en lo que no estoy de acuerdo.”
*
Cuando liberan a Martha, se reúnen con Tato y sus 3 hijos en Bahía Blanca. Tato ya había sido destituido de la organización Montoneros, por lo que la familia decide irse a Buenos Aires y continúan clandestinos allí. 
En uno de los últimos periplos, luego de vivir de prestado en varias casas, logran vender la vivienda de Viedma y comprar otra en Villa Domínico, a pocas cuadras del Cementerio de Avellaneda, donde todas las noches realizaban rastrillajes y se escuchaban los ruidos de las ametralladoras mientras fusilaban gente.
Tato comienza entonces a gestionar la salida del país, se pone en contacto a través de cartas, con un conocido, apodado “el chiquito” que no estaba clandestino pero que había conseguido irse a Brasil. 
Con ayuda de su padre, y uno de sus hermanos, que le presta su pasaporte, ya que Tato no quería usar documentación falsa, logra cruzar la Frontera, a fines de 1978.
Al poco tiempo viaja Martha con sus hijos, y allí se establecen los cinco en Muriqui primero y luego en Sepetiba, a 60 kilómetros de Río de Janeiro, como refugiados políticos con el aval del gobierno brasilero, quienes luego le avisarán a Tato que deben gestionar su salida hacia Europa, dándole como opciones: Francia, Bélgica y Suiza. 
A Tato le sale visa en Suiza y Bélgica al mismo tiempo. Él quería ir a Suiza, porque allí había un importante grupo de investigación sobre Derechos Humanos, pero Martha lo convence de refugiarse en Bélgica, ya que las condiciones eran las más óptimas para radicarse allí con su familia, porque los esperaban los de Solidarité Socialiste y al mismo tiempo los recibían al llegar familias belgas.
Aprovechando la pantalla del mundial del ’78, deciden viajar y recomenzar una vida, pero esta vez, al otro lado del océano y muy lejos de su Patria.
Sin embargo, el sentimiento de Tato al llegar fue el de nunca desempacar las valijas. Y no había un día en que no recordara y extrañara algo de su país. En 1979 se establecen entonces en Bélgica, Bruselas, junto a otros 300 argentinos residentes exiliados allí. 
Tato en sus memorias afirma: “Parecía que estaba en otro mundo.”*
Desde allí vuelve a involucrarse en política pero esta vez, de la mano de los Derechos Humanos en el C.A.S (Comité Argentino de Solidaridad) para denunciar los centros clandestinos, ya que aún a la distancia recibían información desde Argentina sobre lo que estaba pasando.  
Con la reorganización que se vuelve a formar durante el exilio, formó parte del Movimiento Peronista Montonero, hasta que en Argentina lanzan la llamada “Contraofensiva” y nuevamente vuelven a desvincularse de la organización. En un encuentro con Fernando Vaca Narvaja, lo invitan a integrar una nueva organización denominada “Montoneros 17 de Octubre”.
Años más tarde, ya entrados los ochenta, Martha y Tato se separan, motivo que impulsa a Tato a viajar a Lovaina, donde se anota en un posgrado de análisis político en países de vía de desarrollo, en el cual fue becado. La formación duraba dos años, que fue el tiempo que permaneció allí hasta que regresa a Bruselas. 
En 1983 antes del retorno de la democracia, empiezan a pensar en volver a la Argentina. Primero vuelve Martha con dos de sus hijos y Tato debe quedarse con su otra hija, unos años más ya que continuaba interdicto. 
Durante esos últimos años en Bruselas se integró a la Comisión Argentina de Derechos Humanos CADHU, que trabajaba en Madrid, París y Bruselas, de forma simultánea.  
Al terminar la dictadura Tato viaja al Consulado Argentino en Bruselas para gestionar su pasaporte y así poder regresar. Sin embargo, antes Martha tuvo que contratar un abogado que le limpiara las causas y los pedidos de captura para que no lo detengan al pisar Ezeiza.

El regreso

Al volver a Buenos Aires, en 1987, Tato se estableció en Villa Martelli donde empezó a dar clases de francés primero y luego en un encuentro con Gabriel “Pipo” Lini, le propone comprar y atender un kiosco en Constitución. Así pasan los años hasta que finalmente, en los noventa regresa a su comarca, donde debe volver a empezar, una vez más… motivo que no fue nada fácil por la estigmatización que recibió por haber sido exiliado y por sus años de militancia. Sin embargo, pudo establecerse en una de las chacras de IDEVI y comenzar a buscar trabajo, hasta que consigue trabajo de Profesor en Carmen de Patagones, en la escuela Islas Malvinas, y posteriormente en la Escuela de Arte.

*Extracción de la entrevista realizada por Carlos Espinoza, 30/05/2015, APP, Agencia de Noticias Patagónicas.