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Dossier //// 16.12.2021
Dolores Luján Rodriguez, una enfermera de la Fundación Eva Perón

Dolores Luján Rodríguez fue enfermera de la Fundación Eva Perón, trabajó en el Policlínico Evita de Lanús, fue testigo y víctima de la dictadura del 55 y hace pocos años conoció a Cristina Fernandez de Kirchner. Conversó con AGENCIA PACO URONDO y nos contó todo sobre su apasionada vida.

Por Marcela Pantoja | Fotos: Juli Ortiz

AGENCIA PACO URONDO dialogó con Dolores Luján Rodríguez fue enfermera de la Fundación Eva Perón, trabajó en el Policlínico Evita de Lanús, fue testigo y víctima de la dictadura del 55 y hace pocos años conoció a Cristina Fernández de Kirchner. 

AGENCIA PACO URONDO: ¿Qué recuerdos tenés, o lo más lindo que recordás, de la Escuela Superior de Enfermería de la Fundación Eva Perón?

Dolores Luján Rodriguez: Recuerdos, muchísimos. Pero lo más importante es que Eva Perón nos dejó los mejores valores de la vida: la lealtad, la dignidad, honestidad, honradez, el amor y muchos más.

APU: ¿Qué anécdotas nos podés contar con Evita? Tenés una anécdota con el escudo peronista ¿es así?

D.L.R: Sí. Ella cumple los años el 7 de mayo, el mismo día que yo, y fuimos al cumpleaños que festejó, nos invitó, éramos 20 enfermeras. En el primer piso. Había un granadero en un escalón, y una enfermera con el traje de gala, que diseñó Evita. (Sus colores y la tela, como ella quería. Nosotras la adorábamos, era tan humilde como hermosa y falleció muy joven, no pudieron, la operaron y no pudieron hacer nada).

Todas llevábamos el escudo en el uniforme, tanto sea en el de gimnasia, como en el de trabajo o el de gala. Y yo lo tenía siempre en la parte izquierda, se ve que se me cayó y lo perdí. Cuando llegamos al último escalón del living de esa casa, que creo que era en la calle Agüero, no lo tenía. Y (Eva) me dice: “¿usted es peronista?”, pero no enojada, cómo preguntándome. Me dice: “porque no lleva el escudo”, entonces me toco el pecho, me miro y le digo: “mire aquí están los agujeritos del escudo peronista, se ve que se me cayó”. “Bueno, bueno”, me dio unos palmitos en la espalda y al rato me trajeron el (escudo) que tengo guardado.

APU: ¿Y qué pasó con ese escudo, qué hiciste para que no se te caiga más?

D.L.R: Y lo hice soldar (risas). Atrás. Para no perderlo. Más fuerte, más seguro.

APU: ¿Cuántos años tenías ahí?

D.L.R: Ahí tenía 20 años, ahora tengo 89 y medio. En mayo cumplo 90.

APU: Respecto de los bombardeos del 55 ¿cómo lo recordás?

DLR: Recuerdo muchas cosas tristes. Estaba trabajando en el Policlínico Evita de Lanús, y traían heridos de la plaza a todos los hospitales. Me llevaron como enfermera para atender los heridos, no sólo a mí, a muchas chicas. En un momento el día se puso de noche por tantos aviones que pasaban bombardeando. Imaginate el miedo que teníamos nosotros tan jovencitas. Pero así luchamos, trabajando y llevando los heridos a los hospitales. Y recuerdo que en el cordón de la vereda, mirando a la Casa de Gobierno, las calles que van en bajada hasta Leandro Alem, veíamos por el cordón humito, humo. La sangre de los heridos caliente, al caerse, se veía que venía de arriba hacia Leandro Alem. Ese es un recuerdo muy triste, siempre lo recuerdo.

APU: ¿Con respecto a tu trayectoria laboral, cómo te afectó el golpe del ´55?

DLR: Intervinieron en todos lados los militares y llamaban a muchas enfermeras para destinarlas en otros lugares para seguir trabajando. A mi me llaman, el Mayor, no recuerdo el nombre, a una oficina con un escritorio largo. Había dos planillas y me dice: “usted tiene que leer esas planillas y firmar la que le convenga más”. En una tenía que renunciar y la otra me mandaban a Posadas, Misiones, para trabajar allá. Era tan joven que les contesté: “yo no puedo confirmar esto sin antes hablar con mi familia, mis hermanas”. Y me contestaron: “no, no, no, tiene que firmar ahora”. Y le dije: “no renuncio, voy a trabajar a Misiones”. Y así fue. Me dijeron: “venga tal día”. Y fuimos en hidroavión, porque en ese entonces no había pista de aterrizaje. 

Me llevaron al Hospital Regional de Misiones. Ahí atendían monjitas, una de ellas me llevó a una habitación donde tenía que dejar mis valijas y mis cosas, tenía un placarcito. Jovencita era la monja, se hizo muy amiga. Ella trabajaba, como yo, en el Hospital. El Director de Salud Pública no era peronista, era radical. A mí personalmente no me interesaba la idea política sino atención a los pacientes.

APU: ¿Y también sufriste algún allanamiento en tu casa?

DLR: Sí, fueron a mi casa militares en un micro color celeste, grande y era como 20 militares. Me revisaron toda mi casa, me sacaron los cuadros, el título, los uniformes. Porque mis hermanas eran modistas y me hicieron otros dos uniformes, con la misma tela, el color, todo, para que lo tuviera siempre impecable, porque me llamaban en cualquier momento y tenía que ir vestida con el traje de gala. 

APU: ¿En el allanamiento se llevaron tu título?

DLR: Si me llevaron ahí todo lo de la Escuela. Pero tenía certificados en mi casa escondidos. Mi mamá era santiagueña y yo le venía diciendo que guarde las cosas mías, le explicaba lo que hacían con otras enfermeras, que entraban y se llevaban todo lo que era libros, cuadros, fotos, los uniformes. Entonces, en el fondo de casa mamá tenía un horno de barro donde hacía pan y comidas especiales y puso debajo de las cenizas las cosas importantes mías.

APU¿Y pudiste trabajar en otros hospitales públicos después del golpe?

D.L.R: Y, me mandaron a Misiones, el director era radical me apreciaba mucho entonces me dio la llave de economato que es un lugar donde se guardan todas las cosas del hospital, ropa de cama, ropa de los pacientes. Y me dio la autorización para trabajar con ocho soldados. Ellos me ayudaban a lo que les pedía, que pinten, que arreglen los alambrados, cosas del Hospital, quedó hermoso todo, los dirigía yo. Y allí, las camas que estaban selladas con la Fundación Eva Perón las tuve que raspar de otro color, las pintamos de blanco. Yo no, los muchachos.

APU¿Te dieron esa orden? ¿sacar todo lo que decía Evita?

D.L.R: Sí. Lo que no pude hacer fue sacar el sello de las frazadas. Les puse tinta china encima y no se veía más.

APU: ¿Y qué te producía tener que borrar el nombre de Evita?

DLR: Mucho dolor, pero me hice fuerte. Sufría, pero era para el bien de los pacientes. Porque dormían en el suelo por no utilizar esas camas que estaban selladas, no lo podía creer. Las cunitas, los chicos durmiendo en el suelo. Cosas muy tristes y feas.

APU: Horrible... ¿Después, te volviste de Misiones?

D.L.R: Sí, me quedé cinco años y me volví porque mi mamá estaba enferma. Tuve que hacerle caso porque me llamaba siempre. Tan lejos, no se podía viajar. No había dinero como para viajar. El director de Salud Pública me dio los pasajes para volverme. Además, me dio algunos pasajes en los años que estuve allá para visitar a mi familia, a mi mamá sobre todo que ya era viejita.

APU: Y una vez acá ¿qué hiciste?

D.L.R: Empecé a cuidar enfermos, particulares, atendí al “dueño” (presidente) de La Rural.

APU: ¿Y en hospitales no pudiste entrar?

D.L.R: No, buscaba pero me decían que no necesitaban….yo preguntaba con temor porque eran de la contra.

APU: Y la última dictadura militar ¿cómo la viviste?

D.L.R: Siempre con el temor de que vengan nuevamente a mi casa. Pero esa vez no llegaron.

APU: ¿Sabías de los secuestros y las desapariciones?

D.L.R: Sí, vivía en Villa Ballester y en mi barrio sabía de algunas personas. No las conocía, pero sabía…y como anteriormente habían venido a mi casa siempre tenía ese temor.

APU: Con respecto a tu participación en el documental, Las Enfermeras de Evita, de Marcelo Goyeneche ¿cómo fue la experiencia, cómo te sentiste?

D.L.R: Me sentí cómoda, muy bien. Marcelo es un amor de persona. Me dio alegría hacerlo, que la gente nos conozca.

APU: ¿Y qué pasó después?

D.L.R: Después del documental, el director Marcelo Goyeneche nos llevó a pasar la película en distintas provincias. 

(Muestra un diploma con la siguiente leyenda: Universidad Nacional de Salta, Facultad de Ciencias de la Salud. Reconocimiento a la trayectoria por cuanto Sra. Dolores Rodríguez, su aporte a través de la Cultura en la obra cinematográfica Las Enfermeras de Evita y agrega que tiene otros diplomas similares y señala su caja con objetos).
 
APU: También, después de la película, estuviste contando tu testimonio entre compañeras y compañeros de la política. Dirigentes y militantes del peronismo.

D.L.R: Sí, sí. Nunca me callé, nunca mentí, siempre dije que era peronista. Bueno, no tuve mayores inconvenientes…En un viaje que hice a Posadas después que vine a ver a mi mamá me dijeron que me iban a sentar en el avión con un personaje y era Alfonsín. Y conversando con él me dice que había conocido la escuela que estaba en Callao y Arenales y que conoció a muchas enfermeras que estudiaron ahí, que muy buena atención, y muchos halagos de él. Y me dijo que no le interesaba que yo fuera peronista porque las ideas no se matan. La verdad que me atendió (trató) muy bien como persona, como enfermera y como peronista.

APU: Y con respecto al acto de Ezeiza con Cristina, que fue organizado por el Instituto Patria y donde estuviste junto a otras compañeras del Partido Peronista Femenino, celebrando los 70 años de la sanción de la Ley de Sufragio ¿Cómo te sentiste?

D.L.R: Me sentí tranquila moralmente porque sabía que todas eran peronistas y porque Cristina era y es una mujer muy inteligente, quería conocerla y me saqué fotos con ella.

APU: ¿Qué recordás de ese acto, de ese día?

D.L.R: Que ella le habló a toda la gente que estaba esperando verla. Muchas mujeres. Nos dio un beso a cada una (se refiere a las cuatro compañeras del partido peronista femenino que estuvieron en el escenario junto a Cristina) y un ramo de flores del que todavía guardo el envoltorio.

APU: Estuviste con Eva y con Cristina ¿Qué podés decirnos sobre eso, sobre ellas?

D.L.R: Las dos, mujeres bonitas e inteligentes que trabajaban para el pueblo y que se ocupaban muchísimo de la gente pobre.

APU: ¿Qué pensás de Cristina ahora, cómo la ves?

D.L.R: Ay, yo la veo (suspira). La veo, la siento y la escucho. Todo lo que ella luchó para defenderse de lo que decían de ella. Y salió limpia, hay un término de la justicia….

APU: Sobreseída.

D.L.R: Sobreseída, así es. Hace poco lo he leído y bueno me puse contenta.

APU: Y el peronismo ¿qué es para vos?

D.L.R: El peronismo (…se casó Eva Perón y el esposo que era el General escribía mucho ) es el día de hoy que en todo el mundo hay leyes de Perón, de trabajo. (Mi hijo trabaja en la aeronáutica, estuvo con Alicia Castro, entonces sabe mucho de sindicatos y en la actualidad lo llaman de muchos lugares cuando hay problemas y él tiene que decir las leyes de trabajo que hizo Perón)
Lo más importante es el trabajo, en una familia si no hay trabajo no comen. Se me ocurre que eso es lo más importante

APU: Y sobre las mujeres peronistas ¿qué pensás?

D.L.R: Las mujeres peronistas son muchas, muchísimas (y también las que no).

APU: ¿Qué mensajes les podés dar a las compañeras militantes?

D.L.R: Que luchen, que sigan luchando por Eva Perón y Perón. Y ahora Cristina. Ayudarlas de esa manera es muy importantes porque se sienten protegidas y muy queridas. 

APU:Y sobre el momento particular del país, el gobierno de Alberto, Cristina como vicepresidenta ¿qué pensás?

D.L.R: En este momento está un poco triste la Argentina por la pandemia que lastimó a muchas familias. Triste porque tuvimos un presidente que pidió dinero y ahora hay que pagarlo. Y es mucha plata. Y este señor, que se llama Macri, tiene una deuda muy grande con los argentinos, por eso estamos tan mal económicamente, todo está caro a raíz de que hay que pagar esa deuda.

APU: Para terminar, ¿qué mensaje le quisieras transmitir a la gente? (A quiénes te van leer o se interesen por conocer tu pensamiento)

D.L.R: Les diría que no se dejen vencer, que sigan adelante, que luchen. Que trabajen como sea, honradamente, para colaborar con la familia, con los hijos, con la pobreza. Y bueno… así algún día seremos como éramos.