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Dossier //// 08.03.2022
8 M: Kirchnerismo, militancia y políticas de género

En el campo nacional y popular germinó la militancia que se reconoce feminista y peronista. Mirar en retrospectiva y reflexionar sobre la historia reciente nos permite percibir cómo se fueron sucediendo algunas transformaciones. Que la deuda no se pague con el deterioro de la vida de las mujeres será uno de los principales reclamos que se escuchará este 8M.

Por Marcela Pantoja | Foto: Daniela Amdan

Desde finales del siglo XIX, con menor o mayor participación, las mujeres militantes estuvimos presente en la historia de la Argentina. Hoy ya es un hecho que el feminismo ha llegado para quedarse y que existe un inmenso movimiento de mujeres y disidencias, que incluye a organizaciones políticas, sindicales, sociales, culturales que avanza y pugna por más derechos, representación y espacios de decisión.
Sin embargo, hay una historia particular de la Argentina imposible de negar: ha sido en los gobiernos peronistas cuando más se ha avanzado en derechos y políticas de género.

El primer peronismo, consagró el sufragio femenino, con Evita conduciendo ese proceso, organizando a las mujeres y conformando el Partido Peronista Femenino. Elegir y ser elegida se volvía realidad efectiva. Las mujeres trabajadoras accedían a derechos y a herramientas que les permitía fortalecer la economía doméstica. La entrega de la máquina de coser es un ejemplo de ello.
Con Néstor y Cristina se produjo una re-actualización doctrinaria y a su vez muchas de las demandas populares comenzaron a encontrar respuestas en las políticas de Estado. La cuestión de género fue una de ellas.

Cabe destacar que la categoría de género fue incorporada como herramienta de análisis por el feminismo de la Segunda Ola. Los Estudios de Género, en el ámbito académico, a partir de la década del 80, comenzaron a desarrollar una vasta producción de conocimiento; y la conciencia de que existe un orden social desigual de género, fue ganando lugar para convertirse en asunto público y político.
En el campo nacional y popular comenzaba a germinar la militancia que se reconocía feminista y peronista. Esto no sucedió sin resistencias ni contradicciones. Hubo que explicar mucho: que el peronismo podía y debía ser feminista, que era necesario participar en los Encuentros Nacionales de Mujeres. Que era importante armar los frentes de mujeres; no como guetos, sino desde una mirada especial que permitiera abordar la singularidad de los problemas de las mujeres y encontrar soluciones.

Por otra parte, también hubo que explicar lo necesario que era, y por supuesto sigue siendo, que los compañeros varones reflexionen y transformen sus prácticas machistas.
Asimismo, otra cuestión que hicimos las militantes en aquellos años fue subrayar lo fundamental de conocer, militar y difundir las innumerables políticas públicas a favor de las mujeres y diversidades que habían promovido Néstor y Cristina. 

Fue durante el Gobierno de Néstor que se crearon las primeras políticas públicas que dieron un giro al abordaje e intervención del Estado en materia de violencia doméstica, sexuales y de trata. Se iniciaba así un proceso de visibilización de las violencias que a lo largo de todos estos años se fue ampliando en permanente articulación e interpelación del movimiento feminista.

Se convocó a especialistas con trayectoria, como Eva Giberti, se conformaron equipos especializados, y se inició un nuevo proceso que recuperaba los avances normativos a nivel mundial y regional, la perspectiva de género como categoría de análisis se incorporaba al diseño de las políticas. El Estado nacional iba dejando atrás su rol asistencialista para pasar a dar protección y garantías a las mujeres en situación de violencia. El programa Las víctimas contra las violencias fue una expresión de ello.

En materia de inclusión social, fue también durante el gobierno de Néstor que más de 2 millones de mujeres, que nunca hubieran podido acceder, tuvieron el derecho a una jubilación. Pues alrededor del 85% de las personas que se jubilaron con la primera moratoria fueron mujeres. Por ello se la denominó popularmente como “Jubilación por Ama de Casa”. Una política no pensada en términos de género pero debido al alcance que tuvo en la vida de las mujeres mayores se convirtió en una política de inclusión masiva y con impacto de género. Además, sirvió para recuperar el reclamo feminista de otorgar valor y reconocimiento como trabajo productivo a la labor de las mujeres en las casas.

Otro hito fue la Ley de Matrimonio Igualitario que siguió transformando y revolucionando las estructuras administrativas patriarcales.
Luego Cristina, ya en su figura de primera Mujer Presidenta instituyó una nueva sensibilidad: la de la política realizada desde una mujer. Las investigaciones feministas hablan de la proximidad como una característica de la política realizada por mujeres (claramente no por todas sino por aquellas que tienen sus convicciones en la justicia social). Podríamos asegurar que los dos gobiernos de Cristina son una muestra cabal de ello. Los actos multitudinarios; la afectividad como comunicación política; un festejo como el del Bicentenario, organizado categóricamente por ella, donde se colmaron las calles de pueblo y no se produjo un solo incidente; los memorables patios militantes, y esa frase que marcó un tiempo: la Patria es el Otro. Hoy extendida a la Otra, y les Otres.

Asimismo, la promulgación de la Ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres marcó otro punto de inflexión. Se promulgó en marzo de 2009 y es la primera ley nacional que enuncia la problemática con todas sus letras, dejando atrás el eufemismo de “violencia familiar” que invisibilizaba la violencia de género. Esta ley retomó los postulados de la Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer y la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer celebrada en Belem do Pará.
Después de la sanción, Cristina estuvo presente en un acto repleto de mujeres anunciándola y en el acto de reglamentación que se llevó a cabo en el Salón de las Mujeres subrayó lo importante que era visibilizar las violencias que atravesamos como mujeres. Ella misma lo hizo muchas veces denunciando públicamente la violencia simbólica de la que fue objeto por parte de los grandes medios de comunicación.

La Asignación Universal por Hijo o el programa Ellas Hacen, otras novedosas políticas dirigidas hacia las mujeres que no podrían llevar a cabo la vida, ni la manutención de sus hijes, sin ningún tipo de apoyo económico por parte del Estado. Y por supuesto, la ley de identidad de género que reconoció la identidad autopercibida para toda persona pero que trajo una principal reparación al colectivo de compañeras travestis, trans. 

Esto es una breve reseña de algunas de las políticas de género que se crearon durante la década ganada. Evidentemente no están todas, enumerarlas requiere de un trabajo mucho más extenso; y lo que se pretende dar cuenta aquí es de cómo se fue transformando el escenario normativo, político – institucional, que permitió seguir avanzando corriendo el horizonte de lo posible. 

Otra cuestión importante a destacar, es que durante esos años Cristina, al igual que Eva, no se reconocía abiertamente feminista; pero los hechos hablaban por sí solos. En el caso de Cristina es inevitable negar que la sumatoria de estas políticas estuvieron impregnadas de feminismo y que, como se dijo anteriormente, generaron las condiciones profundas para ir instituyendo una sensibilidad de época que permitió seguir avanzando hacia mayor grado de interpelación social y ampliación de derechos. Las demandas feministas siguieron avanzando.

Finalmente, fue en 2018, cuando desde su banca como senadora y al calor de la marea verde, Cristina votó a favor del aborto. “Las miles de pibas que se volcaron a las calles me hicieron cambiar de opinión”, expresó. Y también fue esa misma noche que el reconocimiento al feminismo se hizo explícito. “Vamos a tener que agregarle el feminismo a lo nacional y popular. Nacional, popular, democrático y feminista" pronunció, aludiendo al peronismo.

Mirar en retrospectiva y reflexionar sobre la historia reciente nos permite percibir cómo se fueron sucediendo algunas transformaciones. Para quienes nos reconocemos en el peronismo este es un ejercicio necesario. Atrás quedaron las grandes dubitaciones acerca de si el peronismo debía o no ser feminista. Aunque siempre habrá opiniones contrarias hoy categóricamente la tensión peronismo - feminismo podríamos decir que se ha superado.

Sin embargo, sabemos que las conquistas nunca son definitivas. Y mucho menos las conquistas feministas que a nivel mundial han suscitado una reacción de las fuerzas conservadoras. 
Asimismo, hoy en día en nuestro país los avances institucionales en materia de género lograron un punto álgido. Con el gobierno de Alberto y Cristina, tenemos Ministerio de las Mujeres y la Diversidad y cuantiosos programas dirigidos hacia y por mujeres. Y otro reclamo histórico como el Aborto legal, seguro y gratuito se convirtió Ley.

No obstante, también afrontamos una realidad socioeconómica difícil causada por la deuda criminal contraída por el macrismo y que produjo nuevamente aquel fenómeno que se conoce como la feminización de la pobreza. Que esa deuda no se pague con el deterioro de la vida de las mujeres será uno de los principales reclamos que se escuchará este 8M.