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Debates //// 05.10.2020
Rucci, la izquierda y el kirchnerismo: una respuesta a La Izquierda Diario

El historiador Horacio Bustingorry responde al artículo de Facundo Aguirre "¿El kirchnerismo abandonó la "batalla cultural"?" en La Izquierda Diario.

Por Horacio Bustingorry*

En una nota de la Izquierda Diario, Facundo Aguirre plantea que el kirchnerismo abandonó la “batalla cultural” reivindicativa de los derechos humanos y las conquistas democráticas y populares para iniciar una verborrea de carácter derechista. La nota es una mescolanza de cuestiones diversas con ilaciones forzadas que ni siquiera distingue al kirchnerismo como actor y apoyatura específica del gobierno de Alberto Fernández. Aguirre ejemplifica su postura haciendo referencia al planteo de Alberto sobre repensar el rol las Fuerzas Armadas, la prédica derechista de Sergio Berni y la reivindicación de José Ignacio Rucci. Las tres cuestiones tienen sus particularidades, por lo cual la presente nota contempla solo el debate alrededor de la figura de Rucci. 

La aparente reivindicación kirchnerista de Rucci es una exageración. Si algo quedó claro estos días es que no existe un balance saldado sobre su figura y que los intentos de sumarlo al panteón K genera fuertes resistencias al interior del espacio. Esto es así ahora y también lo era a inicios del kirchnerismo. Es en este marco que Andrés Larroque escribió un tuit reivindicando la figura de Rucci. Solo un despistado puede haber pasado por alto el contexto polémico en que se dio dicha intervención. 

Por lo tanto, carece de toda seriedad y fundamento el vínculo que Aguirre establece entre la reivindicación de Larroque y una supuesta metodología macartista que sería aplicada en la toma de Guernica. Por el contrario, el ministro de Desarrollo de la Comunidad intenta por todos los medios llegar a una salida política y negociada a contramano de la vía represiva reclamada por algunos medios de comunicación y sectores de la oposición. De trasfondo, un problema estructural pendiente de resolución que el gobierno de Axel Kicillof parece comenzar a abordar con su flamante Plan Bonaerense de Suelo, Vivienda y Hábitat.  

El Rucci histórico y programático

El por qué es posible la reivindicación de Rucci remite a razones históricas que tal vez el PTS prefiera olvidar. La participación de Rucci en la heroica huelga metalúrgica de 1956 seguramente sea recordada por los veteranos del partido. La corriente trotskista antecesora del PTS, una vez superada su timorata posición inicial, decidió involucrarse en el conflicto con el puñado de militantes que tenían en algunas fábricas de Avellaneda. Con el mismo criterio acompañaron la línea de Rucci en el Congreso Normalizador de la CGT del año siguiente, que hizo trizas con el intento de la Fusiladora por constituir una central adicta. Y ya cuando practicaban el entrismo en las 62 Organizaciones participaron del acto del Luna Park de diciembre de 1957, que terminaría disuelto por la policía, con Rucci preso y el gremio metalúrgico intervenido. Seguramente esos vínculos construidos ahora los avergüencen. 

Sobre el rol de Rucci en los ‘70 hay mucha tela para cortar. No existen pruebas concluyentes sobre su involucramiento con los hechos de Ezeiza y, con toda seguridad, no tuvo vínculos con la Triple A, simplemente porque esta organización no existía al momento de su asesinato.  Esto no implica negar su enfoque y práctica macartista, pero sí contextualizarla.  El 9 de junio de 1973, pocos días antes de Ezeiza —y en el marco del recuerdo de la masacre de José León Suárez— caía asesinado el sindicalista textil de San Martín, Aldo Romano.  Y, meses antes, previo a las elecciones de ese año, el propio secretario de Rucci, Luis Bianculli, perdía su vida en un tiroteo suscitado en la localidad de Chivilcoy.  

Lo que sí puede asegurarse es que Rucci fue pieza clave del Pacto Social, programa que inauguró Cámpora y continuó Perón. Reducir ese programa a una política contrainsurgente y contrarrevolucionaria es una vieja idea ya planteada contemporáneamente por sectores de la izquierda peronista y marxista, que oculta el enorme plan de reformas estructurales impulsado por el FreJuLi.  Parte de ese programa incluía reformas laborales elaboradas por la CGT como la Ley de Contrato de Trabajo, una de las medidas más repudiadas por el empresariado, al punto de usarse como justificativo del lock out golpista de febrero de 1976.  

Es difícil que Aguirre desconozca el asunto.  En el libro “Insurgencia Obrera en la Argentina”, que escribió junto a Ruth Werner, retrata un conflicto en la fábrica metalúrgica Santa Rosa de La Matanza en reclamo del cumplimiento de la paga correspondiente a los “turnos americanos” según lo fijado por la LCT. El hecho demuestra que la ley lejos de ser un engranaje contrarrevolucionario contenía un potencial movilizador y un fortalecimiento de la conciencia obrera. Sin embargo, Aguirre y Werner no sacan las conclusiones políticas adecuadas del caso. 

En la reivindicación de Rucci hay todo un planteo programático. Es poner en agenda el capitalismo nacional de liberación que Rucci suscribió en el debate con Agustín Tosco, que se corporizó en el Pacto Social y que Cristina reivindicó al momento de presentar su libro. Un programa que Alberto cada tanto tímidamente discursea y que, de retomar realmente algunos de sus lineamientos, pondría a la Argentina en las sendas de la Soberanía Política, la Independencia Económica y la Justicia Social

Es lícito no coincidir con este programa y criticarlo duramente. Lo que no es legítimo es ficcionar las posiciones del criticado y las razones por las que se levanta una figura histórica. Desvariar o inventar programas es una variante del chamullo posmoderno que poco honor le hace al marxismo. Como decía el General, la única verdad es la realidad. 

*Historiador. Autor de "Oscar Bidegain. La fugaz experiencia del Pacto Social en la Provincia de Buenos Aires"