fbpx Los demócratas vuelven al poder: ensayos sobre la cuestión norteamericana | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Debates //// 02.03.2021
Los demócratas vuelven al poder: ensayos sobre la cuestión norteamericana

"La crisis económica unida a la pandemia dejó al desnudo la incapacidad de la administración Trump para enfrentar esta urgencia, pero también han influído las décadas de neoliberalismo antisindical y el reflujo de las organizaciones que no han sabido o podido hacer frente a la agresividad patronal". Por Marcelo Caracoche

Por Marcelo Caracoche *

El cambio de administración en Estados Unidos parece haber tranquilizado al mundo, sobre todo después de los estallidos de impotencia del presidente cesante, estallidos coronados con la irrupción en el Capitolio el día de reyes, llamada exageradamente “sublevación”, una multitud que parecía escapada de Mad Max Fury Road mantuvo calientes los circuitos de información con imágenes que fueron el bonus espectacular de la convulsa administración de Donald Trump, su salida de la Casa Blanca no significa por el momento su exclusión de la vida política americana, en parte por las características del personaje y en parte por las características del electorado que lo sostiene.

Trump, expulsado para siempre de Twitter y suspendido en Facebook es considerado por sus seguidores como “el hombre más perseguido de América”, el juicio de impeachment contra Trump no creaba entusiasmos en Joe Biden que necesita un período de renovada serenidad para implementar sus medidas de ayuda económica y pese al voto afirmativo de 11 congresales republicanos el juicio no prosperó, faltaron 10 votos para alcanzar los 67 necesarios, no obstante eso John Fiegener ha escrito que la reputación y la imagen de Trump quedarán dañadas para siempre (“Game over: ora per Trump la partita è davvero chiusa”, The Huffington Post, 13.02.21).

En cuanto a Biden mas allá de las predecibles loas de la prensa importante las previsiones escuchadas por lo que corresponde al cambio de administración son cautelosas porque la situación en el mundo pandémico no es entusiasmante y también por las peculiaridades de la república imperial.

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I. La cuestión racial y su evolución

Las críticas al período Trump sobre “el racismo estimulado por el presidente” ignoran o fingen ignorar que la sociedad americana desde su constitución como potencia económica ha utilizado el racismo como elemento de estabilidad ofreciendo a los ciudadanos blancos la posibilidad de integración en un sistema económico que mantenía parte de su fuerza laboral un escalón más abajo sin posibilidades de movilidad social por el solo hecho de ser negros.

Nicola Casale, en un interesante análisis, considera que las respuestas que hemos visto en USA a la brutalidad policial contienen el germen de una reacción que va más allá de la tradicional movilización anti racista señalando que además de la población negra la revuelta ha mostrado la participación de latinos, nativos, blancos y hasta asiáticos de frente a la común constatación que “el conjunto de la vida social comienza a revelarse inaceptable para todos los explotados” (“La sollevazione anti-razzista e il declino USA”, Nicola Casale, Interferenza 1.10.20).

Tampoco hay que olvidar que la lucha de la comunidad negra contra racismo y segregación nunca se ha detenido, aún considerando el reflujo de los años 70 que fue producto de una represión feroz cuando a las habituales reclamaciones de derechos civiles se sumaron las reivindicaciones socio-económicas. Inicialmente fueron lideradas por Malcon X y Black Panthers, que auspiciaban una revolución de raza y de clase, nacional e internacional, a esta tendencia se unió el doctor King que coincidía con Malcon X sosteniendo que dicha revolución tenía que incorporar a los blancos pobres en un frente de clases común.

Actualmente las cifras de la violencia indican que la policía mata 250 ciudadanos negros mediamente cada año, dentro de la comunidad negra se registran mediamente 7.000 muertes violentas al año (homicidios de negros contra negros). La cifra de negros con un solo progenitor es del 74 % en la comunidad negra y del 27 % en los blancos, cifras que indican una situación crítica.

Uno de los últimos intentos para salir del ghetto, de la autosegregación y la abulia fue el de Louis Farrakhan y su Million Men March. Sin referencias políticas, con los movimientos anti colonialistas de África desgastados, agotado el orgullo racial como carburante de lucha y sin líderes carismáticos el movimiento en USA parecía vencido, pero repentinamente se descubre que una parte importante de la sociedad americana vive en condiciones análogas a las que los negros han sido obligados a vivir desde los orígenes por una cuestión de piel. Este “descubrimiento” se expresa en las calles sobre todo a partir de la muerte en mayo de 2020 de George Floyd, que sacudió los cimientos del sistema político encontrando inesperada solidaridad en otros lugares del mundo.

La brutalidad policial ha sido un ingrediente determinante en las luchas sociales de estos meses, también aquí hay que puntualizar que en la identificación Policía/Orden no hay ambiguedades, la policía americana es profundamente racista y custodia el orden de una sociedad profundamente racista.

El índice de brutalidad policial causa unas 1.000 víctimas anuales (datos aproximativos dado que la policía no entrega información). Los negros son aproximadamente el 25 % de las víctimas de dicha represión. ¿Quienes son las personas que forman el 75 % restante? Probablemente una parte importante de ese 75 % corresponda a la microcriminalidad. La represión policial contra la microcriminalidad (que se abastece de negros, blancos e hispánicos) acrecienta la sensación de sociedad bloqueada, de trampa sin salida. Decenas de millones de personas (no solo afroamericanos) han sido abandonados en un estado de precariedad y pobreza, obligados a aceptar condiciones extremas en trabajos mal pagados o temporales, sin asistencia sanitaria, en viviendas decaídas y sobrehabitadas.

Esta situación contribuye al crecimiento de la microcriminalidad: robos, asaltos, venta de drogas, formaciones de banda armadas, uso extendido de la violencia a menudo gratuita, si en el siglo pasado todavía se podía incursionar en los barrios ricos o burgueses para efectuar un robo (el mismo Malcon X vivía de robos antes de la militancia) ahora esta posibilidad es imposible. Los ciudadanos ricos viven en villas aisladas y blindadas y los barrios burgueses han creado redes de protección utilizando policía privada, allí los únicos pobres que pueden transitar son los que cumplen tareas serviles para la burguesía.

La consecuencia es que la microcriminalidad opera en los mismos barrios donde ha surgido incrementando la guerra entre pobres. También se ha producido una evolución en la policía que cada vez más ejercita un control social de carácter preventivo, sistemáticamente violento, contra cualquier persona que pueda parecer según su criterio, potencialmente peligroso, más allá de la comunidad afroamericana.

Toda esta mezcla explosiva se agudizó con el Covid 19, se incrementó el control social policial, se restringieron las fuentes de subsistencia con la desaparición de los trabajos míseros de las capas inferiores de población y la situación explotó con el asesinato de Floyd. El evento tuvo una extendida difusión mediática en clave anti Trump para complicarle la reelección al presidente, claramente esto no transforma la sublevación popular en un acontecimiento comandado secretamente por mandantes ocultos, los motivos para desatar la indignación de las personas estaban bien presentes.

Nicola Casale cita la declaración de un joven blanco de Mineápolis: “queremos liberar nuestra comunidad de esta exasperación y por eso queremos una policía a nuestro servicio”. Pronunciada por un blanco la palabra comunidad adquiere otro sentido que supera el de raza, indicando una comunidad de individuos de todos los colores que comparten determinadas condiciones sociales, residenciales, una misma colocación en un territorio y aspiraciones comunes.

Si la violencia policial es la parte visible del conflicto no es impensable que el movimiento comience a apuntar hacia la parte invisible superando la lucha anti racista, comenzando a cuestionar la organización económica del país y su relación con el malestar creciente.

El movimiento ha vivido transformaciones, ha segregado por ejemplo los grupos que inicialmente se dedicaban al saqueo de comercios, las gang por el momento se mantienen ajenas, hay una gran diferencia con las movilizaciones de Los Angeles de 1992. Obviamente la comunidad negra y sus organizaciones de base son fundamentales pero a partir del 2020 se han incorporado a la lucha otros sectores sociales y grupos étnicos que extienden la superficie de la revuelta. Los blancos que participan en estas manifestaciones se han transformado en una presencia maciza y constante.

El movimiento ha actuado apoyado por el partido democratico, por la prensa importante, por las multinacionales globalistas. Este apoyo claramente ha trabajado para mantener el movimiento anclado en posiciones anti racistas, alentando promesas de cosmética políticamente correctas del tipo re-fundación de la policía, puestos de trabajo reservados a etnias determinadas y reconocimientos varios.

Estos sostenedores ajenos trataron de impulsar el movimiento contra Trump calificando al presidente como representante de los suprematistas blancos, el intento se apoyaba en una larga tradición ya que como hemos dicho el racismo ha operado como estabilizador. La lucha de los negros que desde siempre pretenden la paridad con los blancos no ha conseguido desestabilizar los fundamentos de la supremacía blanca hasta estos últimos años, cuando esta condición ha comenzado a vacilar básicamente por el empobrecimiento de las fajas inferiores de la población blanca castigada por la crisis del 2000, del 2008 y la llegada del Covid.

La re-configuración del movimiento con nuevas incorporaciones provenientes de la clase obrera blanca por ejemplo es una perspectiva inquietante para el establishment, contra esta posible alianza se ha manifestado tanto la derecha (REP) como la izquierda (DEM).

Los REP se manifestan a través de los suprematistas blancos que insisten con la lucha contra la amenaza negra pero Trump no ha sostenido estas reivindicaciones sino que sostuvo la bandera de la burguesía, de los sectores medios, la defensa de la propiedad y la libertad.

Los DEM proclaman que se debe combatir el criterio suprematista y dar igual nivel de reconocimiento a todas las razas, ninguna debe prevalecer sobre otra, cada una debe recibir sus apropiados reconocimientos; reivindicaciones de identidad igualitarias para superar el conflicto de clases, claramente manteniendo la sujección al capital, especialmente al high-tech globalista que necesita para operar libremente un mundo abierto, democrático y liberal.

El pasaje de lucha anti racista a lucha por reivindicaciones económicas que incorpore a proletarios de todos los colores hasta la incorporación decisiva de la sección industrial (la UOM americana) presenta todavía diversos obstáculos.

Uno de éstos es precisamente el Black Lives Matter (BLM) y esto requiere un analisis dado que esta organización se ha ganado la conducción del movimiento y lo orienta en clave exclusivamente anti racista (La tesis del BLM es: se ha producido una regresión en los derechos de la comunidad afroamericana debido a la preeminencia suprematista impulsada por Trump).

Existen dentro del BLM denuncias anti capitalistas contra situaciones de pobreza y precariedad pero no componen el núcleo de las luchas del movimiento, la evolución hacia un frente multiracial que se bata contra el neoliberalismo se deberá decidir en una lucha interna, pero esta lucha tiene un límite: el BLM practica decididamente la democracia horizontal que toma decisiones sólo en base a la unanimidad. Este es un límite difícil de atravesar para cualquier dirigente que quiera presentar una alternativa radical para superar la lucha “contra la supremacía blanca”.

Los DEM por lo tanto se han demostrado más inteligentes en tratar de condicionar las luchas populares y será una de las cuestiones que tendrá que enfrentar y gestionar Joe Biden.

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II. Capital y trabajo

La historia de los últimos cincuenta años es “la historia de la fuga del capital de la reglamentación social que había sido obligado a adoptar a partir de 1945”: el profesor Bruno Cartosio utiliza esta frase de Wolfgang Streek para encabezar un exhaustivo analisis del momento americano actual (“Stati Uniti oggi. Breve ragguaglio sulla conflittualità di classe”, Officina Primo Maggio 9.10.20 Bruno Cartosio).

Los treinta años felices del capitalismo terminaron con la era de Reagan, el presidente-actor contribuyó a cambiar la fisonomía del capitalismo y alterar profundamente el mundo del trabajo, las consecuencias previsibles se abrieron como un abismo en 2008, la llegada de Trump agudizó algunos enfrentamientos y durante el 2020 la crisis del Covid agravó el panorama.

Pero el movimiento obrero tiene una larga experiencia de lucha, el período entre 1967 y 1975 fue una época rica de movilizaciones y huelgas donde se acumularon la mayor cantidad de horas de trabajo perdidas, ese momento coincidió con el reflujo del Movimiento y el fin de la guerra de Vietnam.

En aquellos tiempos el capital había comenzado a utilizar recursos que ahora son ampliamente difundidos como el reenginering (restructuraciones), outsourcing (externalización del trabajo) y relocalización de las plantas productoras. Otro aspecto que el capital no descuidó fue la lucha contra los sindicatos dentro y fuera de los lugares de trabajo.

La tasa de trabajo sindicalizado en área privada evolucionó desde el 31,4 % de 1960 al 24,6 % de 1973 llegando a 16,8% de 1983 (tercer año de la presidencia Reagan); 8,3 % de 2003 hasta el 6,2 % del 2019.

Similar caída siguieron los salarios: el nivel máximo fueron los U$S 341,73 semanales de 1972, 266,43 de 1992 al final del período Reagan-Bush. Allí comenzó una lenta subida hasta los 310,73 del 2017.

Un informe publicado por la Rand Corporation ha analizado la distribución de la riqueza en los últimos 45 años en USA, si se utilizaran los parámetros de 1945/1970 el rédito anual de un trabajador oscilaría entre U$S 92.000/ 102.000 en vez de los 50.000 actuales.

Otro cambio verificado se encuentra en la “expresión del gran capital” dado que el modelo ha cambiado progresivamente, entre 1998 y 2015 el número de empresas con personal superior a 1000 trabajadores ha pasado de 1504 a 863; las de 500/999 trabajadores se han reducido un tercio.

El número de trabajadores en área manufacturera entre 1997 y 2018 pasó de 18.640.000 a 12.809.000. Al mismo tiempo el sector hightech que mantenía celosamente el área proyectación/diseño en patria ha cedido a la delocalización de la producción “dura” en el exterior.

Pero hay áreas que no pueden delocalizarse, por esa razón la General Motors no es más el primer contratista laboral, en USA el primer puesto lo ocupa Walmart, el segundo McDonald’s mientras que GM ha pasado al puesto 23.

Dentro del coloso Walmart ha llegado la lucha sindical y la empresa ha tenido que aceptar los U$S 12 /hora para sus 500 puntos de ventas pero ha preferido cerrar una filial en Canadá antes que aceptar la mano de obra sindicalizada en aquél país.

McDonald’s tampoco acepta la sindicalización, contrata sus trabajadores como si fueran autónomos pero ha tenido que ceder frente a la lucha de sus empleados por diferentes derechos y los 15 dólares por hora (fights for $15).

Otro acontecimiento notable en tiempo de neoliberalismo ha sido la huelga del otoño 2019 de los obreros de GM después de años de silencio.

Firmemente anti sindical son los colosos hightech que son patrones en su casa sin ningún tipo de cuestionamiento: Apple, Microsoft, Amazon, Facebook y Alphabet (Google) son non-union y son los que bajan la línea como lo señala la revista These Times de agosto 2020.

Algunos tentativos de huelga mundial (contra Google en 2018) no han funcionado, la única excepción significativa se verificó en febrero de 2020 cuando los trabajadores de Kickstarter votaron mayoritariamente por la sindicalización. Esta decisión contó con el respaldo de la CWA (Communications Workers) y la Opeiu (Office and Professional Employees), co-responsables del éxito, obviamente es una gota de agua en el océano, claramente insuficiente para lanzar una campaña que involucre el sector, sin contar además que para que una lucha de este tipo funcione es requisito esencial que parta desde el interno de la empresa.

Si bien la sindicalización en los años rugientes del capitalismo arrancó desde la base obrera no calificada (unskilled) y en muchos casos extranjera, esta tercera etapa del capitalismo no registra dentro de sus ciudadelas obreros no especializados, todo lo contrario, las empresas hightech se consideran y funcionan libres de antagonismos por lo tanto para cambiar las cosas deberían ser asediadas desde afuera, para ello se requiere además que ‘afuera’ exista un clima político y referentes que trabajen codo a codo con las organizaciones sociales y sindicales que luchan por el cambio desde adentro y el clima está evolucionando a favor de los trabajadores.

Una novedad del sector ha sido la creación dentro de Google de un sindicato impulsado y creado con el máximo secretismo, de los 226 trabajadores iniciales se ha pasado a 700 afiliados, la intención es sindicalizar a los empleados de AWU, Alphabet Workers Union, conglomerado al que pertenece Google (“En el corazón de Silicon Valley, trabajadores de Google formaron su primer sindicato”, Guido Vassallo, Página 12 del 13.01.21).

Casale en el trabajo mencionado más atrás considera esencial la interacción entre actividad reivindicativa, huelgas salvajes o acciones de protesta autónomas para comenzar a reconquistar derechos laborales en esta etapa económica.

A comienzos del 2020 el salario de los trabajadores no sindicalizados (a paridad de trabajo) era el 70% de los colegas sindicalizados. Los investigadores del Economic Policy Institute escriben que dos tercios de los trabajadores no sindicalizados no tienen asistencia sanitaria a través del puesto de trabajo, del que gozan el 94 % de los sindicalizados, a su vez el 83 % de los sindicalizados cuentan también con licencia por enfermedad pagada para sí y los familiares, ayuda con la que cuenta el 72 % de los no sindicalizados.

La pandemia ha empeorado las cosas, además de las secuela de enfermedad y muerte el índice de desocupación rozó el 20 % en abril de 2020, paulatinamente ha ido bajando hasta estabilizarse en torno al 8 % en setiembre 2020 (dentro de la población blanca el índice evolucionó del 14,2 al 7, entre los negros del 16,7 al 12,1 y entre los hispánicos del 18,9 al 10,3).

Los grupos “libertarios” de la galaxia Trump han reivindicado la reapertura de lugares de trabajo que ha disminuido la desocupación, pero estos eventos también han favorecido el aumento de contagios Covid que se han elevado al doble respecto al mes de abril 2020.

El cierre de empresas produjo un aumento de solicitudes de subsidio de desocupación que en el mes de agosto rondaba ya los 32 millones de personas contra los 6 millones de puestos de trabajo disponibles en ese momento.

La crisis económica unida a la pandemia dejó al desnudo la incapacidad de la administración Trump para enfrentar esta urgencia, pero también han influído las décadas de neoliberalismo antisindical y el reflujo de las organizaciones que no han sabido o podido hacer frente a la agresividad patronal.

La legislación laboral es perennemente antiobrera y las exigencias sindicales para cambiarla no han sido escuchadas ni por rep ni por dem. Durante la campaña electoral Joe Biden ha dicho que “en caso que sea elegido seré el presidente más cercano al mundo del trabajo desde siempre”.

La pandemia ha incrementado las ganancias de los colosos hightech y se ha escrito equivocadamente que los salarios han crecido. Lo que sucede realmente es que en el promedio no se cuentan las bajas retribuciones de los trabajos precarios y más bajos de la escala, estos trabajos en gran parte han desaparecido porque han sido consideradas “actividades no necesarias”, edilicia, transportes, manufactura y claramente en el mundo de la restauración y albergues. Esta franja laboral es habitualmente ocupada por negros e hispánicos, tanto mujeres como hombres. Para más de los dos tercios de estos trabajadores el salario ha sido sustituído por subsidios de desocupación que generalmente duran 26 semanas con un importe promedio de 382 dólares semanales. Para quién perdió el trabajo por causas directamente relacionadas con el Covid se creó en marzo 2020 la Ley Care que otorga 600 dólares por 13 semanas. El presidente Trump otorgó un único contributo de 1.200 dólares a quién hubiese declarado al fisco en 2019 un rédito de 75.000 dólares.

Las leyes de emergencia han sido sostenidas por REP y DEM y esto ha favorecido la promulgación en un país donde la protección laboral es escasa.

Negros e hispánicos componen también el personal de hospitales, casas de cura, geriátricos y por lo tanto son grupos étnicos más expuestos al contagio, confirmado por la tasa de mortalidad que ha aumentado, esta fragilidad unida a la escasa protección social y sindical ha elevado los niveles de exasperación que estallaron con la absurda muerte de George Floyd el 25 de mayo 2020.

Las minorías negras e hispánicas componen el 25 % circa de la población y aportan el grueso de la mano de obra destinada a servicios más humildes y de menores salarios pero a su vez registran una capacidad de adhesión más alta a la sindicalización.

Frente a la escasa movilización de los sectores tradicionales de la clase obrera los sectores negros e hispánicos han demostrado una gran vitalidad para organizar y conducir conflictos específicos hasta el triunfo, como por ejemplo la lucha de janitors (bedeles) en Los Angeles y que han transformado a Las Vegas en una de las ciudades más sindicalizada del país.

En tiempo de pandemia el rol de las trabajadoras negras e hispánicas ha sido vibrante sobre todo en la lucha por los 15 dólares por hora y en el encuadramiento ‘obrero’ de la actividad de comida rápida, pero también en casas de cura y hospitales donde habían sido contratadas por la urgencia sanitaria y licenciadas apenas el contagio se aliviaba. En cambio ha tocado a los hombres negros la lucha para mejorar la protección de los conductores de autobuses urbanos en Detroit y Birmingham y organizar las luchas de operadores de limpieza urbana en Pittsburgh y New Orleans, o la protesta de los empleados simples de los supermercados Kroger en Memphis por la falta de protecciones frente al peligro de contagio.

En junio 2020 el sociólogo Mike Davis escribía en The Nation que la cosa interesante en más de las 500 manifestaciones verificadas hasta el momento era la confluencia en algunos casos de la acción de los sindicatos como National Nurses, Electrical Workers etc. con organizaciones de militantes políticos como Gig Workers Colective, Target Workers United o el significativo Amazonians United.

Luchando contra la policía violenta, los rep, los dem y la pandemia esta galaxia insurgente lleva adelante su batalla y lo hace en fechas significativas como la huelga de los portuarios del Pacífico el 19 de junio y las movilizaciones del 1º de mayo y del 20 de julio.

El 19 de junio o Juneteenth para la comunidad negra recuerda el día que en Texas se anunció que la esclavitud había sido abolida. El 1º de mayo tiene sus resonancias históricas obreras e internacionalistas y el 20 de julio titulada “Strikes to Black Lives” es un reconocimiento a las luchas de la comunidad negra y su importancia en el mundo del trabajo, se refuerza además la conexión política y el carácter de sublevación de clase de las movilizaciones del 2020.

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III. El voto y la división del país

Existe una certeza: que los dem ganaron las elecciones por poco, votantes no democráticos votaron dem esta vez, y lo explicaba al New York Times del 28 de noviembre Nichole Remert, responsable de la campaña electoral de la dem Emily Skopov: “La gente ha comprado Joe Biden para detener la locura de la Casa Blanca”.

Una crítica dura sobre la elección dem llegó a través de los comentarios de Christopher Caldwell en el diario de izquierda New Republic. Caldwell sostiene que Trump ha realizado algo extraordinario: el primer boom distributivo de los últimos decenios, bajar el nivel de ocupación al 3,7 % en 2019 (prácticamente pleno empleo con la excepción de la cuota de los que están buscando empleo) y sobre todo el aumento del 4,7 % de los salarios del 25 por ciento más bajo de la población. Eso también había sucedido en los tres últimos años de Obama pero en este caso fueron favorecidos los salarios más altos con mejoras muy débiles en los demás estratos. Caldwell opina que los dem ganaron las elecciones de casualidad ( y no por embrollos inexistentes). Siguiendo en ámbito económico: con la llegada de la crisis pandémica la caída del PIB del segundo trimestre registró un 31 % pero fue anulado por el crecimiento al 33 % del tercer trimestre, solo que el dato favorable al presidente fue publicado apenas 5 días antes del voto; demasiado tarde para cambiar la percepción de declino económico, además un porcentaje importante de ciudadanos había ya votado por correo.

Claramente no es un argumento que pueda agradar a los dem que además deberán enfrentar esta vez desde el gobierno la idea que el partido democrático es el partido de los ricos, pero esta idea se apoya en algunas cifras: 9 de los 10 estados más ricos han votado por Biden, 14 de los 15 más pobres por Trump. Si el distrito de Columbia (con la capital Washington) se transformara en otro estado como quieren algunos dem sería el más rico del país con un rédito per capita superior en un 17 % al segundo que es Connecticut. En Washington Biden venció a Trump 95 a 5.

Los dem por primera vez han superado la línea de los 1.000 millones de dólares para gastar en la campaña electoral ( un 60 % superior al gasto de Trump) y los pequeños donors de 10 dólares que ayudaron tanto a Obama en su primera victoria esta vez han ayudado a Biden en un 39 % y a Trump en un 45 %.

Más allá de las cifras que ayudan a comprender al menos parcialmente el fenómeno de estas elecciones Caldwell sostiene que el país está profundamente dividido: actualmente los dem son el partido del progreso tecnológico y demográfico y los rep son el partido del atraso, además cada facción está convencida de representar la encarnación de América contra el antiamericanismo de los otros. Kamala Harris ha dicho a sus 79 millones de votantes “Habéis elegido esperanza y honestidad, ciencia y verdad” seguida por Michelle Obama quién sostuvo: “Hemos votado contra mentiras, odio, caos y divisiones” . Todas cosas horribles pero que han obtenido 73 millones de votos, más que los que tuvo en su momento el marido. Obviamente vuelve a la memoria la definición de “Killary” Clinton refiriéndose a los votantes de Trump el 10 de setiembre de 2016 “ basquet of deplorables”, esa parte de la nación aumentó en 10 millones los votos otorgados a Trump en 2020.

¿Cómo podrá convivir el ala “socialista” del partido democrático con el equipo económico del dúo Biden-Harris? Serán tiempos difíciles y Caldwell predice que la coalición vencedora está condenada a la destrucción. (“The Biden Popular Front Is Doomed to Unravel” New Republic 23 noviembre 2020 Christopher Caldwell).

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IV. El equipo de José

Si “Killary” Clinton hubiese Ganado las elecciones en 2016 Larry Fink, el actual Ceo de Blackrock hubiera ocupado el cargo de secretario del Tesoro.

Pero Blackrock, habilísima no solo en gestionar inversiones sino también en tejer conexiones en Washington esta vez no se quedó con la boca seca.

El nuevo presidente convocó a Wayne Adeyemo, ex responsable del staff de Blackrock para el cargo de vice secretario del Tesoro, su colega Brian Deese, ex responsable de las inversiones sostenibles de Blackrock fue designado director de los consejeros económicos del presidente mientras que el responsable de la estrategia global de inversiones del grupo Michael Pyle pasó a ser el jefe economista del team de Kamala Harris.

¿Será posible para la nueva administración legislar para reglamentar en sentido más estricto el mundo financiero? Con estos cuadros distribuídos en puestos claves será difícil, Blackrock se ha distinguido en estos años por la fuerte presión lobbista ejercitada contra la eventual introducción de controles en ese ámbito.

Mientras tanto llegaron noticias interesantes sobre Janet Yellen nuevo secretario del Tesoro de Biden. La Yellen es una apreciada economista calificada de keynesiana pero a raíz de su nominación (que comporta una declaración de bienes e ingresos) se ha descubierto que en los dos últimos años ha ganado en torno a los 7,2 millones de dólares como compensaciones por su participación en convenios y encuentros organizados por multinacionales y bancos. Del fondo Citadel ha recibido un cheque de 800.000 dólares, el coloso bancario Citi le ha pagado un millón. La Yellen ha realizado conferencias para Goldman Sachs, Ubs, Credit Suisse, Barclays y Google.

El nuevo secretario de Estado Antony J. Blinken ha ganado 1,2 millones como consultor de Facebook, Boeing, para Blackrock y el banco francés Lazard.

Mientras la prensa de todo el mundo se agitaba y escribía abundantemente sobre la catadura Mad Max de los personajes que invadieron el Capitolio el 6 de enero Joe Biden silenciosamente organizó un gabinete de gobierno a medida del establishment americano consolidando una vez más la práctica de las puertas giratorias y confirmando que es un político que “tranquiliza a los mercados”.

Estas conexiones que en jergo se llaman “Wall Street friendly” fueron utilizadas hábilmente por Trump en 2016 para atacar a “Killary” Clinton aunque después pescó sus consejeros económicos entre ese establishment odiado por sus propios votantes (“Usa, le scelte di Joe Biden: la Casa Bianca assomiglia sempre di più ad una succursale del colosso finanziario Blackrock” Mauro Del Corno en Il Fatto Quotidiano, 8 de enero de 2021).

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V. Kamala Harris, mujer y negra

La vicepresidenta ha sido triunfalmente ofrecida (y comprada por electores y medios) como mujer y negra, un paso importante en la lucha por los derechos civiles se podría decir. Kamala es atractiva, sabe presentarse en público, parece ser el símbolo del éxito en el país de las oportunidades.

La parlamentaria democrática Tulsi Gabbard ha expresado sus reservas sobre la Harris analizando una etapa de la que la vicepresidenta elegida se enorgullece, su paso por la procura de California.

Dice Gabbard “ Ha mandado a la cárcel 1.500 personas por posesión y uso de marihuana y ha reído irónicamente cuando le han preguntado si en el pasado había fumado marihuana. Bloqueó la presentación de pruebas que podían salvar de la ejecución a una persona que estaba ya en el Corredor de la Muerte, finalmente un tribunal intervino para impedirlo”.

Y sigue “Ha mantenido personas en prisión más de lo debido para utilizarlas como mano de obra a bajo costo para el Estado de la California”.

The Intercept ha investigado sobre la negativa de Harris de investigar al banquero Steve Mnuchin ( amigo y sostenedor de “Killary” Clinton y desde febrero 2017 secretario del Tesoro de Trump). Se trataba de una investigación llevada adelante por la misma fiscalía californiana por más de un millar de violaciones en la ejecución de embargos, la misma fiscalía ha dictaminado que la investigación original había sido “mal conducida” pero la causa decayó por la negativa de Harris a iniciar una acción civil contra la banca. Posteriormente se reveló que Mnuchin había contribuído con 2.000 dólares en 2016 para la campaña electoral de Kamala Harris (“Kamala Harris fails to explain why she didn’t prosecute Steven Mnuchin’s bank” David Dayen en The Intercept, 5.01.17).

No sabemos si Joe Biden se presentará a la reelección en 2024 porque existe una cuestión de edad, frente a esa eventualidad la Harris sería la candidata natural de los dem, por lo tanto es importante conocer el pensamiento económico de la Harris. Podemos deducirlo a través de Tony West, su cuñado, casado con la hermana Maya Harris. West co-dirigió la campaña electoral de Kamala en 2016 y ha dicho que comparte al cien por cien las ideas de la cuñada según el San Francisco Chronicle del 14.07.19 (“Kamala Harris, Another Establishment Candidate” Laurence H. Shoup en Counterpunch, 6.09.2019).

El padre de West fue un alto dirigente de IBM por lo que existe una tradición familiar de vinculaciones a las grandes empresas americanas. Tony West ha trabajado en Pepsi Cola y ahora es un importante manager de Uber. West está trabajando con su equipo legal para rechazar la sentencia de un tribunal de Gran Bretaña que ha declarado que los trabajadores de Uber son dependientes de la empresa. Stefano Zecchinelli ha escrito que “el modelo de empresa que sostiene la familia Harris es un neoliberalismo todavía más extremo que el de Donald Trump” (“Kamala Harris, la nuova regina del caos” L’Interferenza 15.11.20).

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VI. El Minotauro en el laberinto de la Casa Blanca

Donald Trump ha sido comparado a un rinoceronte en una habitación, nunca un personaje político de este nivel ha ejercitado el poder como Trump, podría ser interpretado como un republicano genéticamente modificado o simplemente un monstruo, un Minotauro que vagaba en su laberinto lanzando proclamas vía Twiter renovando continuamente el staff que no conseguía seguir el paso de la convulsa gestión del jefe. Se lanzó en una guerra contra todos dentro y fuera de las instituciones pero la gran prensa fue y es uno de sus enemigos constantes, a partir de la irrupción en el Capitolio el 6 de enero los ataques se han renovado con nuevos furores y corremos el riesgo que la luminosidad excluyente que emite el monstruo nos impida ver el contexto y la complejidad de la vida política americana, violentamente sacudida por la aparición del outsider en un país desgarrado por la crisis económica.

Su derrota despertó cadáveres ilustres como Tony Blair que cantando victorias ajenas ha dicho “que después de la derrota del populismo de derecha ahora hay que vencer el populismo de izquierda” ( “Sconfitto Trump, ora la sfida è al populismo di sinistra” La Repubblica, 12.11.2020).

La palabra populismo no ayuda a comprender el mundo real pero podemos aceptar la denominación clásica de “demagogo de derechas” para tratar de situar a Trump en su circunstancia.

En junio de 2017 La République en Marche! el nuevo partido de Emmanuel Macron venció con holgura las legislativas consolidando su mayoría, Le Figaro describió así la nueva situación: “Antes el partido de la derecha tenía su elite rica y su ala popular, lo mismo sucedía con el partido de la izquierda, ahora las elites de derecha e izquierda se han unido (con Macron) y los sectores populares han quedado sin representación”. Una parte de aquellos sectores populares sin bandera ni partido decidió la última semana de noviembre de 2018 ocupar y bloquear las rotondas de carreteras y autopistas de Francia distinguiéndose con un chaleco amarillo.

Le plantaron cara a Macron y al establishment que lo sostiene tejiendo alianzas con sectores de la CGT, los cheminots en huelga, los estudiantes que protestaban por el costo de las matrículas, las feministas y finalmente con la base del partido Verde. Esta lucha frenó las pretensiones de Macron de hacer pagar una “reconversión verde” a los sectores populares y consiguió 15.000 millones de euros para fortalecer el estado social fuertemente agredido por socialistas y macronistas.

En USA en 2016 una masa de personas abandonadas a su destino creyó encontrar en Donald Trump un líder capaz de conducirlos en una lucha “antisistema” y observando desde una distancia física, emotiva y cultural parece increíble que haya sucedido. El partido democrático que en un momento histórico representó amplias fajas de población humilde (lo que hoy llamamos clases subalternas) ha elegido otros rumbos y uno de sus miembros más conocidos trata de “basquet of deplorables” aquellos ciudadanos.

Cuando se actúa en política con la pretensión de modificar la realidad (o consolidar el status quo) es de vital importancia determinar a qué parte de la población se quiere representar.

Estados Unidos aparece desde ese punto de vista como un sistema político incompleto o en evolución, donde una parte de la población sufre un déficit de representación, una parte de la población que no se superpone automáticamente con los exhaltados que escapados de Mad Max Fury Road invadieron el Capitolio el 6 de enero.

PS: el film Mad Max Fury Road (George Miller 2015) fue producido por Steve Mnuchin, el ex secretario del Tesoro de Trump, a quién Kamala Harris no quiso encausar civilmente cuando era miembro de la fiscalía de California.

* Escritor y periodista argentino residente en Italia. Para comunicarse con el autor: marcelocaracoche@gmail.com