El regreso del “padre del aula” en la era de la Inteligencia Artificial

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El regreso del “padre del aula” en la era de la Inteligencia Artificial

11 Septiembre 2026

Recuerdo que en una ocasión, en rueda de nacionales, como yo expresara mi admiración por la prosa y el temperamento sarmientino, no faltó un desorejado que me increpara como si perteneciese a la vereda de enfrente. Tuve que decirle: ¿Así que Sarmiento, Alberdi, incluso Mitre, y Paz, y Lavalle eran unos incapaces? Agregué enseguida: Entonces ¿qué clases de incapaces e infelices hemos sido nosotros y las generaciones que nos precedieron cuando durante tantos años nos han tenido envueltos y atados en la red que tejieron?”

Arturo Jauretche

El revisionismo histórico y el Pensamiento Nacional no se oponen a las nuevas tecnologías; por el contrario, exigen que la parafernalia técnica sirva para desentrañar las encarnizadas disputas de poder y soberanía en lugar de edulcorarlas. La reciente producción docuficción de Infobae, Sarmiento, el Maestro (2026), dirigida por Opy Morales y guionada por Marcelo Camaño, expone el último tramo de la vida de Domingo Faustino Sarmiento en Asunción del Paraguay usando herramientas avanzadas de inteligencia artificial. Sin embargo, detrás del temblor de manos, el frío, la sordera y la aparente humanización del prócer, el cortometraje termina operando como un sofisticado instrumento de la historiografía liberal para consolidar un relato abstracto y despolitizado del pasado argentino. Continuando con el mismo enfoque que se realizó para el docuficción sobre San Martín, se pretende rescatar una historia rosa de hombres providenciales que se sacrificaron por la Nación.

A primera vista, la obra se presenta como una "épica del saber". Encontramos a un Sarmiento anciano (interpretado vocalmente por Juan Leyrado) que dedica sus últimos suspiros a enseñar a leer a los jornaleros que construyen su casa en el Paraguay. Al desplazar el eje desde el Sarmiento belicoso hacia una pedagogía sentimental, la producción pretende "bajarlo del bronce". No obstante, este abordaje incurre en el mismo error de fábrica del mitrismo clásico: asume la educación como una variable mística, aislada de la geopolítica y de las brutales asimetrías sociales de la época.

El vacío geopolítico y la sombra del Paraguay

Para cualquier analista formado en la tradición de Arturo Jauretche, el escenario de fondo resulta ineludible. Que Sarmiento agonice en Asunción en 1888 evoca de forma inmediata el trauma de la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870), conflicto del cual el sanjuanino fue un firme ejecutor político y justificador ideológico. Un hecho no menor que el documental omite intencionalmente, arrastrándolo a Sarmiento a querer morir en tierras guaranías no por arrepentimiento de ser participe intelectual del genocidio sino porque en dicha guerra moría su hijo Dominguito.

Sumándose a esto, la reducción de la presencia paraguaya a un grupo de jornaleros agradecidos por aprender a escribir sus nombres bajo la tutoría benévola de su antiguo verdugo histórico constituye una alarmante omisión. La producción prefiere exhibir una melancólica escena de corrección de cuadernillos antes que asumir las contradicciones materiales de un proyecto de país que construyó sus escuelas sobre los escombros de la destrucción del Paraguay y la masacre de las montoneras federales en el interior argentino.

Hay que volver a Murray

Pese a lo que se pueden llegar a imaginar, este servidor no los invita a condenar a Sarmiento por sus errores así como tampoco lo reducimos a celebrar sus aciertos. Sería sumamente injusto quedarnos en sus arrebatos virulentos que lo exponen sin tapujos a exhortar la muerte de sus adversarios, cuando en realidad compartía su idea de nación civilizada a toda costa tal como lo habían proyectado Bartolomé Mitre, Venancio Flores y todos los responsables de la guerra de policía argentina y la posterior Guerra contra el Paraguay. No podemos ser objetivos, pero sí ecuánimes: en ese sentido no está de más volver a recordarles la existencia de una obra clave que buscó analizar sesudamente la acción y pensamiento del Padre del aula: me refiero a “Pros y contras de Sarmiento” de Luis Alberto Murray. Este brillante ensayista, analizó los aportes tantos positivos como los negativos de Sarmiento a la vida política y cultural argentina sin pecar en la trampa integracionista que propugnaban Felix Luna y tantos otros historiadores que, para no jugarse, realizaban un “bendigo a tutti”, y listo. Resulta innegable su aporte a la educación pública. No obstante, el problema es el mismo que tenemos en la actualidad: apostó a la enseñanza desde un enfoque universalista e iluminista, desdeñando lo propio. En la actualidad, el desguace educativo que se viene arrastrando desde la década de los 80 también busca alejar a los educandos de una identidad nacional (Sarmiento lo justificaría en pro de la civilización calificándola de barbara; los progres de hoy lo hacen en pro de una democracia abstracta atribuyéndole a lo nacional sesgos autoritarios)

El Censo de 1869: Datos duros vs. Realidades truncas

El cortometraje realza el hito del primer Censo Nacional de 1869, destacando la conmovedora revelación de que el 77% de los habitantes no sabía leer ni escribir. El texto visual nos induce a percibir este dato como el punto de partida de una gesta puramente civilizatoria. Lo que el relato de Infobae conscientemente oculta es el carácter excluyente de esa misma "civilización".

La educación sarmientina no fue pensada como una herramienta de liberación de los sectores populares autóctonos, sino como un andamiaje de disciplinamiento social destinado a erradicar lo que el propio autor de Facundo catalogaba como "barbarie". Aquellos sectores que bajaban los ojos ante el censista no sufrían únicamente por ignorancia, sino por un modelo económico y político que los despojaba de su tierra y de su identidad cultural en favor de los intereses portuarios y el capital extranjero.

Sarmiento fue participe intelectual del andamiaje que empujó al gauchaje a los márgenes, arrancándoles todo atisbo de dignidad. Precisamente un lucida periodista, del cual Sarmiento pedía su cabeza elaboró el mayor texto de denuncia social para la época. Sin el “Martín Fierro” poco sabríamos de las desgracias de nuestros paisanos. No es casualidad que el poema magno de José Hernandez fuera considerado el “Antifacundo”.

La estética de la IA como el nuevo bronce digital

Al igual que en las entregas previas de esta saga —25 de Mayo de 1810 y El Libertador—, el uso de la Inteligencia Artificial no funciona aquí como un canalizador de contradicciones, sino como una herramienta de estetización homogenizadora. La IA reconstruye retratos pulcros, entornos cálidos y silencios emotivos calculados para conmover al espectador contemporáneo, especialmente al público joven al que va dirigido. Al despojar a los personajes del barro de la disputa política real, la técnica se vuelve cómplice de la desmemoria. Reemplaza la vieja estatua de mármol de las escuelas por un render de altísima definición, pero el contenido sigue inalterado: el prócer se mantiene inalcanzable, justificado y purificado de sus decisiones históricas más sangrientas. La vieja Historia oficial navega en la actualidad bajos las aguas de la IA: a tal punto que el cortometraje que pretende constituirse en recurso pedagógico cae en la misma historia edulcorada y ridícula como el video laudatorio y soberbio a cargo de nuestro Comandante en Jefe pretendiéndose compararse al prócer.

En definitiva, Sarmiento, el Maestro no realiza una verdadera humanización del expresidente. Construye, en cambio, un San Martín y un Sarmiento digeribles para el sentido común liberal del siglo XXI: ciudadanos ejemplares y bienintencionados atrapados en las supuestas "grietas" de su tiempo. Una pedagogía nacional responsable exige restituir a las figuras históricas su dimensión política total, con sus luces y sus atroces sombras. Mientras las producciones sigan priorizando la solemnidad técnica por encima de la crudeza de los procesos históricos, continuaremos consumiendo mitos con envoltorios modernos.

En definitiva, Sarmiento, el Maestro no realiza una verdadera humanización del expresidente. Construye, en cambio, un San Martín y un Sarmiento digeribles para el sentido común liberal del siglo XXI