Diez puntos para recordar e incorporar a Rodolfo Kusch

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    Rodolfo Kusch
    Rodolfo Kusch

Diez puntos para recordar e incorporar a Rodolfo Kusch

29 Septiembre 2026

Con motivo de un nuevo aniversario del fallecimiento de Rodolfo Günter Kusch (25 de junio de 1922 - 20 de septiembre de 1979), me gustaría ofrecer algunas de sus ideas más importantes para recordarlo. El objetivo es contribuir al acercamiento de este filósofo al Pensamiento Nacional.

  1. Lo más conocido de la obra kuscheana es la diferencia tajante que establece en América profunda entre el ser y el estar. El primero caracteriza una determinada forma de habitar el mundo occidental. El segundo, nos habla de lo propio del mundo andino, especialmente de la cultura quechua-aymara. El ser representa una perspectiva activa y abstracta. Activa porque es un impulso avasallante para delante. Así, el ser es proyectarse. Abstracta porque intenta resolverse en un deber-ser que no siempre logra cumplir. El estar, en cambio, se refiere a un modo de habitar el mundo arraigado y concreto. Arraigado porque en su enfrentarse al mundo lo hace pertrechado de una comunidad en la que se encuentra. Concreto porque implica una sabiduría popular.

  2. Sin embargo, Kusch no se queda en la división. Su interés está puesto en la unidad. En este sentido, produce una “herida narcisista” en el porteño al indicarle que, a pesar de considerarse tan protagonista del progreso, tan “bajado de los barcos”, tan habitante del “primer mundo”, en el fondo el porteño mantiene la misma estructura de pensamiento que el quechua. Para ilustrar esta “herida narcisista” Kusch utiliza la metáfora del hedor como contrario de la pulcritud: a pesar de lo limpio que se cree el porteño progresista, el hedor del Tren Roca, del Tango malevo, de las villas, se le cuela por las narices. Lo que tiene el olor, a diferencia de otros sentidos, es que no se puede evitar. (Indios, porteños y dioses y De la mala vida porteña.)

  3. Alcanzó esa unidad con la fórmula estar-siendo. Significa que ningún proyecto de ser puede sostenerse sin estar afincado en un estar comunitario. El estar arraigado le da al proyecto un principio de realidad. Es la diferencia que dista entre proyectar colonias en la Luna y construir un hospital zonal. El sentido para la comunidad lo es todo. (Esbozo de una antropología filosófica americana.) Podría decirse que el estar-siendo es la traducción filosófica de uno de los principios centrales del peronismo: nadie se realiza en una comunidad que no se realiza. Asimismo, es la base filosófica del lema del Papa Francisco en la Statio Orbis del 27 de marzo de 2020 y en Fratelli Tutti: “nadie se salva solo”. Como se puede ver, el estar-siendo es una forma de nombrar al pueblo. La filosofía europea se está volviendo a plantear esta problemática a través del concepto “sociedad del cansancio”: el Rendimiento Absoluto solo produce agotamiento físico, malestar psicológico y desgarramiento comunitario. La falta de arraigo desemboca en la pérdida de sentido. Al mismo tiempo se aleja de las perspectivas de la Responsabilidad Absoluta porque el estar-siendo no surge de un antagonismo social sino de la afirmación de la propia comunidad.

  4. La perspectiva kuscheana podría titularse como una filosofía mestiza. Mestiza no es “criolla”. El mestizaje de Kusch no implica invisibilizar las diferencias sino, por el contrario, manifestarlas. El mestizaje es el resultado de un complejo proceso de resistencia que comenzó en la colonización. La concepción de Kusch no es ni deudora de la “leyenda rosa” justificadora de la violencia ibérica ni cultor de la “leyenda negra” inglesa. Más bien, reconoce que la violencia de la conquista no fue la única relación que estableció el español con el indígena.

  5. Fagocitación es el mecanismo ontológico que posibilita la conformación de un Nuevo Pueblo, más allá del español y del indígena. Como la vida es mezcla, todo lo puro está condenado a contaminarse con su contrario. Por esto, Latinoamérica no es la imposición de lo ibérico puro ni la persistencia de lo precolombino puro, es lo impuro que se conforma en su interacción. (América profunda.)

  6. Justamente por fagocitación es imposible que cualquier proceso occidentalizador permanezca imperturbable en nuestro continente. Kusch tenía ante los ojos al desarrollismo y su teoría como última estrategia del Imperio para subyugar a nuestro continente. La Alianza para el Progreso es el título que llevó este programa político en la época de John F. Kennedy. Una teoría que se mostraba económica pero que en realidad tenía por objetivo modificar la cultura latinoamericana.

  7. Pero la fagocitación no es solamente una forma de explicar el encuentro entre culturas. En Kusch expresa algo más profundo: una forma latinoamericana de enfrentar el caos de la existencia y recuperar el equilibrio frente al mundo caótico. No hay antagonismos en la filosofía kuscheana. A lo caótico se le opone el orden. El orden es el equilibrio. La cultura quechua tenía en el concepto pachakuti el “trastocamiento del mundo”. Nosotros diríamos un “golpe de suerte”. Así como la vida busca mezclarse, también busca el equilibrio. El equilibrio es impuesto por el héroe mitológico, que llega a este mundo a ordenar. Sin embargo, es expulsado, el desequilibrio vuelve y el quechua canta en su himno “¿dónde está dios?”. En Argentina, en la década de 1960, la búsqueda de equilibrio se traducía en la consigna “Luche y Vuelve”. (El pensamiento indígena y popular en América.)

  8. Kusch descubre que en las acciones más simples de la vida cotidiana aparecen símbolos que permiten orientarnos frente a aquello que no podemos controlar. A eso lo llama teología cotidiana: una forma de encontrar sentido en medio de las circunstancias concretas de la existencia. Los avatares cotidianos de la vida se enfrentan con la comunidad. En este sentido, la filosofía mestiza de Kusch no es una abstracción idealista, sino una reflexión de lo cotidiano. Teología porque es reveladora de esos puntos simbólicos que le dan sentido a la existencia más allá de toda racionalidad instrumentalista. Cotidiana porque es un conocimiento que refiere a las circunstancias del vivir, al proyecto de ser desde el estar de cada quién. (La negación en el pensamiento popular.)

  9. Ese punto simbólico a partir del cual orbita la existencia son los operadores seminales. La existencia no se vive como si fuera una cuadrícula ordenada de un Excel, ni como un frío cálculo racional. Tampoco es la cartografía de calles y barrios lo que nos dice quiénes somos ni dónde habitamos. El barrio es el bar de la esquina, la placita donde jugábamos al fútbol, la calle oscura donde dimos el primer beso. En este sentido, Kusch nos habla desde una geocultura: pensamos desde el territorio con memoria histórica, su presente de lucha y su futuro de liberación. Cada uno de estos puntos geográficos y vitales son la chispa que alumbra un sentido. Los operadores seminales son los símbolos dadores de sentido que inducen a la acción. Nos hacen crecer. Fructifican nuestros esfuerzos. Le dan sentido a nuestro sacrificio diario. (La negación en el pensamiento popular y Geocultura del hombre americano.)

  10. Recientemente vivimos algunos hitos de nuestra argentinidad. La fiesta (mal organizada) del fallecimiento del Diego. La despedida de Francisco. La fila interminable para darle un último adios al Indio. El festejo de haber derrotado a los ingleses a pesar de haber perdido un Mundial. Se conjugan en todos estos hitos algo de lo dramático intrínseco de la vida con su celebración. Es que no somos una sociedad que firma un contrato para pertenecer, somos una comunidad que se encuentra en aquello que está en uno aunque no sea específicamente de uno: está en uno pero es de todos. Allí conformamos la comunidad que nos permite proyectarnos. (Esbozo de una antropología filosófica americana.)

Sin ánimo de agotar aquí su filosofía, con estos 10 puntos (y sus referencias bibliográficas), esperamos que Kusch ocupe el lugar que se merece por derecho propio en el panteón del Pensamiento Nacional junto a los maestros Scalabrini, Jauretche, Galasso y tantos más.

Kusch descubre que en las acciones más simples de la vida cotidiana aparecen símbolos que permiten orientarnos frente a aquello que no podemos controlar. A eso lo llama teología cotidiana: una forma de encontrar sentido en medio de las circunstancias concretas de la existencia