fbpx Preso en mi prisión | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Cultura //// 03.05.2020
Preso en mi prisión

Mientras en la Argentina nos confunden mediáticamente con la situación de las personas privadas de su libertad en contexto de pandemia, en Lima, Perú, hace un par de semanas la situación y la temática eran muy similares. Crónica del dron ladrón. Por Ramiro Gallardo. 

Foto: Rodrigo Abd (AP)

Por Ramiro Gallardo

 

Paseando por la web me encuentro con una serie de fotos de un motín en la cárcel Miguel Castro Castro, en Lima: presos que reclaman por falta de atención médica frente a la actual situación generada por la pandemia. Al parecer, lo que hace pocos días fue tapa de diarios en la Argentina es una muestra más de algo que está sucediendo en otros lugares del mundo. Y Perú no es la excepción.

Las fotos las sacó mi primo, Rodrigo Abd, para Associated Press. Una de ellas me parece especialmente potente. Presos mirando hacia arriba, barbijos, un muerto destapado y otro que están por destapar; cuatro velas, una cruz, un cuadro que pareciera ser un Cristo, un papa Francisco mutilado; un gran telón negro, dibujos en el suelo, manchas de pintura violetas y rosas (parecen restos de huevo, papel picado y pintura que quedan en la vereda después de los festejos por una graduación), carteles con el número “5” y la letra “A” apoyados en el piso, grandes, como para que se lean desde el cielo; torsos desnudos, brazos en alto, manos que saludan o que aplauden.

Copio la foto y le mando un mensaje a Rodrigo:

“Che, qué buena foto. Tremenda”, le escribo.

“Metí el dron en el pabellón. La policía le tiraba, los presos me aplaudían”.

Leo su respuesta y en mi cabeza la foto se transforma, disuelve sus formas y vuelve a componerse. Ahora tiene movimiento, un dron, disparos.

La cárcel Miguel Castro Castro está ubicada en un paraje rodeado de cerros. El edificio es un panóptico, pero paradójicamente su implantación permite que toda la cárcel sea visible desde lo alto. Amigos y familiares de los presos reclaman por la falta de atención médica, y los presos colocan carteles que pueden observarse de lejos con facilidad.

“Volar un dron por encima de una cárcel es algo completamente impensado, ilógico… poné el término que se te ocurra. Además, no hay señal de teléfono, las cárceles tienen bloqueadores de señal. Pero era la única forma de tener una toma lo más limpia posible. Cuando los presos lo vieron comenzaron a gritar: ¡libertad! ¡ayuda! Sabían que el dron podía registrar los cuerpos de los dos compañeros muertos durante los enfrentamientos con la gente del servicio penitenciario. Había un cartel que decía HAY CINCO MUERTOS. Terminaron siendo diez (es lo que el servicio penitenciario anunció oficialmente)”.

Cuando el dron sobrevolaba el pabellón la policía comenzó a disparar. Los familiares de los presos decían “no acerques tanto el dron que te lo van a bajar”, así que Rodrigo hizo unas últimas fotos, unos videos, y comenzó a traerlo de vuelta, justo cuando abajo del cerro estacionaba una patrulla, bajaban varios policías y empezaban a correr gritando “¡el del dron, el del dron, ahí!”

“Pensé que me llevaban preso o que me sacaban el dron, pero sólo me echaron. Cuando me estaba yendo los familiares comenzaron a protestar, y los presos a gritar primero y a aplaudir después, al ver que me iba llevando el dron en la mano”.