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Cultura //// 28.05.2016
Poéticas entre la dictadura y el universo femenino

La escritora Claudia Sobico presentó, entre finales del año pasado y principios de este 2016, sus dos primeros libros: La Grafa, una novela narrada desde la visión de una niña, la historia de su familia en el transcurso de la última dictadura y en un ambiente como el de una fábrica textil. Venus en Acuario, su libro de poemas, explora muchas aristas del mundo femenino. En esta entrevista  nos acercamos al mundo de estas dos obras en la voz de su creadora. 

Por Boris Katunaric
Agencia Paco Urondo: Tuviste la suerte de editar, en el transcurso de pocos meses, dos libros ¿Cómo lo sentís?
Claudia Sobico: Buenísimo, me encantó. Se dio de casualidad, charlando con Marcos Almada, con el que publicamos La Grafa, en Alto Pogo; le comenté del libro de poemas y me contactó con Miguel Alvarado, a quien le mandé el material y a la semana me dijeron “si, lo editamos”. Ellos tenían apuro porque, como presentaban dos libros en abril, les convenía hacerlas juntas y entrar a la Feria del Libro como una editorial más consolidada, pudieron entrar con cinco libros publicados.
APU: ¿Es como tener mellizos?
CS: Sí, claro. Ahora me tengo que ocupar de los dos. Eso mismo me lo dijo Juan Crasci (editor de Años luz Editora) pero hablando de otra persona. Es una dificultad publicar dos cosas juntas, en realidad no está bueno porque buscás notas en prensa y si ya hablaste de un libro no podés ir por el otro.
APU: Por ejemplo, ahora no sé por dónde arrancar, si por el libro de poemas o por la novela.
CS: Claro, yo me quedé pensando, pero lo que tiene es que son dos textos distintos. No son dos novelas o dos libros de poemas. 
APU: Vamos a algo anterior, al inicio de la búsqueda de la escritura. Sos una autora reciente ¿cómo se dio ese primer impulso de encontrar en la literatura algún camino posible?
CS: Escribo desde siempre, desde chiquita, incluso participando en concursos literarios en la escuela. Pero el momento en que empecé a tomarlo más en serio es cuando empecé el taller con Julián López. Ahí empecé a creer que escribir podía ser para mí y todo el trabajo psicológico que hacen los maestros ¿no? A uno le parece que por ahí no lo puede hacer y piensa qué voy a escribir yo. Empecé trabajando con poesía llevando un material que ya tenía y lo trabajamos durante todo 2011 y parte de 2012 hasta que en agosto de ese año apareció el texto de La Grafa. Fábricas, proveedurías y pizza
APU: ¿Cómo apareció La Grafa?
CS: Por una cuestión personal, se enfermó una tía, tuve ganas de escribir para ella y a partir de ese texto surgieron los demás. Después de tres o cuatro semanas me animé a mostrárselo a Julián y lo empezamos a trabajar pero en tres meses, prácticamente, estaba escrita.
APU: Tiempo récord.
CS: Increíble, creo que no me va a volver a pasar nunca (risas)
APU: Existen ciertos paralelismos y diferencias importantes entre La Grafa y Una muchacha muy bella, de Julián López: la primera es la mirada del niño. Ambas novelas tienen como narrador en primera persona a niños, con un contexto histórico similar, ambas ocurren durante la dictadura, eso por un lado. En lo que se diferencian es que en Una muchacha... hay un único personaje al que se apunta el conflicto y la trama, en La grafa creás una genealogía familiar en la que uno llega a perderse un poco. Hay una comunicación muy interesante entre las dos novelas ¿Esto es casual?
CS: Imaginate que Una muchacha muy bella se publicó en 2013 y La Grafa se empezó a escribir en 2012. Cuando lo leí fue una sorpresa. Yo sabía que Julián estaba escribiendo una novela, me acuerdo que en uno de los textos que trabajamos yo nombro los cigarrillos 43/70 y él se sonrió y me dijo que también los mencionaba. Estábamos los dos escribiendo las respectivas novelas pero yo la leí recién cuando salió.
También lo que me pasa con Julián es que tenemos mucha empatía, en el ámbito de taller uno conversa tanto con el maestro.
APU: Otra cosa que veo en La Grafa es una suerte de nostalgia peronista. Constantemente se rememora ese imaginario del barrio obrero, el conflicto con la patronal y su conflicto con la política.
CS: Hay dos cosas, por un lado esto que decís del romanticismo con el peronismo, eso es herencia de mi mamá, la adoración por Evita; ella, como hija de obrero, sentía un gran agradecimiento hacia esa política y nos crió con eso. Por otro lado, todo lo que menciono de la fábrica es muy complejo porque hay como una tercera voz: por una parte tenés la voz del gorila o la patronal y del obrero que si estaba a favor de esa patronal era un carnero (una palabra que la mencionaron mucho en esa época) y, por la otra, el sindicalista o el militante montonero. Lo que a mí me pasó de muy chica, sin entender nada —eso se va aclarando con la vida, con los años— es que lo que vivía mi papá era una desilusión muy grande de los dos extremos, no sentía pertenencia a ninguno de los dos.
Eso fue terrible porque después eso me impidió participar de un centro de estudiantes o militar en alguna agrupación. Eso de una onda americana, del hombre que se hace a sí mismo y que no podés contar con nadie, mi viejo tenía eso. No sé si él es consciente de eso pero sí, los capítulos que son cortitos son los de la voz del padre y aparece eso de “se reparten la manteca”, “a nadie le importa el obrero”, “arreglan entre ellos”, esas eran frases que tiraba mi papá. Es una voz muy solitaria y muy triste.
Además, a diferencia de los 90, él pertenecía a estas fábricas paternalistas que nos daban la colonia de vacaciones, las únicas vacaciones de mi vida eran irme a la colonia de vacaciones de Bunge y Born y mi vieja estaba súper agradecida por todo eso y mi viejo puteaba diciendo que me paguen más y voy yo de vacaciones con mis hijos.
APU: Lo mismo pasa con la escena en que la fábrica vende producto, la proveduría, que le vende más barato a los obreros.
CS: Es muy gracioso, mi vieja escondía los aceites para que mi papá compre más, era como una riqueza tener muchos aceites…
APU: Hay una escena, que me parece la más bella aún, por su tensión dramática, que es la escena en que la madre se va con las hijas a comer una pizza a escondidas y hay una cuestión de poder muy marcada.
CS: Es que es muy difícil ser ama de casa, la plata que tenés sentís que no es tuya porque el que trabaja es el marido, si te querés rajar no tenés donde ir y la lucha que hace una mamá es con los chiquitos de la mano.
Estar hasta tan tarde en la calle con mi mamá no era lo normal y que esté contando la plata en la puerta de la pizzería para ver si le alcanzaba. Claro que tiene que ver con el poder.
APU: Y algún tipo de privación de un lujo plebeyo…
CS: Y la soledad y la tristeza. La pobreza es triste.
APU: Pero también en toda esa tensión, porque la madre no quiere dar el brazo a torcer, porque amenaza a las hijas que si decían algo las fajaba, peo imagino que el momento de haber comido esa pizza debe haber sido inigualable.
CS: Totalmente, único. Estar solas, sin la autorización masculina, de decir también puedo hacer lo que quiero.
APU: Y esto de contar tu familia, no habiendo pensado pero sí racionalizándolo, porque ni siquiera cambiás los nombres ¿cómo lo pensás ahora, hablándolo con ellos?
CS: El comentario de mi mamá fue: “¿por qué contás cosas de mis hermanos?” y yo lo que le dije es que no cuento sobre sus hermanos sino sobre mis tíos; ella lo vivía como un terreno propio y en realidad también es mi terreno. Alejandra Zina dice en la contratapa que si los padres son los dioses, los tíos también son algún tipo de deidad y evidentemente quedaron marcados para mí.
APU: Pero, al mismo tiempo, se marca mucho el contexto histórico mediante los personajes que son bien definidos.
CS: Sí, porque no importa el tío de quien sea sino que eran personas que vivieron en un momento determinado que, viéndolo desde esta perspectiva, me parecen maravillosas porque marcan un momento del país: mi papá trabajaba en Grafa, un tío en Segba, el otro en Aguas, todas cosas que desaparecieron.
Y algo que descubrí de grande (con terapias) que tiene que ver con la época de los milicos vivida en la infancia. Me pasaba ya a los 30 de tener sueños de persecución, como que estaba perseguida por milicos. De alguna manera tiene que ver con el miedo que había en esa época sin racionalizarlo, pero el miedo estuvo así como lo vivieron los adultos o los adolescentes.
Lo mismo con la historia del tío Aldo…
APU: Al que encontraron desnudo, sucio y loco…
CS: Y no saber qué le pasó, porque nunca pudo decir nada.
Poesía en Venus
APU: El prólogo de Venus en Acuario, escrito por Jorge Hardmeier, empieza con una omisión que dice “Más allá de la referencia astrológica”; me gustaría preguntarte cuál es esa referencia astrológica, por qué ese título.
CS: Esa es una parte de la pregunta que no respondí al principio, por qué empecé a escribir. Parece poco serio pero me hice una carta astral y una de las cosas que me preguntó la astróloga, que además era filósofa graduada en la UBA, era si escribía, le dije que no, “cómo que no escribís” bueno, de entrecasa, le respondí . Ahí me dijo que escribir es una parte mía porque Venus en Acuario es una parte de mi personalidad, así que después de esta charla empecé mi taller.
APU: Decidiste abarcar el erotismo como hilo conductor del libro.
CS: Me gusta más decir que explora la vida de la mujer en distintos aspectos porque está la relación con la madre que siempre es muy fuerte, también la relación con los hombres. Una de las cosas que me preocupa como mujer y que tiene que ver con la violencia, pero no sólo la violencia del hombre hacia la mujer sino de ambos y es algo que tiene que ver con la posesión; cuando estás en pareja crees que el cuerpo del otro te pertenece y a mí me parece que eso está mal, que nos hace daño, que crea violencia.
APU: Hay un verso que dice “me asumí periférica” ¿hay algo de eso?
CS: Sí, con el poder pensar que la persona con la que estás también puede elegir estar con otra persona y que tiene derecho sobre su cuerpo. No es fácil, es un problema con el propio ego, no con el otro; además toda esa violencia va a parar a los chicos.
APU: Si bien es un libro que habla sobre la mujer, paradójicamente el primer poema se llama “masculinidad” y el primer verso dice: “La masculinidad es una/ presiento/ atrapada de a poco en distintos cuerpos”.
CS: Cada varón es diferente y cada uno tiene una porción de masculinidad. La idea es que de ese mundo masculino, una porción me la iba a dar un hombre y otra porción otro y conocer distintos hombres me iba a dar la posibilidad de conocer esa masculinidad que yo no tengo y me resulta sumamente interesante. Con la feminidad debe ser lo mismo, no somos todas iguales.
APU: Ya hablamos de tus dos libros, de manera picadita ¿qué planes tenés para tu futuro literario?
CS: Estoy tratando de escribir una novela, es ficción, ya no son memorias y es un poco más difícil. La Grafa fue fácil porque me sentaba y el texto estaba en mi cabeza, esa era la sensación. Ahora es más interesante, siento que estoy haciendo un trabajo más de escritora, que estoy haciendo elecciones. También viene por la exploración del mundo femenino, también aparece la relación con la madre con los hijos y de vivir el amor libre.