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Cultura //// 14.01.2017
Pity Álvarez: Intoxicado de amor

Cuando Pity Álvarez pinta su aldea, nos muestra con amor y piedad el mundo en el que vivimos. Autor indispensable para comprender la realidad latinoamericana de los últimos cuarenta años.

 

Por Santiago Gómez, Desde Florianópolis, Brasil

Cuando en cincuenta, cien años, algún alma sensible vaya a buscar la historia argentina en nuestro arte, o de América Latina, indefectiblemente tendrá que pasar por la poesía de Pity Álvarez, quien fijo con amor y piedad imágenes de nuestra época. Pity mostró con amor a los pibes que no ven otro futuro que el de la delincuencia para acceder a lo que a todos nos proponen, habló de la prostitución infantil o adolescente en los barrios, del laburante que llega con el cuerpo cansado y le da una moneda a los pibes que están en la esquina, de la policía que siempre los molesta por fumar lo que la naturaleza nos da y de cómo la intoxicación consigue sacarnos de un mundo, para meternos en otro del que podemos no conseguir salir, buscando una satisfacción que no va a llegar, que sabemos que no va a llegar, pero otra vez vamos a buscar. La obra de Pity Álvarez muestra una persona de una inmensa sensibilidad, que quizá simplemente necesitó apaciguar tanto dolor del que nos dejó una extraordinaria obra artística.

Viejas Locas nos muestra la década de los noventa, las consecuencias de la destrucción de la matriz productiva, cuyas consecuencias hasta el día de hoy padecemos, más aún que se volvió a buscar su destrucción. Pity advirtió para quien pudiera escuchar que cuando se ve mucha desocupación en las calles “los hijos ven al padre y juntos murmuran / ellos no quieren ser un “tonto trabajador” / porque el que trabaja aquí nunca progresa”. Quienes caminan los barrios pobres o se relacionan con adolescentes que viven en esos barrios saben que lo que Pity nos cantó es una gran verdad. Ante un futuro cierto de basura, reja o plomo, por qué no arriesgarse a garantizarse al menos un tiempo la vida que nos proponen como ideal. Álvarez nos pintó su aldea y con ella el mundo. La desocupación en aumento en el barrio, el hombre borracho que no puede dejar de tomar, la madre que aunque sea una buena mujer no cuida a los hijos y los pibes que andan “tirados en un zanjón, aspirando lo que la vida no les dio”. Lo mismo se encuentra en Lugano y el Bronx.

Mientras uno de los programas con más audiencia de la televisión argentina eran “Los Simpson”, Álvarez le cantó a nuestros trabajadores, a los que aún conseguían estar enganchados dentro del sistema laboral y se preguntaban cuánto más de sufrimiento, cuánto tiempo más van a seguir sin valorar el dolor que el esfuerzo de los pobres produce. Y mientras el padre entre diario y mate con mucha azúcar expresa con la cabeza baja el sufrimiento de no poder darle a sus hijos lo que se merecen, porque el esfuerzo de los Homeros merece más, los hijos se preguntan ¿laburar para qué? ¿Para llegar y que tu mujer te recrimine que otra vez apoyaste el codo en el bar de la estación para envalentonarte para encarar los pedidos que no vas a poder saldar? ¿Bancarse que un cheto de camisa rosa y pantalón claro, que en su vida levantó un ladrillo, te grite porque el revoque quedó mal? Para qué pasar por eso para comprar, si metiendo un buen susto y corriendo rápido en una tarde pueden hacer lo mismo que el viejo en una quincena. Cuando los padres no tienen de qué agarrar la ilusión que le proponen a los hijos, es más fácil que los pibes no crean lo que les proponen. Pocos son los que van a zafar, es así, la vida de un obrero es así.

Y cuando en los barrios populares las carencias van en aumento, aumentan los corchazos de uno y otro lado de la avenida. De un lado caen los pibes, del otro se mandan “esas fiestas que son todas ratas tomando champagne, pagan muy caro por una mujer y luego ríen de la sociedad”. Entre los noventa y el 2015 algunas cosas cambiaron, otras no cambian nunca. Como tampoco cambiaron los temas sobre los que Álvarez cantó a lo largo de su carrera, ya sea con Viejas Locas o con Intoxicados, banda que creó tras la separación de la primera formación musical con la que obtuvo reconocimiento artístico. En “Buen día”, su primer álbum con Intoxicados continuó mostrando la realidad social en la que vivimos, aunque su carta de presentación es su dificultad para dejar las drogas. Como nos dijo en Puente La Noria, canción de “Hermanos de sangre”, el segundo disco de Viejas Locas, “prefiero flashear y no ver más esto y después que digan que vos te dopás vos te matas solo sin llevarte al resto”

Son muchos los artistas que necesitan narcotizase para poder mostrar lo que les duele. Quizá sea el caso del Pity. Lo que no hay dudas, es que se necesita mucho amor para mostrar la realidad que nos rodea como él lo hizo. Y que sólo un gran artista puede hacer una poesía como esta:

Homero

Cuando sale del trabajo, Homero viene pensando
que al bajar del colectivo, esquivará algunos autos,
cruzará la avenida, se meterá en el barrio,
pasará dando saludos y monedas a unos vagos.
Dobla en el primer pasillo y ve que va llegando,
y un ascensor angosto lo lleva a la puerta del rancho.
Dice que está muy cansado y encima hoy no pagaron
imposible bajarse de esta rutina y se pregunta¨¿hasta cuando?¨
Se hace dificil siendo obrero hacerse cargo del pan
de tu esposa, tus hijos, del alquiler y algo más.
Poco disfruta sus días pensando en cómo hará,
si en ese empleo no pagan y cada vez le piden más.
Qué injusticia que no se valore eficiencia y responsabilidad,
porque él hoy se mató pensando y es lo mismo que uno más,
Homero está cansado, come y se quiere acostar,
vuelve a amanecer y entre diario y mates se pregunta
“¿cuánto más?”.
Y es así, la vida de un obrero es así,
la vida en el barrio es así
y pocos son los que van a zafar.
Y es así, aprendemos a ser felices así,
la vida del obrero es así
y pocos son los que van a zafar