fbpx Manuel Antín: cómo poner en imagen textos ocultos para las mayorías | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Cultura //// 09.08.2020
Manuel Antín: cómo poner en imagen textos ocultos para las mayorías

AGENCIA PACO URONDO entrevistó a Manuel Antín: " Recuerdo que, junto a Martínez Suárez, Torre Nilsson, David Kohon, Rodolfo Kuhn, nos encolumnábamos en el viejo cine Biarritz, haciendo un ritual que ha quedado en mi memoria como pieza esencial de un rompecabezas mágico".

Por Silvina Gianibelli

Manuel Antín, argentino, es poeta, escritor, novelista dramaturgo y director de cine. Su obra cinematográfica estuvo influida por la nouvelle vague y aportó conceptos formales a la hora de hacer cine tanto en la dirección como en la dramaturgia cinematográfica. Creó la Universidad del Cine, de donde es rector en la actualidad. Frecuentemente el barrio de San Telmo, cuenta con su presencia sobria y amable, sobre los empedrados del Pasaje Giuffra.  

 

AGENCIA PACO URONDO: Buscando el origen de su escritura me encontré con un género tan musical como riguroso: el soneto. ¿Qué lecturas lo llevaron a elegir esta forma de escritura?

Manuel Antín: No podría precisar qué lecturas me llevaron al soneto y a otras formas de la poesía. Soy un lector incansable y lo que se produce en mi interior con la lectura me resulta mágico e indefinible.

APU: Su publicación poética Sirena y el Espiral tiene rasgos simbolistas, su afectación por las imágenes, se estaban lanzando al mundo furtivamente. ¿Cómo asume esa experiencia?

M.A.: Con ambigüedad y amor por la escritura, que es una manera de plasmar el mundo interior con la realidad de todos los días.

APU: Siguiendo la línea del simbolismo, Cortázar identifica lo fantástico en el orden de lo poético, usted asume esa síntesis en “Cartas de mamá”, ¿cómo recuerda el impacto de ese cuento?

M.A.: Cuando leí por primera vez “Cartas de mamá” no me pareció que no había sido escrito por mí. Tanto es así que no pude detenerme en la sola contemplación y decidí convertirlo en imágenes propias para, de alguna manera, apropiarme legalmente de lo ajeno.

APU: Su amistad con Julio Cortázar estuvo basada en la admiración mutua, ¿cómo recuerda ese vínculo?

M.A.: Con singular afecto. El transcurso del tiempo colocó a Julio en un lugar de privilegio al cual sólo se accede con talento y muerte. Es un orgullo para mí haber coincidido con él en la tarea de creación, cada uno en su sitio original.

APU: Su amor por la literatura lo lleva a ser un director fidedigno, ¿cómo reconoce un universo, como si usted estuviera reescribiéndolo?

M.A.: Me siento orgulloso de haber difundido mediante imágenes accesibles textos que de otra manera hubieran permanecido ocultos a las mayorías.

APU: ¿Conserva el guión de esa adaptación de Horacio Quiroga que se planeaba para filmar en Misiones? ¿Vuelve a las lecturas de sus guiones?

M.A.: Vuelvo permanentemente a la lectura de los textos que amé, aunque a algunos, como el cuento de Horacio Quiroga, los haya olvidado, ignoro dónde.

APU: ¿Cuál fue el cuento que eligió de Horacio Quiroga?

M.A.: “El hombre muerto”, un cuento excepcional de Quiroga.

APU: Pertenece a la generación que abrazó a La nouvelle vague y cambió para siempre la historia del cine nacional: ¿cuál es la revelación que reconoce en su cine de este movimiento?

M.A.: El acceso de la Literatura (con mayúscula) a las grandes mayorías gracias a las imágenes.

APU: ¿Bergman, Godard y Resmais conforman su influencia piramidal cinematográfica?

M.A.: La verdad es que no reconozco esas influencias. Fueron simplemente coincidencias en el tiempo y en el espacio. La mejor demostración es que vi por primera vez El año pasado en Marienbad en el mismo Festival de Venecia adonde yo competía con La cifra impar. La mejor demostración de que ambas películas fueron filmadas al mismo tiempo y separadas por el Atlántico. Es la época, la coincidencia intelectual de los estilos, vaya uno a saber qué.

APU: Fresas Salvajes es una película de Bergman que usted admira, ¿por qué?

M.A.: El rincón de las fresas salvajes, así se conoció aquí, si no recuerdo mal, como Cuando huye el día. Tal como lo dije en una nota que publiqué el día de su desaparición física, recuerdo que, junto a Martínez Suárez, Torre Nilsson, David Kohon, Rodolfo Kuhn, nos encolumnábamos en el viejo cine Biarritz, haciendo un ritual que ha quedado en mi memoria como pieza esencial de un rompecabezas mágico. Bergman ha significado un paso imprescindible en nuestras vidas, siempre se dijo de él que no hacía cine sino “terapia de grupo”.

APU: ¿Cuál es la imagen que ha quedado para siempre?

M.A.: La imagen nostálgica y la niebla azulada de Cuando huye el día, y una convicción firme que no me abandona desde su desaparición física (las personalidades del arte como él sobreviven a ellos mismos): “No me es posible imaginar el cine sin él”.

APU: Le agradezco mucho su generosidad y su disposición inmediata.

M.A.: Espero que no encuentre demasiadas contradicciones y que sean de su interés y acorde a lo que imaginaba.