fbpx Los libros, la lluvia, las palabras y la búsqueda del sentido en una crónica cotidiana | Agencia Paco Urondo | Periodismo militante
Cultura //// 12.09.2021
Los libros, la lluvia, las palabras y la búsqueda del sentido en una crónica cotidiana

En la columna semanal Informe de un día un repaso por El libro de Tamar, de Tamara Kamenszain; Ikigai, de Francesc Miralles y Héctor García, y La tarea del crítico, de Walter Benjamin, entre los detalles y los sucesos diarios.

 

Por Inés Busquets

La clave es «aceptar» que hay ciertas cosas

sobre las que no tenemos control, como el paso del tiempo

o la naturaleza efímera de lo que nos rodea.

(Ikigai, los secretos de Japón para una vida larga y feliz. Francesc Miralles y Héctor García)

Hoy sí llueve. Llueve sostenido. Es miércoles y estoy en Retiro bajando del micro para ir al taller. El miércoles pasado no fui porque anunciaban tormenta. Una Santa Rosa tardía que llegó cuando yo ya hubiera estado en mi casa nuevamente. Hoy no estaba anunciado, sólo llovía y vine igual, eso me da la pauta de dónde está el clima. La tormenta en realidad está adentro de una.
Me mojo y me agito corriendo al micro de línea que me conduce a donde voy, quiero llegar con las palabras para poder agarrar el teléfono que hasta ahora tuve que desplazar por el paraguas. Las palabras también son lluvia que, a veces, hay que sostener.
Estoy pensando en la columna del domingo, buceo en un mar turbulento pensando qué reseño, qué leo, qué miro.
Acabo de cerrar El libro de Tamar, para devolvérselo a Virginia que me lo prestó. Ese puede ser un comienzo.

El gueto de amor literario, el mensaje revelado un tiempo después, la muerte, el silencio, las palabras como pequeñas partículas incognoscibles y descubrimiento. Entonces las palabras no son conceptos herméticos y objetivos. El significado, como la lluvia también está adentro de una.
Marechal y Carrasco, en un poema, dicen que del laberinto se sale por arriba.
Voy arriba, veo en perspectiva lo que puede aportarle a mi columna lo que hice en la semana, lo que leí en la semana porque si, sin pensar en una funcionalidad específica.
Al libro de Tamara Kamenszain, le sumó los ensayos de Walter Benjamin y el libro Ikigai, un libro con enseñanza japonesa sobre el arte de vivir que me nombró el profesor de pilates y que se lo pedí para leer.
Intento encontrar un hilo conductor en ese torbellino, tal vez, de ideas que se confunden en mi cabeza con L Gante y Feinmann, con el cierre vertiginoso de la campaña, con mi hija que le da “cringe” todo lo que digo.
Me detengo en dos ejes, en el puente, en los puntos en común: el tiempo y el espacio. En la figura del flaneur o la flaneuse (en mi caso) que transita en todos los libros que leí esta semana y que determinan este momento.
Y el aquí y ahora que me abruma en los libros y en mi mente que se tranquiliza cuando recala en que lo importante es el presente.

El flaneur de Benjamin que perdido en la ciudad se encuentra, porque trasunta en los detalles, en todo aquello que trasciende lo turístico, lo permanente y se detiene en lo que se mueve, en lo que cambia y en las huellas de la ciudad, como en el ensayo de Ludmer y Libertella que menciona Tamara. Ese proceder urbano que no constituye una parte de eso que la mirada acostumbra, pero que encierra múltiples significados y que sin duda nos constituye como parte de eso que miramos.
Ikigai para los japoneses es un término que alude a encontrar la pasión de cada persona. Dice que uno no inventa el Ikigai, el Ikigai está, solo hay que activarlo.
Algunos lo saben desde siempre, a otros se les manifiesta a través de los años. Encontrarlo para los japoneses es una de las claves de la longevidad. Una vez que se encuentra funciona como motor para el resto de la vida. En Japón no existe la jubilación como retiro porque quien posee su Ikigai no se retira nunca de la actividad sino que fluye. Explora su flow de manera espontánea.

No importa cuál sea, lo que importa es que uno se despierte con un motivo para vivir, con eso que construye nuestros días de sentido.
El Ikigai como el clima y las palabras también está en nuestro interior.
En el taller hablamos de salir de los cánones establecidos, de la retórica que a veces nos esclaviza para escribir y para vivir. Esta quizá sea la prueba más concreta de esa práctica, no sé si es una reseña pero es el verdadero informe de un día.