fbpx La “Vuelta de Obligado” y la guerra comercial, por Juan Carlos Schmid
Cultura //// 25.11.2010
La “Vuelta de Obligado” y la guerra comercial, por Juan Carlos Schmid

 
Capital Federal (Agencia Paco Urondo) Los ríos han sido, son y serán el ámbito de nuestras actividades: los dragados de las vías navegables y el acceso a los puertos, los ríos son parte del imaginario de los trabajadores embarcados, pero también del hombre de las riberas, de los pescadores, de los isleños y de los poetas.
 
Los grandes ríos como el Paraná, el Paraguay y el Uruguay unen el Norte con el Río de la Plata; sus afluentes vinculan Este y Oeste con los ríos troncales.
Desde los tiempos coloniales e independentistas; estas conexiones: portuaria, fluvial y marítima, antecedieron a la creación del mercado común del sur y la remozada hidrovía Paraguay-Paraná, por eso mantienen el protagonismo principal en el comercio interior, regional y extra regional.
 
Sin duda tienen carácter estratégico en la disputa comercial, antes y ahora, entre quienes tuvieron históricamente el dominio de las industrias, de las tecnologías, de las flotas de guerra y de las flotas comerciales ultramarinas.
Flotas armadas que hacían los bloqueos a los puertos, como ocurrió en diversas oportunidades con Buenos Aires, Asunción o Montevideo.
 
Otros instrumentos serían y son, la “libertad de comercio” y la “libertad de navegación de los ríos interiores”. Una tercera sería de dominio cultural materializada sobre la “inteligencia” vernácula que a caballo de la “libertad de ideas” siente una enfermiza fascinación por lo “europeo”, por lo “clásico”, por lo “extranjero”…
 
Resulta obvio que los trabajadores comulgamos con la libertad en el sentido más amplio de nuestra cultura y su tiempo, pero la historia ha demostrado que las “verdades universales” colisionan, no solamente, con los intereses nacionales o regionales sino con la cultura profunda de los pueblos.
 
“Hoy sabemos que la cultura universal existe como un gigantesco mosaico, o rompecabezas, donde cada una de las piezas -las culturas nacionales- representan una faceta ni mejor ni peor que ninguna otra, pero sí distinta. Si faltara una sola no se podría comprender el mosaico de la totalidad”, dice O. Sbarra Mitre en su “Historia Esencial del Peronismo”.
La “Vuelta de Obligado” es una prueba de ello y las libertades un asunto en danza donde se conjugan intereses de distinta naturaleza.
 
Decíamos en otra ocasión acerca del poder militar y el comercio: “el siglo XIX habría de caracterizarse por la expansión imperialista; Inglaterra ocupó Egipto, el Sudán, guerreó con Persia, Afganistán, India y China; Francia se apoderó de Argelia, Marruecos, Indochina; Rusia en su avance al Oriente llegó a Vladivostok a las puertas de Japón.
 
También llegaron al Río de la Plata con las invasiones de 1806 y 1807.
 
 
Y echaron base en el Atlántico Sur en abierta violación del Tratado argentino-británico de 1825 usurpando nuestras Islas Malvinas en 1833; para posteriormente extenderse hacia el continente, en la patagonia, donde las estancias en manos de ingleses y galeses aprovisionaron de carne y lana al viejo continente durante décadas. No fue casualidad que la corona británica extorsionara al presidente Yrigoyen durante el conflicto entre los “súbditos de su majestad” y los trabajadores rurales en la patagonia.
 
El tiempo se encargaría de dimensionar en su justa medida los hechos.
La presencia imperial de Inglaterra-Francia aguas arriba del Paraná tenía detrás del móvil del “libre comercio y la libre navegación” la decisión política de irrumpir en esta región sudamericana a cualquier precio. Doblegar las pretensiones soberanas de Rosas y la Ley de Aduanas; minar el desarrollo soberano de Paraguay; afianzar el liberalismo pro-inglés en el puerto y murallas de Montevideo. Y por sobre todo, intrigar, establecer acuerdos, conspirar, dividir, hacer alianzas con los gobiernos y también con los opositores, con federales y unitarios, con repúblicas o monarquías…
 
El imperio portugués y posteriormente el Brasil también fueron un factor de presión sobre el Río de la Plata y el litoral argentino. Durante la segunda y tercera década del siglo XIX ocuparon la Banda Oriental que a la postre significó la guerra entre Argentina y Brasil; y un desgarramiento con el nacimiento de otro estado independiente en 1828, desde entonces, la República Oriental del Uruguay.
 
Situación de balcanización a la que no fueron  ajenos los ingleses y franceses, las clases porteñas-comerciantes de Buenos Aires, Montevideo y Río de Janeiro. Como tampoco fueron ajenos en la “Vuelta de Obligado”; en la “Batalla de Caseros”;  en el bombardeo naval a Paysandú; en la “Guerra de la Triple Alianza”.
 
Para 1840/1850 el Río de la Plata dividía intereses y divisas; con el trasfondo de las guerras civiles entre Federales y Unitarios el imperialismo anglo-francés tejía el entramado de dominación y contaba para ello con una base de operaciones en la región: la bahía fortificada de Montevideo.
Montevideo ampararía a las fuerzas unitarias opositoras a Juan M. de Rosas, y a las flotas armadas extranjeras provenientes de Europa.
 
Dentro de este escenario de intereses en disputa, el tiempo hablaría con sabiduría, cuando estas fuerzas multinacionales conformaron la poderosa Alianza que  haría la guerra invasiva contra Paraguay (1864), apenas unos años después de la emblemática “Vuelta de Obligado” (1845) y de la “Batalla de Caseros” (1852).
 
La escalada bélica contra Paraguay fortalecida por la derrota de Rosas se manifestó en 1853; en 1855 sería la armada de Brasil la agresora en Tres Bocas; y en 1859 las cañoneras inglesas a tiros de cañón obligaron a desembarcar a Solano López, hijo del presidente, y marchar por tierra después de un incidente diplomático que le costó la expulsión al embajador inglés sito en Asunción tras un complot para matar a Carlos A. López.
 
De la caída de Rosas en 1852 a la derrota de Solano López en 1869 bastaron 17 años para que los personeros del imperialismo inglés afianzaran el proyecto liberal dependiente en la región. Recién entonces fue posible la sanción de la Constitución de 1853 y la libertad de comerciar por los ríos interiores. En nombre de la civilización y el progreso durante décadas quedamos fuertemente encadenados a los intereses británicos, cuyo apogeo sería el Tratado Roca-Runciman; el “estatuto legal del coloniaje” según diría don Arturo Jauretche.
 
 
Tiempo atrás, el naciente Paraguay liberado de  las cadenas coloniales, fue dueño de una riqueza inestimable: la selva como proveedora de maderas nobles; y la ubicación geográfica privilegiada: en el corazón de América del Sur con la ciudad de Asunción extendida sobre las riberas del Río Paraguay.
 
Un país con el fundamento de la cultura guaranítica y gobernantes de la época independentista con clara vocación de soberanía económica, política y social. Una región acosada desde los tiempos del virreinato  por los “bandeirantes” portugueses y la posterior política expansionista de Brasil; por Buenos Aires y las malogradas campañas de Manuel Belgrano.
 
“El gobierno de Carlos A. López estaba construyendo su propia flota de buques a vapor durante la década de 1850, estos buques constituían el núcleo de la flota mercante y armada de Paraguay.
Con la asistencia y dirección de John Whitehead en 1860 se construyeron una docena de vapores, algunos como el “Tacuarí” de 400 toneladas”.
La cita pertenece a “La navegación de los ríos en la historia argentina” de C.B. Kroeber.
El caso de Paraguay se convertía en un desafío inadmisible para los imperios y sus lacayos; en un ejemplo para los patriotas del continente.
 
Juan M. de Rosas encarnó en su tiempo una política con las provincias que tendiera a echar las bases para la conformación de la nación argentina. La constitución de la unidad fundada en un proyecto capaz de armonizar los intereses de las provincias mediterráneas, las provincias litoraleñas y el puerto de Buenos Aires. El federalismo, con sus bondades y contradicciones, como forma de gobierno.
 
Proyecto al que no eran ajenos los pueblos originarios, los Pampas, con los que estableció acuerdos como en Laguna de los Huanacos, aliado de algunos caciques (como otros lo fueron de los unitarios). Y hubo también acciones punitivas a quienes faltaban a los tratados para dedicarse al pillaje.
 
Pero, por sobre todo fue una vía que contemplaba un espacio común entre los criollos y los pueblos originarios. Otro fue el proyecto unitario y liberal que se manifestó con la acción genocida del general Roca años después, con la campaña de exterminio de “los pampas” y el gaucho.
 
En el Río de la Plata, el segundo presidente constitucional de Uruguay, Manuel Oribe fue derrocado por Fructuoso Rivera; primer ex presidente, colorado y liberal, aliado de los brasileros, de los franceses y los unitarios argentinos, más allá de las diferencias circunstanciales con el general Paz. Oportunamente fue Paz, jefe militar en Córdoba, en Corrientes y Montevideo.
 
Durante la Guerra Grande (1845/51) el Uruguay independiente desde 1828, ve desdibuja su soberanía por los acontecimientos de carácter internacional, que involucran a los países de la región y las potencias agresoras.
En la ciudad amurallada y el puerto de Montevideo se abroquelan las fuerzas extranjeras; en la campaña oriental los federales al mando de M.Oribe enarbolan las banderas de la soberanía del incipiente Estado.
 
“Defendían Montevideo unos 2500 soldados franceses; 500 italianos; 500 argentinos unitarios; 400 orientales (aprox. el 5% de las tropas); y 6000 marinos embarcados en las flotas de la coalición europea”, dice Carlos Machado en su “Historia de los Orientales”.
 
 
Fue el general Paz quien organizaría la defensa de Montevideo, mientras el bloqueo naval del almirante Brown, leal a Buenos Aires, sería neutralizado por las fuerzas navales del comodoro  inglés Purvis.
Infructuoso fue el pedido ante el gobierno de Inglaterra de una  “intervención armada en el Río de la Plata” de parte de Florencio Varela y el brasileño conde de Abrantes, cuando aquél desaprobó  lo actuado por el comodoro Purvis. Brown restableció el bloqueo a Montevideo en defensa del presidente derrocado, Manuel Oribe, y de la soberanía del estuario y los ríos interiores.
 
Montevideo se convertiría en el bastión de los liberales donde se alojaban fuerzas multinacionales, como  ingleses, españoles, italianos, franceses que desplegarían sus buques de guerra bloqueando el puerto de Buenos Aires para comerciar “libremente” o por vía del contrabando.
La “Vuelta de Obligado” comenzaba a perfilarse como uno de los lugares donde las fuerzas patriotas presentarían batalla a la armada de guerra y comercial de la coalición europea más importante del orbe.
 
Dice J.L.Busaniche en “Rosas visto por sus contemporáneos”: “Los comisionados extranjeros enfrentaron a Rosas en Buenos Aires. Exigieron el retiro de sus tropas de la Banda Oriental y el levantamiento del bloqueo.
Aquél invocó nuevamente sus derechos de beligerante y la soberanía de su país sobre los ríos interiores.
 
Los almirantes Lainé e Inglefield apresaron entonces barcos argentinos en el Río de la Plata, tomaron la Colonia, y Martín García por el italiano Garibaldi, (agosto/setiembre de 1845), y en el mes de octubre remontaron el Paraná con intención de hacer desembarcos.
 
Una vez en la “Vuelta de Obligado”, donde el río se estrecha y hace posible la defensa con baterías de la costa, hallarónlo cruzado por una larga cadena tendida sobre canoas, como símbolo de la soberanía nacional. En la orilla estaban escalonadas las baterías al mando del general Mansilla. Siete horas se defendieron los escasos cañones de Obligado contra el fuego incesante de ochenta y cinco bocas de fuego de las dos escuadras, que pasaron al fin, pero llevando en sus flancos el recuerdo de la jornada.
 
Los descalabros se sucedían; un desembarco inglés en la costa del Paraná fue anulado por el coronel rosista Thorne. A pocos meses del combate de Obligado (junio de 1846), el mismo general Mansilla, desde la costa de San Lorenzo, en Santa Fe (Paso del Quebracho), causó graves pérdidas a un convoy compuesto de doce buques de guerra a vapor y noventa y cinco mercantes que descendían el Paraná con víveres para la plaza de Montevideo”.
 
“Los pueblos deben estar siempre atentos a la conservación de sus intereses y derechos y no deben fiar  más que de sí mismos. El extranjero no viene a nuestro país a trabajar en nuestro bien, sino a sacar cuantas ventajas pueda proporcionarse.
Es necesario destruir los abusos de la administración, desplegar una actividad que hasta ahora no se ha conocido, promover el remedio de los males que afligen al Estado, excitar y dirigir el espíritu público, educar al pueblo, destruir o contener a sus enemigos y dar nueva vida a las provincias” había dicho Mariano Moreno, integrante de la Primera Junta.
 
Esta reseña de algunos hitos de nuestra Historia Grande, las citas en que nos apoyamos y algunas observaciones asociativas en torno a la “Vuelta de Obligado”, no tienen otro objeto que ilustrar a los trabajadores sobre la escabrosa tarea política y las luchas que demandaron la defensa de los intereses nacionales y la soberanía frente a las agresiones imperiales.
 
Luchas que encarnaron San Martín y Güemes, Belgrano y Moreno, Rosas y Mansilla. Que en el siglo XX asumirían hombres como Yrigoyen y Perón, y que a comienzos de este siglo encarnara el ex presidente Kirchner.
No fueron los únicos hombres y mujeres, recordamos a Marina Céspedes y Juana Azurduy, a Evita y Azucena Villaflor,  y a tantos otros compañeros y compañeras que dieron su vida, en defensa de la causa nacional.
 
La historia nacional continúa su derrotero y en tiempo presente se van perfilando las situaciones y circunstancias que van definiendo los nuevos escenarios nacionales, regionales y el mundo multipolar; vastas geografías penetradas por las corporaciones privadas y el dubitativo papel que practican los organismos internacionales. Guerras por los recursos naturales, el petróleo en primer término.
 
Los ríos mantienen su protagonismo cuando por ellos transitan los trenes de barcazas transportando la producción cerealera, los puertos se modernizan, la actividad agro industrial crece sostenidamente, y los intereses sectoriales chocan con los intereses del pueblo argentino, el medio ambiente, etc.
 
La guerra comercial se manifiesta en instrumentos como las “zonas francas”, los “puertos libres”, las cargas impositivas, las declaraciones falseadas de embarques, el contrabando, las “banderas de conveniencia”, los subsidios, la triangulación entre empresas de las corporaciones que trafican granos, los grandes bancos y las cuentas secretas, los acopiadores y los exportadores, el “riesgo país” y las aseguradoras…
Los TLC y la dolarización de algunas economías nacionales.
El escenario poco ha cambiado: Asunción, Buenos Aires, Nueva Palmira, Montevideo, Brasilia, Nueva York, Beijing…
 
Con el convencimiento de los patriotas jugados en la “Vuelta de Obligado”, estamos quienes a diario y silenciosamente trabajamos por afianzar un modelo productivo con equidad social; un país con dirigentes políticos, sindicales y sociales capaces de distinguir la figura del fondo, lo principal de lo secundario, e interpretar la dinámica de los tiempos políticos, en esta parte del mundo a comienzos del siglo XXI.
 
El pueblo se manifestó con dolor y esperanza re-significando la Muerte… de su Jefe; como otrora lo hiciera ante el general Perón y ante Evita.
Pero en esta oportunidad no estuvo en las riberas del río Paraná para hostigar al enemigo de la patria, sino que marchó a la Plaza de Mayo y se encolumnó para testimoniar el adiós militante al compañero Néstor Kirchner en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos de la Casa Rosada.
No tronaron las baterías del general Mansilla pero sí la de miles y miles de gargantas, a lo largo y ancho del país, voceando al grito de:
 
¡Aguante Cristina! ¡Presentes, ahora y siempre!
 
* El autor es secretario general del gremio de Dragado (CGT).
 
(Agencia Paco Urondo)