Florestación: una experiencia colectiva de radio y comunicación popular en Floresta

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MEDIOS COMUNITARIOS

Florestación: una experiencia colectiva de radio y comunicación popular en Floresta

19 Julio 2026

Florestación es un proyecto de radio y comunicación popular que funciona en Mariano Acosta 140, barrio de Floresta (Ciudad Autónoma de Buenos Aires), en un espacio comunitario donde también desarrollan sus actividades un Centro de Inclusión Social (CIS) para personas en situación de calle, una Casa de Atención y Acompañamiento Comunitario (CAAC) y el Bachillerato Popular Sergio Karakachoff.

Desde allí construimos colectivamente propuestas de comunicación, participación comunitaria, acompañamiento y ejercicio de derechos. Contamos con un espacio físico, un estudio de radio en construcción y talleres de comunicación donde ensayamos programas, compartimos experiencias y construimos colectivamente herramientas para expresarnos y hacernos escuchar. Creemos en la enorme importancia de estos espacios de comunicación comunitaria porque nos conectan, generan articulaciones y permiten que podamos dar testimonio de nuestras vivencias, visibilizar nuestras realidades y participar activamente de la vida comunitaria.

Para nosotros y nosotras es muy importante ser escuchados, que se interesen por lo que hacemos y por nuestras historias. En la marginalidad, muchas veces una persona se vuelve invisible, indeseable, inservible y descartable. Por eso, este medio constituye una herramienta más para volver —a veces, incluso, a lugares en los que nunca pudimos estar— y para acercarnos al ejercicio de derechos básicos. Nuestra vulnerabilidad crece cuanto más alejados estamos de acceder y ejercer esos derechos, que en muchos casos nunca estuvieron garantizados y que, en otros, distintas circunstancias hicieron que se vieran interrumpidos, empujándonos a situaciones de exclusión de las que intentamos salir.
Nadie quiere ni merece vivir en la calle. La calle no es un lugar para vivir, y mucho menos para morir.

Este proyecto, que construimos colectivamente, intenta aportar una salida frente a las situaciones de desamparo, abandono y aislamiento que atraviesan quienes viven en la calle, padecen sufrimientos de salud mental o atraviesan consumos problemáticos.

En Florestación, quienes participan encuentran una voz. Y a veces, participar empieza simplemente por escuchar. Muchos compañeros y compañeras comenzaron así: escuchando lo que otros decían, un poco por curiosidad, otro poco por timidez, vergüenza o distintos motivos. Pero al escuchar la voz del otro, algo resuena. Y entonces se animan a acercarse al micrófono. Empiezan a construir una voz propia: una voz que primero apareció en el otro y que luego pudieron sacar hacia afuera, hasta empezar también a escucharse a sí mismos.

Y además, sucede algo fundamental: empezamos a escucharnos entre nosotros y otras personas también empiezan a escucharnos. Las reflexiones y testimonios que compartimos a continuación recorren distintos aspectos de estas experiencias de vida: los caminos que llevan a la situación de calle, los consumos y los sufrimientos mentales, la posibilidad de aceptar ayuda y recuperar deseos, la construcción de una voz propia y la importancia de los vínculos y la comunicación comunitaria para volver a sentirse parte.

Este proyecto intenta aportar una salida frente a las situaciones de desamparo, abandono y aislamiento que atraviesan quienes viven en la calle, padecen sufrimientos de salud mental o atraviesan consumos problemáticos.

Nadie llega a la calle porque sí

Detrás de cada persona en situación de calle hay una historia diferente. Sin embargo, muchas veces la sociedad simplifica esos recorridos y responsabiliza a quienes atraviesan estas situaciones, dejando de lado la complejidad de los procesos que las producen y sostienen.

Las dificultades para acceder al trabajo, a ingresos suficientes, a una vivienda, a tratamientos y a dispositivos de acompañamiento forman parte de un contexto social cada vez más adverso para amplios sectores de la población. La exclusión no surge de un único hecho ni de una decisión individual: suele ser el resultado de múltiples vulneraciones que se acumulan a lo largo del tiempo.

"Siento que la gente generaliza, que uno elige vivir así, que estamos así porque algo hicimos". (Rubén Segundo).

El consumo, el aislamiento y el sufrimiento

La vida en la calle suele estar atravesada por múltiples padecimientos. Los consumos problemáticos aparecen muchas veces como una forma de enfrentar el dolor, la soledad o las dificultades cotidianas. Sin embargo, también pueden profundizar el aislamiento y dificultar la posibilidad de encontrar otras respuestas.

A veces el consumo de alcohol u otras sustancias aparece como una forma —fallida y dolorosa— de soportar una realidad que se vuelve difícil de habitar. El frío, la soledad, la discriminación, la incertidumbre y las barreras para acceder a una vida digna forman parte de esa experiencia. La paradoja es que aquello que parece aliviar momentáneamente el sufrimiento termina muchas veces profundizándolo.

"El consumo va de peor en peor y muchas veces no lo problematizamos. Los consumos ocupan el lugar de tapar las dificultades que atravesamos a diario". (José Ventura).

"A través del consumo uno se aísla solo". (Manuel Gigena).

"Siento que me pega mal porque no estoy preparado para tomar buenas decisiones y cuando estoy en la calle quiero consumir. Es como un piloto automático". (Rubén Segundo). 

"Los consumos ocupan el lugar de tapar las dificultades que atravesamos a diario". (José Ventura).

Levantarse y volver a desear

Volver a ponerse de pie no es un camino lineal ni sencillo. Pedir ayuda, dejarse acompañar y volver a imaginar un proyecto de vida forman parte de una experiencia que muchas veces requiere tiempo, esfuerzo y el apoyo de otros.

Desde una perspectiva de salud mental comunitaria sabemos que las transformaciones profundas no dependen solamente de la voluntad individual. Tampoco consisten únicamente en abandonar un consumo o salir de una situación de calle. Se trata de reconstruir vínculos, recuperar derechos, volver a imaginar proyectos de vida y reencontrarse con deseos que muchas veces quedaron relegados por el sufrimiento, la exclusión y el aislamiento.

No se trata solamente de dejar algo atrás, sino de construir algo hacia adelante. Por eso insistimos en algo que para nosotros no es solamente una consigna: nadie se salva solo o sola. Ninguna transformación profunda ocurre en soledad. Necesitamos de otros y otras. Necesitamos espacios de escucha, acompañamiento, afecto y comunidad. La posibilidad de volver a desear también nace muchas veces de encontrarse con personas que siguen apostando por nosotros cuando nosotros mismos hemos dejado de hacerlo.

"Nos ayudan los grupos de contención, las iglesias y los centros de día. Lo que empeora las cosas es no dejarse ayudar". (Manuel Gigena).

"Cuando recaigo y tomo conciencia de mi estado me digo: tengo que levantarme". (José Ventura).

"Tengo ganas de seguir luchando contra el consumo, de no ser más esclavo. Deseo tener un proyecto para recuperar la vida, la familia y el trabajo". (Rubén Segundo).

Encontrar una voz propia

La exclusión no solamente implica la falta de recursos materiales. Muchas veces también significa perder espacios de participación, reconocimiento y escucha. La radio y la comunicación popular permiten recuperar la palabra y descubrir que nuestras experiencias tienen valor para otros.

Cuando una persona vuelve a hablar, a ser escuchada y a sentirse reconocida, algo empieza a transformarse. Pero tener una voz no significa solamente hablar. Tampoco consiste únicamente en ser escuchado.

Encontrar una voz implica reconocerse como alguien que tiene algo para decir y descubrir que esa palabra tiene valor para otros. La voz sale de adentro, pero también vuelve desde afuera. Se construye en ese ida y vuelta entre lo que sentimos, lo que pensamos y la manera en que los demás nos reciben.
Por eso, encontrar una voz también es construir una identidad. Cuando una persona recupera la posibilidad de hablar en primera persona, de narrar su historia y de participar en una conversación colectiva, se fortalece la autoestima, se recupera la confianza y se vuelve posible imaginar un lugar propio en la comunidad.

"Puedo expresar lo que pienso y siento. Me siento valorado, escuchado y siento que puedo aportar algo. Soy protagonista y no espectador". (Manuel Gigena).

"Recuperé la libertad, la igualdad entre otros; es decir, mi autoestima". (Rubén Segundo).

"Me siento liberado, escuchado y agradecido". (José Ventura). 

"Tengo ganas de seguir luchando contra el consumo, de no ser más esclavo. Deseo tener un proyecto para recuperar la vida, la familia y el trabajo". (Rubén Segundo).

Compartir la palabra, construir comunidad

La comunicación popular no consiste solamente en transmitir mensajes. También implica construir vínculos, encontrarse con otros y descubrir que muchas experiencias que parecían individuales son compartidas.
Escuchar y ser escuchado son prácticas que fortalecen los lazos sociales y ayudan a enfrentar el aislamiento.

"Compartimos experiencias, historias de vida, vivencias y encontramos apoyo en el otro". (José Ventura).

"Aprendés a respetar al otro, a valorarlo y a aprender de él". (Rubén Segundo).

"Lo más importante es compartir vivencias y experiencias". (Manuel Gigena).

En Florestación aprendimos que la comunicación no consiste solamente en hablar. También implica escuchar, reconocerse en la experiencia del otro y descubrir que nuestra historia merece ser contada.
Allí donde muchas veces hubo silencio, aislamiento o indiferencia, la palabra compartida puede abrir caminos para volver a sentirse parte de una comunidad.

La radio, el encuentro y la comunicación popular no reemplazan los derechos que todavía faltan conquistar o garantizar. Pero sí pueden ayudarnos a reconstruir algo fundamental: la posibilidad de reconocernos como personas valiosas, con una historia, una voz y un lugar en el mundo.
Porque tener voz no es solamente poder hablar. Es poder existir para uno mismo y para los demás. Y también es una forma de ejercer derechos.

 
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